29 marzo, 2014

El pasado



Philip K. DICK


–¿Cómo cambias el pasado? —preguntó Joe.
 
—Pensando en él. Pienso en un aspecto concreto, un suceso, algo que alguien dijo, o  alguna cosa que ocurrió y que yo hubiera querido que no ocurriera. La primera vez que lo  hice, cuando niña...
 
—Cuando ella tenía seis años y vivía con sus padres en Detroit —interrumpió G.G. — rompió una estatua de cerámica, una antigüedad que su padre guardaba como un tesoro.
 
—¿Y tu padre, con su capacidad de precognición, no lo previó? —preguntó Joe Chip.
 
—Sí, lo previó —respondió Pat— y me castigó una semana antes de romperla porque  dijo que era inevitable. Ya sabe lo que es la facultad precognitora: se puede ver lo que va  a suceder pero no se puede hacer nada por cambiarlo. Después de que se rompiese la  estatua, o mejor, después de romperla yo, le di muchas vueltas al asunto, pensando en la  semana anterior al incidente, durante la cual me mandaban a la cama a las cinco y sin  postre. Pensé: “Dios mío —o lo que digan los niños en estos casos— ¿no habrá un modo  de evitar estos lamentables incidentes?” Las habilidades precognitoras de mi padre no  me parecían demasiado espectaculares, ya que no podían alterar el curso de los  acontecimientos; me inspiraban un cierto desdén. Pasé una semana entera tratando de  recomponer la maldita estatua con la fuerza de la mente; volvía en el recuerdo al tiempo  anterior a su destrucción y evocaba el aspecto que ofrecía cuando estaba entera... que  era horrible, por cierto. Hasta que un buen día me levanté y allí estaba. Entera, como si  no le hubiera pasado nada. —Se inclinó, tensa, hacia Joe y prosiguió con voz cortante y  decidida—: Pero mis padres no notaban nada. Les parecía perfectamente normal que la figura estuviera intacta; creían que siempre había estado así. Yo era la única que recordaba. 
 
Ubik, Philip K. Dick

2 comentarios:

rubén dijo...

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Uol Free dijo...

Es bastante usual que los humanos intentemos cambiar un aspecto del pasado, aun a sabiendas de que es inútil. Incluso nos despertamos en medio del sueño, pues allí lo logramos, estar ese minuto antes de que nuestra vida dé un vuelco y cambiar el presente.

No me extraña que la niña muestre desdén hacia una habilidad que no resuelve nada y que encima provoca castigos anticipados. Me recuerda a las frases maternas "te la vas a cargar, te la vas a cargar", siempre adelantándose a los acontecimientos y sin permitir el disfrute completo de lo prohibido.

Y sí, a veces nos sorprende ser los únicos que recuerdan cómo eran las cosas antes, antes del desastre, antes de que la cotidianidad y la rutina cubran la superficie de los actos con una capa de polvo.

Saludos.