28 febrero, 2014

Hombres y mujeres


 KARINTHY retratado por József Rippl-Rónai


Un hombre y una mujer no pueden entenderse. ¿Cómo podrían hacerlo? El problema es que desean cosas contradictorias: un hombre desea a una mujer y una mujer desea a un hombre.

Frigyes Karinthy, La balada de los hombres mudos

26 febrero, 2014

Kipling y la guerra

KIPLING y su hijo


Rudyard Kipling  escribió varios textos consagrados a la Primera guerra mundial. Cuentos como "Mary Postgate" o "El jardinero", las tristes crónicas de Francia en guerra (escritas tras la muerte de su único hijo John, que lo dejó lleno de culpa) o sus emocionantes Epitafios de la guerra, inspirados en los antiguos epigramas griegos:

Si alguien pregunta por qué hemos muerto, decidle: porque nuestros padres mintieron.

Julian Barnes ha resumido así la historia del hijo muerto de Kipling:

John Kipling se presentó como voluntario en cuanto estalló la guerra, unos cuantos días antes de cumplir 17 años, y de forma más bien humillante fue rechazado a causa de sus problemas de vista. Su padre, no menos corto de vista, echó mano de sus influencias para conseguirle al muchacho una comisión con los Irish Guards. Lo embarcaron rumbo a Francia en agosto de 1915 y para fines de septiembre se encontró entre los 20 mil británicos muertos en la batalla de Loos. La respuesta de Kipling fue una mezcla de dolor, orgullo, silencio y, después de la guerra, un trabajo detallado e incesante para la Comisión de las Tumbas de Guerra.

Como miembro de esa Comisión, Kipling ideó la leyenda que se grabó en la lápida de cada cementerio: "Sus nombres vivirán por toda la eternidad". Un buen día, el correo le trajo un paquete dirigido a "Monsieur Kipling". Lo enviaba un soldado francés de apellido Hammoneau y contenía un ejemplar de la traducción francesa de su novela Kim, con un agujero de bala tan profundo que sólo se habían salvado las veinte páginas finales. En una carta Hamonneau contaba que, de no haber llevado ese libro en un bolsillo a la altura del pecho, no habría sobrevivido. El envío contenía también la Cruz de Guerra: la medalla al valor otorgada a Maurice Hammoneau. Aunque insistió en devolver ambos objetos de inmediato, Kipling acabó negociando con Hammoneau y legándoselos a Jean, hijo varón de este último. El libro, con su redonda herida, hoy es uno de los tesoros más valiosos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.


25 febrero, 2014

Un señor meticuloso



 
Un señor meticuloso pero un poco abstracto, recibió cierto día una carta, que realmente llevaba tiempo esperando. La carta procedía de la Oficina de Existencias y le decía, con lacónica cortesía, que era inminente su declaración de existencia, y que por tanto se preparase a entrar en existencia dentro de breve tiempo. Se alegró del mensaje, y no hizo nada, ya que con mucha antelación había hecho todo lo necesario para existir, a partir de cualquier momento, con o sin preaviso. Ligeramente eufórico ante la idea de existir, consideró el momento en que se encontraba entonces, esa laguna entre el existir y el no existir como una especie de vacaciones; puesto que nada podía ocurrirle hasta que no hubiese comenzado realmente a existir, se trató con cierta indulgencia: se levantaba tarde, paseaba gran parte del día, realizaba breves viajes a lugares relajantes y pintorescos. Esperaba la carta definitiva, sin impaciencia, ya que sabía que los trámites eran delicados, las operaciones sutiles, las distancias enormes, el servicio de correos poco eficiente. Al cabo de tres meses de la primera carta, recibió una segunda, que le informaba de un error: la carta anterior le había llegado por culpa de una homonimia diacrónica, ya que un hombre con su mismo nombre y apellido tenía que nacer dentro de seis siglos, en aquella misma ciudad. Por consiguiente, la carta anterior quedaba anulada, y su expediente había sido abierto de nuevo, y estaba en curso de dictamen; aunque la carta no insinuara una inminente existencia, el tono era alentador. Experimentó una ligera contrariedad, pero no estimó oportuno disgustarse, ya que en el universo él seguía siendo una cosa muy pequeña: e intentó considerar el aplazamiento como unas nuevas vacaciones: pero no podía negar que sus inocentes desahogos tenían algo de amargo. La tercera carta llego al cabo de otros seis meses; evidentemente no se refería a él, y alguien debía haberle enviado una carta ajena, ya que en ella se hablaba de su muerte ya producida, y se lamentaba la fallida entrega en el despacho de la compañía del hombro izquierdo. No pudo dejar de pensar que la Oficina de Existencias cometía graves errores, cosa que le entristeció. Al cabo de un año, una nueva carta, escrita de manera extrañamente al margen de la gramática, aludía por segunda vez al problema del hombro izquierdo, y llevaba una fecha que era nueve siglos posterior al día en que le había llegado. Examinando atentamente el sobre, se dio cuenta de que su nombre estaba escrito con una ligera inexactitud, y en aquel mismo momento dejó tanto de preexistir como de no existir.

