30 mayo, 2010

Libros



Aparte del placer de poseer libros, no existe otro más delicioso que el de hablar acerca de ellos.

Charles Nodier

3 comentarios:

Tomás D. Rubio dijo...

Con esa frase comienza "Bibliotecas llenas de fantasmas", de Jacques Bonnet. En la página 127:

«Polastron cuenta la historia del príncipe Mahmud al Dawla bin Fatik que en la Edad Media tenía la biblioteca más importante de El Cairo:

El príncipe adoraba leer y escribir, y se consagraba noche tras noche a su pasión apenas bajaba del caballo. Fue un gran poeta. Cuando murió repentinamente, su esposa, también princesa de la familia reinante, ordenó a sus esclavos reunir todos los libros de Mahmud en el patio interior de su palacio. Y allí entonó cantos fúnebres mientras arrojaba lentamente a la gran fuente uno por uno aquellos libros que la habían privado de su amor».

Eduardo Berti dijo...

Gran historia, Tomás.
Muchas gracias!

Cristal dijo...

De los placeres relacionados con los libros, Nodier no debería dar por hecho el de leerlos, mucho más importante que el de poseerlos o comentarlos.

Esta confusión me recuerda a Monterroso, en "Cómo me deshice de quinientos libros": "...mi afición por la lectura se vino contaminando con el hábito de comprar libros, hábito que en muchos casos termina por confundirse tristemente con la primera."

Saludos.