
Ella dijo: "Estuve enamorada de ti alguna vez, pero ya no te amo más". Ella nunca me dijo en su momento: "Estoy enamorada de ti". Pero sí que alguna vez estuvo enamorada de mí...
Stephen Dixon, "Mac in Love" (The Stories of Stephen Dixon)

Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad

El proyecto se titula Tim Burton’s Cadavre Exquis. Se trata de la conocida técnica de "cadáver exquisito" originada por los surrealistas a mediados de los años 20 donde dentro de un grupo de personas cada uno va añadiendo frases a una hoja de papel para crear una historia. Burton empezó el juego con una frase detallando las aventuras de su conocido personaje Stainboy y está pidiendo a los usuarios contribuir con una línea a la historia con el tag #BurtonStory. Los mejores ’tweets’ del día se eligen para continuar la historia, desde hoy y hasta el 6 de diciembre. Este experimento coincide con una retrospectiva de Tim Burton, que abrirá sus puertas en Toronto el 26 de noviembre en el TIFF Bell Lightbox, la nueva sede del Festival Internacional de Cine de la ciudad. Esta muestra de la carrera del director de cine ya pasó por el MoMa de Nueva York convirtiéndose en la tercera exposición más vista de la historia del museo.
Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. "Seré tuya, dijo ella, cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado en un banco, en mi jardín, bajo mi ventana". El mandarín obedece, pero en la nonagésimanovena noche se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.
Escribir 270 cuentos, en su mayoría breves, es otra historia. No se trata de un asunto de ritmo, sino de inspiración: hacen falta 270 ideas. Y eso es mucho. No se las tiene en un mes, ni siquiera en un año.
Por eso, algunos cuentos de este libro datan de 1948 y otros de 1973. Durante estos veinticinco años no he dejado de escribir cuentos. Cada vez menos, en realidad, porque la inspiración fue haciéndose más infrecuente y la competencia, más feroz. En efecto, de nada sirve arrojarse sobre una idea si otro ya la ha explotado. Lo que ocurre a menudo, reconozcámoslo. De modo que, antes de seleccionar estos 270 cuentos, escribí otros cientos que fueron leídos solamente por los tachos de basura.
Los primeros de estos cuentos fueron escritos en Bélgica, en 1948. Los leía dos veces por semana en La Poubelle, un cabaret literario animado por Jo Dekmine.
Ya en París, Jean Paulhan fue el primero en ocuparse de un joven escritor llamado Jacques Sternberg al que todas las editoriales parisienses rechazaban con idéntico fervor, con unanimidad digna de su igualdad-libertad-fraternidad. Cabe recordar que, por entonces, recién se salía de la otra Trinidad: trabajo-familia-patria. Esto era un paso adelante. O, quizá, un paso al costado.
Jean Paulhan le ofreció unos cuentos a la revista Points (bilingüe: inglés-francés), que los publicó, antes de desaparecer, en un número que presentaba a otro autor ignoto: René de Obaldia.
En Bélgica, Marcel Lecompte leyó estos cuentos, los juzgó curiosos y se los pasó a Georges Lambrichs (un belga afincado en París), quien también los juzgó curiosos, pero curiosamente no hizo nada para publicarlos aun cuando asumía en ese momento la dirección literaria de Éditions de Minuit.
Cuando me instalé en París, en 1952, aproveché una máquina Gestetner que tenía a mi disposición e hice una impresión en mimeógrafo de treinta cuentos (en letras blancas sobre papel negro) titulada Géométrie dans l’Impossible, con una tirada de 50 ejemplares que vendí al azar. Este azar hizo bien las cosas porque Eric Losfeld (otro belga) quiso que la Géométrie… fuese uno de los primeros títulos de su primera editorial, Arcane, fundada en 1953. El libro sólo llamó la atención de dos críticos: André Vialatte y Alain Dorémieux. Y más tarde interesó a André Parinaud, que me ofreció un puesto de redactor en Arts. Nunca lo he olvidado porque lo restante pertenece a la rutina, a los primeros admiradores que uno pierde en el camino, a los fanáticos de última hora, al oficio que se adquiere poco a poco, al cansancio, a los editores en busca de alguna clase de negocio, en fin, a todo lo que debería dejarse de lado si uno conservase el estómago de la juventud, que evidentemente no es mi caso. Por desgracia. Por suerte.

Los adverbios terminados en -mente (por ejemplo, sinceramente) no existían en latín. Son una innovación de las lenguas románicas. Surgen de expresiones como esta:
Clara mente (‘con mente clara’)
Lo que tenemos en el ejemplo es un adjetivo (clara) combinado con el sustantivo mente. El sustantivo y el adjetivo están en caso ablativo, que era el del complemento circunstancial. Esta combinación podía aparecer en oraciones del tipo:
Te lo digo con la mente clara
Al principio, los adjetivos tenían que ser compatibles con el significado de mente. Despues mente se va vaciando de significado hasta quedar convertido en un elemento que sirve para formar adverbios a partir de adjetivos. La pérdida de significado va acompañada de la pérdida de libertad en el plano formal: deja de ser una palabra independiente para convertirse en un sufijo que forzosamente va ligado a un adjetivo.
Todavía encontramos un indicio de su origen en el hecho de que el adverbio se construya a partir de la forma femenina del adjetivo. El sustantivo mente era femenino y el adjetivo tenía que concordar con él.
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Nadie cree que los gatos son buenos compañeros, pero lo son. Estoy solo, acostado, y de pronto siento un poderoso brinco: es Beppo, que se sienta a dormir a mi lado, y yo percibo su presencia como la de un dios que me protegiera.

El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?


