17 enero, 2012

Personajes influyentes



Algunas de las personas más influyentes del mundo son criaturas de ficción, sostiene (con razón, creo yo) Lucy Pollard-Gott, autora de un libro que se llama "The Fictional 100" donde retrata y analiza a los cien personajes literarios más influyentes de la historia. No he leído el libro, solamente unos extractos y una entrevista donde Pollard-Gott nos recuerda que personajes como Don Juan se han vuelto arquetipos de la conducta humana y que palabras como "quijotesco," "edípico" o "hercúleo" nos muestran hasta qué punto los personajes de ficción influyen en nuestro lenguaje, sin hablar de expresiones como "el talón de Aquiles".

Los diez personajes más influyentes (el "top ten", como en los ránkings de músicos o tenistas) son, según el libro:

1. El célebre Hamlet, de Shakespeare

2. El viajero Ulises (el de Homero... pero también, por qué no, el de Joyce)

3. Nuestro querido Quijote

4. Eva, "la madre bíblica" que aparece en tantas obras literarias

5. Genji, "héroe de la primera novela del mundo"

6. El rey Edipo, de Sofocles

7. El aventurero Don Juan, que según la autora es el personaje que "más ha viajado" después de Ulises, y no solamente de cama en cama, sino también de escritorio en escritorio, ya que aparece en la pluma de escritores tan diversos como Tirso de Molina, Molière, Mozart, Byron o Zorrilla.

8. Chia Pao-yu, protagonista de la inmensa novela china Sueño lel pabellón rojo.

9. El brillante detective Sherlock Holmes.

10. Arjuna, protagonista del Mahabharata, la gran obra épica de la India.

Sitio consagrado a The Fictional 100, aquí.

16 enero, 2012

La ciencia ficción de Sternberg



La editorial Mijade acaba de lanzar, en Bélgica y Francia, Ailleurs et sur la Terre: una antología con los mejores cuentos y minicuentos de Jacques Sternberg (ver más acerca de él, aquí) que pueden clasificarse dentro del género de la ciencia ficción o aun la "fantasía científica", excepción hecha de los textos incluidos en Contes glacés (Cuentos glaciales). En el prólogo a la selección, Joseph Duhamel sostiene que la SF de Sternberg abarca desde preocupaciones casi "ecologistas" hasta reflexiones acerca de la propia literatura y, por lo tanto, resulta muy personal pese a haber sido, al mismo tiempo, marcada por su época y por la Segunda Guerra Mundial

Como suele ocurrir en toda la obra de Sternberg, la ciencia ficción sirve también de vehículo para retratar sin piedad a la humanidad: "¿Qué autor puede jactarse de tener la suficiente imaginación para describir criaturas galácticas más temerarias, más peligrosas y más imprevisibles que el hombre de todos los días?"

Los cuentos han sido organizados en nueve secciones, entre ellas una dedicada a los robots y a las máquinas, otra a la muerte y otra a los cuentos de tenor absurdo.

Un buen ejemplo es este relato originalmente incluido en 300 contes pour solde de tout compte y titulado "L'étonnement" ("La sorpresa"):

Por supuesto, la prensa jamás ha hablado de este misterio que nunca se aclaró. Pero los cosmonautas estadounidenses que pisaron por primera vez el suelo de la Luna quedaron muy sorprendidos al toparse con un enorme cartel donde se leía: "BIENVENIDOS SEAN LOS ASTRONAUTAS DE ESTADOS UNIDOS".

