21 febrero, 2011

La construcción de una obra


Una obra literaria raramente se ve en la inmediatez, salvo esos genios fulmíneos como Angeles Mastretta, Paulo Coelho o Sepúlveda (se ríe). En el caso de los escritores laboriosos como Borges, Rulfo o Guimaraes Rosa, lleva un tiempo. Y a mí me parece bien que sea así. No por razones éticas, sino porque es el mejor modo de ver la intención integral. Lo mismo ocurre en la pintura. Siempre me interesó ver, en las muestras retrospectivas de pintores, cómo se va forjando un estilo. Es tan palpable que he sacado muchas enseñanzas de cómo una obra se va construyendo a través de periodos de vacilaciones o incluso de regresos al clacisismo. Por ejemplo, en el primer periodo de Mondrian, muy influido por Van Gogh, hay cuadros magníficos pero que todavía no son Mondrian.

¿Cómo aplicaría esto mismo a su obra literaria? ¿En qué libro situaría el quiebre decisivo?

La crítica suele hablar de Unidad de lugar, que en parte es cierto. Pero yo creo que Cicatrices es el libro que marca el mayor salto. Ahora, yo no reniego de lo anterior. Todo lo que he escrito es imperfecto. Ocurre que las imperfecciones son diferentes según los periodos.

(Reportaje a Juan José Saer, publicado hace diez años en la revista "Tres puntos", de Argentina.)

2 comentarios:

mario dijo...

Saer es sin dudas, al menos para mí, una de las cumbres de nuestra literatura de todos los tiempos,

mario capasso dijo...

La obra construida por Saer representa, en mi opinión, una de nuestras cumbres literarias.