Volveremos en agosto, tras un descanso....
05 julio, 2011
30 junio, 2011
Limitaciones

Puede dar la impresión de que encarna la libertad: no estás sometido a un horario, eres dueño de ti mismo, un elegido para la gloria, y aparentemente tienes la elección de escribir sobre lo que quieras. Pero una vez te pones a escribir, todo son limitaciones. Estás atado a un tema; tienes que limitarte a él para extraerle sentido, para poder construir un libro con él. Si quieres que te recuerden tus limitaciones prácticamente a cada minuto, no hay mejor ocupación que esta. Tu memoria, tu dicción, tu inteligencia, tu simpatía, tus observaciones, tus sensaciones, tu comprensión… Nunca es suficiente.
Philip Roth, La lección de anatomía
29 junio, 2011
Nuestra época

En Dallas fabrican heces sintéticas. Han perfeccionado una forma de excremento humano simulado para poner a prueba diferentes calidades de pañales y de otras prendas protectoras. El compuesto se vende en forma de mezcla seca compuesta de almidones, fibras, resinas, gelatinas y polivinilos. Hay que añadir agua para obtener la consistencia deseada. Por lo general, el producto resultante es marrón.
Nostra aetate, como suelen decir los papas. Nuestra época.
Don DeLillo, Submundo
28 junio, 2011
Alguna Parte y Cualquier Parte

Walker PERCY
Hoy en día, cuando una persona vive en algún sitio, en cualquier barrio, no acaba de dar ese lugar por certificado. Más bien es mucho más probable que viva allí tristemente y que el vacío que le invade termine por expandirse hasta desocupar el barrio entero. Pero si ve una película en la que sale su propio barrio, le será posible vivir, por lo menos durante un tiempo, como una persona que vive en Alguna Parte y no en Cualquier Parte.
Walker Percy, El cinéfilo
27 junio, 2011
Escribir según Peter Handke
Escribir significa escapar cada día a los brillantes bordes de la vida (sí, es siempre un escape, un escape de mí mismo): y las etapas de la escritura son: a) pienso en ti; b) te pienso. C) te escribo.
A diferencia de lo que ocurre en la música y en la pintura, en la literatura nadie puede llegar a ser un maestro. En la literatura no existen obras maestras.
El clasicismo no es un ropaje, es precisamente la constante transición hacia la desnudez.
El arte sólo es tal, cuando el “cómo” brilla en la obra.

Peter Handke, “Historia del lápiz” (Península/Ideas)
26 junio, 2011
Cinco libros: Diego Muñoz Valenzuela
Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.
El voto de Diego Muñoz Valenzuela:
"Mis cinco libros"
Responder a la invitación de Eduardo Berti demuestra que nada es imposible, ni siquiera lo irrealizable. Escoger cinco libros de ficción implica dejar fuera muchas maravillas, haciendo un acto de exclusión fenomenal, pero vamos… se puede, aunque me arrepienta en un rato. En todo caso, he escogido libros que me produjeron un gran desconcierto desde las primeras páginas.
LAS MIL Y UNA NOCHES. Cuando empezaba recién a navegar aguas afuera de la infancia, llegó a mis manos temblorosas una buena edición – quiero decir una exenta de pacatería- caí embelesado ante sus encantos, embrujado por la fábula de un mundo donde convivían magos, princesas de formas opulentas, ogros brutales, aves gigantescas y demonios carniceros, héroes indomables y hermosos. Soñé dormido y despierto – perturbado por esta lectura prohibida - con Scherazade narrando la trama interminable a Schahriar, domeñando su sed de sangre, derrotando su convicción sangrienta de desposar cada noche una mujer que no veía la luz del amanecer siguiente, para vengar la afrenta de una infidelidad pasada, pero vigente. Me prosterné ante ese libro donde la sensualidad emergía a cada paso, en una mezcla extraña de realidad y fantasía, magia y materialidad, lucha por la supervivencia y goce carnal.