15 enero, 2012

Cinco libros: Esteban Dublín




Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Esteban Dublín:



Querido Eduardo: No te puedo marcar solo cinco, porque mis etapas como lector han cambiado radicalmente a lo largo del tiempo, así que más bien te planteo cinco de acuerdo a cada una de esas etapas:

En mi infancia y adolescencia fueron definitivos:

La isla negra: Las aventuras de Tintín, de Hergé.
A
sterix y Obelix en la Hoz de oro, de Goscinny y Uderzo
Preguntario, de Jairo Aníbal Niño
El maravilloso viaje de Rosendo Bucurú, de Celso Román
La metamorfosis, de Franz Kafka




Posteriormente me marcaron:

El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez
El grito de la lechuza, de Patricia Highsmith
¿Qué fue de Baby Jane?, de Henry Farrell
El nombre de la rosa, de Umberto Eco
El aleph, de Jorge Luis Borges


Y con respecto al microrrelato, los que recomiendo son:

Ajuar Funerario, de Fernando Iwasaki
Antología del cuento corto colombiano, de Harold Kremer y Guillermo Bustamante
La oveja negra y otras fábulas, de Augusto Monterroso
El microrrelato hispanoamericano, de David Lagmanovich
El sabor del tiempo, de Nana Rodríguez Romero


Esteban Dublín nació en Bogotá, Colombia, en 1983. Publicista, sus microrrelatos han sido reconocidos en concursos de microrrelato y cuento corto en Chile, Argentina y España. Sus textos han sido publicados en la revista El Malpensante (2009), en el suplemento cultural La Gaceta del diario El País de Cali (2010), en el diario Tiempo Argentino (2011) y en el diario El Liberal de Santiago del Estero (2011), y seleccionados para las antologías Grageas 2 (Desde la gente, Buenos Aires, 2010) y Los comprimidos memorables del siglo XXI (Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, Bogotá, 2010). Posteriormente, publicó el libro Preludios, Interludios y Minificcciones (Adéer Lyinad, Bogotá, 2010). Sus textos han sido traducidos al portugués y al italiano. Publica periódicamente en su blog, estebandublin.blogspot.com. Daniel Ávila es su verdadero nombre.

12 enero, 2012

Millones de poemas


Hace ya 50 años, Raymond Queneau publicó un libro desbordante, poco menos que interminable, y que sigue siendo mítico: Cent mille milliards de poèmes (Cien mil billones de poemas), una serie de diez sonetos clásicos de su autoría, todos con la misma rima, cuyos versos alejandrinos (dispuestos en cada página mediante un original sistema de lenguetas troqueladas) podían combinarse unos con otros, lo que permitía al lector ir “armando” a su antojo los billones de poemas del título.

Un sitio web se ha encargado de poner en línea una versión “interactiva” de los poemas, no ya con el método de las lengüetas; en este caso hay que pasar el cursor por encima de cada verso y optar así por un verso alternativo:

http://www.growndodo.com/wordplay/oulipo/10%5E14sonnets.html

Siempre me pareció curioso que el primer verso del primer soneto de Queneau hiciera mención a cierto “rey de la Pampa” argentina. Ahora, desde España, llega un hermoso tributo en castellano al autor y a su original idea.

El libro se llama Cien mil millones de poemas, fue publicado por la editorial Demipage y está, además, ilustrado por Jean-François Martin.

Nuevamente nos hallamos ante el método de las lengüetas, como puede verse en esta foto:

Pero esta vez los sonetos no son de un único autor, sino de diez escritores distintos: Jordi Doce, Rafael Reig, Fernando Aramburu, Francisco Javier Irazoki, Santuago Auserón, Pilar Adón, Javier Azpeitia, Marta Agudo, Julieta Valero y Vicente Molina Foix. El lector puede sumarse a la fiesta: las últimas catorce lenguëtas del último soneto están en blanco e invitan a escribir.

Por supuesto, no he podido resistir a la tentación de jugar con las lengüetas y de armar un poema (apenas uno de los millones posibles) para este blog:


Tendré que resignarme al pan de este aguacero

Sus letras son de un hombre que en mi mente camina

Rueda sobre las frentes un cielo de quinina

Por temor al intruso, el tú o el venidero


Sin alma a ser posible, que es lo perecedero

La criaturas salvajes van tras quien lo domina

El humo del cansancio nublando la retina

La retracción del frío y su fervor severo


Que corran por las playas tus perros, Occidente

El tarro nunca abierto de una letal esencia

El incendio final que da nombre a Occidente


Vencido, resignado, en vano la clemencia

Como un ancla de piedra que gira incandescente

El sol se arroja al mar hastiado de su ciencia


David Villanueva, de Demipage, explica en este video el funcionamiento del libro:




10 enero, 2012

Una posibilidad en un millón


–¿Cómo es posible que ella naciera embarazada? –le preguntó la mujer de zapatos verdes a su vecina que tenía el diario en las manos.

