De todos los hechos oscuros, o en cualquier caso mal aclarados, de mi pasado, el más sorprendente para mí todavía sigue siendo éste: ¿por qué creí un día que tenía que escribir?
Una cosa está clara sin embargo: el deseo de escribir ha
ido envejeciendo conmigo y ha sobrevivido a las circunstancias
cambiantes de mi vida. Soterrado quizá desde la cuna, no se ha
escabullido con los fantasmas familiares de la infancia; ha sabido
moldearse, adaptarse a las dolencias de una demasiado dócil
adolescencia; después, sorteando por los pelos el peligro de quedar
sofocado por el prolongado periodo de estudio, ya no pudo ser
erradicado, ni siquiera con la árida práctica de la erudición.
Durante la infancia adquirí la afición por las palabras y
el deseo de empalmarlas, y también de allí saqué espontáneamente los
temas de mis primeros pinitos literarios. Por lo tanto, la infancia
proporcionó a mi escritura lo esencial de sus motivos, en el doble
sentido de la palabra. Pero esta vinculación por partida doble de la
infancia con la escritura, que manifiestamente dimana de dos formas
distintas de proceder, ha acabado por coagularse para fundirse en un
magma único en mi memoria. Hasta el punto de que ya no sé lo que les
debo directamente a mis experiencias de niño y lo que ha sobrevivido
después.
Darle un rostro a eso mismo que constituye el objeto
principal de mi temor (escribir o no), ¿podría ser ése acaso el medio de
evadirse -por poco que fuera- del círculo del estupor y la parálisis?
¿Un paso tal vez hacia una forma menor de dominio? El propio Proust
parece obsesionado por la idea de que no va a poder escribir su libro, y
a fuerza de repetir ese temor va avanzando en su propia historia".
Escribir que se querría escribir, ya es escribir.
Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como
cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos
audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y
de la arenilla la piedra angular.
Todas las citas pertenecen a Por qué no he escrito ninguno de mis libros, de Marcel Bénabou. Editorial Anagrama, traducción de Thomas Kauf, 1994.
Para seguir leyendo un poco más:
http://eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/subrayados/item/por-que-no-he-escrito-ninguno-de-mis-libros.html

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