29 mayo, 2015

Fondo Oulipo en Internet





La tarea comenzó hace hace ya dos años: digitalizar y subir a Internet buena parte de los archivos de los primeros  50 años de OuLiPo, es decir: desde la fundación del grupo en 1960 hasta el año 2010.

El proyecto, encabezado por Camille Bloomfield y  Hélène Campaignolle-Catel (con la ayuda de Lou Burnard, Paula Klein y muchos más), se encuentra en estado avanzado y ya pueden consultarse muchos documentos en el sitio Gallica de la Biblioteca Nacional de Francia.

Algunas de las cosas que se pueden encontrar:

http://gallica.bnf.fr/Search?ArianeWireIndex=index&f_typedoc=manuscrits&q=fonds+oulipo&p=1&lang=FR&y=12&x=20&tri=date_sort&n=15

Información más detallada en:

http://difdepo.hypotheses.org/le-projet/le-projet-archives-de-loulipo



22 mayo, 2015

Una película palindrómica

Se llama "Symmetry" (Simetría) y es una película palindrómica, escrita en forma simétrica: la segunda mitad es igual a la primera, salvo que se proyecta al revés y en forma invertida.

Written, directed & edited by Yann Pineill
Music by Cliff Martinez & Joseph Haydn
Starring Edouard Sanville, Daphné Sanville & Romane Pineill
parachutes.tv/


19 mayo, 2015

Barthes y los otros



Uno de los máximos aciertos del libro de Samoyault son los capítulos o las largas secciones que analizan los vínculos entre Barthes y otros actores centrales de la intelectualidad francesa de su época: desde Camus hasta Foucault, pasando por Sartre, Lucien Goldmann, Edgar Morin, Jacques Derrida o Claude Lévi-Strauss, entre muchos más. Todo esto sin olvidar sus lazos por lo menos cambiantes con el llamado nouveau roman (movimiento del que suele rescatar ante todo a Claude Simon) y su resistencia a ese eslogan, el de nueva novela, que a su juicio "reúne todos los ingredientes de una maniobra estratégica", como puede leerse en la biografía.

En 1960, cuenta Samoyault, Barthes le pide una cita a Lévi-Strauss. Desea que dirija su tesis sobre la moda. El encuentro es, al mismo tiempo, "decepcionante y estimulante". Decepcionante porque Lévi-Strauss no acepta: la etnografía de lo contemporáneo le resulta, acaso, un poco trivial. Estimulante porque Lévi-Strauss le recomienda la lectura de Morfología del cuento, de Vladimir Propp, y porque "Barthes llega con la idea de trabajar en torno a las vestimentas y Lévi-Strauss le propone que se limite al discurso sobre la moda, lo que transforma la dirección de su trabajo y representa una etapa importante en la delimitación de su método estructuralista".

En cuanto a Jean-Paul Sartre, aparece en la biografía como "modelo y contramodelo", alguien que entabla con Barthes caminos paralelos y cruzados. El vínculo es sutil: aunque Sartre no es citado textualmente ni una vez en El grado cero..., su nombre es mencionado en tres ocasiones, dice Samoyault, y más de una idea del libro responde a viejos textos suyos. Por ejemplo, tras la pregunta sartreana "¿qué es la literatura?", Barthes plantea "¿qué es la escritura?".

"En los años 1974-1975, cuando Sartre ya ha sufrido dos ataques y el segundo de ellos lo ha dejado casi ciego, Barthes reconoce la influencia que éste tuvo en él", apunta Samoyault, que también advierte entre ellos un dato biográfico en común: sus dos padres, militares en la marina, murieron cuando el hijo tenía un año de edad. Al principio, como había hecho con la figura de Gide, Barthes tiende a ocultar o difuminar la influencia sartreana. Pero su interés por lo efímero o por la inestabilidad es un innegable punto en común.

