31 diciembre, 2015

Lisa Simone


En julio de 1999, en medio de un festival de blues que se celebraba en Dublín, la célebre cantante Nina Simone anunció: "Quiero presentarles a mi hija", y por primera vez Lisa Stroud, que entonces tenía 37 años, subió a cantar en público con su madre, en este caso una versión de "Compensation" (Dunbar-Simone), para delicia y asombro del público. Si la existencia de Lisa era casi ignorada masivamente, más lo era el hecho de que la hija de Nina Simone cantaba con innegable talento.

Unos quince años después, Lisa ha adoptado oficialmente el apellido artístico de su madre fallecida en 2003 (Nina en verdad se llamaba Eunice Kathleen Waymon) para lanzar, con casi 50 años de edad, su primer disco solista: All is Well, editado por Laborie Jazz. El album, producido en Francia, mezcla canciones de la propia Lisa, algunas con música de Hervé Samb o Christopher Rodriguez, con versiones de clásicos como "Suzanne" de Leonard Cohen, "Las hojas muertas" de Kosma-Prevert o "Ain't Got No" de Nina Simone. Si la voz de Lisa recuerda a su madre, su personalidad resulta opuesta: radiante, grácil, sonriente.

 
Hija de Andrew "Andy" Stroud, un ex trompetista que llegó a tocar en la banda de Mercer Ellington -hijo de "Duke"- mientras se ganaba la vida como investigador policial (la leyenda cuenta que fue distinguido por haber capturado a una veintena de criminales de renombre), Lisa nació cuando su madre tenía 29 años, ya había lanzado Forbidden Fruit y se aprestaba a grabar las canciones que integrarían Nina's Choice. Por entonces Andy Stroud se convirtió en el manager de Nina y siempre que sus padres se ausentaban, a causa de compromisos o de giras, era frecuente que Lisa quedara al cuidado de su tía Betty Shabazz, esposa del activista Malcolm X, quien acabó asesinado en 1965.

Stroud y Simone se separaron cuando Lisa tenía 8 años. Empezó allí una niñez agitada: marco familiar inestable, "trece niñeras en menos de siete años" (resume hoy Lisa), mudanzas y cambios sin fin. Nina Simone envía a Lisa con unos tíos durante un año; la recupera y la instala con ella en Barbados, donde viven un tiempo juntas; la invita a compartir una gira por el Japón, donde madre e hija se pelean; deja que su manager albergue un tiempo a Lisa en Massachusetts, en una especie de granja... Un día, Lisa se entera de que su madre se hizo amiga de Miriam Makeba y que ambas vivirán en Liberia, una aventura que pronto la involucra y que dura dos años. Cuando Nina le anuncia que ahora se mudarán a Senegal, Lisa dice que no. Que basta. Tiene apenas 13 años. Opta por estudiar en una escuela de Suiza. Meses más tarde, cuando comprende que Nina se apresta a desembarcar en Suiza quién sabe con qué proyecto, Lisa huye: sube a un avión que va a Estados Unidos y se refugia en casa de su padre.

Pasa el tiempo, a Lisa le gusta la música y tiene talento para cantar, pero al cumplir 18 años toma una decisión que deja pasmada a su madre: se enrola en las fuerzas armadas, la US Air Force, y participa en la primera guerra del Golfo. Hasta que un día, por accidente, termina cantando en un club nocturno en Francfort, Alemania, vuelve a sentir pasión por la música, y la cantante Joan Faulkner la invita a ser su corista. En 1992, por consejo de su gran amiga Attalah Shabazz, hija mayor de Malcolm X, se une al grupo del cantante español Raphael (sí, el mismo), con quien viaja por toda América latina. Entusiasmada, sigue sumando experiencia integrando el B Sharp Quartet, formando parte de ciertas comedias musicales, y recibiendo incluso una nominación a los premios Grammy por su trabajo con el grupo de acid jazz Liquid Soul. Al mismo tiempo que nace su hija, RéAnna Kelly, se entera de que a su madre le han diagnosticado un cáncer. Llega la hora del reencuentro.