EL LLANO EN LLAMAS. Entre la pléyade escritores latinoamericanos a los cuales rindo culto y releo continuamente por devoción, por simple placer y con ansias de continuar aprendiendo de ellos, está Rulfo en primer lugar, por esa maestría invisible para construir mundos complejos con una simplicidad que alcanza el punto del agobio. Aquella síntesis entre lenguaje culto y popular, entre tradición y novedad, entre fina y compleja poesía y narrativa, cruel, descarnada.
¿Cómo dejar fuera a Julio Cortázar de esta nómina? Imposible, ahora escoger un título, es tarea también compleja. Pero escojo HISTORIAS DE CRONOPIOS Y FAMAS, porque me pareció un compendio maravilloso de realidad y fantasía; pocas veces se encuentra una conjunción tan perfecta, y la exhibición de un humor tan juguetón, de apariencia tan inofensiva y tan letal efectividad. La tipología humana allí descrita me tuvo obsesionado mucho tiempo, clasificando a éste o aquélla en las categorías de fama, esperanza o cronopio. Todavía suelo jugar con placer esa clase de juego taxonómico.
CRÓNICAS MARCIANAS. Tenía que incluir un libro de ciencia ficción, aunque se distancie muchísimo del estándar del género. Es una colección de relatos asombrosos, impregnados de poesía y significados profundos, plenos de fantasía y no obstante tan asentados en la realidad, por momentos incluso ácidos, mordaces. La construcción del texto es deliciosa debido al fino trabajo con el lenguaje y las imágenes, pero las tramas son potentes, asombrosas, al igual que el trazado de los personajes y una fantasmagoría que impregna todo. Este libro de Ray Bradbury es una alegoría de nuestra realidad, más que un acto de imaginación fantasiosa del futuro.
EL CLUB DE LOS PARRICIDAS. Ambrose Bierce fue un descubrimiento extraordinario, de aquellos que se hacen a los quince años en un mesón de ofertas de una biblioteca de liquidaciones, contra todas las probabilidades. Podría haber puesto otro título de Bierce, como EL DICCIONARIO DEL DIABLO, una pieza notable de lucidez, ironía y ácida visión del mundo, pero EL CLUB DE LOS PARRICIDAS es –desde el propio título- una bofetada brutal de sarcasmo cargada de humor negro que no tiene equivalente.
Diego Muñoz Valenzuela: escritor chileno, cuentista, novelista. Entre sus libros se destacan los volúmenes de cuentos “Nada ha terminado” (1984), “Lugares secretos” (1993), “Ángeles y verdugos” (2002), “Déjalo ser” (2003), o “De monstruos y bellezas” (2007) y las novelas “Todo el amor en sus ojos” y “Flores para un cyborg”.
24 junio, 2011
Envidia
Stephen DIXON Por Martín Schifino
Hace unas semanas me comprometí a traducir un libro de cuentos de Stephen Dixon para la editorial La compañía, dirigida por el escritor argentino Eduardo Berti. Berti vive ahora en Madrid, y los exquisitos libros de su editorial, en su mayoría obras traducidas, se distribuyen en España, Colombia, México y Argentina. De ahí que el otro día, preocupado, me haya escrito: «Habrá que ver qué hacemos con el registro tan coloquial de algunos cuentos… Cómo lograr un efecto coloquial sin que sea excesivamente argentino». Antes de empezar el trabajo, empezaron los dolores de cabeza. Pero lo que se reavivó ante todo fue mi envidia.
Envidia, para decirlo con todas las letras, de los traductores españoles. Ya quisiera uno ser como Marcelo Cohen, el escritor argentino que supo volverse, según lo llamaron algunos críticos, un traductor «españolísimo» (yo lo llamaría uno de los grandes traductores de nuestra lengua). Pero intentarlo supondría una aventura lingüístico-existencial bastante extrema: emigrar, hablar lo menos posible con argentinos, casarme o convivir con una española y ver cantidades ingentes de TVE. Algo parecido hice en la década del 2000 con el objetivo de perfeccionar mi inglés y doy fe que da resultado. Por desgracia, uno ya no está para esos trotes.
Así que habrá que asumir complejos. No es que envidie, aclaro, una variedad más pura de lengua, o una prosodia más dúctil, esencias en las que no creo. Lo que envidio es la posibilidad que tienen los españoles de traducir al idioma que hablan. Si en inglés dice you pondrán «tú». No dudarán un momento, estoy seguro, en usar el pretérito perfecto ni el futuro simple. Tampoco se preguntarán por las posibles traducciones de un objeto tan cotidiano como un fridge: «nevera», obvio. De haber coloquialismos en el original, pues venga, tío, que echarán mano de alguna expresión española y ya. La pobre parodia de la oración precedente es un indicador de lo difícil que es escribir con naturalidad en una variedad lingüística distinta de la propia. Pero eso es justamente lo que nos piden los editores a los traductores argentinos y latinoamericanos, porque a su vez lo pide el mercado.
Traduciendo para otra editorial con distribución en Latinoamérica y España, me encontré con un personaje que, en efecto, dejaba la ensalada in the fridge. La ensalada ¿en…? Las directivas de la editorial era escribir un español «sin americanismos, más bien neutro, tirando a colombiano». ¡Ja! El término «heladera», que empleo a diario, quedaba descalificado por argentino. «Nevera» me resultaba demasiado español (me equivocaba: se usa, justamente, en Colombia). «Refrigerador», un mexicanismo, era la opción neutra de acuerdo con los diccionarios, pero también me sonaba a subtítulo inexperto. ¿Qué hacer? Aun habiéndome decidido por la última opción, todavía hoy no sé cuál es la respuesta correcta.
Ni la sabe, a ciencia cierta, nadie. Porque el problema surge, no de una disyuntiva lingüística real, sino de una presión económica: imponer una misma traducción en varios mercados. Utópicamente, cada libro se traduciría allí donde se va a leer. En Latinoamérica, donde los mercados son pequeños y se encuentran atomizados, hay poca posibilidad de que ocurra algo así. Y eso es, bromas aparte, lo que uno les envidia a los traductores españoles, no la lengua en sí, sino el mercado que la avala.
Por contrapartida, aparecen aquí oportunidades creativas. Cohen, que regresó hace diez años a la Argentina y ahora traduce para toda Hispanoamérica, preconiza últimamente mezclar usos y registros de diversos países, afinando bien el oído para crear resonancias más inventadas que referenciales. Funciona. La salvedad es que hace falta un oído absoluto como el de Cohen. Si de envidia se trata…
Enlace original:
http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/abril_11/15042011.htm
22 junio, 2011
21 junio, 2011
Adagia

