07 diciembre, 2010

Extremos de verosimilitud

El blog de la editorial/librería Eterna Cadencia, de Buenos Aires, es uno de mis favoritos porque a la buena información se le suma, en este caso, un intento de análisis y reflexión, además de una serie de muy buenos reportajes a cargo de Patricio Zunini.

Una sección del blog consiste en pedirle a un escritor que recomiende un libro: una "recomendación de amigo" en el mismo espíritu de los "cinco libros" de aquí, de bertigo.

Ayer me invitaron y escribí lo siguiente:


Para no empezar con los clásicos (con los que, por cierta lógica, nunca se termina), voy a recomendar el libro de un autor vivo que leí el año pasado: Hombres salmonela en el planeta porno, del japonés Yasutaka Tsutsui. Debo a Santiago Roncagliolo el descubrimiento de Tsutsui. Estábamos paseando en Biarritz, por la playa, y algo hizo que él dijera “como en los cuentos de Tsutsui”. Hoy sé que Tsutsui (Osaka, 1934) es un prolífico autor cuya obra abarca desde la ciencia-ficción hasta lo que él denomina “hiper-ficcionalidad”; se lo ha comparado con Italo Calvino, Robert Coover o John Barth, pero a mí me hace pensar en alguien que a partir de la desbordante fantasia de un Dino Buzzati se pone a narrar con la espiralada intensidad de un Stephen Dixon y juega con los extremos de verosimilitud de cada situación propuesta.

Hombres salmonela… es el primero de sus libros traducido al castellano (Atalanta, España) y trae como apéndice un reportaje en el que Tsutsui apenas disimula su enfado al hablar del film The Truman Show, de Peter Weir, que evidentemente está inspirado en unos de sus cuentos más geniales: “Rumores sobre mí”, donde la vida de un hombre anodino es cubierta por todos los medios de comunicación del país. Otros cuentos del libro hablan de una planta que produce sueños eróticos, de una ciudad que se inclina un poco más cada día y de la extraña vida en un planeta donde todo es sexual.

www.blogeternacadencia.com.ar

El plagiario



Eloi fue corriendo hasta la casa de un colega y le gritó:

–Señor, es usted un plagiario; me ha copiado y robado la nariz. Yo tenía una nariz toda para mí y sentía cariño por ella. Yo había nacido con esa nariz. Auténtica, heredada de mis padres. Aunque no fuese extraordinaria, la mostraba en público, no sin orgullo, y la llevaba de paseo por todas partes. Mi nariz no era grande ni pequeña, no era larga ni corta, no era gruesa ni fina, pero así y todo era de dócil, buen olfato, útil para sonarme los mocos, respirar o estornudar, según mis pequeñas necesidades. Yo la consideraba propia y me parecía inútil ponerle una etiqueta que dijera: Prohibida su reproducción: la nariz es propiedad de su propietario. Me río, señor, y no tengo ganas de hacerlo. ¡Vaya abuso! Esta mañana llevo a mi nariz a dar su paseo cotidiano, ¿y qué veo? La veo a ella, a mi nariz, en el medio de su cara. No lo niegue. Su nariz es la mía. Mírese un poco en el espejo.

En efecto, ambas narices se miraron, frente a frente, idénticas una a la otra, yuxtalinealmente.

El colega parece desconsolado. Se disulpa, se rasca "su" nariz y le dice a Eloi:

–Esto lo podemos arreglar.

Entonces, luego de retroceder un paso, da con todas sus fuerzas un puñetazo contra la nariz de Eloi.

Mientras Eloi tantea los restos llenos de sangre, el colega añade educadamente:

–De ahora en adelante, señor, espero que no las confundan más.


Jules Renard, "Le Mauvais Livre et autres tablettes", recopilación de historias breves y viñetas publicadas en diferentes revistas y periódicos franceses ("L'Echo de Paris", "La Nouvelle Revue", "Mercure de France", etc) entre 1892 y 1896.

