Hiperacúsico o mitómano que asegura oír los rayos a
miles de kilómetros. Creador de la transferencia inalámbrica de energía
eléctrica mediante ondas electromagnéticas, de la corriente alterna, de
la bombilla sin filamento, de la radio y de las primeras centrales
generadoras de energía. El protagonista de Relámpagos , Gregor,
es un ingeniero sin par, acaso el mayor inventor desde los tiempos de
Leonardo, y llega a convertirse, a inicios del siglo XX, en "el sabio
más famoso del mundo", pese a que muchos lo acusan de farsante o
estafador.
Con su última novela, tras Ravel y Correr
, Jean Echenoz clausura la trilogía de las "vidas imaginarias"
protagonizada por personajes históricos. El resultado final es una serie
de tres libros delgados e intensos en los que destaca la elegancia de
estilo, un tono entre irónico y melancólico y una constante reflexión en
torno a la soledad, la vocación, el éxito y la derrota.
En dicho contexto, Relámpagos (muy bien
traducido al español por Javier Albiñana) parece marcar la cumbre de una
suerte de gradual alejamiento de la verosimilitud histórica. Mientras
que en el primer libro del tríptico el protagonista era claramente el
músico Maurice Ravel, y en el segundo ya no llevaba en su título el
nombre del personaje histórico y denominaba simplemente Emil a su
personaje (el famoso atleta Zátopek, la "locomotora checa"), en este
flamante y tercer libro el protagonista se llama Gregor y está inspirado
con libertad en la vida del ingeniero Nikola Tesla (1856-1943), pero
ante todo en muchos relatos que circulan acerca de él.
Hay mucho de fábula y de mito en la historia real de
Tesla, y así la narra Echenoz, con una voz falsamente ligera y oral cuyo
efecto es poco menos que hipnótico. Niño precoz, Gregor es un
superdotado capaz de aprender en un santiamén media docena de lenguas y
de concebir más ideas de las que puede desarrollar: el aire líquido, el
mando a distancia, los robots, el acelerador de partículas. Se ignora la
fecha exacta de su nacimiento, pero se sabe que su "alumbramiento"
coincidió con una tormenta estruendosa y con un "relámpago gigantesco,
denso y ramificado". No es músico como Ravel, pero es un hombre de
"reloj absoluto" ("siempre sabe con precisión qué hora es") y posee el
"don de representarse interiormente las cosas como si existiesen
previamente a su existencia, de verlas con tal precisión tridimensional
que, en el impulso de su invención, no necesita boceto, esquema, maqueta
ni experiencia previa".
Al igual que los protagonistas de los dos libros
precedentes, Gregor muestra un carácter especial ("receloso, despectivo,
susceptible") y resulta todo un bicho raro. Maniático de la limpieza,
alarmado por los microbios, reacio al contacto humano (murió célibe,
según sus biógrafos), le daban miedo los ascensores, lo obsesionaban los
números múltiplos de tres, "contaba todo, perpetuamente: los adoquines
de las avenidas, los peldaños de las escaleras, los pisos de los
edificios" y acabó enamorado de las palomas, a las que introducía
ilegalmente en los interminables cuartos de hotel por los que desfiló su
vida.
Si Correr narraba, además de la vida de Zátopek, la historia de Checoslovaquia en la posguerra, en Relámpagos
el protagonista es otro centroeuropeo, pero la historia está ambientada
en Estados Unidos y ofrece a su manera un retrato de la entreguerra de
los años veinte y treinta. Podría, en estos aspectos, confirmar una
especie de contracara de la novela anterior. Por otra parte, a
diferencia del Zátopek que en Correr se vuelca al atletismo sin
darse mucha cuenta y casi sin querer, Gregor es un monomaníaco de esos
que la literatura, cuando retrata con gracia, convierte en héroes
imborrables como el ajedrecista Czentovicz de Stefan Zweig o el
Raskólnikov de Dostoievski.
La idea fija de Gregor es transmitir energía gratuita,
sin límites, "hasta los confines del planeta". Echenoz lo enfrenta a un
Edison que, de ser su jefe, pasa a convertirse en un rival absoluto en
la "guerra de la electricidad", casi un villano de cuento infantil: un
sujeto "encorvado, desmañado y desagradable" que es sordo desde los
trece años (obstáculo que no le impide inventar el fonógrafo), que
contrata a Gregor a cambio de un sueldo miserable y que, años después,
cuando se entera de que Gregor desarrolla la corriente alterna en el
seno de la empresa competidora de George Westinghouse, es capaz de todo
para desacreditarlo, incluso -como puede verse en un cortometraje que
hoy circula en Internet- de electrocutar a una elefanta llamada Topsy.
Tienta leer el tríptico de Echenoz (tríptico planeado no antes, sino después de Ravel) a la luz de las "propuestas para el próximo milenio" de Ítalo Calvino,
ya que los principios estéticos que pregonaba el italiano están aquí:
levedad, rapidez, visibilidad, exactitud, multiplicidad, consistencia.
No únicamente los tres protagonistas (Ravel, Zátopek, Gregor/Tesla)
parecen representarlos, sino que el emblema del relámpago podría ser una
síntesis casi perfecta.
La narración de Echenoz es cronológica, pero con una
cadencia voluntariamente irregular. Puede detenerse cuatro páginas en un
detalle extravagante (la nariz de un personaje secundario) para luego
resumir o saltearse alegremente diez años. Los detalles extraordinarios
son los que impulsan el soberbio ritmo del texto, como en esa joya de
finales del siglo XIX que fue Vidas imaginarias (libro que
evidentemente preside esta trilogía), cuyo autor, Marcel Schwob,
sostenía que el arte debe ser "lo opuesto a las ideas generales" y tiene
que ocuparse de las singularidades, de "lo único". Completado el
tríptico con Relámpagos , quedan muy claras las intenciones y
los logros de Echenoz, a contramano de cualquier generalización y de
todo abordaje biográfico tradicional. Por más que narraba los últimos
diez años de un personaje histórico, por más que podía sugerir una
amplia investigación, Ravel era un libro reacio a los tópicos
de la novela histórica: pocas páginas, escritura en tiempo presente,
diálogos en estilo libre, intrusiones incluso desopilantes del narrador.
Los mismos rasgos, repetidos en Correr , se confirman en Relámpagos
. Como escribiera Borges sobre aquel libro de Schwob que tanto lo
influyó: "Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y
no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de esta obra está en ese
vaivén"
Originalmente publicado en ADN Cultura (La Nación, Buenos Aires), el 1 de junio de 2012.
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