05 julio, 2016

Escribir según Marcel Bénabou


De todos los hechos oscuros, o en cualquier caso mal aclarados, de mi pasado, el más sorprendente para mí todavía sigue siendo éste: ¿por qué creí un día que tenía que escribir?

Una cosa está clara sin embargo: el deseo de escribir ha ido envejeciendo conmigo y ha sobrevivido a las circunstancias cambiantes de mi vida. Soterrado quizá desde la cuna, no se ha escabullido con los fantasmas familiares de la infancia; ha sabido moldearse, adaptarse a las dolencias de una demasiado dócil adolescencia; después, sorteando por los pelos el peligro de quedar sofocado por el prolongado periodo de estudio, ya no pudo ser erradicado, ni siquiera con la árida práctica de la erudición.

Durante la infancia adquirí la afición por las palabras y el deseo de empalmarlas, y también de allí saqué espontáneamente los temas de mis primeros pinitos literarios. Por lo tanto, la infancia proporcionó a mi escritura lo esencial de sus motivos, en el doble sentido de la palabra. Pero esta vinculación por partida doble de la infancia con la escritura, que manifiestamente dimana de dos formas distintas de proceder, ha acabado por coagularse para fundirse en un magma único en mi memoria. Hasta el punto de que ya no sé lo que les debo directamente a mis experiencias de niño y lo que ha sobrevivido después.




Darle un rostro a eso mismo que constituye el objeto principal de mi temor (escribir o no), ¿podría ser ése acaso el medio de evadirse -por poco que fuera- del círculo del estupor y la parálisis? ¿Un paso tal vez hacia una forma menor de dominio? El propio Proust parece obsesionado por la idea de que no va a poder escribir su libro, y a fuerza de repetir ese temor va avanzando en su propia historia".

Escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular.

Todas las citas pertenecen a Por qué no he escrito ninguno de mis libros, de Marcel Bénabou. Editorial Anagrama, traducción de Thomas Kauf, 1994.

Para seguir leyendo un poco más:
http://eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/subrayados/item/por-que-no-he-escrito-ninguno-de-mis-libros.html