–Eran gemelos, un niño y una niña –respondió la mujer–. Tuvieron relaciones sexuales en el vientre de su madre. Los médicos dicen que existe una posibilidad en un millón de que suceda algo así.

–Claro –respondió con aire aburrido la mujer de zapatos verdes.

Barbara Kingsolver, "The Bean Trees"

09 enero, 2012

Decálogo de Guillermo Martínez


Ilustración de Diego PATIÑO para "El MALPENSANTE"


Decálogo de Guillermo Martínez, publicado en la revista El Malpensante:

Variando apenas una ironía de Groussac, podríamos decir que el decálogo de escritor, como todo género literario, tiene sus leyes inviolables y propias; la primera es que no se debe intentar. Reúno aquí de todos modos algunas frases que se convirtieron para mí en algo parecido a mandamientos íntimos, que atendí en distintos momentos. Observo que llegan a doce, pero no me decido a eliminar ninguna: me excuso en que no tengo preferencias supersticiosas por el sistema decimal.

Uno. Tres atributos perseguirás: la originalidad en las ideas, la maestría en la ejecución y el elemento artístico en la escritura (Julio G. Martínez).

Dos. No creerás ni te dejarás convencer de que la literatura es una sola y puede reducirse a tal o cual ismo. “No escuches ni a quienes te encerrarían en rincones de ella, diciéndote que solo habita aquí o allá, ni a quienes querrían persuadirte de que despliega sus alas enteramente fuera de la vida, respirando un aire superfino y apartando la cabeza de la verdad de las cosas” (Henry James).

Tres. No creerás en las falsas dicotomías de lenguaje versus trama, realismo versus ficción, novedad versus tradición. Experimentarás en tu obra estas oposiciones hasta superarlas (Paul Bénichou).

Cuatro. No creerás en los clichés románticos de personajes supuestamente desobedientes. “Cuando mis personajes se rebelan, yo les recuerdo quién es el jefe” (Patricia Highsmith). Tampoco creerás que hay textos escritos con sangre o con vísceras (toda ficción es un artificio), ni preferirás la combinatoria de la asociación libre o las simulaciones del azar a la creación paciente y deliberada. Antes de proclamarte vanguardista recordarás que el vanguardismo también es una tradición, que acaba de cumplir cien años.

Cinco. Escribirás sobre aquello en lo que no puedes dejar de pensar (Jerzy Kosinski).

Seis. Recordarás que la novela debe competir con la vida (Henry James).

Siete. No irás por detrás de tu texto con explicaciones y coartadas, como quien trata de empujar con soplidos la flecha ya disparada (Julio Cortázar). Di tu palabra y rómpete (Nietzsche).

Ocho. Tratarás al éxito y al fracaso como dos impostores (Rudyard Kipling).

Nueve. Serás sucesivamente el camello que se deja cargar, el león en el desierto y el niño. “Absorberlo todo, combatirlo todo, olvidarlo todo” (Nietzsche).

Diez. A partir de cierta edad, las coincidencias con otros escritores o las novedades te importarán menos que lo que creas verdadero (Borges).

Once. Te opondrás al nihilismo sin dejar de ser ateo (Tzvetan Todorov).

Y doce. Buscarás en tu literatura lo fundamental para que el arte exista: la humanitas, el sentido apasionado de la condición humana (Julio G. Martínez).

