30 mayo, 2013

Para salvar al planeta

La dupla Hervé Le Tellier - Xavier Gorce publica cada tanto, en el diario Le Monde, de Francia, algunas invenciones insólitas, por ejemplo estos (y otros) objetos para salvar el planeta.

El proyector de recuerdos (que los restituye en tres dimensiones)




El líquido BigMuse para aspirar inspiración, ideal para artistas y creativos faltos de ideas. 


O el detector de catástrofes (innegable pariente del "Chambardoscope" de Alphonse Allais): DDD, Disaster Detector Device, que lo antes posible anuncia la llegada de un tsunami, un terremoto o un ciclón.


29 mayo, 2013

Objetos falsos





...existen unos objetos de los cuales nadie dirá que son falsificaciones y, sin embargo, de alguna manera son tributarios de otros. Un ejemplo que, por desgracia, siempre está a la mano, es el de las servilletas de papel. Sería raro, aunque la especie es variada, encontrar un comerciante que pretendiera hacerlas pasar por servilleta de tela, así como también sería extraño que alguien, después de usarlas, intentara lavarlas y, quizá, hasta plancharlas. Y tampoco podríamos sostener que las servilletas de papel, los vasos y los platos de cartón son reproducciones a la manera como lo es una fotografía respecto a un cuadro. Esa servilleta grisácea, demasiado pequeña, porosa, sórdida, es, simplemente, un objeto que substituye a otro en una determinada función. El vaso de cartón no simula uno de cristal; es también vaso, sólo que de cartón. Suplanta, no imita o copia.

La introduccion de nuevos materiales acarrea consecuencias: hay acciones que se afectan con el cambio. Una de las maneras clásicas de expresar el furor era coger el vaso y estrellarlo contra la pared. Pero si es de plástico rebota, queda intacto y ese ruido como de juguete de niño sería suficiente para demostrar la cólera.

Alejandro Rossi en su inagotable y siempre delicioso "Manual del distraído"

27 mayo, 2013

La tortuga voladora

 
Una tortuga, lenta y pesada, le dijo a un águila: “¡Ay, si hubiese nacido yo con alas!”. El águila le respondió, medio en broma: “Dime, pequeña tortuga, ¿qué me darías a cambio, si te llevara a volar por los aires?”. “Te obsequiaría todas las maravillas del Mar del Este”, repuso la tortuga. “Entonces, te enseñaré”, dijo el águila y la cargó boca arriba. Estaban más allá de las nubes cuando el águila soltó a la tortuga, que cayó en la cima de una montaña con tanta fuerza que el impacto destrozó su caparazón. Con el último suspiro, la tortuga alcanzó a decir: “Lo tengo bien merecido. De qué podían servirme las nubes y las alas cuando ya me costaba bastante moverme en tierra firme.”

Fábula de Odo de Cheriton (más información, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Odo_de_Cheriton)

25 mayo, 2013

La que le duele aquí



La que le duele «aquí» se podría llamar a esta enferma que se me apareció, andando como Hamlet, en la tranquilidad de un domingo por la tarde.

—Vengo precisamente un domingo, porque supongo que hoy no le distraerán a usted los demás enfermos, y mi caso necesita que usted fije mucho la atención en él —me dijo de sopetón, sin abandonar su postura de Hamlet.

—¿Qué es lo que usted siente? ¿Qué antecedentes tiene su enfermedad? ¿De qué se queja usted?

—Me acaba de hacer las mismas preguntas que los médicos vulgares, que no acaban de curarme... No es esto lo que yo buscaba...

—Bueno. Dígame usted lo que quiera sin necesidad de que yo se lo pregunte.

—Yo sólo le puedo decir que me duele «aquí».

Y al decir «aquí» ni siquiera tocaba el sitio, sino que con un vago ademán señalaba a su costado, en ese sitio en que no hay ningún órgano especial...

—Aquí tengo yo algo —continuó ella— que me va a matar... que me come, que no me deja dormir, que me tiene sacrificada... Y no me pregunte usted lo que como, ni nada, porque he seguido todos los regímenes y no se me va...

—Así es que la duele a usted «aquí» —dije yo, señalando en ese sitio vago y sin entrañas.

—Sí...; «aquí».

—Bueno, ya sé lo que es eso... Hay que operarla inmediatamente... Yo no soy partidario de las operaciones; pero usted es un caso desesperado, urgente, perentorio...

