27 marzo, 2016

La historia del gato y el "bistec".



Una mujer recibe a unos invitados a cenar y deja un magnífico bistec de tres kilos sobre la mesa de la cocina. Llegan los invitados, ella conversa con ellos en el salón, toman unos Martinis, después la mujer se excusa y se retira a la cocina a preparar el bistec..., entonces descubre que ha desaparecido. ¿Y a quién ve lamiéndose tranquilamente los bigotes en un rincón? Al gato de la casa. 

—El gato se ha comido el bistec —observa solemnemente la mayor de las niñas. 

—¿Estás segura? No eres tonta, pero espera. 

Acuden los invitados, discuten. Los tres kilos de bistec se han volatilizado y el gato parece perfectamente lleno y satisfecho.

«Pesemos al gato», sugiere alguien. Todos están un poco bebidos y la idea les parece excelente. Se dirigen al baño y colocan al gato sobre una báscula. El gato pesa tres kilos exactos. Todos se agolpan alrededor de la báscula. Un invitado dice: «Bueno, ahí está el bistec». Están seguros de saber qué ha ocurrido, ahora tienen una prueba. Entonces otro invitado duda y, perplejo, pregunta: «Pero ¿dónde está el gato?».

Emmanuel Carrère, Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (Philip K. Dick : 1928-1982), ed. Minotauro, traducción de Marcelo Tombetta.