Acaba de publicarse Vidas de hotel, antología que preparé para la editorial Adriana Hidalgo y que incluye relatos, entre otros, de Ambrose Bierce, Dino Buzzati, William Trevor, Kawabata, Henry James, Ricardo Piglia, Juan José Saer, Julio Cortázar, Saki, Luigi Pirandello, James Joyce, Macedonio Fernández y Francis Scott Fitzgerald. La semana pasada Infobae me pidió un breve texto sobre la antología. Esto es lo que escribí:
Los hoteles, como los libros o como la ficción en general, ayudan a que
en nosotros se dispare la ilusión de aventura y de libertad: la ilusión
de diversas vidas posibles. Cada viaje (sea real o por medio de la
ficción) nos propone otras realidades, otras perspectivas, otras formas
de ver; y todo eso realimenta nuestros sueños de cambios y nuevos
inicios.
Los hoteles aparecen íntimamente ligados a estos sueños: en los hoteles
se suelen celebrar fiestas para recibir el año nuevo, conferencias de
prensa con anuncios importantes, lanzamientos o presentaciones de
novedades; en los hoteles se suelen instalar los presidentes recién
electos a la espera de su asunción; en los hoteles se inician romances
y, más tarde, a ellos suelen ir las parejas de recién casados antes de
partir de luna de miel; a los hoteles acuden los admiradores de las
celebridades con el anhelo de obtener una foto, un autógrafo o apenas un
atisbo del ídolo; a los hoteles van los aficionados del equipo local
para no dejar dormir al equipo visitante que ahí se aloja y así cumplir
la improbable fantasía de influir en el resultado. Tras las puertas de
los hoteles también rondan las muertes, las disputas, las infidelidades o
hasta los más inquietantes fantasmas.
Pocos ámbitos permiten, por otra parte, que en ellos se crucen
personajes de edades, nacionalidades, profesiones y orígenes sociales
tan distintos. No sorprende, por lo tanto, que los escritores hayan
elegido tantas veces los hoteles (y sus múltiples variantes: pensiones,
albergues, etcétera) como marco para sus novelas o sus cuentos.
Vidas de hotel
es tan solo una posible antología de las muchas que podrían armarse en
torno a este tema. Me llevó un tiempo elegir los relatos, en los que
quise que imperase la variedad: autores clásicos, pero también actuales;
autores más o menos conocidos; relatos de diferentes lenguas y géneros;
historias con diferentes situaciones narrativas en las que el hotel
pueda aparecer como refugio o escondite, pero también como negocio, como
escenario de una noche de pesadilla o como sitio donde ocurre un
imborrable encuentro amoroso.
Un amigo me ha dicho el otro día que, más que como "compilador",
debería yo figurar como "conserje" del libro. No es mala idea. En cierto
aspecto, una antología tiene algo de hotel porque hace que convivan
textos que normalmente no forman parte de un mismo lugar. Un viejo
chiste cuenta que un periodista llama a un hotel de lo más distinguido,
digamos el Ritz de Nueva York, y pide hablar con el rey. "¿Con cuál de
todos ellos?", responde el telefonista. Las antologías son algo así…
Libros con varios reyes, sobre todo si los autores (gracias, en buena
medida, a las gestiones de derechos que hizo la gente de Adriana
Hidalgo) van desde Piglia, Saer y Cortázar hasta Henry James, Chejov y
Pirandello. Confío en que los lectores que viajen a esta antología se
sientan muy bien hospedados.











