13 julio, 2014

Peste y cólera



Para el francés Patrick Deville, escribir equivale a viajar. Nacido en Saint-Brévin-les- Pins, frente al puerto de Saint-Nazaire, donde no sólo amarran y zarpan barcos, sino que además se fabrican enormes transatlánticos como el Queen Mary II, Deville pasó por Nigeria, Argelia, Cuba, Uruguay o Marruecos mientras completaba sus cinco primeras novelas editadas por Les Éditions de Minuit, sello-emblema del nouveau roman: Cordon-bleu (1987), Longue vue (1988; El catalejo, trad. de Javier Albiñana, Barcelona, Anagrama, 1990), Le Feu d’artifice (1992), La Femme parfaite (1995) y Ces deux-là (2000), que él considera como su última «novela de ficción».

Peste & Cólera sigue la huella de los libros posteriores a este primer ciclo, en los que se combinan por lo común el viaje con la pesquisa histórica y biográfica, y en los que el año 1860 cuenta como fecha simbólica. Pura vida (2004) narraba las peripecias del aventurero estadounidense William Walker, que llegó a ser presidente de Nicaragua entre 1856 y 1857 y acabó asesinado en 1860. Equatoria (2009) ponía en escena a Pierre Savorgnan de Brazza, explorador del río Congo, junto a personajes como David Livingstone, Henry Morton Stanley, Jonas Savimbi, Emin Pacha o el Che Guevara. En cuanto a Kampuchéa (2011), se centraba en Henri Mouhot, joven erudito que en la selva de Camboya, mientras buscaba mariposas, descubrió por azar los templos de Angkor, antes de morir en Laos con apenas treinta y seis años de edad.

El suizo Alexandre Yersin (1863-1943) es el punto de partida para esta nueva «novela de invención sin ficción», según el propio Deville ha calificado a esta segunda secuencia de libros. Una suerte de biografía que evoca, en cierto punto, lo que su compatriota y amigo Jean Echenoz hizo con las vidas de Ravel, Tesla o Zátopek, y que también tiene en común con la trilogía de Echenoz ese raro talento de los escritores franceses para narrar, a diferencia de los británicos, con pocas escenas y con un uso prodigioso del resumen.

En este libro, Deville refiere la vida de un científico y explorador que fue discípulo de Pasteur, admirador de Livingstone, explorador de China y Madagascar, y descubridor (nada menos) del primer bacilo de la peste. La «hermosa locura» de Yersin es fascinante, pero la escritura de Deville (de la mano de la inspirada traducción de José Manuel Fajardo) no tiene nada que envidiarle. En cierto aspecto, tienta pensar que Yersin se parece a Deville como escritor: curioso, cambiante, nómada, imprevisible… «Se le ocurre una idea cada cinco minutos», apunta Deville. «Su curiosidad es enciclopédica». El resultado, a todo esto, es una novela que, como las antecesoras, presenta (por su atmósfera y su marco) ecos míticos de, por ejemplo, Joseph Conrad o el Blaise Cendrars de El oro.
Yersin tiene poco menos de ochenta años cuando, en 1940, emprende un viaje desde Francia hasta su amada Saigón. Un viaje que no es una huida, pero sí casi un milagro, porque los nazis están llegando a París. Un viaje crepuscular, pues acaba de despedirse para siempre –lo intuye– del hotel Lutetia y de otros lugares por los que siente un afecto especial. Un viaje que funciona como «presente» en el libro de Deville y que se alterna con el pasado de Yersin e incluso con ingeniosos e inesperados flash-forwards (prolepsis) en los que aparece, incluso, el mismísimo Deville bajo el apelativo de «fantasma del futuro».

Peste & Cólera es la vida del hiperactivo Yersin. O sus muchas vidas,  como habría dicho Conrad: epidemiólogo, médico a bordo de un barco, expedicionario, fotógrafo, amigo del constructor de automóviles Serpollet, director del hospital de Hanoi, amante de la astronomía, inventor de una especie de Coca-Cola avant la lettre. Y también es mucho más que eso. Cuando uno menos lo espera, Deville incrusta historias ajenas y digresiones jugosas: Émile Littré acuñando el término «microbio», el origen de la expresión inglesa posh, los ajustes de cuentas de Louis-Ferdinand Céline con los «pasteurianos» (y viceversa) o, sobre todo, la increíble vida y muerte de Joseph Meister, el primer hombre salvado de la rabia, gracias a Pasteur, y convertido tras ello en el portero-vigilante de la fundación de su salvador. Como una especie de Meister, Yersin será el último superviviente de la banda de Pasteur y ésa es la función que muchos querrán que asuma hacia el final de su vida: una suerte de guardián de mausoleo. Pero no es su temperamento.

Fragmento de mi reseña publicada en "Revista de libros".
La versión completa, aquí:
http://www.revistadelibros.com/resenas/entre-escila-y-caribdis