"Cuando, apenas finalizada la guerra, Sartre aparece como la referencia de lo moderno, Barthes no pretende definirse de este modo; cuando, más tarde, Barthes se vuelve el campeón de la vanguardia y de la nueva crítica, Sartre postula un retorno al humanismo", escribe Samoyault. Al compromiso activo de Sartre se opone, en el caso de Barthes, un vínculo más complejo con la política y una actitud más pasiva: a las ambiciones totalizantes del primero, se opone en el segundo una preferencia por las formas breves y la fragmentación. Pero uno y otro han inventado una nueva forma de ensayo, "a medio camino entre la novela y el tratado", por medio de una escritura que "en vez de fijar el razonamiento, lo abre a un mundo tan vasto y tan utópico como el de las novelas".

Enlace original y artículo completo:
http://www.lanacion.com.ar/1792811-una-revolucion-llamada-roland-barthes

18 mayo, 2015

Centenario Roland Barthes


 Acerca de 1915, su año natal, Roland Barthes alguna vez escribió que fue "un año anodino". Un "año perdido en medio de la guerra" y sin ningún hecho memorable, le gustaba exagerar. "No hay nadie famoso que haya nacido o muerto ese año; y, ya sea por penuria demográfica o mala suerte, nunca conozco a ningún contemporáneo que haya nacido el mismo año que yo, como si, colmo de la paranoia, fuera yo el único de mi edad."

A meses de que se cumpla un siglo de su nacimiento y mientras se preparan múltiples conmemoraciones (desde encuentros y exposiciones hasta una película documental dirigida por Thierry y Chantal Thomas), la escritora y ensayista Tiphaine Samoyault publicó en enero una exhaustiva y clarificadora biografía, Roland Barthes (editorial Seuil, colección Fiction & Cie). El libro, que excede las 700 páginas, ha recogido mayormente elogios y ha sido el auspicioso primer acto de otros acontecimientos editoriales como el Álbum Roland Barthes a cargo de Éric Marty, que acaba de aparecer, con diversos inéditos, o como también L'amitié de Roland Barthes (La amistad de Roland Barthes), evocación de Philippe Sollers que saldrá a la venta en el otoño europeo. El 5 de mayo abrió sus puertas en la sede parisina de la Biblioteca nacional la exposición Les écritures de Roland Barthes, que podrá visitarse hasta el 26 de julio.


 La de Samoyault es la tercera biografía que se publica en Francia consagrada a Roland Barthes. La primera, en 1990, estuvo a cargo de Louis-Jean Calvet y se basó en una serie de testimonios de primera mano, tanto del ámbito familiar como del ámbito intelectual. A la segunda biografía, escrita por Marie Gil y editada en 2012, deben sumarse los libros de recuerdos personales, como el Roland Barthes de Patrick Mauriès (1992), la mezcla de rememoración y ensayo que plasmó Éric Marty en Roland Barthes, el oficio de escribir (2006), los innumerables estudios críticos (a cargo de Philippe Roger, Susan Sontag o Bernard Comment, entre muchos otros), la autoficción que el propio Barthes ofreció en 1975 (Roland Barthes por Roland Barthes, donde se encadenan decenas de recuerdos fragmentarios, ordenados alfabéticamente por temas), y hasta los libros donde Barthes aparece convertido en personaje literario, no únicamente los ya clásicos Mujeres de Philippe Sollers (donde Barthes se llama Werth) y Los samuráis de Julia Kristeva (donde se llama Bréhal), sino además ejemplos más recientes: desde El hombre que mató a Roland Barthes, de Thomas Clerc, hasta El fin de la locura, de Jorge Volpi, sin hablar de la categórica presencia de varios libros de Barthes (sobre todo de sus Fragmentos de un discurso amoroso) en La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides.