—Eso es lo que yo pensaba... Pues ahí tiene usted... Ningún médico ha acertado con ese diagnóstico... Mañana le espero en mi casa, dispuesta a que me haga la operación...

Nerviosa, lívida, pero sin perder su actitud de Hamlet, desapareció la mujer sin caderas a la que la dolía «aquí». En seguida llamé a mi amigo y le encargué el papel de ayudante. Él se quería resistir:

—¡Pero si yo no entiendo nada de Medicina!

—No importa —le replicaba yo—; yo sólo voy a hacer el conato de una operación. No voy a hacer sangre, y voy a hacer como que le saco algo con visos de misterio. El higadillo de un cordero, por ejemplo... Se trata de un juego de prestidigitación...
Junto a la cama de la paciente, al otro día, después de haber hecho la operación, recibíamos las caricias de sus miradas de gratitud.

—¡Oh! ¡Qué aliviada me siento!... Pesa menos mi cuerpo... ¡Qué ligera me siento!...

Yo sonreí satisfecho. Ya estaba curada la pobre dama a laque la dolía «aquí». No sentía yo plena alegría, sin embargo, porque, después de todo, como al que se opera de verdad y de verdad se le arranca el cáncer, la misma cantidad de muerte quedaba en la pobre mujer, porque nunca se puede operar de la muerte; la muerte se queda fresca, sana, curada después de la operación admirablemente hecha..., pero dispuesta a matar. ~

Ramón Gómez de la Serna, “El doctor inverosímil”.

21 mayo, 2013

Cuentistas y novelistas



Según se cuenta, sin dudas de modo apócrifo, en 1872, justo después de publicar Guerra y paz, Lev Tolstoi  despertó de una pesadilla gritando: "¡Una regata, una regata!" (en ruso, suena algo parecido a "¡Párusnaya regátta!"), consternado porque había olvidado incluir ese ítem en su vasta novela: su única omisión en todo aquel panorama de la actitividad humana durante el siglo diecinueve.

Sea verdadera o no la historia, suena a mis oídos como el mal sueno de un novelista y no de un cuentista. Ya que la novela tiende a la inclusión y el cuento a la exclusión, resulta obvio decirlo, si se admiten a la vez cantidad de excepciones en ambos campos: novelas minimalistas y cuentos no tan cortos y maximalistas. Tomando en cuenta estas excepciones, podemos generalizar que los cuentistas por lo común, desde Poe hasta Paley, tienden a ver cuánto pueden dejar fuera, mientras que los novelistas por lo comín, desde Petronio hasta Pynchon, tienden a ver cuánto pueden poner dentro.

John Barth, "It's a Short Story" (breve ensayo incluido en Further Fridays, una de sus recopilaciones de artículos y textos teóricos)

19 mayo, 2013

Milder interpreta PS


Joakim Milder

Para una gran minoría (y me incluyo, sin pensarlo mucho), Paddy McAloon es uno de los grandes compositores pop de los últimos tiempos, un cantautor cuyo talento melódico ha sido justamente comparado con el de Lennon-McCartney o el de Burt Bacharach, entre otros. Basta escuchar las canciones que escribió, sobre todo en los años ochenta y noventa, para su banda Prefab Sprout.

Esto mismo parece opinar el pianista de jazz Joakim Milder (ver más datos aquí), un sueco que hace pocos meses editó un CD titulado ”Quoted out of context", en el que ofrece versiones instrumentales de varias de las canciones más notables de McAloon.

Milder puede jactarse, en su CV, de haber grabado para el sello ECM, el mismo desde donde se dieron a conocer en su momento Keith Jarrett, Pat Metheny o Brad Meldhau. Pero también puede jactarse, ahora, de haber grabado un álbum admirable y un muy justo tributo al elegantísimo pop de Prefab Sprout.

18 mayo, 2013

Jérôme Ferrari, último premio Goncourt


Desde 1903, todos los fines de año se otorga en Francia el premio Goncourt de novela, entre cuyos ganadores se han contado Marcel Proust, Henri Barbusse, André Malraux, Julien Gracq o Roman Gary y, más recientemente, Jean Echenoz, Michel Houellebecq o Pascal Quignard. El último ganador hasta hoy fue el joven escritor Jérôme Ferrari (París, 1968) por su sexta novela, Le sermon de la chute de Rome ("El sermón sobre la caída de Roma"), que Mondadori editará en castellano -según se anuncia- en octubre próximo.

