
Hace ya 50 años, Raymond Queneau publicó un libro desbordante, poco menos que interminable, y que sigue siendo mítico: Cent mille milliards de poèmes (Cien mil billones de poemas), una serie de diez sonetos clásicos de su autoría, todos con la misma rima, cuyos versos alejandrinos (dispuestos en cada página mediante un original sistema de lenguetas troqueladas) podían combinarse unos con otros, lo que permitía al lector ir “armando” a su antojo los billones de poemas del título.
Un sitio web se ha encargado de poner en línea una versión “interactiva” de los poemas, no ya con el método de las lengüetas; en este caso hay que pasar el cursor por encima de cada verso y optar así por un verso alternativo:
http://www.growndodo.com/wordplay/oulipo/10%5E14sonnets.html
Siempre me pareció curioso que el primer verso del primer soneto de Queneau hiciera mención a cierto “rey de la Pampa” argentina. Ahora, desde España, llega un hermoso tributo en castellano al autor y a su original idea.
El libro se llama Cien mil millones de poemas, fue publicado por la editorial Demipage y está, además, ilustrado por Jean-François Martin.
Nuevamente nos hallamos ante el método de las lengüetas, como puede verse en esta foto:
Pero esta vez los sonetos no son de un único autor, sino de diez escritores distintos: Jordi Doce, Rafael Reig, Fernando Aramburu, Francisco Javier Irazoki, Santuago Auserón, Pilar Adón, Javier Azpeitia, Marta Agudo, Julieta Valero y Vicente Molina Foix. El lector puede sumarse a la fiesta: las últimas catorce lenguëtas del último soneto están en blanco e invitan a escribir.
Por supuesto, no he podido resistir a la tentación de jugar con las lengüetas y de armar un poema (apenas uno de los millones posibles) para este blog:
Tendré que resignarme al pan de este aguacero
Sus letras son de un hombre que en mi mente camina
Rueda sobre las frentes un cielo de quinina
Por temor al intruso, el tú o el venidero
Sin alma a ser posible, que es lo perecedero
La criaturas salvajes van tras quien lo domina
El humo del cansancio nublando la retina
La retracción del frío y su fervor severo
Que corran por las playas tus perros, Occidente
El tarro nunca abierto de una letal esencia
El incendio final que da nombre a Occidente
Vencido, resignado, en vano la clemencia
Como un ancla de piedra que gira incandescente
El sol se arroja al mar hastiado de su ciencia
David Villanueva, de Demipage, explica en este video el funcionamiento del libro:


1 comentarios:
El ingenio de Queneau también se refleja en su libro "Ejercicios de estilo" en el cual expone cientos de textos breves diferentes, todos con la misma trama argumental.
Publicar un comentario en la entrada