30 julio, 2016

Historias entramadas




En Un padre extranjero (Tusquets), su libro más autobiográfico, Eduardo Berti despliega distintas historias entramadas por cuestiones como la identidad y el vínculo entre padres e hijos, para crear una novela en la que las fronteras entre la realidad y la ficción son delgadas y móviles. El hijo extranjero, reflejo del padre extranjero, aparece en una ecuación que parece repetirse y que en el acto de narrar encuentra la hondura que sólo la ficción parece gestar.

Hace tiempo leí en las memorias de Jessie, la mujer de Joseph Conrad, una pequeña anécdota. Se trata de un lector medio chiflado que quiso matar al famoso escritor porque estaba convencido de que Conrad se burlaba de él en un cuento llamado "Falk". El caso me incitó a escribir un relato, aunque ignoraba si iba a tratarse de un cuento o de una novela. Terminé una primera versión que me dejó insatisfecho y en la que advertí que al tema del "lector asesino" se sumaba el complejo lazo entre Jessie y Joseph. Mientras releía, me pregunté por qué estaba escribiendo esa historia. No tardé en comprender que había varios elementos en común con la historia de mi padre: un extranjero que llegó al país hablando mal el idioma local, que no desaprovechó las oportunidades que brinda el exilio para "reinventarse" y que se casó con una mujer nativa y mucho más joven, que sabía pocas cosas de su pasado.

Un padre extranjero presenta, a grandes rasgos, cuatro historias. La historia de Conrad, su familia y su lector asesino según la va contando el narrador. La historia del narrador y de cómo va investigando y avanzando con su relato: una especie de making-of de la primera historia. La historia del padre del narrador y, digamos, de los aspectos de la vida y del pasado del narrador que tienen que ver con la historia de Conrad y compañía. Y, por último, insertados de vez en cuando, ciertos fragmentos de la única novela que llegó a escribir el padre del narrador.

Aunque Un padre extranjero es, de todos mis libros, el que presenta más elementos autobiográficos, se trata de una ficción en la que mezclo datos y elementos reales con otros totalmente ficticios. Recuerdo que cuando escribí mi primera novela, Agua, hace unos veinte años, sentía casi horror de contar mi historia: no solamente me daba pudor, sino que me parecía una tremenda obviedad empezar por ahí. Lo curioso del caso es que esa historia que yo creí inventar en Agua tiene muchísimos elementos en común con ciertas cosas de la vida de mi padre que, por entonces, yo desconocía por completo.

Son curiosos los ecos entre mi primera novela, en la que llego a "lo extranjero" (que equivale a "lo otro"), y esta nueva en la que "lo extranjero" (que equivale más a "la historia propia") parece funcionar como punto de partida. No menos curioso es que en Un padre extranjero hablo de una novela que mi padre se puso a escribir tras la muerte de mi madre. Una novela que, como Conrad, escribió no en su lengua natal, sino en su nuevo idioma. Una novela que, como él mismo llegó a decirme, se puso a escribir después de haber leído Agua; o sea, después de haber leído ese libro en el que yo narraba (en forma indirecta, intuitiva) una parte de su propia historia. Donde narraba, sin saberlo, uno de sus mayores secretos.

Me gusta cuando, en una novela armada como un rompecabezas, las piezas encajan de tal manera que parece inevitable. El armado es importante, no lo niego. Pero más importante, creo, es lograr el efecto de "unidad": que la convivencia entre las distintas historias no sea arbitraria, que haya un contrapunto eficaz que al lector le resulte atractivo y lógico. Esto también se logra mediante una serie de temas que estructuran la novela. Ahora bien, yo no fui consciente de estas cosas desde un principio. Lo mismo que el narrador de mi novela, fui entendiendo las razones y los motivos fundamentales a medida que iba escribiendo.

Publicado en Ideas (diario La Nación, Argentina)
Versión completa:
http://www.lanacion.com.ar/1920588-escribo-mis-novelas-para-saber-por-que-las-escribo

18 julio, 2016

La paradoja de Teseo



Una leyenda griega que recoge Plutarco:

"El barco en el cual volvieron Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas: un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era."