"Pienso que nunca escribiré una novela de 500 páginas, pese a lo mucho que me entusiasman las grandes novelas rusas. Mis novelas siempre son más cortas de lo que imaginé al principio. Cada vez soy más conciso", declaraba Ferrari a la prensa de su país semanas antes de recibir el premio, cuando su nombre ya sonaba entre los favoritos junto con el de Linda Lê ( Lame de fond ) y el de Patrick Deville, autor de Peste & Choléra , libro al que se impuso finalmente por un voto.


 Educado en París, Ferrari pasó estos últimos años entre la isla de Córcega y dos países árabes (primero en Argelia, ahora en los Emiratos Árabes Unidos), donde se ha ganado la vida dando clases de filosofía. Si las novelas anteriores (entre ellas, la impactante Où j'ai laissé mon âme ) estaban mayormente ambientadas en Argelia, El sermón podría definirse como una suerte de tragedia clásica ambientada en Córcega.

A diferencia de lo que ocurre con la obra de muchos ganadores anteriores del Goncourt, la novela de Ferrari ya había conocido bastante éxito antes del premio (llevaba vendidos más de 60 mil ejemplares cuando se hizo el anuncio) y fue publicada por una editorial (Actes Sud) que algunos no incluyen entre las "grandes". La prensa francesa llegó a afirmar que esto podía ser el síntoma de alguna clase de cambio en la política del Goncourt, entre cuyos jurados se encuentran Bernard Pivot, Tahar Ben Jelloun, Paule Constant y Philippe Claudel.

"La verdad es que desconfío de la prensa y de los tics lingüísticos que ella siembra como una epidemia", señala Ferrari. "Hace años, por ejemplo, que Actes Sud ya no es exactamente una editorial pequeña. Lo que ocurrió este año se debe, a mi juicio, a una suma de factores más o menos aleatorios (que me han beneficiado), más que al síntoma de alguna cosa en concreto."

El sermón sobre la caída de Roma narra una historia que atraviesa todo el siglo XX, ya que empieza con la Primera Guerra Mundial (innegable epílogo de una época) y habla del fin de una etapa actual del mundo occidental. La novela alude a la impermanencia de las cosas y trabaja en eco con un sermón escrito por san Agustín en el año 410 después de Cristo, un sermón en el que puede leerse : "El mundo es como un hombre: nace, crece, muere".

Fragmento de mi entrevista a Jérôme Ferrari, publicada el viernes pasado en ADN Cultura, La Nación. La versión completa pueda leerse aquí: 

16 mayo, 2013

El hotel de un voyeur




En 1980, poco después de la publicación de La mujer de tu prójimo, mi libro sobre las costumbres sexuales de los americanos, recibí una carta anónima, remitida desde un apartado de correos de Denver, Colorado. Lástima no haberle conocido antes, decía, le habría contado algo de interés para su libro. Si alguna vez pasa por Denver, póngase en contacto conmigo. Todavía estaba haciendo la promoción del libro y le dije que podía hacer escala en la ciudad camino de California. Nos citamos en el aeropuerto. Si dispone de unas horas, me gustaría que viera algo. Decidí coger otro vuelo y me subí a su coche. Durante el camino me explicó que era millonario y que tenía muchos bienes raíces en Denver. Llegamos a un motel de su propiedad, donde me presentó a su mujer y me explicó que había 21 habitaciones, de las cuales 12 tenían un techo falso. Puedo ver y oír todo lo que hacen y dicen los clientes, dijo. Santo cielo, ¿y si se dan cuenta? No es posible, venga conmigo, quiero que lo vea por sí mismo. Me dijo que llevaba 15 años haciendo aquello. Tomaba notas de todo lo que veía y las conservaba en un archivo que puso a mi disposición. La única condición es que no podía decir su nombre, porque lo llevarían a los tribunales. Le dije que se lo agradecía, pero no podía hacer nada, porque en mis historias tenían que figurar los nombres reales de los personajes. A lo largo de los años, nunca hemos perdido el contacto. Nos escribíamos, hablábamos por teléfono. Su mujer falleció, se volvió a casar, y su segunda mujer se involucró aún más en la cuestión del voyeurismo, hasta el punto de que cuando llegaban nuevos clientes decidían en qué habitación alojarlos, como si fuera un casting. Por fin, el año pasado le dije: “Usted tiene 79 años y yo 80. No nos queda mucho tiempo. Si no me da permiso para utilizar su nombre, esta historia jamás saldrá. Se mostró de acuerdo y me autoriza a revelar su nombre cuando el artículo esté listo.