06 diciembre, 2010

Cinco libros: Laura Ramos

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Laura Ramos:

Me gustaría recomendarles dos libros sobre la vejez, uno sobre perros, uno sobre el campo (o sobre mujeres, o sobre el oficio de escribir) y, por último, un ejercicio de caligrafía. La vejez ácida y exasperante vista risueñamente por Julian Barnes y la vejez hilarante, disparatada, esperanzadora de Muriel Spark, escritora, espía y la única Dama del Imperio Británico pobre. La novela de perro como novela de experiencia, o un tratado sobre la manera en que el condimento pasa a ocupar el lugar de plato central de la mesa. Un libro delicioso de 1956.

En cuanto a la novela “de campo” su escenografía es la sierra de Córdoba, la autora es argentina y sus personajes vaticinan que cuando las hormigas comen ceibo se vienen los siniestros, pero la construcción de su mundo se parece a las de mis novelas decimonónicas predilectas.

El ejercicio de caligrafía (o también podría llamarse de terapia grafológica) es un extraordinario librito del mejor Levrero: íntimo, despiadado consigo mismo, ejercicio literario.

A saber:


La mesa limón. Julian Barnes. Anagrama.

Memento Mori. Muriel Spark. La Bestia Equilátera.

Mi perra Tulip. Joe R. Ackerley. Beatriz Viterbo Editora.

Desalmadas. María Martoccia. La Bestia Equilátera.

El discurso vacío. Mario Levrero. Interzona.


Laura Ramos nació en Buenos Aires, Argentina y pasó su infancia en Montevideo. El nombre de guerra de su padre, el inventor del trotskismo argentino, era “El Colorado”, aunque se llamaba Jorge Abelardo Ramos. Laura trabajó como correctora de los libros que editaban sus padres desde los doce años. Desde los dieciocho trabajó como camarera, acompañante terapéutica y editora. Dirigió la sección Transformaciones de la revista El Periodista y realizó coberturas en España, México y Estados Unidos para La Razón y Clarín. Es autora de Buenos Aires Me Mata (Sudamericana, 1993), llevada al cine en 1997, Ciudad Paraíso (Clarín-Aguilar, 1996), Diario íntimo de una niña anticuada (Sudamericana, 2002) y coautora de Corazones en llamas (Clarín-Aguilar, 1991), que lleva diez ediciones y más de cincuenta mil ejemplares vendidos. Su último libro es La niña guerrera (Planeta, 2010), biografías noveladas de once mujeres jóvenes lesbianas y bisexuales de diferentes partes del mundo.


05 diciembre, 2010

Más acá



OSCURIDAD.

Una pequeña lámpara se enciende y su escasa luz sólo dejar ver la mesita sobre la que reposa y, junto a esta, una silla. Un hombre joven irrumpe en el espacio iluminado. Se le nota intranquilo. Tras mirar alrededor con movimientos rápidos, se sienta en la silla. Con gesto concentrado, rompe a hablar:

HOMBRE JOVEN: Espíritu, si estás allí, da dos golpes.

En el silencio de la habitación resuena un único golpe. La lámpara se apaga.


Pequeño cuento incluido en "Distorsiones", de David Roas.

http://www.conoceralautor.com/obras/ver/ODMy

03 diciembre, 2010

Pepys punto com


Para Phil Gyford y la gente de Pepysdiary.com ayer fue el lunes 2 de diciembre de 1667. Ocurre que, desde hace unos 8 años, Gyford se ocupa de volcar una por una las anotaciones del famoso Diario de Samuel Pepys y lo hace casi, casi como si no existiesen los 343 años que median entre el presente y el momento de la escritura.

En su
célebre Diario, Samuel Pepys pintó al detalle una década especialmente álgida en el Reino Unido, desde 1660 hasta 1669, y dio valioso testimonio de la Restauración, de la guerra con Holanda y de ciertos acontecimientos históricos como la gran peste de 1665 (la misma que narra Daniel Defoe en otro libro maravilloso) o incluso el gran incendio de Londres, ocurrido un año más tarde en la ciudad.