Uno de los aportes decisivos de la biografía de Samoyault consiste en mostrar a Barthes bajo distintos ángulos y echar luz a aspectos o episodios algo menos conocidos: desde su pasión por la tragedia griega en sus tiempos de juventud y su participación activa como actor en un grupo teatral, hasta su obsesión por las dietas alimenticias; desde su breve pero intenso paso por Rumania, como docente y bibliotecario del Instituto Francés de Bucarest, hasta el año que pasó en Egipto, en Alejandría (1949-50), donde conoció al lingüista ruso-lituano Algirdas Greimas, quien le hizo leer la obra de Saussure, Hjemslev y Merleau-Ponty; desde su afición a la pintura en los años setenta hasta su experiencia como actor en la película Las hermanas Brontë (1979) de André Téchiné.

Para esto, Samoyault tuvo acceso a numeroso material inédito: casi toda la correspondencia, la totalidad de los manuscritos y, sobre todo, el "fichero" personal de Barthes, un archivo que éste inauguró en sus años de estudiante "como una reserva bibliográfica y después lexicográfica -escribe la autora-, y que progresivamente se volvió depositario de buena parte de su existencia". Michel Salzedo, hermano de Barthes (medio hermano, en realidad: doce años menor que Roland, hijo de un hombre casado que por un tiempo fue amante de la viuda Henriette Barthes), le abrió a Samoyault las puertas del estudio de la calle Servandoni, en el mismo edificio donde la familia Barthes se instaló por primera vez en el lejano 1939, y le permitió hojear y analizar las agendas donde, sin interrupciones, desde 1960 hasta su muerte, Barthes fue apuntando las cosas que le sucedían a diario, en lugar de los compromisos que esperaban.

10 mayo, 2015

Reparar a los vivos



 Maylis de Kerangal (Toulon, 1967) fue la revelación del año pasado en Francia con su novela Reparar a los vivos (Anagrama). El fenómeno fue tal que cuando el libro obtuvo su séptimo premio literario y vendió casi 150 mil ejemplares, el diario Le Figaro bromeó que la editorial pronto no tendría más lugar en la faja para enumerar las muchas recompensas recibidas.

Reparar a los vivos es la segunda novela de Kerangal traducida al castellano, en este caso, por Javier Albiñana. La otra, Nacimiento de un puente, ganadora en 2010 del premio Médicis, fue publicada también por Anagrama y estuvo precedida en Francia por varios libros todavía sin traducir: novelas como Je marche sous un ciel de traîne (2000), La Vie voyageuse (2003) o Korniche Kennedy (2008), esta última retrato de un grupo de adolescentes, así como los dos relatos de Ni Fleurs ni couronnes o una ficción en homenaje a las cantantes Blondie y Kate Bush.

Nacimiento... cuenta la construcción de un puente colgante en una California más o menos imaginada y lo hace a través de los relatos y retratos cruzados de una docena de hombre y mujeres, todos ellos empleados en la colosal edificación. La novela ofrece una escritura ágil y cincelada. La visión abarcadora es, acaso, la mayor herencia visible de algunos hábitos del nouveau roman que la última ficción francesa deja cada vez más atrás, volviendo a la costumbre de narrar historias, pero no por ello desestima del todo.

Algo de esta estrategia panorámica reaparece ahora en Reparar..., una novela de múltiples focos que tiene como corazón un trasplante de órganos (de corazón, justamente) pero que trasciende este núcleo y adopta la forma de una especie de cadena humana: la sucesión de hechos que permite llevar a cabo el trasplante, desde el accidente hasta la operación, lo que arroja un sinnúmero de perspectivas y de personajes esperados o inesperados: la traductora de cincuenta años que aguarda ansiosa el trasplante; el anestesista insomne; los padres de Simon, que primero hablan de su hijo muerto en presente y después en pretérito imperfecto; Virgilio, el médico italiano pendiente del partido de fútbol que se juega al mismo tiempo. La omnisciencia autoral permite en cierta manera transgredir una regla de oro: las rigurosas medidas que se toman en algunos países para que las familias del donante y del receptor no tengan la menor información unas de otras.