Gay Talese, entrevistado en El País por Eduardo Lago

http://elpais.com/elpais/2013/05/10/eps/1368188201_180710.html

15 mayo, 2013

El lenguaje pudoroso




No existe en alemán una palabra para designar a los padres que han perdido a sus hijos. Existe, sin embargo, la expresión "verwaiste Eltern", que podría traducirse como "padres que se han quedado huérfanos”. Tampoco en español existe una palabra que designe al padre que ha perdido a su hijo, salvo lo que la Academia denomina un uso “poético” del término huérfano. Es como si el lenguaje, ante el dolor más grande que existe en el mundo, no se atreviera a nombrarlo más que mediante perífrasis o encubrimientos. No hay un vocablo exacto, unívoco, para designar una pena tan absoluta. El lenguaje es aquí pudoroso.

Ricardo Menéndez Salmón, un fragmento de su último libro ("Medusa"), retrato de un artista imaginado y vuelto realidad por él (el pintor, fotógrafo y cineasta Prohaska), cuya vida atraviesa los momentos más inclementes del siglo XX. 

14 mayo, 2013

Dos cuentos glaciales


El buen negocio

Al lado de la fábrica donde se producían los fósforos, aquel hombre de negocios había fundado una empresa donde se encendían los fósforos para comprobar si eran útiles.

La cifra

Cuando volvió a quedar embarazada, creyó que se volvería loca. Así y todo, muerta de miedo, dio a luz. Y el miedo fue incluso mayor al ver que la criatura viviría. Era su hijo número trece.
Trece, la cifra que temía más que a la vida o la muerte. Entonces, temerosa de una inminente desgracia, mató con sus propias manos a los otros doce hijos.



Tomado de "Cuentos glaciales" (Contes glacés), de Jacques Sternberg (editorial La Compañía, traducción de Eduardo Berti)

12 mayo, 2013

Graforismo




"Lo ideal sería tener el corazón en el cráneo y el cerebro en el pecho, así pensaríamos con amor y amaríamos con inteligencia".

Anónimo, marzo de 2013. En un bar cerca de la estación de buses en San Sebastián (país vasco).

10 mayo, 2013

Recompensas






El movimiento estudiantil no había sido popular en mi barrio ni en mi escuela. La hipótesis de que mi padre hubiera muerto por esa causa lo asociaba a un misterio delictivo. Sin embargo, con los años, el movimiento ganó prestigio y sus protagonistas fueron vistos como víctimas. A partir de entonces pensé que eso me daba derechos especiales. Cuando sonaba el timbre del departamento, imaginaba a un mensajero del gobierno con una televisión a colores por tener un caído en Tlatelolco.

Sólo una vez me beneficié de esa tragedia. De algún modo, el maestro de civismo se enteró de la desaparición de mi padre. Me puso 10 sin mérito alguno. La recompensa me molestó. No quería un 10 en civismo. Quería que el gobierno me diera una televisión.

Fragmento de Arrecife, la última novela de Juan Villoro (Anagrama), que transcurre en un singular hotel fundado por un personaje llamado Mario Müller (ex integrante de la banda de rock Los Extraditables) donde los turistas, gringos y europeos en su mayoría, son invitados a disfrutar del miedo. "No vendemos tranquilidad", explica Müller. Los turistas están "cansados de una vida sin sorpresas" y necesitan sobresaltos a fin de sentirse vivos: secuestros, disparos, actores que actúan de guerrilleros, naturaleza salvaje, accidentes...  Una variante del turismo de riesgo y de los pasatiempos extremos; una variante sencilla porque aquí no hace falta ser un piloto de pruebas para sentir los placeres del miedo. "Lo que para nosotros es horrible, para ellos es un lujo", pone Villoro en labios de Müller. "El tercer mundo existe para salvar del aburrimiento a los europeos".

09 mayo, 2013

La complejidad literaria


El método lleva por nombre Fog-Index (puede encontrarse aquí, con facilidad) y se postula como una forma “objetiva” de medir la complejidad de un texto literario o, simplemente, de un texto escrito. La “readability”, en inglés. 