Pepys era un alto funcionario que frecuentaba la corte, aunque también los barrios populares,
y su registro cotidiano resulta revelador por diferentes razones. Por un lado, porque es el crudo autorretrato de un hombre respetadísimo en la escena pública que lleva una secreta vida licenciosa y cada dos por tres escribe “que Dios me perdone”; por otro lado, porque es todo un testimonio de la “micro-historia” y la cotidianidad de una Inglaterra en pleno momento de cambios. La revolución de Cromwell acaba de ser aplastada y, entre decapitaciones y demás ajusticiamientos que Pepys describe al detalle, se ha restaurado la monarquía de la mano de Carlos II y Catherine Braganza.


A diferencia de lo que ha sostenido Paul Viejo cuando comparó los diarios de Dostoievski (por fin editados en forma completa en castellano) con una especie de "blog avant la lettre" (ver su texto), imagino que la intención de Gyford tuvo otros propósitos pues, como es bien sabido,
Pepys no escribió su diario pensando en la posteridad ni en ninguna clase de destinatario. Lo escribió para él mismo (“para revivir, hasta el menor detalle, su existencia”, ha dicho Louis Cazamian) y para ello empleó una especie de taquigrafía que mezcló con palabras de otras lenguas. Fue por azar que en 1819 un reverendo llamado John Smith encontró una información que permitía descifrar las miles de páginas. La tarea, se cuenta, fue colosal: digna del egiptólogo Champollion. Los lectores (no sólo los historiadores), agradecidos.

www.pepysdiary.com



www.eduardoberti.blogspot.com


01 diciembre, 2010

Historia de un dormilón





Pierre Gould escribió una novela titulada "Historia de un dormilón", que según él consistía en el lipograma más apremiante del mundo: se había prohibido todas las letras del alfabeto salvo la "z". Esto arrojaba: "Zzzz, zzzz, zzzz", y así sucesivamente durante trescientas páginas.

Bernard Quiriny, "Cuentos carnívoros"


La traducción de este fragmento de cuento es mía y un tanto apresurada, pero existe una versión del libro en español con traducción de Marcelo Cohen y prefacio de Enrique Vila-Matas.



El libro es muy recomendable. Nacido en Bélgica hace unos treinta años, altamente imaginativo, amante de lo insólito y de la falsa erudición, Quiriny es mucho más que una enorme promesa literaria. Es una realidad, aunque ésta sea una noción que su obra pone continuamente en jaque.


29 noviembre, 2010

El amor (II)


Ella dijo: "Estuve enamorada de ti alguna vez, pero ya no te amo más". Ella nunca me dijo en su momento: "Estoy enamorada de ti". Pero sí que alguna vez estuvo enamorada de mí...

Stephen Dixon, "Mac in Love" (The Stories of Stephen Dixon)


25 noviembre, 2010

La ceguera y Tanizaki

Se ha dicho que los sordos parecen tontos y los ciegos parecen sabios: los sordos esforzándose por captar lo que se dice, fruncen las cejas, abren la boca, ponen los ojos en blanco o inclinan la cabeza a lado y a otro, todo lo cual les confiere un aire de estupidez; mientras que los ciegos, al permanecer tranquilamente sentados con la cabeza un poco baja como si meditaran, parecen personas muy reflexivas. Como quiera que sea, estamos tan acostumbrados a ver los "ojos misericordiosos" entornados con que Buda y los bodhisattvas contemplan a todos los seres vivos, que los ojos cerrados nos parecen más benévolos que los abiertos; tal vez incluso nos infunden un sagrado respeto.

Junichiro Tanizaki, "Retrato de Shunkin"




Yo sabía de varios temas recurrentes en la fascinante obra del japonés Tanizaki (el fetichismo de los pies, la vejez, los celos, el vínculo con la madre), pero en estas últimas semanas he leído dos breves relatos suyos donde la ceguera es protagonista o elemento fundamental.

