Siempre he creído que caer en la rutina supone la ruina de un novelista. El público obtiene lo que desea y, al insistir en que el escritor le dé más, hace a este repetirse hasta perder la frescura. Luego el público le da la espalda diciendo: "Tiene una única idea y solo sabe escribir una clase de historia". El resultado es que ese escritor termina encasillado porque, seguramente, para entonces ya he perdido la capacidad de hacer algo nuevo.
Un estilista realmente bueno responde a la descripción que Beau Brummell daba de un hombre bien vestido: alguien que viste tan adecuadamente que nadie se fija en él. En cuanto empieza a llamarte la atención el estilo de alguien, lo más probable es que no sea tan bueno. Es una mancha en el cristal, una distracción para el lector, cuya atención se desvía del contenido hacia la forma, del tema tratado por el autor hacia el propio autor...
La gran literatura no se puede enseñar. Escapa al contral de toda ley humana. Pero puede enseñarse el estilo y puede ampliarse el vocabulario (...) Hay que aprender a emplear las palabras. Cuando descubran una palabra nueva, no la dejen escapar, consérvenla y úsenla con moderación. Los isabelinos y Stevenson sabían cómo sacar el mejor partido a un vocabulario extenso, tenían la habilidad para emplear palabras infrecuentes pero que transmitían con exactitud lo que querían expresar. Un ejemplo es cómo describió el embajador escocés a la reina Isabel cuando la vio bailar; dijo de ella que "bailaba altiva y entregada".
Arthur CONAN DOYLE Mis libros (ensayos sobre lectura y escrtitura), traducción de Jon Bilbao Editorial Páginas de Espuma
Personas en bicicleta que cargan objetos insólitos, vendedores de brochettes
de insectos, laberintos de centros comerciales, autopistas atestadas y
el hallazgo, en un mercado, de una vieja e incomprensible máquina de
escribir caracteres chinos son algunas de las escenas que representan la
vida cotidiana de la China actual y que unen, de manera casi mágica,
una sociedad moderna en plena transformación (la llamada “potencia del
futuro”) con las tradiciones más ancestrales o misteriosas.
Eduardo
Berti viajó tres veces a China. Vivió algunos meses en Xi’An y en Pekín
junto con su mujer e hijo. Fue extranjero y casi invisible. Como un niño
que se asoma al mundo, con una mezcla de extrañamiento y desprejuicio,
Berti escribe y describe en estas páginas un Oriente cercano y lejano al
mismo tiempo. Y nos recuerda que “viajamos, entre diversas razones,
para mantener viva la sorpresa, para no olvidar la abundancia del mundo
y la variedad del hombre; para vivir esa clase de experiencias que
también solemos buscar en los libros, en la ficción.”
Recordaré, al menos por algunos meses, la cara del
obeso peluquero de la ciudad de Xi’An, y mi cara en el
espejo, y el peluquero y yo tratando de comunicarnos,
de entendernos. Y de haberme dicho, frente al espejo,
que un corte de pelo en un país donde no hablamos
la lengua es como poner nuestra cabeza en manos de
lo impensado.
Recordaré a la tortuga viva en el supermercado Ren
Ren Le de Xi’An. Ahí estaba ella, muy sola en su jaula
de cristal, a la derecha de unos grandes peces nadadores, a la izquierda de unas pechugas de pollo inmóviles
y lustrosas: entre la vida y la muerte.
Recordaré haber pensado que muchas cosas que
ocurren ahora mismo en China, ocurrirán en el futuro
en otros países, como si China hoy quedase en una
especie de futuro.
La mirada del perro que ha visto todo, lo ha olvidado y le ha quedado la tristeza.
El ruido del mar es el ruido del tiempo. La música es el ruido de la memoria. Los mitos: ruido del tiempo.
El autor presentado por alguien que se desencadena en elogios frente a un público todavía escéptico, que todavía no cree en eso, da siempre la impresión del enfermo pobre de hospital que el gran patrón presenta a sus alumnos como un caso interesante, hermoso, como dicen ellos mismos. Y el enfermo está allí y no sabe si alegrarse de ser un caso interesante, o afligirse de estar enfermo. Y hay la misma impresión de desamparo del que está desnudo en medio de gentes con traje, corbata y sobretodo.