Lo creó hace sesenta años un editor norteamericano llamado Robert Gunning (ver más), se pulió (modificó) a principios de los ochenta y se basa en un algoritmo:




Mejor explicado: se trata de un programa al que uno puede someterle textos de unas cien palabras o de menos de mil (en inglés) y que, a cambio, arroja un “índice de dificultad” como 12.4 o 20.3, por ejemplo.

¿Para qué sirve algo así? Suele recurrirse al Fog-Index para establecer si un texto será más o menos accesible a los alumnos de determinada edad.  Pero, desde luego, el programa tiene sus limitaciones, como ha explicado el escritor Ben Marcus en un texto publicado hace años en la revista Harper’s (Why experimental fiction threatens to destroy publishing, Jonathan Franzen, and life as we know it. A correction): lo que no puede medirse (o no puede medirse adecuadamente) en “la lógica y la continuidad entre las frases” y, más aún, la coherencia total del texto. Marcus ha hecho la prueba de copiar en el Fog-Index una serie de frases aparentemente simples (sujeto-verbo-predicado, pocas subordinadas, pocas palabras de más de tres sílabas, pocos vocablos “elevados” cuyos significados habría que buscar en un diccionario), una secuencia de frases de “lenguaje simple y sintaxis familiar”, pero que en su conjunto no tienen sentido. Para ello recurrió a un famoso libro de Gertrude Stein (Tender Buttons), conocido en castellano como “Brotes tiernos” y del que he encontrado una pasaje traducido que dará (espero) una buena idea:

Dentro existe el sueño, fuera el enrojecimiento, en la mañana existe el significado, en la tarde el sentimiento. En la tarde existe el sentimiento. En el sentimiento cualquier cosa descansa, en el sentimiento cualquier cosa se acumula, en el sentimiento existe resignación, en el sentimiento existe reconocimiento, en el sentimiento existe repetición y completamente equivocado existe un pellizco.

Marcus no copió en el Fog-Index este pasaje en su versión original, sino otro. Uno que dice:

A cushion has that cover. Supposing you do not like to change, supposing it is very clean that there is no change in appearance, supposing that there is regularity and a costume is that any the worse than an oyster and an exchange. Come to season that is there any extreme use in feather and cotton. Is there not much more joy in a table and more chairs and very likely roundness and a place to put them.

Y no le extrañó comprobar que el Fog-Index lo estimaba de “baja” complejidad, apenas un 9,3 en una escala donde 12 equivale a un lector medio de 18 años de edad.

Desde luego, el Fog-Index no es el único programa concebido con este fin. Existen otros, como el Coleman–Liau index, el SMOG (vaya nombre) o el "The Flesch–Kincaid" (F–K) Reading grade level cuya fórmula (no me pidan que la explique y mucho menos que la entienda…) es la siguiente:
 



En el sitio http://www.readability-score.com/ puede copiarse un texto y ver su índice se complejidad F-K. Desde luego (sabrán disculpar mi obviedad…), no pude evitar copiar el texto de Gertrude Stein. Y aquí los resultados no fueron muy diferentes: un Reading Ease de 73,2, en una escala de simpleza que va de 0 a 100 (0 es mucha complejidad y 100 es mucha sencillez), y un Reading Grade de apenas 7,9, por lo que el texto de Stein debería ser comprendido fácilmente por un lector de 13 o 14 años de edad, ya que (lo mismo que en el Fog-Index) el Reading Grade se refiere a los grados de la educación pública en Estados Unidos: Grado 1 con 6 años de edad, Grado 4 con 9 años de edad o Grado 9 con 14 o 15 años de edad. 

El experimento permite, entre otras cosas, reflexionar acerca de qué hablamos cuando hablamos de “complejidad” o “dificultad” en literatura. 

Y es una forma ilustrativa de mostrar (de recordar) que hay diferentes niveles y estrategias de supuesta o efectiva complejidad.

08 mayo, 2013

La increíble historia de Rodriguez




La increíble historia del músico Sixto Rodríguez y de su renacimiento, narrada en el documental Searching for Sugar man, fue muy bien contada  por Iñigo López Palacios en el diario El País.

Esta es una síntesis del artículo, más extenso y que vale la pena (enlace original):


"Fue pura casualidad”, explica Malik Bendjelloul, el director de Searching for Sugar man, por teléfono desde su casa en Estocolmo. En 2006, con 28 años, este sueco de padre argelino viajaba por África buscando una historia para su primer largometraje. En Ciudad del Cabo, Sudáfrica, entró en una tienda de discos. Al dueño, Stephen Segerman, un melómano local, le apodaban Sugar. “Me pareció un alias gracioso y le pregunté por él”. Así oyó hablar, por primera vez, de Rodriguez. (...)
Rodriguez era un desconocido. Un cantautor de origen mexicano, nativo de Detroit, que publicó dos discos. Cold fact, en 1970 y Coming from reality, en 1971. Nadie hizo caso a aquellos discos. Nadie. Y se esfumó.

