Teseo, que acababa de matar al
Minotauro, se disponía a salir del Laberinto siguiendo el hilo que había
desovillado cuando oyó pasos y se volvió. Era Ariadna, que venía por el
corredor reovillando su hilo.
—Querido
—le dijo Ariadna, simulando que no estaba enterada del amorío con la
otra, simulando que no advertía el desesperado gesto de "¿y ahora qué?"
de Teseo—, aquí tienes el hilo todo ovilladito otra vez.
"Héroes", de Enrique Anderson Imbert

No hay comentarios:
Publicar un comentario