09 julio, 2016

Bellos





Joan Fontaine, Saskia de Brauw, Catherine de Rambouillet, Charlotte Delbo, Rosa Parks, Daria Werbory, Sarah Kane, Kate Moss, Bianca Jagger, Catherine II de Russie, Catwoman, Rachida Dati, April March, Anne Sinclair, Karen Elson, Isabelle Eberhardt, Suvi Koponen, Lady Gaga, Juliette Greco, Angela Davis, Vivienne Weestwood, Maria Callas, Emily Di Donato, Janis Joplin, Nadia Boulanger, Karlina Caune, Carole Bouquet, Pannonica de Koenigswarter, Louise Michel, Britney Spears, Rosa Bonheur, Geneviève de Fontenay, Olivia Harrison, Katharine Hepburn, Bettie Page, Oum Kalsoum, Hana Jirickova, Catherine McNeil, Orane Demazis, Patricia Arquette, Laurie Anderson, Albertine Sarrazin, Catherine Ribeiro, Anja Rubik, Linda McCartney, Amanda Murphy, Cléo de Mérode, Karmen Pedaru, Elis Regina, Tina Weymouth, Lee Miller, Hana Jirickova, Frida Kahlo, Mata Hari, Hilary Rhoda, Shirley Temple, Gisele Bündchen, Leslie Kaplan, Emily Dickinson, Doutzen Kroes, Fanny Ardant, Lucie Aubrac, Dita Von Teese, Nathalie Stutzmann, Anita Pallenberg, Dalida, Hannah Arendt. Leni Rjefenstahl, Stella Barkcr, Madonna. David Pujadas, Madeleine Robinson, Karolina Kurkova. la Madelon, Caroline de Monaco. Claudia Cardinale, Danielle Casanova, Tilda Swinton, Monica Vıtti, Aretha Franklin, Caroline Loeb, Angelina Jolie, Annette Messager, Anaïs Nin, Pattı Smith, Léa Massari, Marie-Antoinette d’Autriche, Marguerite Duras, Nina Hagen, Eva Perón, Yoko Ono, Erin Wasson, Simone Weil, Magdalena Frackowiak, Rosa Luxemburg, Madame Récamier, Fifi Brin d’Acier, Chrissie Hynde, Natalia Vodianova, Inès de La Fressange, Mae West, June Carter, Emma de Caunes, Isadora Duncan, Malwida von Meysenbug, Germaine Tailleferre, Scarlett Johanson, Ronit Elkabetz son bellos.

"Histoire du masculin qui l’emporte"
Incluido en Salle des machines, de Jean-Michel Espitallier, Flammarion.

07 julio, 2016

Entrevista sobre "Un padre extranjero"




Entrevista de Claudia Lorenzón, para la agencia Télam (Argentina)

El enigma, la extranjería, la paternidad y el maravilloso aunque arduo oficio de escribir se conjugan en "Un padre extranjero", la nueva novela de Eduardo Berti, inspirada en la historia de su padre rumano que decidió exiliarse en la Argentina, y en la vida de Joseph Conrad, el escritor y marinero de origen polaco, que a fines del 1800 se vio impelido a vivir en Inglaterra.

Jugando sobre una la delgada línea entre realidad y ficción, Berti construye una novela atrapante que gráficamente puede compararse con un abanico que se abre a partir de la historia central del protagonista: un escritor argentino, de apellido Berti, que decide vivir en Francia, emulando a su padre, que llegó a la Argentina como exiliado rumano, quien antes de que su hijo emprenda el viaje, le confiesa que está escribiendo una novela.

A la vez, el protagonista está inmerso en la historia de un escritor y marinero polaco -Jósef- que vivió en Inglaterra, y cuya experiencia tiene similitudes con la condición de extranjero de su padre. Ambos guardan secretos, ambos aparecen enigmáticos a los ojos de sus familias, como una gran metáfora de todo lo que encierra el que llega desde afuera y como una gran metáfora de la extrañeza que puede guardar, a veces, quien nos es cercanamente familiar.
Autor de "La mujer de Wakefield", "La vida imposible", "Todos los Funes" entre otras, Berti confiesa en una entrevista con Télam que "Un padre extranjero" (Tusquets) es "el más autobiográfico" de sus libros, y explica: "Hay una base de hechos verídicos, pero los detalles son en gran medida imaginados y otros hechos directamente no ocurrieron".

¿Cuál fue la idea que dio origen a esta novela?
Por un lado, tres elementos ligados a mi vida. El primero, que tras la muerte de mi padre descubrí que él había dejado varios cuadernos con una novela que escribió en sus últimos años. Yo sabía que él había empezado a escribir una novela, pero ignoraba que hubiese avanzando tanto. El segundo elemento, que en sus últimos años mi padre me confió un montón de secretos que había guardado hasta entonces: secretos sobre su pasado, secretos ligados a su identidad y a sus orígenes porque él había nacido en Rumania y llegó a la Argentina cuando tenía alrededor de 22 años. Lo último, que tras la muerte de mi padre seguí descubriendo otros secretos y, desde luego, me fue imposible no leer su novela en busca de datos o de mensajes en clave. Hacía tiempo que quería escribir acerca de todo esto, pero no sé, no me convencía, no terminaba de hacerlo. Todo cambió cuando me topé, por azar, con un episodio poco conocido en la vida de Joseph Conrad. La historia de un viejo marinero alemán que está convencido de que Conrad se burla de él en un cuento llamado "Falk" y que, para vengarse, decide matar al escritor. Es difícil de explicar cómo se combinaron dos cosas tan diferentes. Pero una historia y la otra se pusieron en ruta, como si se retroalimentaran.

