21 marzo, 2016

Alguien estaba muerto




P.  –¿Tuvo usted —o tiene— hermanos o hermanas?

R. —Este... Yo... yo... yo así lo creo... pero no lo recuerdo.

P. —¡Pues su declaración es la más extraordinaria que yo haya oído en toda mi vida!

R. —¿Por qué piensa eso?

P. —¿Cómo quiere que piense? Mire... ¿De quién es ese retrato de la pared? ¿No se trata, acaso, de un hermano suyo?

R. —¡Oh! Sí, sí, sí. Ahora recuerdo: éste era hermano mío. Es William... lo llamábamos Bill. ¡Pobre Bill!

P. —¿Por qué? ¿Ha muerto?

R. —Este... Supongo que sí. Nunca pudimos aclararlo. Hay gran misterio en el asunto.

P. —Eso me parece lamentable, muy lamentable. Entonces... ¿Bill desapareció?

R. —Le diré... Sí, en términos generales. Lo enterramos.

P. ¡Lo enterraron! ¿Lo enterraron sin saber si estaba vivo o muerto?

R. —¡Oh, no! Eso, no. Estaba suficientemente muerto.

P. —Confieso que no lo entiendo. Si ustedes lo enterraron y sabían que estaba muerto...

R. —¡No, no! Sólo creíamos que lo estaba...

P. —¡Ah!, comprendo. ¿De modo que resucitó?

R. —Apostaría a que no.

P. —A decir verdad, jamás he oído algo semejante. Alguien estaba muerto. Alguien fue enterrado. Y bien... ¿En qué consiste el misterio?

R. —¡De eso se trata, precisamente! Eso es. Le explicaré... El difunto y yo éramos mellizos y nos mezclamos en la bañera cuando sólo teníamos dos semanas de edad, y uno de nosotros se ahogó. Pero no supimos cuál. Algunos creen que fue Bill. Otros, que fui yo.

P. —Esto me parece extraordinario. Y usted, ¿qué opina?

R. —¡Vaya usted a saber! Daría cualquier cosa por aclararlo. Ese solemne y horrible misterio ha proyectado una sombra sobre toda mi vida. Pero, ahora, le diré un secreto, un secreto que jamás he revelado a un ser viviente. Uno de nosotros tenía una señal característica, un gran lunar en el dorso de la mano izquierda. Ese, era yo. ¡Ese niño fue el que se ahogó! 


Mark Twain, "Un reportaje sensacional" (fragmento).