03 enero, 2012

Hacerse o nacer



La gente de la Escuela de Escritores de Madrid (donde suelo colaborar como docente) me hizo una extensa entrevista en torno a mi faceta como coordinador de talleres y grupos de escritura. La versión completa puede leerse aquí. Estos son algunos extractos de ella.

¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender —y enseñar— a escribir?
Desde luego que se puede enseñar. Hay una enorme parte de esto que es "oficio" y esa parte, claro está, se aprende. Así ha sido siempre, desde los tiempos en que Maupassant aprendía al lado de Flaubert y desde mucho antes también. Lo que no se puede garantizar ni enseñar es el talento, pero también es cierto que hay ardides y ejercicios para "incentivar" la imaginación o la sensibilidad estética y para depurar eso que podríamos llamar "talento en bruto" o talento intuitivo.

¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase?
Empecé casi por accidente. Hace unos quince años alguien me preguntó si yo daba clases de escritura. Le dije que no; o sea, la verdad. Pero esta persona insistió y así di el primer paso. Desde entonces he animado talleres tanto en mi país de origen (Argentina) como en Francia (donde viví casi nueve años) y ahora en España. Y siempre ha sido una experiencia grata y estimulante para mí. Me hice muy amigo, incluso, de un par de antiguos alumnos, aunque tengo en claro que este no es el objetivo de mis clases.

¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico?
No solamente me siento libre, sino que la Escuela se ha encargado (desde un primer momento) en recalcarme esa libertad. En cuanto a mi metodología, una peculiaridad es que me gusta que los textos no sean solamente oídos por los demás alumnos (como suele ser el caso en algunos talleres), sino que sean también leídos, "vistos" por los demás. Porque suele haber diferencias reveladoras entre cómo el autor lee en voz alta su texto y en cómo lo ha puntuado; es decir: entre lo que el autor quiere que el texto diga y lo que el texto dice por sí mismo.

¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia?
Lo primero que pido es que ellos se presenten y me digan qué vínculo tienen con la escritura, qué expectativas tienen depositadas en el taller y con qué experiencia de escritura cuentan. De acuerdo con esto, ajusto mi nivel de exigencia. También me importa pedir seriedad, compromiso y respeto por el trabajo de los compañeros. Lo que suelo pedir al terminar el taller es que no dejen de escribir si es que lo desean.

¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo?
Un clima de respeto y confianza es fundamental para trabajar. Hablo de confianza grupal porque en un taller hay que "confiar" textos; hay que dar a leer textos en los que ha habido, por lo común, un gran compromiso personal.

¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de escritura?
Saber detectar los problemas de un texto o, más aún, los problemas que parecen repetirse en el caso individual de cada alumno. Detectarlos y, además, explicarlos y ofrecer soluciones. Hablo de soluciones en plural porque no me gustan los talleres donde se proponen soluciones únicas como si fueran "verdades". Al mismo tiempo es importante ayudar a que cada alumno vea con mayor claridad sus puntos fuertes, sus virtudes.

Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar?
Me gusta profundizar en varios aspectos, pero sé (e incluso me lo han hecho notar varios alumnos) que tiendo a poner mayor énfasis en cuestiones como el punto de vista o la perspectiva del narrador, por ejemplo, y también en evitar los "lugares comunes" y lo que llamo los "automatismos" de la escritura; es decir, las decisiones que se toman de manera automática, sin antes desconfiar del primer impulso, sin antes buscar otras alternativas menos usuales o menos "transitadas".

¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar?
Los concursos literarios muchas veces obran como estímulo o como "excusa" para terminar un cuento a medio escribir, por ejemplo. Pero no hay que depositar tampoco ilusiones desmedidas en ellos porque luego las frustraciones puede ser también importantes. Los escritores que ganan muchos concursos en sus inicios no son por ello, en forma mecánica, mejores que los que no tienen la fortuna de ganar.

En cuanto al afán de publicar, creo que puede ser contraproducente si se vive con demasiada ansiedad. Con tal de publicar, algunos escritores se apresuran (envían libros a los que les falta pulido) o terminan aceptando incluso contratos leoninos. Pienso, ante todo, en ciertas editoriales que se aprovechan de esta ansiedad y, por lo tanto, exigen a los autores que paguen por ver publicado su libro. Pero el afán de publicar, si es sereno, resulta un excelente y lógico incentivo. Es muy legítimo y sensato escribir con la ilusión de ser leído.

Más información: http://www.escueladeescritores.com/

2 comentarios:

Gerardo dijo...

Una escuela de escritores? Qué institución rara. Habrá otras en el mundo?

Eduardo Berti dijo...

Hay varias, Gerardo. De hecho, forman entre ellas una especie de asociación que nuclea escuelas de escritura de Barcelona o Madrid con distintas ciudades de Italia y de Inglaterra, por ejemplo. En Argentina existe Casa de Letras, que funciona con el mismo concepto. Un abrazo grande,

E.