12 enero, 2012

Millones de poemas


Hace ya 50 años, Raymond Queneau publicó un libro desbordante, poco menos que interminable, y que sigue siendo mítico: Cent mille milliards de poèmes (Cien mil billones de poemas), una serie de diez sonetos clásicos de su autoría, todos con la misma rima, cuyos versos alejandrinos (dispuestos en cada página mediante un original sistema de lenguetas troqueladas) podían combinarse unos con otros, lo que permitía al lector ir “armando” a su antojo los billones de poemas del título.

Un sitio web se ha encargado de poner en línea una versión “interactiva” de los poemas, no ya con el método de las lengüetas; en este caso hay que pasar el cursor por encima de cada verso y optar así por un verso alternativo:

http://www.growndodo.com/wordplay/oulipo/10%5E14sonnets.html

Siempre me pareció curioso que el primer verso del primer soneto de Queneau hiciera mención a cierto “rey de la Pampa” argentina. Ahora, desde España, llega un hermoso tributo en castellano al autor y a su original idea.

El libro se llama Cien mil millones de poemas, fue publicado por la editorial Demipage y está, además, ilustrado por Jean-François Martin.

Nuevamente nos hallamos ante el método de las lengüetas, como puede verse en esta foto:

Pero esta vez los sonetos no son de un único autor, sino de diez escritores distintos: Jordi Doce, Rafael Reig, Fernando Aramburu, Francisco Javier Irazoki, Santuago Auserón, Pilar Adón, Javier Azpeitia, Marta Agudo, Julieta Valero y Vicente Molina Foix. El lector puede sumarse a la fiesta: las últimas catorce lenguëtas del último soneto están en blanco e invitan a escribir.

Por supuesto, no he podido resistir a la tentación de jugar con las lengüetas y de armar un poema (apenas uno de los millones posibles) para este blog:


Tendré que resignarme al pan de este aguacero

Sus letras son de un hombre que en mi mente camina

Rueda sobre las frentes un cielo de quinina

Por temor al intruso, el tú o el venidero


Sin alma a ser posible, que es lo perecedero

La criaturas salvajes van tras quien lo domina

El humo del cansancio nublando la retina

La retracción del frío y su fervor severo


Que corran por las playas tus perros, Occidente

El tarro nunca abierto de una letal esencia

El incendio final que da nombre a Occidente


Vencido, resignado, en vano la clemencia

Como un ancla de piedra que gira incandescente

El sol se arroja al mar hastiado de su ciencia


David Villanueva, de Demipage, explica en este video el funcionamiento del libro:




1 comentario:

corazón de pollo dijo...

El ingenio de Queneau también se refleja en su libro "Ejercicios de estilo" en el cual expone cientos de textos breves diferentes, todos con la misma trama argumental.