Tres extractos de "El libro de Aurora: Textos, conversaciones y notas de Aurora Bernárdez" (Alfaguara)
Con edición de Philippe Fénelon y Julia Saltzmann, el libro reúne poemas, relatos y fragmentos póstumos del diario íntimo de la gran Aurora Bernández: brillante traductora, compañera y albacea literaria de Julio Cortázar.
Las bandas tributo se han vuelto legión en las últimas décadas. Se trata de sonar
lo más parecido posible al modelo original, casi invitándonos a cerrar los ojos
y a creer por un instante que lo que estamos oyendo es más que una buena copia.
La inventiva suele estar relegada a un segundo o tercer plano en esta clase de
bandas que funcionan, en el mejor de los casos, como una especie de espejo o como algo que podríamos comparar con los concursos de imitadores de Hemingway.
Ahora bien, así como hay grupos musicales supuestamente originales que acaban siendo
copias involuntarias de una serie de lugares comunes de un género o de una
época, por qué no pensar en lo inverso: es decir, en la posibilidad de una
banda tributo creativa y original.
Podía argumentarse que algo (casi) por el estilo fueron Los Shakers a fines de los
años sesenta, cuando tomaron a los Beatles como innegable modelo para forjar
desde Montevideo una música beat totalmente singular.
Si este ejemplo parece
osado y arbitrario (los Shakers fueron los Shakers, no hay dudas), existe otro más cercano y más adecuado: desde hace
algunos años, Scott McPherson y Andrea Perry están demostrando que se puede desarrollar una asombrosa creatividad en
el terreno (por lo común muy previsible) de las bandas tributo.
McPherson ha fundado dos proyectos simultáneos, los dos inspirados en una de las bandas pop más notables de todos
los tiempos: Prefab Sprout. Los amantes de Preafb Sprout no dudan en colocar al
grupo (sobre todo, al enorme talento compositor de su líder: Paddy McAloon) a
la altura de los Beach Boys o de los Beatles, pero en versión años ochenta.
McAloon (que acaba de cumplir 60 años) tuvo últimamente varios problemas de salud y se mantiene bastante recluido, a
tal punto que los dos últimos álbumes de la banda (Let's Change The World
With Music y Crimson Red)
son, a grandes rasgos, viejos demos que la banda no llegó a editar en su
momento de gran actividad, entre 1985 y principios de los años 90.
La propuesta de McPherson viene, entonces, a llenar una especie de hueco. Y lo hace de
manera muy singular ya que, si bien los proyectos de McPherson ilustran los dos
caminos que suelen tomar las bandas “bajo fuerte influencia”, lo resultados siempre
excluyen la copia simple y conforme.
En el primero de los casos (lo que se llama The Prefab Sprout Project), McPherson y Perry no solamente graban canciones que podrían haber sido escritas por McAloon, sino que las plasman con un sonido
perfectamente Sprout, y con voces idénticas a las de la banda… a tal punto que en
los comentarios al pie de sus videos en Youtube no faltan quienes preguntan si
no se trata de una especie de broma de McAloon y compañía. No todo alcanza el
nivel de excelencia del original, pero hay temas tan logrados ( “Love”, “When the Sky Crashes Down”) que tienta pensar si no se trata, realmente,
de una especie de broma de los músicos originales… Más aún al ver que Neil
Conti, baterista original del grupo, aparece en algunos tracks.
No hace mucho,
desde su sitio http://www.theprefabsproutproject.com/
, McPherson llegó a invitar incluso a que los fans de Prefab Sprout colaborasen
con letras para estas canciones originales. Así plasmaron, al parecer, una
verdadera rareza: la de tomar un tema escrito por McAloon ("The Songs of Danny Galway"),
rearreglarlo y cambiarle la letra por una en tributo a McAloon : “The Songs of
Paddy Joseph”.
