Cuando daban de comer a los prisioneros recién traídos, fatigados, torpes y hambrientos, aquellos soldados de cuarenta años, ya sensibles a las incomodidades del cuerpo, ya conscientes de las limitaciones del alma, se quedaban apoyados en el fusil, mudos, sin cambiar entre sí un guiño ni una mirada. Se entregaban al espectáculo: pensaban, pensaban…
Y veían comer, en silencio, al enemigo; fríos, absortos, como se mira comer a los animales del jardín zoológico: al mono y al elefante, al ciervo y al avestruz, al zorro, a la oca. Así, con una sensibilidad renovada, virgínea, miraban comer al Hombre —que nunca hasta entonces habían visto comer.
Alfonso Reyes, "Calendario"
"Hacia los finales de 1923 (Alfonso Reyes) reunió el material de
Calendario y lo subdividió en seis apartados. Para esas fechas había atestiguado muchos sucederes, incluso las anomalías que acarreó consigo la Primera Guerra Mundial, “Rancho de prisiones”, “En el frente” y varias estampas más lo constatan. Rescatan situaciones que presenció en su trayecto forzoso de Francia a España, donde había de reunirse con su hermano Rodolfo. Y curiosamente ningún crítico ha reparado en las similitudes que se establecen entre estos atisbos de Reyes y los que, por el mismo tiempo y con los mismos incentivos, apuntó Katherine Mansfield al pasar por Verdún".
Nota introductoria de Beatriz Espejo a la edición de la Universidad Nacional Autónoma de México.