En el "Retrato de Shunkin" (Siruela), Tanizaki narra la historia de una bella mujer que debió abandonar su primera vocación (la danza) por culpa de la ceguera y que acabará siendo una talentosa intérprete de shamisen y una muy severa profesora de música. Lo más apasionante de este relato es la historia de amor entre Shunkin y su discípulo Sasuke.

El otro relato es "El cuento de un hombre ciego" (también en Siruela), breve episodio histórico narrado por cierto masajista ciego. Estos masajistas con personajes míticos en la cultura japonesa, según parece y según recordarán quienes hayan visto la película "Zatoichi", de Takeshi Kitano.

Uno de los libros más famosos de Tanizaki se llama "El elogio de la sombra". Data de 1933 (el mismo año de "Retrato de Shunkin") y, pese a su título, no habla de la ceguera sino, principalmente, de la estética tradicional japonesa y de las que son, a su juicio, alguna de las principales diferencias de sensibilidad y gusto entre Occidente (más proclive a lo luminoso y lo simétrico) y Oriente, amante de "la luz indirecta y difusa", como él sostiene.

El caso es que, años después de este libro, Jorge Luis Borges empleó el mismo título para bautizar un poema suyo que sí habla de la ceguera y dice:

Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad


24 noviembre, 2010

El amor


La señorita N, a cargo de un curso en la escuela, al volver a su casa se entera por una amiga de que X, al parecer, está enamorado de ella y se apresta a pedirla en matrimonio. N., que no es hermosa, nunca ha pensado en casarse. Una vez en casa, tiembla de terror durante horas y horas. No duerme, llora, y al alba, finalmente, se enamora de X. Pero al mediodía le dicen que no era más que una simple suposición y que X no se iba a casar con ella, sino con Y.

Incluido en el "Cuaderno de notas", de Anton Chéjov

23 noviembre, 2010

El cuento de Tim Burton

Leo en el blog de Gaby Larralde (http://eblogtxt.wordpress.com/about/) que Tim Burton se ha propuesto escribir un relato con la pequeña ayuda de sus amigos, a quienes invita a enviar frases e ideas. Copio textualmente el post (espero que Gaby no se ofenda):


El proyecto se titula Tim Burton’s Cadavre Exquis. Se trata de la conocida técnica de "cadáver exquisito" originada por los surrealistas a mediados de los años 20 donde dentro de un grupo de personas cada uno va añadiendo frases a una hoja de papel para crear una historia. Burton empezó el juego con una frase detallando las aventuras de su conocido personaje Stainboy y está pidiendo a los usuarios contribuir con una línea a la historia con el tag #BurtonStory. Los mejores ’tweets’ del día se eligen para continuar la historia, desde hoy y hasta el 6 de diciembre.

Este experimento coincide con una retrospectiva de Tim Burton, que abrirá sus puertas en Toronto el 26 de noviembre en el TIFF Bell Lightbox, la nueva sede del Festival Internacional de Cine de la ciudad. Esta muestra de la carrera del director de cine ya pasó por el MoMa de Nueva York convirtiéndose en la tercera exposición más vista de la historia del museo.


22 noviembre, 2010

La espera

Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. "Seré tuya, dijo ella, cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado en un banco, en mi jardín, bajo mi ventana". El mandarín obedece, pero en la nonagésimanovena noche se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.

Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso"

20 noviembre, 2010

270 ideas


Por Jacques Sternberg

Escribir una novela de más de 250 páginas está al alcance de cualquier escritor más o menos dotado. Puede hacerse en 25 días a razón de 10 páginas diarias, tarea no excesiva para un novelista capaz de escribir a máquina con la velocidad de una buena dactilógrafa.

Escribir 270 cuentos, en su mayoría breves, es otra historia. No se trata de un asunto de ritmo, sino de inspiración: hacen falta 270 ideas. Y eso es mucho. No se las tiene en un mes, ni siquiera en un año.