El segundo proyecto (Sproutless) consiste en hacer
nuevas versiones de antiguos temas de Prefab Sprout. Lo singular es que no se
trata de covers ni de versiones libres: en un delicado equilibrio, McPherson aborda
los temas sin repetirlos, renovándolos, pero sin salirse de la estética sprout.
Todo un tour de force.
Un buen
ejemplo es “Wild horses", en esta versión que ellos llaman "re-imaginada":
Por si todo
esto fuera poco, McPherson y sus cómplices hasta se dan el lujo de hacer esta
genialidad (más propia del remix) añadiendo cuerdas y teclas a la voz original
de McAloon en “Mercy”.
Acaba de publicarse Vidas de hotel, antología que preparé para la editorial Adriana Hidalgo y que incluye relatos, entre otros, de Ambrose Bierce, Dino Buzzati, William Trevor, Kawabata, Henry James, Ricardo Piglia, Juan José Saer, Julio Cortázar, Saki, Luigi Pirandello, James Joyce, Macedonio Fernández y Francis Scott Fitzgerald. La semana pasada Infobae me pidió un breve texto sobre la antología. Esto es lo que escribí:
Los hoteles, como los libros o como la ficción en general, ayudan a que
en nosotros se dispare la ilusión de aventura y de libertad: la ilusión
de diversas vidas posibles. Cada viaje (sea real o por medio de la
ficción) nos propone otras realidades, otras perspectivas, otras formas
de ver; y todo eso realimenta nuestros sueños de cambios y nuevos
inicios.
Los hoteles aparecen íntimamente ligados a estos sueños: en los hoteles
se suelen celebrar fiestas para recibir el año nuevo, conferencias de
prensa con anuncios importantes, lanzamientos o presentaciones de
novedades; en los hoteles se suelen instalar los presidentes recién
electos a la espera de su asunción; en los hoteles se inician romances
y, más tarde, a ellos suelen ir las parejas de recién casados antes de
partir de luna de miel; a los hoteles acuden los admiradores de las
celebridades con el anhelo de obtener una foto, un autógrafo o apenas un
atisbo del ídolo; a los hoteles van los aficionados del equipo local
para no dejar dormir al equipo visitante que ahí se aloja y así cumplir
la improbable fantasía de influir en el resultado. Tras las puertas de
los hoteles también rondan las muertes, las disputas, las infidelidades o
hasta los más inquietantes fantasmas.
Pocos ámbitos permiten, por otra parte, que en ellos se crucen
personajes de edades, nacionalidades, profesiones y orígenes sociales
tan distintos. No sorprende, por lo tanto, que los escritores hayan
elegido tantas veces los hoteles (y sus múltiples variantes: pensiones,
albergues, etcétera) como marco para sus novelas o sus cuentos.
Vidas de hotel
es tan solo una posible antología de las muchas que podrían armarse en
torno a este tema. Me llevó un tiempo elegir los relatos, en los que
quise que imperase la variedad: autores clásicos, pero también actuales;
autores más o menos conocidos; relatos de diferentes lenguas y géneros;
historias con diferentes situaciones narrativas en las que el hotel
pueda aparecer como refugio o escondite, pero también como negocio, como
escenario de una noche de pesadilla o como sitio donde ocurre un
imborrable encuentro amoroso.
Un amigo me ha dicho el otro día que, más que como "compilador",
debería yo figurar como "conserje" del libro. No es mala idea. En cierto
aspecto, una antología tiene algo de hotel porque hace que convivan
textos que normalmente no forman parte de un mismo lugar. Un viejo
chiste cuenta que un periodista llama a un hotel de lo más distinguido,
digamos el Ritz de Nueva York, y pide hablar con el rey. "¿Con cuál de
todos ellos?", responde el telefonista. Las antologías son algo así…
Libros con varios reyes, sobre todo si los autores (gracias, en buena
medida, a las gestiones de derechos que hizo la gente de Adriana
Hidalgo) van desde Piglia, Saer y Cortázar hasta Henry James, Chejov y
Pirandello. Confío en que los lectores que viajen a esta antología se
sientan muy bien hospedados.