Una canción de All is Well, llamada "Child in Me", alude explícitamente a los años de infancia difícil: "Cuando yo era pequeña/ me sentía a menudo sola/ Cuando más te necesitaba/ estabas en gira". La muerte de Nina pareció liberar a Lisa, que solamente entonces aceleró y ahondó su carrera artística.

Extracto de un artículo publicado en La Nación, Argentina.
Versión completa, aquí:

http://www.lanacion.com.ar/1856757-lisa-simone-en-busca-de-su-propia-voz

27 diciembre, 2015

Una brújula que apunta a Oriente


El musicólogo vienés Franz Ritter, hombre de unos cincuenta años, apasionado del Oriente Medio, dedicado a indagar los vínculos entre la música europea y el Imperio Otomano, recibe casi al mismo tiempo un diagnóstico médico alarmante y una carta de quien ha sido y sigue siendo el gran amor de su vida: una tal Sarah. Insomne, bajo el impacto de estas noticias, Ritter pasa la noche perdido en el laberinto de su memoria. Su amor por Sarah y sus recuerdos personales se entrecruzan con una especie de catálogo o colección de personajes que admiraron el mundo árabe. Personajes que encarnan diferentes clases de orientalismo, desde el imaginario del romanticismo alemán hasta las fantasías sensuales de los orientalistas franceses.



Éstos son, en resumidas cuentas, los ingredientes básicos de Boussole (Brújula) del francés Mathias Énard, la novela que este año recibió el famoso premio Goncourt: una novela densa, llena de erudición, pero no exenta a la vez de fervor y sensibilidad. Pocas veces, en las últimas ediciones del Goncourt, el fallo resultó tan simple; una sola ronda de deliberaciones, una victoria por amplia mayoría: seis votos para Boussole (editado en Francia por Actes Sud) contra un voto para Les Prépondérants de Hédi Kaddour y otro para Ce pays qui te ressemble de Tobie Nathan. Podría hablarse de un final doblemente anunciado: no sólo porque Boussole figuraba como el libro favorito, sino porque la obra de Énard llevaba años, sobre todo desde Zona, siendo una de las más firmes, más comentadas y más promisorias.



Énard nació en 1972 en Niort, una ciudad del centro de Francia reputada por sus actividades financieras y que en su lista de hijos célebres no cuenta con muchos escritores ilustres, pero sí puede jactarse de haber sido cuna del rey Luis XI y del director de cine Henri-Georges Clouzot.



Después de un temprano libro de poemas, Travail de nuit (1990), Énard debutó como narrador con La perfección del tiro (Reverso, 2004), donde seguía a un francotirador en un país muy parecido al Líbano. Al igual que su biografía, su literatura ofrece una imagen de nomadismo o, mejor dicho, de multiculturalismo. Salvo excepciones como Remontando el Orinoco (La otra orilla, 2006), novela llevada algo libremente al cine por Marion Laine (A corazón abierto, con Juliette Binoche y Edgar Ramírez) y que transcurre en buena medida en París, aunque con personajes no sólo franceses, la mayoría de los libros de Énard no se ambientan en Francia ni hablan directamente de Francia. En más de un aspecto él es un escritor viajero, como lo prueba El alcohol y la nostalgia (Mondadori, 2012) que nació de un viaje en el tren Transiberiano, de Moscú a Novossibirsk, y que primero tuvo forma de pieza radiofónica.

