15 agosto, 2016

Cosas que me hacen pensar en Borges



El personaje hitchcockiano de Mr Memory, que aparece en la película Los 39 escalones (1935) interpretado por el actor Wylie Watson y se basa, a la vez, en un circense antepasado de Funes: un tal William James Maurice Bottle (1875-1956), apoodado « Datas: The Memory Man ».


Paul Valéry explicando por qué nunca escribiría una novela (y su espanto ante frases como “la marquesa salió a las cinco”); ciertos editores explicando por qué conviene y es casi obligatorio publicar novelas.

Los libros imaginarios en la obra de Stanislaw Lem.


El verbo “orillar”.


Los casos clínicos que presenta Olivier Sacks, entre los cuales podría estar perfectamente el de Funes.


Macedonio Fernández sosteniendo que los gauchos eran un entretenimiento para que los caballos del campo no se aburrieran.


Gabriel Zaid escribiendo que en el Corán sí hay camellos (diecinueve, para ser exactos) y la certeza de que la frase de Borges sigue siendo, pese a ello, genial.


Un breve apunte de Anton Chéjov, en sus Cuadernos de notas, sobre un hombre que, a pesar de haber ganado una fortuna en el juego, se suicida, episodio que Ricardo Piglia cita en su “Tesis del cuento” y me trae a la memoria un fragmento del notable prólogo a La invención de Morel: “Los rusos y los discípulos de los rusos han demostrado hasta el hastío que nada es imposible: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, personas que adoran hasta el punto de separarse para siempre, delatores por fervor o humildad…”.


Las listas de Sei Shonagon en su Libro de la almohada («cosas deprimentes», «cosas desagradables», «cosas que suscitan una profunda memoria del pasado», «cosas que deberían ser de gran tamaño»), las listas de su precursor Li Yi-chan ("cosas inoportunas", "cosas vanas", "cosas inadmisibles ), las enumeraciones a lo Walt Whitman, las enumeraciones que tanto fascinaban a Georges Perec.


Los traductores literarios que a la ideología de la fidelidad extrema a “las palabras” del original anteponen la fidelidad a “los impactos” del original  y la idea (expuesta en forma explícita por Aline Schulman en su versión francesa del Quijote) de que un traductor “modernizante” es un “anti-menard” porque echa mano a frases “verbalmente diferentes” para restituir la singularidad de la obra y los efectos de su recepción.


La zoología fantástica y los “seres imaginarios”.


El empleo popular e inconsciente de ciertas formas de “hipálage”; la persona que me dijo que a su hija “se le veían las vergüenzas” en vez de decirme que estaba desnuda o semidesnuda, lo cual es otro modo de “fatigar las calles” o “fatigar las bibliotecas”.



El “mot juste” de Flaubert y el disgusto de Borges por el empeño de Leopoldo Lugones en “ser original” y recurrir más de la cuenta a adjetivos o verbos “inesperados”, a cierto “barroquismo” o a laboriosas metáforas, “tan visibles que obstruyen lo que deberían expresar”. Dicho de otra manera: por buscar el “mot surprenant” en vez del “mot juste”.


La fantástica imagen de la luna que rueda por la avenida Callao ("Balada para un loco", 1969, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer), más o menos esbozada, cuarenta y cuatro años antes, en el poema "A la calle Serrano".


Los « inspectores de aves de corral ».


Los gatos cuando se miran en « la lúcida luna del espejo ».


Witold Gombrowicz diciendo, más o menos, que cuando uno nació en Polonia no tiene sobre su cabeza el peso imponente de una tradición maciza como le ocurre a un escrtor nacido en Francia o Inglaterra, lo cual es casi otra versión de « el escritor argentino y la tradición ».


El goce de perderse en la lectura de viejas enciclopedias.


Bouvard y Pécuchet y el lazo que hace Alan Pauls entre ellos y Sivina Ocampo cuando recuerda a Bioy y Borges escribiendo entre carcajadas "esa deslumbrante enciclopedia de idiotas que son las Crónicas de Bustos Domecq”.


Et si les œuvres changeaient d'auteur ? (2010), libro en el que Pierre Bayard imagina a Balzac como el autor de La cartuja de Parma y hasta explica las razones por las cuales Nietzsche escribió Los hermanos Karamazov.


