20 mayo, 2014

Dos novelas inconclusas



 Billy Budd, de Hermann Melville; Bouvard y Pécuchet, de Flaubert; Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros, de John Steinbeck; El misterio de Edwin Drood, de Dickens, Niétochka Nezvánova, de Dostoievski; Los bucaneros, de Edith Wharton; Los hechizados, de Witold Gombrowicz; La torre de marfil, de Henry James… La lista de obras literarias inconclusas por la muerte del autor u otras causas no excluye, en numerosos casos, la calidad ni la trascendencia, tal como ocurre también en otros ámbitos del arte, desde la Sagrada Familia de Gaudí hasta el Woyzeck de Büchner o el Réquiem de Mozart. 

Este volumen contiene dos textos inacabados de Jane Austen (1775-1817)Los Watson y Sanditon, que corresponden a dos períodos distintos de su vida como escritora. La obra de Austen permite, a grandes rasgos, una división en tres fases: una primera etapa de aprendizaje y textos de juventud (con obras prometedoras como Lady Susan, Catherine o, en menor medida, El castillo de Lesley); una segunda etapa (entre 1795 y 1800, aproximadamente) en la que escribió los primeros manuscritos de Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger; una tercera y última etapa, tras una suerte de intervalo por la muerte de su padre y por unas cuantas mudanzas (de Steventon a Bath, de Bath a Southampton), de la que resulta otra trilogía, que se inicia alrededor de 1811 e incluye Mansfield Park, Emma y Persuasión. 

Los Watson corresponde al intervalo entre la segunda y tercera etapa o, si se prefiere, entre la primera y la segunda trilogía de novelas de madurez. En cuanto a Sanditon, obra que empezó a escribir en los primeros meses de 1817, el abandono se debió a los graves contratiempos de salud que ocasionaron su muerte casi inmediata.

Jane Austen pasó los primeros veinticinco años de vida en Steventon, en la región de Hampshire, reputada por sus colinas y arbustos. La familia vivía en un presbiterio ya que el padre (George) era el pastor del pueblo, además del médico, una carrera lejos del prestigio actual, como confirma la lectura de Los Watson: dedicarse a la medicina estaba mal visto entonces, por lo que el pobre hermano médico de Emma corre con ciertas desventajas.

Todos los hijos de George Austen nacieron en el presbiterio y  compartían, se cuenta, habitaciones. A Jane, la séptima en venir el mundo, le tocó dormir con la única hermana mujer : Cassandra. Los Austen formaban parte de la llamada «gentry» o clase media que, a diferencia de la aristocracia de su tiempo (simpatizantes liberales o «whigs»), solía suscribir al ideario más conservador de los «tories».

Las obras de juvenilia de Austen, que John Halperin ha dividido en sátiras (1787-90) y comedias costumbristas (1791-93), son pequeños cuentos, fragmentos, piezas epistolares y hasta una irreverente historia de Inglaterra. Love and Freindship (con un error de ortografía en el propio título), Jack & Alice, Henry & Eliza y otros textos escritos entre los 14 y 18 años de edad muestran a una lectora y autora precoz, de temprano talento cómico-satírico; una aguda observadora, reacia a cualquier clase de sentimentalismo, capaz de describir a cierto personaje femenino (Lady Williams, en Jack &Alice) como «un triste ejemplo de las miserias que forman habitualmente el cortejo de un primer amor».

Desde un principio puede detectarse en Austen su innegable talento para pintar personajes antipáticos, por no decir despreciables, exhibiendo al mismo tiempo las profundas contradicciones (léase sin omitir su cualidades), pero también su pesimismo, su ironía y su «sentido agudo de la distancia» (como observó D.H. Lawrence) que dejó una marca indeleble en la narrativa británica y, más aún, en la tradición de «damas novelistas» que ha proseguido hasta hoy y se jacta de mojones como Elizabeth Bowen, Barbara Pym o aun Penelope Fitzgerald, todas ellas en buena medida herederas de Jane Austen.

«El humor de Austen, con su retórica irónica, no es particularmente shakespeariano, a diferencia de su precisión y certeza para la representación », ha escrito alguna vez Harold Bloom. « Como Shakespeare, ella nos entrega figuras, mayores y menores, todas muy sólidas en su manera de hablar y de actuar, pero todas muy distintas. Sus heroínas poseen personalidades firmes, cada una está moldeada con una individualidad que sugiere el gran talento que hay en Austen, su potencial para crear una diversidad sin fin ».

La diversidad se combina, claro está, con obsesiones. En ese sentido Los Watson propone, a fin de cuentas, otra versión de esa antigua historia que Austen visitó tantas veces: la heroina pobre cortejada por un joven adinerado (una especie de príncipe azul) que, pese a las incontables dificultades, en ocasiones logra casarse con ella.

La sociedad que refleja la obra de Austen (la sociedad de la que proviene la obra de Austen) está llena de jerarquías y de reglas de conducta en público. Se vive el auge de los bailes y la cacerías. Las bibliotecas ambulantes son una relativa novedad, como lo sugiere Sanditon. El viaje y el turismo se han vuelto de pronto habituales (cien años atrás, en cambio, podían tardarse tres días para viajar de Londres a Southampton) y las ciudades se nutren de pobladores mientras el campo se vacía. Las mujeres, si no quieren terminar como maestras o gobernantas, se ven forzadas a casarse porque, aparte de estas alternativas, el universo del trabajo y el estudio les resulta inaccesible.

Fragmento de mi introducción a "Los Watson / Sanditon", de Jane Austen (Clásicos, Galerna 2014). Traducción y prólogo de Eduardo Berti.