¡La exposición "Inventario de inventos (inventados)" se prorroga hasta el día 2 de mayo!
"Inventario de inventos (inventados)" es un proyecto artístico (mezcla
de libro y de exposición) en torno a los inventos en la literatura. A
cargo del proyecto están el escritor argentino Eduardo Berti y el dúo
Monobloque integrado por Dorothée Billard y Clemens Helmke.
Máquinas, utensilios de toda clase, medios de
transporte, medios de comunicación, implementos más o menos inútiles,
pociones y brebajes más o menos mágicos: desde la máquina para viajar en el tiempo hasta la píldora para volverse invisible o ser inmortal.
Este fascinante mundo puede descrubrirse hasta el 2 de mayo en CentroCentro de Madrid (Plaza de Cibeles 1), en el D-Espacio ubicado en la tercera planta.
Un gran escritor ruso decía que en toda casa, incluso en la más perfecta,
siempre falta una habitación. La experiencia nos permite suponer que,
si a la casa le añadiéramos esa habitación, faltaría otra más. El mundo
es así, a imagen de la casa de La muerte de Ivan Illich: algo eternamente
incompleto, algo a reinventar sin fin. Al mundo siempre le falta algo, y la
humanidad no hace más que añadiduras, aunque se limite a engendrar
basura o aunque, en su afán por engendrar y sumar, haga desaparecer
cosas preciadas como especies animales o vegetales. Algunos creen,
como en el tango de Enrique Cadícamo, que al mundo le falta un tornillo y no hay quien lo pueda arreglar. Otros, menos pesimistas,
se desvelan en inventar los remedios o los útiles para una vida o una
sociedad mejor.
La insatisfacción, se sabe, es el motor que une a los artistas y a los
científicos de todas las épocas y de todos los rincones del planeta. El
deseo de que el mundo sea diferente. O la simple vanidad de decirse
que, tras un pequeño acto, hemos sumado al paisaje algo que faltaba.
Los escritores, también se sabe, son inventores en múltiples sentidos.
Inventan personajes y conflictos entre personajes; inventan acciones,
escenas e historias, pero también geografías, ciudades, países, palabras, formas literarias...
A esto se añaden los autores que en sus obras incluyen objetos que
no existen (o que no existían entonces) en esa ilusión colectiva llamada
mundo real: artefactos, herramientas y utensilios de toda clase, medios de transporte,
medios de comunicación, implementos más o menos inútiles, brebajes
y pociones más o menos mágicos.
Abundan, al respecto, ejemplos célebres (la máquina para
viajar en el tiempo o la píldora para volverse invisible o ser inmortal),
pero asimismo otros menos conocidos: desde
el Baby HP del mexicano Juan José Arreola hasta la kallocaína (droga de la verdad) de la escritora y pacifista sueca Karin Boye, pasando
por la superficina de Sigismund Krzyzanowski, la máquina de rezar de
Roger Zelazny y diversas ocurrencias de autores tan variados como Jules
Verne, Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Alphonse Allais, J. R. Wilcock,
Stanisław Lem, Juan de la Coba, Roald Dahl o Dino Buzzati.
Desde los tiempos de Leonardo (inventor, pintor y autor de magníficas fábulas), e incluso desde antes, la frontera entre la creación artística y
la creación científica o industrial ha llegado a ser delgada. Lo recuerdan
el caso del italiano Leon Battista Alberti, sabio renacentista por excelencia, del francés Blaise Pascal, autor de pensamientos literarios y de una
calculadora que funcionaba con ruedas y engranajes, de la norteamericana Amanda Teodosia Jones (a quien le debemos versos y el enlatado
al vacío), del británico Richard Lovell Edgeworth, inventor del telégrafo
aéreo y autor de un tratado para la educación de las hijas (quizá empleado en la formación de la futura novelista Maria Edgeworth) o el del
poeta francés Charles Cros, amigo de Rimbaud y Verlaine y creador del
paleófono, precursor del fonógrafo de Edison.