Por eso, algunos cuentos de este libro datan de 1948 y otros de 1973. Durante estos veinticinco años no he dejado de escribir cuentos. Cada vez menos, en realidad, porque la inspiración fue haciéndose más infrecuente y la competencia, más feroz. En efecto, de nada sirve arrojarse sobre una idea si otro ya la ha explotado. Lo que ocurre a menudo, reconozcámoslo. De modo que, antes de seleccionar estos 270 cuentos, escribí otros cientos que fueron leídos solamente por los tachos de basura.

Los primeros de estos cuentos fueron escritos en Bélgica, en 1948. Los leía dos veces por semana en La Poubelle, un cabaret literario animado por Jo Dekmine.

Ya en París, Jean Paulhan fue el primero en ocuparse de un joven escritor llamado Jacques Sternberg al que todas las editoriales parisienses rechazaban con idéntico fervor, con unanimidad digna de su igualdad-libertad-fraternidad. Cabe recordar que, por entonces, recién se salía de la otra Trinidad: trabajo-familia-patria. Esto era un paso adelante. O, quizá, un paso al costado.

Jean Paulhan le ofreció unos cuentos a la revista Points (bilingüe: inglés-francés), que los publicó, antes de desaparecer, en un número que presentaba a otro autor ignoto: René de Obaldia.

En Bélgica, Marcel Lecompte leyó estos cuentos, los juzgó curiosos y se los pasó a Georges Lambrichs (un belga afincado en París), quien también los juzgó curiosos, pero curiosamente no hizo nada para publicarlos aun cuando asumía en ese momento la dirección literaria de Éditions de Minuit.

Cuando me instalé en París, en 1952, aproveché una máquina Gestetner que tenía a mi disposición e hice una impresión en mimeógrafo de treinta cuentos (en letras blancas sobre papel negro) titulada Géométrie dans l’Impossible, con una tirada de 50 ejemplares que vendí al azar. Este azar hizo bien las cosas porque Eric Losfeld (otro belga) quiso que la Géométrie… fuese uno de los primeros títulos de su primera editorial, Arcane, fundada en 1953. El libro sólo llamó la atención de dos críticos: André Vialatte y Alain Dorémieux. Y más tarde interesó a André Parinaud, que me ofreció un puesto de redactor en Arts. Nunca lo he olvidado porque lo restante pertenece a la rutina, a los primeros admiradores que uno pierde en el camino, a los fanáticos de última hora, al oficio que se adquiere poco a poco, al cansancio, a los editores en busca de alguna clase de negocio, en fin, a todo lo que debería dejarse de lado si uno conservase el estómago de la juventud, que evidentemente no es mi caso. Por desgracia. Por suerte.


Prólogo de Jacques Sternberg a la primera edición del libro "Cuentos glaciales" (Contes glacés).

Cuentos glaciales, de Jacques Sternberg.
Traducción de Eduardo Berti y posfacio de Hervé Le Tellier.
Editorial La Compañía, Buenos Aires, noviembre de 2010.



19 noviembre, 2010

Claramente explicado



Leído en el siempre interesante "Blog de lengua española", de Alberto Bustos:

Los adverbios terminados en -mente (por ejemplo, sinceramente) no existían en latín. Son una innovación de las lenguas románicas. Surgen de expresiones como esta:

Clara mente (‘con mente clara’)

Lo que tenemos en el ejemplo es un adjetivo (clara) combinado con el sustantivo mente. El sustantivo y el adjetivo están en caso ablativo, que era el del complemento circunstancial. Esta combinación podía aparecer en oraciones del tipo:

Te lo digo con la mente clara

Al principio, los adjetivos tenían que ser compatibles con el significado de mente. Despues mente se va vaciando de significado hasta quedar convertido en un elemento que sirve para formar adverbios a partir de adjetivos. La pérdida de significado va acompañada de la pérdida de libertad en el plano formal: deja de ser una palabra independiente para convertirse en un sufijo que forzosamente va ligado a un adjetivo.

Todavía encontramos un indicio de su origen en el hecho de que el adverbio se construya a partir de la forma femenina del adjetivo. El sustantivo mente era femenino y el adjetivo tenía que concordar con él.

Enlace: http://blog.lengua-e.com