27 septiembre, 2013

Tumbas etruscas




-¿Adónde vamos? -preguntó Giannina.
Marido y mujer iban sentados delante con la niña en el medio. El padre apartó la mano del volante y la puso sobre los morenos ricitos de su hija.
-Vamos a echar un vistazo a unas tumbas de hace más de cuatro o cinco mil años -respondió, con el tono de quien empieza a relatar un cuento y, por esa razón, no vacila en exagerar con las cifras-. Tumbas etruscas.

(...)
-Papá -preguntó otra vez Giannina-, ¿por qué dan menos tristeza las tumbas antiguas que las más recientes?
Un grupo más numeroso que los otros, que ocupaba buena parte de la carretera, y cantaba en coro sin pensar en ceder el paso, había obligado al automóvil casi a detenerse. El interpelado metió la segunda.
-Es lógico -respondió-. Los muertos de hace poco están más cerca de nosotros y precisamente por eso los queremos más. Los etruscos, verdad, hace tanto tiempo que
murieron -y de nuevo estaba relatando un cuento-, que es como si no hubieran vivido nunca, como si siempre hubiesen estado muertos.
Otra pausa, más larga, al término de la cual (estábamos ya muy cerca de la explanada contigua a la entrada de la necrópolis, llena de automóviles y autocares) fue Giannina quien dio su lección.
-Pero, ahora que dices eso -dijo con dulzura-, me recuerdas que también los etruscos vivieron y que los quiero también a ellos como a todos los demás.


El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani.

2 comentarios:

Leopoldo dijo...

Hola Eduardo!!! Justo estoy leyendo La novela de Ferrara! Entrañable Bassani. Abrazo. L

Leopoldo dijo...

Hola Eduardo!!! Justo estoy leyendo La novela de Ferrara! Entrañable Bassani. Abrazo. L