Pero, de alguna manera, una copia del primer álbum de Rodriguez llegó a Sudáfrica en 1971. “Alguien que visitó América se hizo con un disco y lo trajo, se lo puso a sus amigos y les gustó. Se expandió muy rápido”, cuenta desde Ciudad del Cabo Stephen Sugar Segerman. Tan rápido se difundió que, según él, si a mediados de los setenta entrabas en un hogar de clase media blanco encontrabas Abbey Road de los Beatles, algo de Simon & Garfunkel y Cold fact de Rodriguez. “En Sudáfrica pensábamos que era uno de los discos más importantes de la historia, así de fácil”. 

Según los cálculos de la película hasta mediados de los noventa las ediciones sudafricanas de los dos discos de Rodriguez vendieron alrededor de medio millón de copias. Según Sugar, sus letras ayudaron a crear el caldo del movimiento antiapartheid. Era un mito. Más grande que Elvis. “Les había llegado la falsa noticia de que se había suicidado. Nadie busca a Jimi Hendrix, porque todos saben que ha muerto”, explica el director. “Cuando empezaron a buscarle lo que querían saber era cómo había fallecido”.

La película narra todos estos acontecimientos. Una historia cuya realización supera la falta de material de la época usando en ocasiones técnicas de animación. Un cuento de hadas exceptuando que nunca recibió el dinero generado por sus discos. “Era tan poco lo que teníamos… Es increíble que, por ejemplo, el material rodado de la primera actuación en Sudáfrica fuera un vídeo de la hija de Rodriguez”, cuenta del momento más emocionante de todo el largo de casi 90 minutos: “Fue en marzo de 1998. Mucha gente pensaba que iba a ser un timo. Cuando apareció sobre el escenario fue como ver, literalmente, a alguien que ha regresado de la muerte”.

Un sitio argentino dedicado en exclusiva a Rodriguez:
http://www.sixtorodriguez.com.ar

(Y un agradecimiento a Luli Do Pazo Otero por haberme puesto en la fascinante pista de Rodriguez)

07 mayo, 2013

Cinco libros: Perla Suez


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Perla Suez:




Cinco novelas imperdibles

El rey blanco, György Dragomán, RBA del Nuevo Extremo, 2010.

La rosa en el viento, Sara Gallardo, ed. Pomaire, España. (En librerías de viejos, 1979, merece una reedición)

Confesiones del estafador Félix Krull, Thomas Mann. Edhasa, pocket, 1979.

Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal. Destino, 2009

La tumba de las luciérnagas, Akiyuki Nosaka ( dos novelas breves). El Acantilado, España , 2000.


Perla Suez nació en Córdoba, Argentina. licenciada y profesora. Recibió el Premio White Ravens, Biblioteca Internacional de Munich, Alemania con sus novelas Memorias de Vladimir (1992), Dimitri en la tormenta (1994) y con su libro de cuentos El árbol de los flecos (1996). Tiene publicados numerosos libros para niños y jóvenes, y recibió por el conjunto de su obra la Mención Especial del Premio Internacional José Martí. En 2001 fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos con Letargo (Norma, 2000). En 2002 publicó El Arresto y en 2004 Complot. Estas novelasreunidas como saga bajo el título Trilogía de Entre Ríos, fueron publicadas por Editorial Norma, colección La otra orilla, Buenos Aires, 2006. En 2008 ganó el  Primer Premio Internacional de novela Grinzane Cavour, Fundación Grinzane Cavour, Turín, Italia y la intendencia de Montevideo, Uruguay, con esta saga. Ganó la Beca Guggenheim, 2007, para escribir su novela La Pasajera (Norma, 200). Sus libros han sido traducidos a varios idiomas como el francés, el italiano o el alemán. El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires acaba de otorgarle el Primer Premio Municipal de Novela, bienio 2006-2007, por Trilogía de Entre Ríos. Su última novela Humo rojo fue publicada en junio de 2012 por Editorial Edhasa, Buenos Aires, Argentina, y recibió numerosos elogios de la crítica y la prensa nacional e internacional. Actualmente está trabajando en otra novela para adultos y en varios proyectos de libros álbum.

