12 febrero, 2011

La pequeña gran enciclopedia de Savinio


Alejandro Patat comenta en ADN (La Nación, Buenos Aires) la "Nueva enciclopedia" de Alberto Savinio, publicada por Acantilado con traducción de Jesús Pardo:

"Tan descontento estoy de las enciclopedias que me he hecho la mía propia para uso personal." En este epígrafe, Alberto Savinio (Atenas, 1891-Roma, 1952) condensa el sentido de Nueva enciclopedia , libro publicado póstumamente en 1977 y que por primera vez se traduce al castellano. Porque en esa frase de apertura aletea, ligera, la sensación de una provocación sarcástica y, paralelamente, se impone una burda mentira. El uso personal en este caso prevé, en realidad, a un lector cómplice y, al mismo tiempo, intruso e invasor del mundo intelectual y emotivo del autor, uno de los escritores más originales de la literatura italiana del siglo pasado.

Esta "enciclopedia" no se parece en nada a esos textos monumentales de la modernidad, que intentan abarcarlo todo con presuntuosa precisión. Lo único que tiene de parecido con esa operación elefantiásica es el orden alfabético en que se disponen las palabras claves. Pero, a fin de cuentas, la explicación de dichas palabras está ausente. Se equivocan, entonces, quienes esperan que palabras abstractas como "amistad" o "libertad" o voces concretas como "baúl" o "chivo" reporten una enumeración de las distintas acepciones de significado. Nada de eso. Se diría que, de modo caprichoso, se definen o se "in-definen" las palabras. De allí que Savinio evoque con asiduidad las etimologías, no para conducirnos al sentido actual del término a través de la historia, sino para indicarnos cómo la lengua se ha perdido por el camino, cambiando, alterando y contradiciendo aquello que alguna vez quiso significar. Con este método digresivo, que tiende a la desviación permanente y a anacolutos discursivos, Savinio, al componer, por ejemplo, la voz "amor", se permite afirmar: "El amor, estrictamente, no existe. Es una hipótesis, una grande, desmesurada hipótesis. Por un error de concepto y, al mismo tiempo, de expresión, cuyo origen, se pierde en la noche del lenguaje, el amor se confunde con la preparación del amor, es decir, con el deseo". La noche del lenguaje: ése es el verdadero horizonte de Savinio. De la misma manera que sucede en sus cuadros (el escritor, hermano del célebre artista Giorgio de Chirico, también pintaba), cuando junto a los objetos llamativamente vivos y coloreados, con una naturaleza grisácea de trasfondo, despuntan amenazantes las sombras.

Ahora bien, al método del autor, rebosante de biografismo y experiencia personal, contrario a cualquier erudición enciclopédica, se suma una manera rigurosa de razonar, una especie de discurso silogístico que lleva sin embargo al absurdo, no por un error de procedimiento, sino por una adhesión contundente a la realidad. Y, por eso, no hay que tomarse demasiado en serio el universo conceptual de Savinio. La irreverencia y la paradoja son la cifra de este descomunal autor iconoclasta. Lo fascinan la anécdota, el chisme, el detalle, es decir, el borde de la lengua, el precipicio que da a lo insignificante. Que, para el autor, huelga decirlo, es lo único verdaderamente significativo.

En la Nueva enciclopedia hay varias entradas deslumbrantes: amistad, Baudelaire, cambio de letra, cómico, tristeza, silencio, sombra.

Valga como ejemplo la voz "cultura": "La cultura tiene por objeto dar a conocer muchas cosas. Y cuantas más cosas se conocen tanta menos importancia se da a cada cosa: a más fe, menos fe absoluta. Cuantas menos cosas se conocen, tanto más se cree que sólo ésas existen, sólo ésas cuentan, sólo ésas tienen importancia. Y así se llega al fanatismo, o sea, a conocer una sola cosa, y en consecuencia a creer, a tener fe solamente en ella. Véase, si no, el caso de los alemanes, que han llegado a la especialización. También el fanatismo es una especialización. Conclusión: ya que el fin de la cultura es dar a conocer el mayor número posible de cosas, y ya que conocer una cosa equivale a destruirla, el fin supremo de la cultura es la ignorancia. Permítaseme esta declaración de orgullo: yo vislumbro ya este estado supremo de la cultura, este estado supremo de ignorancia. Ya vislumbro esta serenidad suprema, esta mirada sumamente sapiente que abarca un mundo de cosas conocidas, y en consecuencia destruidas. Ese cementario de cosas. Esta paz final."

Es posible distinguir, en medio de la información y deliberada desinformación que aparece en Nueva enciclopedia , algunas líneas del pensamiento del escritor italiano. Por un lado, la comunión entre sonido, concepto y forma, que refiere a las tres áreas de su producción artística: la música, la literatura y la pintura, y que lo llevaron, casi por ósmosis, al teatro, a la espectacularidad o puesta en escena del pensamiento. Por el otro, la repulsión por el decadentismo dannunziano, por el realismo o neorrealismo italiano, y por cualquier forma de fanatismo político, ideológico o estético. Por último, se ha insistido mucho en el carácter biográfico de su obra en general (hace diez años que la obra de Savinio se está traduciendo de manera sistemática al español), pero poco en aquello que más se destaca en este libro como en otros. Haber nacido en Atenas, haber vivido en París los años felices de la juventud, en plena sintonía con las vanguardias de entonces; haber estado luego en Florencia y en la campiña toscana, para terminar, Segunda Guerra Mediante, en Roma no es un itinerario banal o que pueda darse por descontado. Por dos razones. El mundo grecorromano atraviesa toda su obra e irrumpe también en esta Nueva enciclopedia . Los presocráticos -con su halo de virginidad y arcaísmo filosóficos- son una fuente que está a la par de los pintores, músicos y poetas del siglo XX. Es decir, la ruptura de las vanguardias convive con la eclosión de lo clásico. La experiencia francesa, en cambio, funciona como contrapartida de esa primera onda civilizadora y le sirve a Savinio para defender la idea de una Europa amenazada por la ocupación nazi o, lo que es áun peor, por el aluvión germanizador, verdadera catástrofe de Occidente. La visión aterrorizada de los alemanes camuflados que merodean su villa en Toscana, en el período de la ocupación, es casi el eje del texto. Esta imagen vuelve obsesivamente como una pesadilla. Representa, en conclusión, la lucha entre dos identidades europeas: la mediterránea, síntesis material entre Oriente y Occidente, aun con todas sus contradicciones, y la nórdica, con su centro en Alemania, síntesis brutal de los impulsos violentos y autodestructivos del hombre, metafísica ilusión totalizadora.

El redescubrimiento de Savinio en los años 70, por iniciativa editorial de Roberto Calasso, que publicó prácticamente toda su obra en los últimos años, asoció la figura del autor a las vanguardias de las décadas de 1910 y 1920. En consecuencia, la crítica se dedicó a definir el modo en que Savinio participó, incluso como teórico, del surrealismo y de la pintura metafísica, junto a su hermano, Giorgio De Chirico. A decir verdad, toda colocación estética de Savinio resulta incompleta o bien falaz y equívoca. Porque su literatura flirteó con ese filón de la literatura "como escándalo", que en Italia abarca desde los escritores de la bohemia milanesa de fines del siglo XIX hasta Carlo Emilio Gadda, Juan Rodolfo Wilcock y Giorgio Manganelli.

Por Alejandro Patat
LA NACION