09 febrero, 2015

El uso de la constricción




Por Paul Fournel 

El uso generalizado de la constricción en el Oulipo responde a exigencias múltiples: que la constricción sea inédita o que busque iluminar una constricción antigua inventada tiempo atrás por un «plagiario por anticipación» y más o menos olvidada después. La constricción actúa ante todo como estimulante de la creación: al acotar lo imaginario, paradójicamente hace tomar conciencia al escritor de los alcances de su libertad, de allí su eficacia a la hora de la producción del texto. El texto brota, aquí y ahora, estimulado por una necesidad externa que hace posible luchar contra vientos internos que podrían ser adversos.
 

         La constricción permite poner en tela de juicio las formas establecidas de los textos: establecidas por sumisión colectiva (consciente o inconsciente) o por acostumbramiento. Se trata, entonces, de una herramienta que problematiza la forma y el sentido. Las «pesadas cadenas de sentido» pasan a un segundo plano y puede verse cómo la constricción elegida pone en apuros al sentido y le da la oportunidad de renovarse.
 

         A grandes rasgos, podría decirse que los oulipianos practican la constricción de dos maneras. Una de ellas consiste en producir modelos, muchas veces livianos, que muestran la factibilidad de la constricción y exploran su potencial lúdico. Son los textos que se editan en la « Biblioteca oulipiana » o que son leídos públicamente en las muchas manifestaciones a las que son invitados los miembros del Oulipo.

         Cuando se trata, en cambio, de asentar una obra extensa sobre una o varias constricciones, resulta obvio que el uso debe atañer a las profundas raíces del tema. La constricción se vuelve así parte integrante de la obra. Muchos han dicho, después de Bernard Magné, que la ausencia de «e» en La Disparition de Georges Perec era, en verdad, la ausencia de «eux» (“ellos”), los padres de Perec: el padre muerto en la guerra, la madre muerta en el campo de concentración. Es sabido también que los movimientos del juego del Go y una reflexión sobre la forma soneto están implícitos en de Jacques Roubaud, y que el esquema gráfico que organiza su Gran incendio de Londres es un reflejo preciso y matemático de las idas y vueltas de su memoria… Por no hablar de los profundos cimientos que sostienen el edificio de La vida instrucciones de uso de Perec.

         Cuando en mi caso, en forma más modesta, quise fabricar el desorden de los posibles destinos de mis héroes africanos en Chamboula, recurrí a un árbol binario que dejé proliferar convencido de que únicamente la regla genera bien el desorden, liberándolo del orden inconsciente del mundo.


         En mi novela La Liseuse me pareció que el tema implicaba una reflexión sobre el futuro de la lectura. Como lo afirmo en mi texto, es probable que una de las posibles figuras de la lectura de mañana sea la interacción: el lector entrará en el cuerpo del texto para alterarlo a su antojo, sin contentarse con los márgenes, aproximándose al trabajo del autor. Por eso quise darle a mi libro (sin dudas, uno de los últimos de su especie) una forma fija, medida signo por signo, de modo que si alguien altera una letra aniquilará el proyecto: la forma de una sextina, forma poética inventada en el siglo XII por el trovador Arnaut Daniel. En mi texto respeto el número de seis estrofas y la rotación de las palabras que riman. Las palabras leído, crema, editor, culpa, yo
y noche giran al final de cada verso según la hélice clásica de la sextina.


         Los versos fueron medidos. Y como cuentan el destino de un hombre mortal, su medida va sufriendo un desgaste (bola de nieve que se derrite): la primera estrofa se compone de versos de 7500 caracteres sin contar los espacios en blanco, la segunda de 6500 caracteres y así en consecuencia, hasta la sexta estrofa que contiene versos de 2500 caracteres más espacios. El conjunto constituye un poema de 180 000 caracteres.

 (Traducción de Eduardo Berti
)


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