Sean un aporte científico o artístico, los inventos responden en definitiva a nuestros deseos, nuestros sueños humanos, nuestros temores,
nuestras necesidades, curiosidades o ambiciones, y proponen formas
de resolverlos. O, más modestamente, de nombrarlos. De jugar con
ellos. De exorcizarlos o poetizarlos.
Fragmentos del prólogo a Inventario de inventos (inventados) que ha publicado Impedimenta.
Además del libro, una muestra en torno a Inventario pueda visitarse hasta el 16 de abril en CentroCentro, Plaza Cibeles, Madrid.
La muestra "Inventario de inventos (inventados)", de
Eduardo Berti y Monobloque, se inaugura el próximo martes 21 de
febrero en CentroCentro, Cibeles 1, Madrid (España), y permanecerá
abierta al público hasta el 16 de abril, en el marco de la Plataforma
Arco 2017. La muestra llega de la mano de un libro también
llamado 'Inventario de inventos (inventados)", que Eduardo Berti y
Monobloque lanzan el lunes 20 de febrero en toda España, publicado por
editorial Impedimenta. El libro y la muestra son dos
bibliotecas consagradas a las invenciones en la ficción. A los inventos
imaginarios en la literatura. El lunes 20 a las 18h00 presentaremos el libro y la muestra en la librería Alberti de Madrid. Calle Tutor 57, metro Arguelles.
Oulipo por
dentro: hasta la publicación de este libro, los lectores de habla
hispana sólo sabíamos sobre los efectos del famoso taller –o mejor
dicho, obrador– pero bastante poco sobre los entretelones de esta
experiencia, que ya conoce más de medio siglo de ininterrumpidos tours
de force de escritura restrictiva. Conocíamos algunas de las piezas
narrativas con las que muchos de sus más famosos integrantes lo
publicitaron (basta con citar El secuestro, titánica traducción de La disparition,
novela de Georges Perec que en francés prescinde de la letra E y en su
versión española de la letra A, o bien los divertidísimos Ejercicios de estilo
de Raymond Queneau, donde se relata una y otra vez el mismo ordinario
acontecimiento haciendo uso y abuso de todo tipo de retóricas:
pronosticaciones, notaciones, metáforas compuestas, sínquisis,
onomatopeyas, alejandrinos, y etcéteras varios, así como las digresiones
infatigables de Si una noche de invierno un viajero, de Italo
Calvino), pero no teníamos casi idea de sus mecánicas internas, de su
funcionamiento como grupo, de la invención de sus procedimientos y de su
agenda como artesanos y virtuosos en el arte de autoimponerse límites.
Pues para los oulipianos el límite es una filosofía, a la vez que un
motor inagotable. No nos olvidemos que les gusta describirse como “ratas
que construyen ellas mismas un laberinto del cual se proponen salir”.
Por esto, Oulipo. Ejercicios de literatura potencial
que Caja Negra editó recientemente, se impone como un tesoro para todos
los que venían impacientándose hace décadas por hurgar en la avispada
ingeniería de esta prolífica tradición jamás secreta, pero sí discreta.
Así, el primer gran acierto de este volumen, ideado y traducido por
Ezequiel Alemian con la asistencia de Malena Rey, es su estructura en
siete zonas o áreas, que logra que el libro mute de antología a manual,
memoria histórica, compilación de instrumentos bien heterogéneos y
declaración plural de intenciones. Manifiestos, definiciones,
conclusiones, encuestas, análisis, actas de reuniones, estudios de
métodos, bitácoras, fichas, biografías y hasta una “caja de
herramientas” o instructivo para mejor uso de los materiales.
El proyecto Inventario, que comparto con el colectivo Monobloque (Dorothée Billard y Clemens Helmke), ha sido elegido para ArcoMadrid, la gran feria de arte contemporáneo.
Estaremos en el CentroCentro Cibeles de cultura y ciudadanía (Plaza de
Cibeles 1, Madrid) desde el 21 de febrero hasta el 16 de abril.
También lanzaremos un libro, editado por Impedimenta.
La muestra y el libro conforman una enorme biblioteca de inventos
literarios que existen tan solo en la ficción o que existieron antes en
las páginas de un libro o la fantasía de un escritor.
