26 agosto, 2016

Ficciones verdaderas


Entrevista de Alejandro Duchini, publicada en "La voz del interior".



La nueva novela de Eduardo Berti, titulada Un padre extranjero y publicada por Tusquets, se enfoca en un tema sensible y universal. Las páginas en las que recuerda a la muerte de su padre son como espejos en los que cualquiera que haya sufrido la misma pérdida puede reflejarse. Y aquellas otras en las que se refiere a secretos familiares, también, porque en toda familia hay silencios que significan demasiado.

Lo que tal vez sea una sorpresa es el protagonismo de Joseph Conrad, el marinero polaco que se transformó en un escritor clásico de la literatura inglesa, con novelas como El negro del Narciso, Lord Jim o El agente secreto. No se trata, justamente, de uno de los escritores más mencionados en la Argentina. En el caso de Berti, como explica desde Francia, lo que lo une al autor de El corazón de las tinieblas es la admiración personal. Dice que en su nueva novela se dio el gusto de escribir sobre temáticas que lo seducen.

-¿Por qué elegiste a Joseph Conrad como uno de los personajes principales en "Un padre extranjero"?

-Siempre me gustó Conrad como escritor, pero llegué a él como personaje un poco por casualidad. Estaba leyendo las memorias de Jessie Conrad, su esposa, y ahí me topé con un detalle curioso: la historia de un lector medio loco que quiso asesinar a Conrad convencido de que Conrad se burlaba de él en un cuento llamado "Falk". Esta anécdota, que en el libro de Jessie ocupa muy pocas líneas, me empujó a escribir varias páginas. Mientras las escribía, recuerdo, sin saber si estaba escribiendo el inicio de una novela o un relato, me pregunté por qué me fascinaba tanto esta historia. ¿Qué me incitaba a escribirla? Por supuesto, me dije, el vínculo entre lector y autor o entre realidad y ficción. Pero después entendí que existían varios elementos en común entre la historia personal de Conrad y la historia de mi padre: dos extranjeros que llegaron a su nuevo país hablando mal el idioma local, que aprovecharon el exilio para reinventarse y que se casaron con una mujer nativa y mucho más joven, una mujer que sabía pocas cosas de su pasado...

-Al principio de la novela recordás que tu papá decía que iba a morir antes que tu mamá. ¿Ahí se cifra lo incierto que es el destino? 

-Nada mejor para confirmar lo incierto del destino que un extranjero que termina viviendo a miles de kilómetros de su ciudad natal sin haberlo imaginado cuando era niño o de un marinero cuyo primer idioma era el polaco y su segundo idioma era el francés y que acaba convertido en un gran escritor de lengua inglesa. Mi padre era 10 años mayor que mi madre. Por lo tanto, a él le parecía normal y previsible morir antes que ella... Pero todos sabemos que la vida es compleja e imprevisible y que se rebela contra esta clase de razonamientos lógicos. De esos elementos imprevistos se nutre la literatura y la ficción en general: de nuestras ilusiones, de nuestras certezas, de nuestras necesidades y de lo frágiles e inciertas que son. La literatura nos suele hablar de casos singulares, mostrándonos que las cosas pueden ser de muchas otras maneras. Que lo que se presenta como natural o inevitable no es, en muchas ocasiones, más que una forma aceptada de fantasía.

-Tu papá tenía una manera particular de contarte sus secretos. ¿En qué medida esas revelaciones influyeron en la escritura de esta novela?

-Creo que esos secretos y, más aún, la forma que mi padre tuvo de callarlos y de contarlos poco a poco, con enorme reticencia, influyeron muchísimo en mí. No sólo en la escritura de esta novela, sino en otros aspectos. Una de las cosas que más me sorprendió tras la muerte de mi padre fue que uno de los secretos que él no llegó a contarme en vida, y que yo descubrí después, investigando, aparece como cifrado o presentido en mi primera novela, Agua, que publiqué hace casi 20 años. Me pregunto qué habrá pensando mi padre cuando la leyó y vio que uno de los personajes principales hacía allí, en esa ficción, algo que él había hecho antes en la vida real, pero que yo ignoraba...

-¿Qué secretos descubriste de Conrad mientras escribías "Un padre extranjero"?

-En términos de secretos o de datos poco conocidos, lo más interesante parece estar en la etapa de Marsella... Sus primeros tiempos como extranjero. El comienzo de su vida como marinero. Y su vínculo con Thérèse Chodzko, una joven que se suicidó de manera algo misteriosa y cuya muerte algunos biógrafos han querido conectar con un posible intento de suicidio de Conrad. En mi novela, un experto en la obra de Conrad aventura la teoría de que la tal Thérèse es el gran secreto. Un ideal femenino que aparece, omnipresente, en toda su obra: en varias mujeres que él bautiza Thérèse, en el reiterado suicidio con que Conrad troncha la vida de varios personajes...

-¿Está bien decir que vas en esta novela tras los pasos de tu padre y, al mismo tiempo, tras los de Conrad?

-Son pasos mezclados, con capítulos que pendulan entre otra y otra historia, más unos capítulos que tienen algo de making-of... El narrador de la novela es alguien que quiere escribir una novela con Conrad como personaje, pero a quien se le interfiere todo el tiempo la figura de su propio padre. El fantasma y el recuerdo de su padre, podríamos decir. En cierto sentido, el narrador cree que va tras los pasos de Conrad y descubre que, lo quiera o no, está yendo sobre todo tras los pasos de su padre.



La versión completa, aquí:

http://www.lavoz.com.ar/numero-cero/eduardo-berti-suelo-buscar-mas-preguntas-que-respuestas