Enlace original: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2207

Ver también, en el mismo número de El Malpensante, otros de los 23 decálogos escritos especialmente para la ocasión, entre ellos el "Decálogo imperfecto del imperfecto novelista" de Juan Gabriel Vásquez:

http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=2211

08 enero, 2012

La mala memoria



El viernes pasado publiqué una entrada acerca de la famosa revista El cuento, de Edmundo Valadés (ver aquí), y un asiduo lector de ese blog (Gerardo) evocó esa excelente antología de Valadés, El libro de la imaginación, donde se incluye –entre muchas perlas– el siguiente texto de André Breton, extraído de su libro Nadja:

Me contaron hace tiempo una historia muy estúpida, sombría y conmovedora. Un señor se presenta un día en un hotel y pide una habitación. Le dan el número 35. Al bajar, minutos después, deja la llave en la administración y dice:

—Excúseme, soy un hombre de muy poca memoria. Si me lo permite, cada vez que regrese le diré mi nombre: el señor Deiouit, y entonces usted me repetirá el número de mi habitación.

—Muy bien, señor.

A poco, el hombre vuelve, abre la puerta de la oficina:

—El señor Delouit.

—Es el número 35.

—Gracias.

Un minuto después, un hombre extraordinariamente agitado, con el traje cubierto de barro, ensangrentado y casi sin aspecto humano entra en la administración del hotel y dice al empleado:

—El señor Delouit.

—¿Cómo? ¿El señor Delouit? A otro con ese cuento. El señor Delouit acaba de subir.

—Perdón, soy yo ... Acabo de caer por la ventana. ¿Quiere hacer el favor de decirme el número de mi habitación?

07 enero, 2012

Dickens, 200 años

Se cumplen hoy 200 años del nacimiento de Charles Dickens. Así lo define Harold Bloom en su libro Novelas y novelistas, que próximamente será editado en castellano:

T.S. Eliot señaló que «los personajes de Dickens son reales porque no existe nadie como ellos». Yo modificaría la frase diciendo que «son reales porque no se parecen unos a otros, pese que a menudo se parecen un poco más a nosotros que entre sí».

Quizá la voluntad, no importa cuál, difiera más entre nosotros en cuanto a intensidad que en cuanto a especifi cidad. El secreto estético de Dickens parece ser que sus villanos, héroes, heroínas, víctimas, excéntricos y hasta seres decorativos se diferencian entre sí por la clase específica de voluntad que poseen. Como esto es muy difícil para nosotros, humanos, suscita una ausencia de realidad en Dickens. El precio a pagar es alto, pero es mejor salir ganando algo que nada y Dickens obtiene más de lo que pagó. También nosotros obtenemos mucho más de lo que debemos dar al leer a Dickens. Esta acaso sea su virtud más shakespeariana y provea el tropo crítico que busco para él. Henry James y Proust nos lastiman más que Dickens y lastimar es su objetivo o una de sus intenciones principales. Lo que nos lastima en Dickens nunca tiene mucho de deliberado porque no puede existir una poética del dolor allí donde ha cesado la voluntad hasta tornarse tristemente uniforme. Dickens ofrece más bien una poética del placer, que seguramente vale el precio de nuestra pequeña inquietud ante su negativa a entregarnos una exacta representación mimética de la voluntad humana. Dickens escribe siempre sobre los impulsos y por eso las lecturas supuestamente freudianas de sus libros resultan algo tediosas. La metáfora conceptual que sugiere al representar personajes no es el espejo de Shakespeare ni la lámpara romántica, tampoco el carnaval rabelaisiano ni la estética de Fielding. “Fuego escénico” es el concepto adecuado, pues el “fuego escénico” remueve algo de la realidad de la voluntad, pero solo en tanto la modifica. El sustantivo que queda es “fuego”. Dickens es el poeta de los impulsos fogosos, el que verdaderamente celebra el mito freudiano de los conceptos fronterizos, del terreno que se extiende en el límite entre la psiquis y el cuerpo, y cae en la materia, aunque participa en la realidad de ambos.

