02 mayo, 2010

Las cuatros cualidades del genio


En el siglo XVIII la monstruosidad convivía con la vida cotidiana y si en algunos casos era recluida con sagrado horror y manifiesta crueldad, en otros era reverenciada. Es claro que la calificación podía ser itinerante e imprecisa, tanto podía merecerla un niño salvaje o un hombre proboscídeo –el famoso “hombre elefante”-, como un genio, un Mozart pongamos por caso; en suma, lo que se apartara de una confortable noción de normalidad era sentido como exorbitante y monstruoso y en uno u otro caso finalmente castigado de diverso modo; a un genio no se lo podía recluir y había que admirarlo pero comprenderlo, eso sí que no.

Dejemos a los accidentes de la naturaleza y a las irrupciones de lo incontrolado de la genética para pensar en los logros de la genética, los genios. Abundaban en el XVIII en diversos campos, música en particular: sigue asombrando la cantidad de obras maestras de Haydn, de Mozart y de tantos otros, así como la densidad y profusión de los textos de Kant o de Hegel: ¿cómo lo produjeron, en qué condiciones materiales lo pudieron hacer, con qué luz se iluminaron para escribir tanto y tan bueno? Es asombroso y aterrador, la energía les fluía y ordenaba una tras otra las composiciones o los escritos, tal vez algo menos la pintura que había tenido su momento semejante de desmesura en los siglos XV al XVII y volvería a tenerlo en el XX. Cuesta entenderlo pero, al menos, sirve para atribuir a los genios un conjunto de rasgos que faltan en los que no lo son; a la manera en que Italo Calvino se propuso entender que una escritura sólo podía ser tal si cumplía con cinco condiciones, me parece que la genialidad se reconoce en al menos cuatro cualidades: la continuidad, la cantidad, la originalidad y la densidad.

Fragmento de la introducción de Noé Jitrik a "Una historia desagradable", de Fiodor Dostoievski, el nuevo libro que lanzamos esta semana con la editorial La Compañía. Esta breve novela, publicada originalmente en 1862, era prácticamente desconocida para los lectores en lengua castellana, a quienes llega ahora con traducción y posfacio de Luisa Borovsky.

3 comentarios:

Gervasium dijo...

Agradezco y felicito.

hugo dijo...

Hola Eduardo:

Sabía de la existencia de esta novelita de Dostoievski -listados que uno debía consultar en época de trabajo universitario- y sabía que nunca había sido traducida al español. Por lo tanto Felicitaciones por asumir el riesgo. Quedan pocos editores interesados más en la literatura que en la pasta gansa o al menos en España se prodigan poco.

Respecto al fragmento de la Introducción del maestro Jitrik. Sólo añadir dos cosas -que igual las contempla en la totalidad de la Introducción-, pienso que en el terreno de la pintura es indudable la lectura que hacen los impresionistas del tratamiento de la luz que despliegan pintores geniales del XVIII como Fragonnard y Wateau -por citar sólo dos, porque de lo contrario acabaríamos en la Wikipedia-.

El otro aspecto en el que me gustaría inisistir es en lo circense que suponía colocar en un mismo plano al hombre elefante y al "niño prodigio". ¿No le debemos esa actitud al cambio de paradigma que significó La Enciclopedia y su sanción de la "normalidad"? Es decir, los "monstruitos" habían existido siempre y en el Barroco todo convivía sin mayores aspavientos. Creo que el XVIII con su salto estético hacia el Quatrocento y,sobre todo, el XVI consagra un afán por lo normativo en el que los genios tienen poco lugar. O bien el déspota ilustrado los integra -Mozart en una época- o bien los ecarcela -Sade, sin lugar a dudas-. Afortunadamente siempre tendremos el Romanticismo para continuar entendiendo muchos hechos contemporáneos.

Nuevamente comentario extenso, en fin el XVIII me puede un poco.

(Sólo una cosa más, Eduardo, si pasas hoy por la Nave de los Locos, Fernando Valls ha tenido el detallazo de subir dos micros míos. Si puedes dale una miradita).

Salut,
chau,
hugo

Eduardo Berti dijo...

Gracias, querido Gervasium.

Y gracias también a Hugo. Además de mis felicitaciones: voy a visitar el blog de Fernando Valls (lo hago a menudo, por cierto) y leeré con gusto tus micros.