05 junio, 2016

Ali



Tras la muerte de Cassius Clay/Muhammad Ali, un fragmento del magnífico prólogo de Andrés Barba a "En la cima del mundo", de Norman Mailer:


Resulta interesante la negativa rotunda de Ali a convertirse en un púgil negro más, en un saco de carne que da y recibe golpes, y no solo por cuestiones políticas —para evitar hacer de él lo que de él se espera—, sino en un sentido casi global: Ali baila. Según Pacheco (1) , aquella era la frase que repetía maniáticamente cuando estaba encerrado en el vestuario, antes de salir a la lona en la que se iba a celebrar el «Combate del siglo»:
—Vamos a bailar, a bailar, a bailar...
Y luego, preguntándoles una y otra vez «¿Quévamos a hacer?», les obligaba a repetir a todos:
—Vamos a bailar, a bailar, a bailar...
Ali es, en el fondo, como una encarnación del be-bop: cuando parece que es serio, tiene un gesto bufonesco, imprevisible; puede que haya nacido originariamente de una revuelta contra la circunstancia social, pero en ocasiones se ve obligado a disfrazarse en la sátira. Luego, cuando uno menos lo espera, se desmarca con toda su seriedad en un brutal puñetazo fantasma: «América, yo soy la parte que no reconoces. América, vete acostumbrando a mí. Negro seguro de sí mismo, orgulloso. Mi nombre, no el tuyo; mi religión, no la tuya. Vete acostumbrando a mí».
(1) Ferdie Pacheco, uno de los asistentes de Ali