La noción de grupo o de comunidad es una constante en Kerangal, y no sólo en sus ficciones. Lo mismo que Mathías Enard, Arno Bertina, Claro, Joy Sorman, Oliver Rohe y otros autores que figuran hoy entre los más granados de la nueva literatura francesa, Kerangal formó parte del grupo Inculte a partir de la fundación de su revista, en 2004, y de su editorial independiente, tres años más tarde. El grupo ha pregonado, desde sus primeros pasos, la mezcla de géneros, la coexistencia de ficción y ensayo, y una clara propensión a mostrar lo real bajo nuevas formas.

Kerangal ha contado que para su última novela fueron decisivos un episodio fatal en su familia más un encuentro con cierto enfermero, encargado de obtener, en pleno duelo, el permiso de las familias para emplear los órganos del recién fallecido. Pero Reparar a los vivos trasciende el dilema de qué harían los lectores si se vieran confrontados a una situación similar a la de esos familiares. En un extenso pasaje, Kerangal reflexiona acerca de cómo en el siglo XX cambió la noción de la muerte y, con ella, el simbolismo del corazón, durante siglos "analogía misma de la vida": en 1959, en ocasión de la 23ª Reunión Internacional de Neurología, los científicos Maurice Goulon y Pierre Mollaret proclamaron que el paro cardíaco ya no era sinónimo de defunción y que en lo sucesivo lo sería la interrupción de las funciones cerebrales. "En otras palabras: si ya no pienso, ya no existo. Destronamiento del corazón y consagración del cerebro; un golpe de Estado simbólico, una revolución", escribe Karangal. Y una nueva definición de la muerte que, en su vasto alcance filosófico, conduce a "autorizar y permitir las extracciones de órganos y los trasplantes".

En tal sentido, Reparar... (aun cuando tiene ecos de una tragedia antigua) empieza donde hubiese terminado una novela tradicional del siglo XIX: con el accidente mortal que sufre el joven Simon Limbres haciendo surf. La primera escena, bajo negras nubes, fija una especie de ritmo: el de las olas que estallan contra la orilla y se vuelven -como Simon- "amasijos orgánicos sin sentido", el de los latidos del corazón. La tensión de la novela se construye, primero, con la contraposición entre una situación urgente y el tiempo lento de la escritura y de las acciones y reflexiones. Pero los hechos, que transcurren en apenas 24 horas, se aceleran poco a poco: Estrasburgo, Rouen, Le Havre, París, cirujanos a bordo de un avión, carrera contra el tiempo. La novela se va internando en territorio médico, sin volverse nunca meramente técnica.

En más de una entrevista, Kerangal sostuvo que le resultó esencial la lectura de El hombre ante la muerte, de Philippe Ariès, porque "explica que hemos pasado de una era donde la muerte era algo cotidiano a una época en la cual se ha retirado del espacio público". La autora presenció incluso un trasplante cardíaco. Forma parte de su creencia: que los escritores tienen la tarea de imaginar, claro está, pero también la de "abandonar las torres de marfil" y trabar contacto con la comunidad.

"Una novela tiene que hacerse preguntas", afirmó recientemente Kerangal, promoviendo su libro en Barcelona. En el caso de Reparar a los vivos, las preguntas involucran la intimidad, el cuerpo y nuestros conceptos acerca de la vida y la muerte. Nada menos.

Largo extracto de la reseña publicada en ADN La Nación el pasado viernes 8 de mayo.
Versión completa:
http://www.lanacion.com.ar/1790772-a-corazon-abierto 

http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_883

 

03 mayo, 2015

El lector cleptómano


Un texte d'Eduardo Berti avec des illustrations de Dorothée Billard. Lu à la BNF, dans "Les Jeudis d'Oulipo", avril 2015. Hommage au "Traducteur cleptomane" de Dezső Kosztolányi et aux bibliothèques imaginaires.

Texto de Eduardo Berti con ilustraciones de Dorothée Billard. Leído en la Biblioteca Nacional de Francia, en "Los jueves del Oulipo", abril de 2015. Homenaje al "Traductor cleptómano" de Dezső Kosztolányi y a las bibliotecas imaginarias.




https://www.slideshare.net/secret/Dlz9Ur9hDhk97n