El suplemento El Cultural, de España, consagra varias páginas a Dickens (ver aquí) e incluye, además de una versión más larga de este texto de Bloom, una entrevista al famoso biógrafo Peter Ackroyd, fragmentos de su epistolario (inédito en castellano, hasta dentro de pocos días) con Maria Beadnell y un texto donde Ricardo Senabre rastrea los vínculos entre la literatura española y el autor de David Copperfield.

06 enero, 2012

El cuento


Me entero gracias al blog Ficción Mínima que ya están disponibles, reunidas en un solo sitio web, buena parte de las minificciones que en su momento seleccionara y publicara Edmundo Valadés en su legendaria revista El cuento.

En sus cincuenta años de vida, la revista (subtitulada "Revista de imaginación”) dio a conocer miles de autores y de microcuentos: un género que entonces no gozaba de la visibilidad y el reconocimiento actuales.

El tesoro está disponible en http://minisdelcuento.wordpress.com/

Los autores han sido ordenados alfabéticamente, desde A. F. Molina, Abraham Nuncio o Adolfo Castañón hasta William Beckford o Yago Lima Corto.

El siguiente staff está a cargo del proyecto de recuperación:

Alfonso Pedraza: alfonso_el_doc@yahoo.com.mx

David Baizabal: Twiter: @baizabald

José Manuel Ortiz Soto: manolortizs@msn.com y http://cuervosparatusojos.blogspot.com/

05 enero, 2012

Mendigos

Ilustración de Max AGUIRRE para La NACION de Argentina

Cuento inédito en el especial de "Vacaciones" de ADN/La Nación

Las cosas no estaban saliendo como Sol las había previsto. A última hora Maribel llamó y le dijo que su novio no se sentía nada bien y que iba a quedarse a cuidarlo. Maribel con novio, muy inesperado... Una no puede irse un mes de vacaciones sin que pasen cosas raras. En la voz de Maribel, para peor, Sol había detectado una alegría algo fuera de lugar. Sí, la voz había pronunciado con euforia la palabra mágica. Tres veces. Novio novio novio. Sin tomarse la molestia de citar siquiera el nombre del enfermo. Ahora Sol sabía por Susi que se llamaba Salvador y que tenía veintiocho años. Lo segundo no lo esperaba. Un novio más joven, un novio de su edad, eso es lo natural, no un novio casi diez años mayor. Pero Susi alzó los hombros, señal de que en el fondo le daba lo mismo: visiblemente hoy nada le importaba más allá de su computadora. Era nueva, por lo menos Sol no la había visto antes. Todo al revés, todo fuera de lo planeado. Una que quiere encontrarse con sus dos mejores amigas y sólo lo cumple a medias. Una que quiere hacerlo en su casa, o sea, en casa de sus padres, y Susi con otro entusiasmo: Mejor vení, de paso te muestro mi nueva adquisición.

(La continuación: acá)

04 enero, 2012

Clásicos recreados

La idea es sencilla: clásicos de la pintura recreados en fotografía. El sitio booooooom.com ha organizado un concurso para que sus lectores rehagan pinturas célebres en forma de fotos.

Seth Johnson, por ejemplo, hizo esto con el célebre "Autorretrato" de Van Gogh:


“American Gothic,” según Jesse et John Hunniford, a partir del cuadro de Grant Wood:


Piet Mondrian revisitado por Katie Jackson:


Más, aquí.

03 enero, 2012

Hacerse o nacer



La gente de la Escuela de Escritores de Madrid (donde suelo colaborar como docente) me hizo una extensa entrevista en torno a mi faceta como coordinador de talleres y grupos de escritura. La versión completa puede leerse aquí. Estos son algunos extractos de ella.

¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender —y enseñar— a escribir?
Desde luego que se puede enseñar. Hay una enorme parte de esto que es "oficio" y esa parte, claro está, se aprende. Así ha sido siempre, desde los tiempos en que Maupassant aprendía al lado de Flaubert y desde mucho antes también. Lo que no se puede garantizar ni enseñar es el talento, pero también es cierto que hay ardides y ejercicios para "incentivar" la imaginación o la sensibilidad estética y para depurar eso que podríamos llamar "talento en bruto" o talento intuitivo.

¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase?
Empecé casi por accidente. Hace unos quince años alguien me preguntó si yo daba clases de escritura. Le dije que no; o sea, la verdad. Pero esta persona insistió y así di el primer paso. Desde entonces he animado talleres tanto en mi país de origen (Argentina) como en Francia (donde viví casi nueve años) y ahora en España. Y siempre ha sido una experiencia grata y estimulante para mí. Me hice muy amigo, incluso, de un par de antiguos alumnos, aunque tengo en claro que este no es el objetivo de mis clases.

¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico?
No solamente me siento libre, sino que la Escuela se ha encargado (desde un primer momento) en recalcarme esa libertad. En cuanto a mi metodología, una peculiaridad es que me gusta que los textos no sean solamente oídos por los demás alumnos (como suele ser el caso en algunos talleres), sino que sean también leídos, "vistos" por los demás. Porque suele haber diferencias reveladoras entre cómo el autor lee en voz alta su texto y en cómo lo ha puntuado; es decir: entre lo que el autor quiere que el texto diga y lo que el texto dice por sí mismo.

¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia?
Lo primero que pido es que ellos se presenten y me digan qué vínculo tienen con la escritura, qué expectativas tienen depositadas en el taller y con qué experiencia de escritura cuentan. De acuerdo con esto, ajusto mi nivel de exigencia. También me importa pedir seriedad, compromiso y respeto por el trabajo de los compañeros. Lo que suelo pedir al terminar el taller es que no dejen de escribir si es que lo desean.

¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo?
Un clima de respeto y confianza es fundamental para trabajar. Hablo de confianza grupal porque en un taller hay que "confiar" textos; hay que dar a leer textos en los que ha habido, por lo común, un gran compromiso personal.

¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de escritura?
Saber detectar los problemas de un texto o, más aún, los problemas que parecen repetirse en el caso individual de cada alumno. Detectarlos y, además, explicarlos y ofrecer soluciones. Hablo de soluciones en plural porque no me gustan los talleres donde se proponen soluciones únicas como si fueran "verdades". Al mismo tiempo es importante ayudar a que cada alumno vea con mayor claridad sus puntos fuertes, sus virtudes.

Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar?
Me gusta profundizar en varios aspectos, pero sé (e incluso me lo han hecho notar varios alumnos) que tiendo a poner mayor énfasis en cuestiones como el punto de vista o la perspectiva del narrador, por ejemplo, y también en evitar los "lugares comunes" y lo que llamo los "automatismos" de la escritura; es decir, las decisiones que se toman de manera automática, sin antes desconfiar del primer impulso, sin antes buscar otras alternativas menos usuales o menos "transitadas".

¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar?
Los concursos literarios muchas veces obran como estímulo o como "excusa" para terminar un cuento a medio escribir, por ejemplo. Pero no hay que depositar tampoco ilusiones desmedidas en ellos porque luego las frustraciones puede ser también importantes. Los escritores que ganan muchos concursos en sus inicios no son por ello, en forma mecánica, mejores que los que no tienen la fortuna de ganar.

En cuanto al afán de publicar, creo que puede ser contraproducente si se vive con demasiada ansiedad. Con tal de publicar, algunos escritores se apresuran (envían libros a los que les falta pulido) o terminan aceptando incluso contratos leoninos. Pienso, ante todo, en ciertas editoriales que se aprovechan de esta ansiedad y, por lo tanto, exigen a los autores que paguen por ver publicado su libro. Pero el afán de publicar, si es sereno, resulta un excelente y lógico incentivo. Es muy legítimo y sensato escribir con la ilusión de ser leído.

Más información: http://www.escueladeescritores.com/

02 enero, 2012

La corriente y el agua

Esto es la corriente, pensé concibiendo a la corriente como una cosa separada del agua, así como el viento estaba separado del aire y tenía su propia forma invasiva.

"Imágenes", cuento de Alice Munro (fragmento)