La búsqueda de una prosa concisa y Cortázar opinando: “La gran lección de Borges  no fue una lección temática, ni de contenidos, ni de mecánicas: fue una lección de escritura. La actitud de un hombre que, frente a cada frase, ha pensado cuidadosamente, no qué adjetivo ponía, sino qué adjetivo sacaba”


John Barth y la novela posmoderna en los Estados Unidos.


Las vidas imaginarias de Marcel Schwob y su influencia en J.R. Wilcock, en Vila-Matas, en Bolaño, en Jean Echenoz…


La Gioconda de Marcel Duchamp como posible obra de un Pierre Menard que no supo resistirse a dejar una pequeña huella personal : la fina sombra de un bigote y una especie de barbita.


Los hogares de clase media, en Buenos Aires, a mediados de los años setenta ; el hecho de que, aparte de la guía telefónica, casi nunca faltaba gran libro verde de Emecé con las obras completas.


El mundo de las letras y las artes en la obra de Henry James.


La espera y el tiempo en « El desierto de los tártaros », de Dino Buzzati.


El libro Œuvres (2002) de Edouard Levé y David Lodge cuando afirma que ciertas obras mejor imaginarlas (o hablar de ellas como si existieran) que realizarlas.


« Wakefield », de Nathaniel Hawthorne.


El premio Nobel de literatura que ganó Winston Churchill.


Virginia Woolf, Marcel Proust, Carlos Fuentes, Henry James, Vladimir Nabokov y otros escritores que nunca ganaron el Nobel.


Juan Villoro citando una (¿apócrifa?) tesis del cuento de Augusto Monterroso en la que puede leerse : « Los novelistas son aprendices de cuentistas, pero no al revés. El cuento no es la preparación para otro género”.



Los relojes de arena y Héctor Bianciotti escribiendo : « Borges murió muy lentamente y en silencio, como un reloj de arena que se vacía”.

La tarde en la que charlé con Bioy Casares y me contó cómo se enteró de la muerte de Borges : había salido a pasear, miraba distraídamente la mesa de novedades de una librería cualquiera, le dolía un poco la cabeza o algo por el estilo, un librero quiso conversar un rato, él se disculpó diciendo que no era un buen momento, el librero repuso « claro, con lo que ha ocurrido hoy » y, entonces, Bioy quiso saber : « ¿Qué ocurrió ? ».




Versión resumida del texto que escribí para el catálogo de la muestra Borges el mismo, el otro, que se lleva a cabo en la Biblioteca Nacional Argentina, Agüero 2502, Ciudad de Buenos Aires,  hasta diciembre de 2016.

La muestra permite conocer por primera vez los manuscritos de los más famosos cuentos, ensayos y poemas de Jorge Luis Borges. Se destacan especialmente los once folios pertenecientes a “Pierre Menard, autor del Quijote”. El conjunto de estos escritos recorre sus primeros poemarios, sus ficciones de la década del 40 y un ensayo sobre budismo de comienzos de los 50. Entre los cuentos, se expondrán: “Las ruinas circulares”, “Examen de la obra de Herbert Quain”, “La forma de la espada”, “Tema del traidor y del héroe”, “Emma Zunz”, “La biblioteca total”, “El acercamiento a Almotásim”, “El último viaje de Ulises”, entre otros. 

A partir de mi texto, Laura Rosato y Germán Alvarez (curadores de la muestra) montaron un dispositivo interactivo con el que invitan a que el público participe, a través de twitter, diciendo qué cosas les hacen pensar en Borges. Dice el anuncio oficial:

Te invitamos a compartir por Twitter todo lo que en tu opinión remita a Borges y su obra. ¿Es un lugar? ¿Una situación? ¿Una sensación? Publicá usando el hashtag #esborgeano y si querés también compartí tus impresiones sobre esta muestra.



Más informacion:
http://www.cultura.gob.ar/agenda/borges-el-mismo-otro/


3 comentarios:

Mauro Guzmán (Argentina) dijo...

Es bello. Y el final me angustió de hermoso.

Mauro Guzmán (Argentina) dijo...

Es bello. Y el final me angustió de hermoso.

M. dijo...

Gabriel García Márquez se parece a Borges, al decir de un personaje que en su juventud "cometió poemas".