Adagia, del poeta norteamericano Wallace Stevens (1879-1955), es una selección póstuma (1957) de aforismos y pensamientos.
La literatura es la mejor parte de la vida. A lo cual parece forzosamente necesario añadir: siempre y cuando la vida sea la mejor parte de la literatura.
Un nuevo significado es el equivalente de una nueva palabra.
La poesía incrementa el sentimiento de lo real.
Todas nuestras ideas provienen del mundo natural: árboles = paraguas.
El sentimentalismo es un fracaso del sentimiento.
Un cambio de estilo es un cambio de tema.
(Tomado de “Adagia”, de Wallace Stevens. Traducción de Marcelo Cohen. Ediciones Península, España)
20 junio, 2011
Forma
19 junio, 2011
Las piedras de la novela
Le preguntaron al novelista Karel Capek por qué no escribía poesía. Su respuesta: “Porque detesto hablar de mí mismo”. Hermann Broch refiriéndose a sí mismo, a Musil, a Kafka: “Ninguno de nosotros tres tiene una verdadera biografía”. Esto no quiere decir que su vida fuera pobre en acontecimientos, sino que no estaba destinada a ser distinguida, a ser pública, a convertirse en auténtica biografía. (…) Y Faulkner deseaba “ser anulado en tanto que hombre, suprimido de la Historia, no dejar huella alguna, nada más que libros impresos”. (…) Una metáfora archiconocida: el novelista derriba la casa de su vida para, con las piedras, construir la casa de su novela. Los biógrafos de un novelista deshacen, por tanto, lo que hizo el novelista, rehacen lo que él ha deshecho.Milan Kundera, “El arte de la novela”
17 junio, 2011
El mundo
14 junio, 2011
Microfiction


Cataplum es, que yo sepa, la única editorial de Francia especializada en microficción. Su directora, Nadia Beugnet, se ha interesado especialmente en la micronarrativa hispanoamericana y ha traducido y publicado, antre otros autores, a Ricardo Sumalavia, Andrés Neuman, Ana María Shua y Fernando Iwasaki.
Para el futuro prepara, según me ha dicho, una selección de cuentos de Hipólito G. Navarro. De modo que está haciendo descubrir a los lectores franceses no sólo un género, sino una nueva generación de autores en lengua española.
La semana pasada, Cataplum editó una versión en francés (y algo diferente, por cierto) de mi antología "Los cuentos más breves del mundo", originalmente publicada por Páginas de Espuma.
El libro se llama "Les fictions les plus courtes du monde" y quedó espléndidamente bien, todo un lujo...
Para quien quiera interesarse más en Cataplum y su catálogo, lo mejor es consultar su sitio web:
http://cataplum.free.fr

