19 mayo, 2015

Barthes y los otros



Uno de los máximos aciertos del libro de Samoyault son los capítulos o las largas secciones que analizan los vínculos entre Barthes y otros actores centrales de la intelectualidad francesa de su época: desde Camus hasta Foucault, pasando por Sartre, Lucien Goldmann, Edgar Morin, Jacques Derrida o Claude Lévi-Strauss, entre muchos más. Todo esto sin olvidar sus lazos por lo menos cambiantes con el llamado nouveau roman (movimiento del que suele rescatar ante todo a Claude Simon) y su resistencia a ese eslogan, el de nueva novela, que a su juicio "reúne todos los ingredientes de una maniobra estratégica", como puede leerse en la biografía.

En 1960, cuenta Samoyault, Barthes le pide una cita a Lévi-Strauss. Desea que dirija su tesis sobre la moda. El encuentro es, al mismo tiempo, "decepcionante y estimulante". Decepcionante porque Lévi-Strauss no acepta: la etnografía de lo contemporáneo le resulta, acaso, un poco trivial. Estimulante porque Lévi-Strauss le recomienda la lectura de Morfología del cuento, de Vladimir Propp, y porque "Barthes llega con la idea de trabajar en torno a las vestimentas y Lévi-Strauss le propone que se limite al discurso sobre la moda, lo que transforma la dirección de su trabajo y representa una etapa importante en la delimitación de su método estructuralista".

En cuanto a Jean-Paul Sartre, aparece en la biografía como "modelo y contramodelo", alguien que entabla con Barthes caminos paralelos y cruzados. El vínculo es sutil: aunque Sartre no es citado textualmente ni una vez en El grado cero..., su nombre es mencionado en tres ocasiones, dice Samoyault, y más de una idea del libro responde a viejos textos suyos. Por ejemplo, tras la pregunta sartreana "¿qué es la literatura?", Barthes plantea "¿qué es la escritura?".

"En los años 1974-1975, cuando Sartre ya ha sufrido dos ataques y el segundo de ellos lo ha dejado casi ciego, Barthes reconoce la influencia que éste tuvo en él", apunta Samoyault, que también advierte entre ellos un dato biográfico en común: sus dos padres, militares en la marina, murieron cuando el hijo tenía un año de edad. Al principio, como había hecho con la figura de Gide, Barthes tiende a ocultar o difuminar la influencia sartreana. Pero su interés por lo efímero o por la inestabilidad es un innegable punto en común.

"Cuando, apenas finalizada la guerra, Sartre aparece como la referencia de lo moderno, Barthes no pretende definirse de este modo; cuando, más tarde, Barthes se vuelve el campeón de la vanguardia y de la nueva crítica, Sartre postula un retorno al humanismo", escribe Samoyault. Al compromiso activo de Sartre se opone, en el caso de Barthes, un vínculo más complejo con la política y una actitud más pasiva: a las ambiciones totalizantes del primero, se opone en el segundo una preferencia por las formas breves y la fragmentación. Pero uno y otro han inventado una nueva forma de ensayo, "a medio camino entre la novela y el tratado", por medio de una escritura que "en vez de fijar el razonamiento, lo abre a un mundo tan vasto y tan utópico como el de las novelas".

Enlace original y artículo completo:
http://www.lanacion.com.ar/1792811-una-revolucion-llamada-roland-barthes