¿Cuánto tiene de autobiográfico el libro?
 "Un padre extranjero" es, sin ninguna duda, el más autobiográfico de mis libros. Nunca antes yo había echado mano a tantos elementos de mi propia biografía o de mi historia familiar. Es más, salvo en "La sombra del púgil" donde empleo algunos elementos, pero en forma más sesgada, siempre tuve el impulso contrario. Me ocurrió, por ejemplo, con mi primera novela, "Agua", donde quise evitar tanto el relato autobiográfico como el relato generacional y entonces hice una especie de doble fuga: ambientándola en el pasado y en un país extranjero. Lo curioso, como cuento en "Un padre extranjero", es que yo estaba convencido de estar haciendo una novela de pura invención y años más tarde descubrí que, sin querer (o más inquietante aún, como si yo supiese ciertas cosas de modo intuitivo), "Agua" cuenta en clave uno de los secretos de mi padre. Un secreto que por entonces, hace casi 20 años, yo ignoraba.



Más allá de la tradición literaria que hay sobre la figura del padre ¿por qué te interesó escribir una historia donde se jugara el vínculo padre-hijo?
En el año 1998 yo tomé la decisión de irme a vivir un tiempo a Francia. En su momento pensé que lo hacía por curiosidad y por espíritu aventurero, pero pronto comprendí que también buscaba conocer la ciudad donde mi padre había pasado sus últimos años antes de emigrar a Argentina. Cuando mi padre murió y descubrí sus cuadernos (los cuadernos con su novela), me fue imposible no pensar que durante uno o dos años hubo entre él y yo una especie de trueque de vidas: él se había convertido en escritor y yo me había convertido en extranjero. Todo esto me resultó muy inspirador a la hora de ponerme a escribir. Otra cosa que me tentó fue que mi padre dejó muchos secretos a medio revelar y muchas preguntas abiertas, sin responder. Me tentó ponerme a inventar respuestas desde la escritura. A novelar mis fantasías o mis hipótesis.


La versión completa de la entrevista, acá:

http://www.telam.com.ar/notas/201607/153686-eduardo-berti.html

 

05 julio, 2016

Escribir según Marcel Bénabou


De todos los hechos oscuros, o en cualquier caso mal aclarados, de mi pasado, el más sorprendente para mí todavía sigue siendo éste: ¿por qué creí un día que tenía que escribir?

Una cosa está clara sin embargo: el deseo de escribir ha ido envejeciendo conmigo y ha sobrevivido a las circunstancias cambiantes de mi vida. Soterrado quizá desde la cuna, no se ha escabullido con los fantasmas familiares de la infancia; ha sabido moldearse, adaptarse a las dolencias de una demasiado dócil adolescencia; después, sorteando por los pelos el peligro de quedar sofocado por el prolongado periodo de estudio, ya no pudo ser erradicado, ni siquiera con la árida práctica de la erudición.

Durante la infancia adquirí la afición por las palabras y el deseo de empalmarlas, y también de allí saqué espontáneamente los temas de mis primeros pinitos literarios. Por lo tanto, la infancia proporcionó a mi escritura lo esencial de sus motivos, en el doble sentido de la palabra. Pero esta vinculación por partida doble de la infancia con la escritura, que manifiestamente dimana de dos formas distintas de proceder, ha acabado por coagularse para fundirse en un magma único en mi memoria. Hasta el punto de que ya no sé lo que les debo directamente a mis experiencias de niño y lo que ha sobrevivido después.




Darle un rostro a eso mismo que constituye el objeto principal de mi temor (escribir o no), ¿podría ser ése acaso el medio de evadirse -por poco que fuera- del círculo del estupor y la parálisis? ¿Un paso tal vez hacia una forma menor de dominio? El propio Proust parece obsesionado por la idea de que no va a poder escribir su libro, y a fuerza de repetir ese temor va avanzando en su propia historia".

Escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular.

Todas las citas pertenecen a Por qué no he escrito ninguno de mis libros, de Marcel Bénabou. Editorial Anagrama, traducción de Thomas Kauf, 1994.

Para seguir leyendo un poco más:
http://eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/subrayados/item/por-que-no-he-escrito-ninguno-de-mis-libros.html