19 noviembre, 2014

Los placeres de la puerta




Los reyes no tocan las puertas.

No conocen esa felicidad: empujar hacia adelante con suavidad o violencia uno de esos grandes tableros familiares, volverse hacia él para ponerlo otra vez en su lugar: tener en nuestros brazos una puerta.

La felicidad de empuñar por su nudo de porcelana el vientre de uno de esos altos obstáculos de una sola pieza; ese rápido cuerpo a cuerpo mediante el cual, detenido el andar por un instante, la mirada se extiende y el cuerpo entero se acomoda a su nueva habitación.

Con una mano amistosa la reitene aún, antes de volver a empujarla con decisión y encerrarse: de lo que el ruido del pestillo potente pero bien aceitado le ofrece agradable confirmación

Francis Ponge, Le Parti pris des Choses (1942), traducción de Raúl Gustavo Aguirre

2 comentarios:

Marie-Astrid dijo...

Bonjour Eduardo,
Le mail que j'avais n'est plus bon, je ne sais comment te contacter...
Marie-Astrid

Eduardo Berti dijo...

Bonsoir Marie-Astrid! Je viens de voir ton message. Si tu m'envoies un email par cette voie (je ne le publierai pas), je vais te répondre...
Amitiés!
Eduardo