"Sesenta", en Centuria, de Giorgio Manganelli, editorial Anagrama.

24 febrero, 2014

Pequeña antología del aforismo italiano


 Gesualdo BUFALINO


Una excelente antología realizada por Hiram Barrios y publicada en Cuadrivio (http://cuadrivio.net/2012/09/fragmentos-del-mundo-el-aforismo-italiano/), de la que tan sólo reproduzco aquí una parte:


Alessandro Morandotti  (1909-1979)


La única manera de justificar una mentira es con otra mentira.

La esperanza es la verdadera responsable de las frustraciones. Hay que cortarla de raíz.

Carlo Gragnani (1910-2010)

Un error repetido frecuentemente es una gran fuerza de persuasión.

Es increíble cuántas cosas se dice cuando se habla de otra cosa.
  

Raffaelo Franchini (1920-1990)

No es que Dios esté muerto, es que el Papa está vivo.
 
El dogmatismo es la filosofía de los otros.

Gesualdo Bufalino (1920-1996)

Dios murió al crearnos: somos una obra póstuma.

La única forma de felicidad que yo conozco es el aburrimiento.

Todo aforismo consumado está hecho con ocho palabras.

Guiseppe Pontiggia (1934-2003)

Acumulo las desilusiones como un capital.

Confiar siempre en aquellos que hablan mal de sí.

Hay sólo un género literario que no se puede aceptar: el género aburrido.

Dino Basili (1934)
El complejo de superioridad arruina la relación con los amigos; el de inferioridad, con todos los demás.

¿Puede proclamarse laico quien es fanático de sí mismo?

Libro de consumo: el nombre y el apellido del autor son mucho más llamativos que el título.

Silvana Baroni (1944)
Los hombres no hacen la historia, la fabrican.

Si en la democracia nos dejan hablar, eso no quiere decir que nos escuchen.

22 febrero, 2014

David Markson



El editor del Novy Mir empezó a leer un ejemplar de la prepublicación de Un día en la vida de Iván Denisovich en la cama.
Pero quedó tan impresionado que no sólo se levantó sino que se puso un traje y una corbata para terminar de leerlo con lo que consideró que era el debido respeto.

Planeando su Balzac, Rodin llegó a rastrear a un sastre que el novelista había empleado cuarenta años antes; y le encargó un traje con las medidas del muerto.

Thomas Hardy escribió una biografía de sí mismo minuciosamente saneada y en tercera persona y la dejó para que se viuda simulara haberla escrito.

Esto no es una novela, David Markson (La Bestia Equilátera, traducción de Laura Wittner)

17 febrero, 2014

Una generación perdida


Según el sitio web de Imperial War Museums, de los 15.022 artistas que participaron en la Primera Guerra Mundial, 2003 murieron, 3250 resultaron heridos, 533 fueron dados por desaparecidos y 286 acabaron como prisioneros. Una "generación perdida", según la célebre expresión que Hemingway le oyó decir a Gertrude Stein.

En su momento, al terminar el conflicto, la AEC francesa (Asociación de Escritores Combatientes) estimó que unos 560 escritores (sumando poetas, narradores, ensayistas y autores teatrales) habían muerto en la Gran Guerra, sólo en el bando francés. Sus nombres fueron grabados en el Panteón de París, en 1927. Aunque muchos de ellos son desconocidos, también los hay más o menos célebres como Alain-Fournier (autor de El gran Meaulnes), Gabriel-Tristan Franconi (fallecido el mismo año 1916 en que se publicaba su libro Un tel de l'armée française) o el poeta y ensayista Charles Péguy, cuya muerte fue incluso homenajeada en Alemania por la revista expresionista Die Aktion. Curiosamente, también en 1914 moría en la contienda de Zandvoorde el poeta alsaciano Ernst Stadler, traductor al alemán de buena parte de la obra de Péguy.

La sangrienta batalla de Gallipoli (evocada en una película de Peter Weir) causó la muerte, en 1915, de más de veinte mil británicos, diez mil franceses y once mil australianos y neozelandeses. Entre las víctimas estaba el poeta ingles Rupert Brooke, cuyo soneto idealista "El soldado", de 1914, suele recitarse aún en los aniversarios del conflicto: "Si muero, pensad esto de mí:/ que allí donde me entierren habrá un rincón de tierra extraña/ que para siempre será Inglaterra".

Hay otro poeta muerto tras la tradición (en los países aliados) de llevar amapolas cada 11 de noviembre en memoria a los caídos en la guerra. Son las amapolas que el médico militar canadiense John McCrae menciona en los versos de "Los campos de Flandes" (1915): "Somos los muertos/ Hasta hace poco sentíamos, vivos, la aurora y la tarde/ ahora yacemos inertes, amantes y amados,/ en los campos de Flandes".