El vínculo con Oriente ocupa un lugar cada vez más central en la obra de Énard. Calle de los ladrones (Mondadori, 2013) presenta a un joven marroquí llamado Lajdar, aficionado a las novelas policiales, que desembarca en la ciudad de Barcelona; la novela, que aborda temas actuales (la inmigración, el fundamentalismo y la denominada "primavera árabe"), es un tributo a la lectura y a la diversidad: "Soy lo que he leído, soy lo que he visto, tengo en mí tanto de árabe como de español y de francés, me he multiplicado en estos espejos hasta perderme o construirme", puede leerse. En cuanto a Háblales de batallas, de reyes y de elefantes (Mondadori, 2011), narra un viaje en sentido contrario y en otros tiempos, ya que es el célebre Michelangelo Buonarroti quien acude a la antigua Constantinopla, en mayo de 1506, invitado por el sultán Beyazid para que construya un puente sobre el Bósforo, en la zona del Cuerno de oro que divide, justamente, la parte europea de la parte de Gálata. En un pasaje del libro, Michelangelo contempla la antigua catedral de Santa Sofía y reflexiona que dicho edificio, "apenas cincuenta años antes era aún el centro de la cristianidad". El escenario, más la idea de puente y de fronteras movedizas, reaparece en Boussole cuando el narrador define a Constantinopla "como la ciudad más al este de Europa o más al oeste de Asia, como un final o un comienzo, como una pasarela o un límite".



Más allá de estas innegables afinidades, de todas las novelas previas a Boussole ninguna se asocia tanto a ella como la ambiciosa Zona, publicada en Francia en 2008, traducida al español un año después por La otra orilla. Novela también densa, alucinante y erudita, de esas que conforman un complejo mosaico, abundan en guiños y exceden al lector en una primera lectura, Zona presenta las falsas memorias de un espía y recorre la historia de la cuenca mediterránea en el último siglo. Al igual que La modificación, de Michel Butor, a la que parece rendir tributo, Zona muestra a un hombre que toma un tren (en este caso, para ir de Milán a Roma) y hace un balance de su vida. Como en Boussole, el narrador pasa una noche de vigilia y la memoria, de manera espiralada, viaja de una época a otra, comprime o dilata el tiempo, salta de recuerdos íntimos a hechos históricos, todo con la lógica algo neblinosa del insomnio.

La elección de Viena como escenario es intencional porque Énard sostiene que esta ciudad fue, en el siglo XIX, una especie de puerta entre ambas culturas. Optimista, aunque no ingenuo, Énard cree en una reconciliación. Quizá por eso su inmensa brújula apunta al este, al este donde nace "el tibio sol de la esperanza", como rezan las palabras finales de la novela. Una esperanza que Énard no está dispuesto a perder, pese a la violencia, el fanatismo, la guerra y los exilios que hoy ocupan los grandes titulares.

Versión de resumida de mi artículo sobre Mathías Énard publicado en "Ideas" (La Nación, Argentina).
La versión completa, aquí:  
http://www.lanacion.com.ar/1856892-mathias-enard-premio-al-dialogo-literario-entre-oriente-y-occidente

18 diciembre, 2015

La máquina de recomendar


Los creadores del sitio web CultureWok han tenido esta idea: cada uno de nosotros  selecciona una serie de criterios (los cuales se pueden puntuar de 1 a 5) y ellos proponen el libro, el CD o la película que, a su juicio, obedecen a nuestras exigencias.

A la izquierda, criterios más bien de gusto: divertido, sensual, ligero, profundo, emocionante... En la columna de la derecha, criterios vinculados a la noción de género: novela, poesía, teatro, ensayo, literatura juvenil, etc. 


www.culturewok.com/




Acabo de hacer la prueba con el rubro música:

Sensual 4, sombrío 3, divertido e intenso 2.
Canción 4, Folk, rock y funk 3 y experimental 2.

Resultados: "Zii e zie", de Caetano Veloso y "The Love Album" de Anaïs.

01 diciembre, 2015

El Museo del absurdo


En un pequeño  pueblo de Austria (Herrnbaumgarten, a una hora de Viena) funciona el Nonseum, museo del "nonsense" y el absurdo. (ver aquí)

Museo de invenciones inútiles, incluye piezas como la valija transparente para nudistas, el triciclo para hermanos gemelos o la "más grande colecciones de agujeros de ojales" del mundo...