INVENTARIO DE INVENTOS INVENTADOS Autores: Eduardo Berti y Monobloque. Del 21 de Febrero al 16 de Abril CentroCentro Cibeles de cultura y ciudadanía. Plaza de
Cibeles 1, Madrid
1. Los muertos rodean a los
vivos. Los vivos son el centro de los muertos. En ese centro se encuentran las
dimensiones de espacio y tiempo. Lo que lo rodea es lo intemporal
2. Entre el centro y lo que lo circunda
se producen intercambios que, por lo general, no son del todo claros. Todas las
religiones han tratado de aclararlos. La credibilidad de una religión depende
de la claridad de ciertos intercambios poco habituales. Los engaños o los misterios
de las religiones son el resultado de intentar producir sistemáticamente esos intercambios.
3. La escasez de intercambios claros se
debe a que no abunda lo que puede cruzar intacto la frontera entre lo
intemporal y el tiempo.
4. Ver a los muertos como las personas
concretas que existieron tiende a oscurecer su naturaleza. Intentemos
considerar a los vivos como podríamos suponer que lo hacen los muertos:
colectivamente. La colectividad no sólo sería de orden espacial, sino también temporal.
Incluiría a todos lo que han vivido, y, por consiguiente, consideraríamos que los
muertos también forman parte de ella. Los vivos piensan que los muertos son
aquellos que han vivido; pero los muertos ya incluyen a los vivos en su propia
gran colectividad.
5. Los muertos habitan un momento
intemporal de construcción incesantemente recomenzada. La construcción es el
estado del universo en un instante cualquiera.
6. Conforme a su recuerdo de la vida,
los muertos saben que el momento de construcción es asimismo el momento del
derrumbamiento. Porque han vivido, nunca pueden quedarse inertes.
7. ¿Cómo pueden tener memoria alguna
los muertos si viven en un momento intemporal? Sólo recuerdan haber sido lanzados
al tiempo, como todo lo que ha existido o existe.
8. La diferencia entre los muertos y
los no nacidos es que los muertos tienen este recuerdo. Conforme aumenta el
número de muertos, se amplía el recuerdo.
9. Podemos concebir esa memoria de los
muertos existente en la intemporalidad como una forma de imaginación relativa a
lo posible. Esta imaginación está muy relacionada con Dios (reside en Él) pero
no sé cómo exactamente.
10. En el mundo de los vivos existe un
fenómeno equivalente y al mismo tiempo opuesto. A veces, los vivos experimentan
la intemporalidad, tal como nos es revelada en el sueño, el éxtasis, los
instantes de peligro extremo, el orgasmo y, tal vez, el trance de la muerte.
Durante esos instantes, la imaginación de los vivos abarca la experiencia toda
y sobrepasa los límites de la vida o la muerte de cada cual en particular. Roza
la imaginación expectante de los muertos.
11. ¿Cuál es la relación de los muertos
con lo que todavía no ha sucedido, con el futuro? Todo el futuro es la construcción en la que trabaja su
"imaginación".
12. ¿Cómo viven los vivos con los
muertos? Mientras el capitalismo no deshumanizó la sociedad, todos los vivos
esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era su futuro último. Por sí
mismos, eran incompletos. Así, vivos y muertos eran interdependientes. Siempre.
Sólo una forma tan peculiar de egoísmo como la de hoy en día podía romper esa
interdependencia. Y los resultados han sido desastrosos para los vivos, que
ahora creen que los muertos son aquellos que han quedado eliminados.
John Berger - Doce tesis sobre la economía de los muertos
Me hablabas a menudo de La ruina de los Ganieri. Su autor, Prospero Miti, no leía sus libros una vez impresos, solamente leía las pruebas de imprenta. Un día, excepcionalmente, leyó uno y advirtió que el orden de los capítulos no se condecía con lo que se él había escrito. Como le gustaba el libro así, no pidió que corrigieran las reediciones. Supiste esta anécdota después de leer el libro. No te cansabas de releerlo en busca del orden original. Edouard Levé, Suicide