 Wilfred OWEN

Inglés como Brooke, pero en las antípodas de su optimismo patriótico, Wilfred Owen no era poeta antes de alistarse. La dura experiencia en el frente (más su encuentro con el poeta Siegfried Sasoon, en un hospital militar) lo llevó a escribir versos como: "¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?". Faltaba muy poco para que terminara la guerra cuando Owen cayó muerto. Sus padres recibieron el telegrama con la terrible noticia el mismísimo 11 de noviembre, día del armisticio.

http://www.lanacion.com.ar/1663847-los-libros-de-la-gran-guerra

12 febrero, 2014

Vivir y soñar



La dificultad de vivir juntos viene del hecho de que soñamos separadamente. Las cosas funcionan mejor entre las personas que le conceden poco lugar a lo imaginario.

Antoine Blondin, "Un malin plaisir"

09 febrero, 2014

Cinco libros: Ariel Dilon

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás. 

La elección de Ariel Dilon




Cinco recomendaciones intempestivas. Hallazgos recientes y perpetuos redescubrimientos conforman un estado de mi ánimo lector o, mejor, de mi memoria arbitraria en un momento dado: ahora mismo. Validez instantánea, petrificada por la palabra escrita. El orden, sobre todo, es aleatorio, vale decir, un orden cuya lógica escapa a mi control:

1) Clarice Lispector: Felicidad clandestina
2) Armonía Somers: La mujer desnuda
3) Mario Levrero: Diario de un canalla, seguido de Burdeos, 1972
4) Juan José Saer: Nadie nada nunca
5) Henri Michaux: Puntos de referencia
 
Ariel Dilon nació en Buenos Aires en 1964. Tradujo a Marcel Schwob, Raymond Radiguet, Alfred Jarry, J.M.G. Le Clézio, Clément Rosset, Michel Foucault, Patricia Highsmith y Victor Segalen, entre muchos otros autores. Dicta talleres de narrativa. Ha colaborado en las principales publicaciones culturales del Río de la Plata e integra el consejo de redacción de la revista Las ranas. Es autor de Vladimir Nabokov y las lecciones de literatura y de la colección de cuentos El inventor de dioses y otros apócrifos chinos. Algunos de sus relatos han aparecido en antologías y en revistas. Actualmente trabaja en dos nouvelles y prepara las Autobiografías del instante, serie de prosas poéticas.

07 febrero, 2014

Inútil paisaje


Decía Ítalo Calvino que un libro clásico es un libro que nunca acaba de decir lo que tenía para decir. Los intérpretes eximios tienen también algo de eso porque consiguen que las canciones, incluso las más transitadas, parezcan decir algo nuevo, algo que parecía clausurado tras ciertas versiones previas.
Por ejemplo, el notable Milton con una de las canciones más versionadas y más sensibles de Jobim:

06 febrero, 2014

Primera clase


¿Es posible comer gratis durante un año con un billete de avión o de tren de primera clase? Sí. Eso es lo que ha hecho un ciudadano chino hasta que fue descubierto. El buen hombre, haciendo gala de una picaresca al más puro estilo español, acudía cada día al aeropuerto de Xi'an, en la provincia china de Shaanxi. Con su billete de clase 'business' se dirigía a la sala VIP de la terminal aérea, donde, tras mostrar el pasaje, accedía a ese espacio reservado que los habituales de la clase turista miran con una mezcla de curiosidad y envidia.

Como acudía con tiempo más que suficiente para tomar el vuelo para el que había reservado plaza, el viajero dedicaba un tiempo a la lectura de los periódicos del día, a ojear alguna revista y tomar un refresco o un aperitivo, de esos que suelen encontrarse en las neveritas a libre disposición de los pasajeros VIP. Acto seguido, este individuo se dirigía al mostrador donde estaban puestas las viandas y se servía a gusto todas las 'delicatessen' que le apetecían.

Tras dar por concluido el ágape y siempre con un margen suficiente para que no estuviera abierto el periodo de embarque para el vuelo, el viajero, cuya identidad no ha trascendido, se dirigía apresurado al mostrador de la aerolínea donde, con las mejores maneras, informaba a la azafata o al auxiliar que, por causa mayor, no podía tomar ese día el vuelo para el que tenía el pasaje. De esa manera solicitaba que se lo cambiaran por otro para el día siguiente.

Sin más problemas, el viajero recogía su nuevo billete y regresaba a su domicilio con la barriga llena. Al día siguiente, como si nada hubiese pasado -y así durante 300 jornadas-, este hombre volvía al aeropuerto para repetir el protocolo y saciar su apetito sin que nadie se diera cuenta.

El asunto pasó desapercibido hasta que, por una casualidad, los responsables de la compañía China Eastern Airlines detectaron que el mismo viajero había realizado durante un mismo año esos 300 cambios de vuelo. De inmediato, el personal de tierra de la terminal de Xi'an fue advertido para interceptar al sujeto. La cosa fue más que fácil, porque el ínclito pasajero no opuso ni resistencia ni montó un escándalo.

Pero para más enjundia del asunto, una vez aclarado el motivo culinario, los responsables de la aerolínea comprobaron que no podían hacer nada, dado que el hombre solo había ejercido su derecho a disfrutar de un servicio como titular de un pasaje de primera. No había nada ilegal. Antes de abandonar el aeropuerto, el viajero solicitó a la compañía que le devolviese su dinero, ya que no podía usar el billete, a lo que tampoco pudieron negarse.