06 mayo, 2013

El otro


El Yo había hecho todos los esfuerzos posibles. Agarraba al Otro de la mano. El precipicio estaba a dos pasos; pero, gracias a la presencia constante del Yo, el Otro no pensaba en esa posición verdaderamente horrenda sobre un pedazo de roca inestable y por momentos partido. El Yo multiplicaba su presencia y el Otro rehuía los consejos, como si ninguno de ellos fuera oportuno. El Yo dudó, propuso unos movimientos contradictorios, el temor se adueñaba de él, así como el sentimiento de fatalidad. El Otro hizo un gesto de independencia sobre su roca, soltó los dedos y en un instante fugaz hubo un desprendimiento de polvo y unas gesticulaciones hasta el fondo del agujero. El Yo había cerrado los ojos. Cuando los abrió, no había nada más.  

Pierre-Jean Jouve, “Proses” (Mercure de France)

03 mayo, 2013

Borges y la mecánica cuántica


Así cuenta Seth Lloyd, pionero de la computación cuántica, un lejano encuentro con Jorge Luis Borges:

I was standing in the garden of the Master's Lodge of Emmanuel College, Cambridge, sipping a glass of champagne. It was the spring of 1983. My fellow graduate students and I were talking about the usual stuff of Cambridge life: boat races, May balls, and the upcoming mathematical tripos examinations that would determine our future. A stunning older woman interrupted us. "You fools!" she exclaimed, in a pronounced Spanish accent. "Don't you see the world's greatest author is sitting there with no one to talk to?" I looked where she was pointing and saw an old blind man in a white suit sitting quietly on a bench. It was Jorge Luis Borges, and the woman was his companion, Maria Kodama. She shepherded us over to him.

There was a question I had always wanted to ask Borges, and at last I had the opportunity. In his story "The Garden of Forking Paths" Borges envisions a world in which all possibilities actually happen. At each decision point, each fork in the path, the world takes not one alternative, but both at once. So Borges writes:

In the world of Ts'ui Pen, all possible outcomes occur; each one is the point of departure for other forkings. Sometimes, the paths of the labyrinth converge: for example, you arrive at this house, but in the possible pasts you are my enemy, in another, my friend [Ts'ui Pen] did not believe in a uniform, absolute time. He believed in an infinite series of times, in a growing dizzying net of divergent, convergent and parallel times. This network of times which approached one another, forked, broke off, or were unaware of one another for centuries, embraces all possibilities of time. We do not exit in the majority of these times; in some you exist, and not I; in others I, and not you; in others, both of us.

"Dr. Borges, I said, when you wrote your story, were you aware that it mirrors the so-called Many Worlds interpretation of quantum mechanics? In this interpretation, whenever anyone makes a measurement that reveals information about the world being one way or another, the world splits in two and takes both paths. In the conventional interpretation of quantum mechanics, the Copenhagen interpretation, if I ask a nuclear particle whether it is spinning clockwise or counterclockwise, it picks one spin or the other with equal probability. But in the Many Worlds interpretation, at the moment of measurement the world's path forks and it takes not one fork or the other but both at once."

 Borges asked me to repeat the question in amore comprehensible fashion. When he understood that I was asking whether or not the foundations of quantum mechanics had influenced his writing, he answered, "No". He went on to say that although he had not been influenced by work on quantum mechanics, he was not surprised that the laws of physics mirrored ideas from literature. After all, physicists were readers too. And in fact "The Garden of Forking Paths" was published in 1941, years before John Wheeler's student Hugh Everett introduced the Many Worlds interpretation of quantum mechanics. So if there was any influence, it was from literature to physics, not the other way around.

Programming the Universe, Seth Lloyd

02 mayo, 2013

Prometer y cumplir



François de LA ROCHEFOUCAULD


Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.

Máximas, La Rochefoucauld.


01 mayo, 2013

Dibujos de Ramón


Según informó el otro día el diario ABC, el sello Del Centro Editores (sello editorial del Centro de Arte Moderno) ha publicado dos libros que recuperan la labor de Ramón Gómez de la Serna como dibujante. Son dos ediciones  artesanales, de cien ejemplares numerados. El primero, «El arquitecto fantasmagórico, dibujos y textos», rescata las visiones urbanas de De la Serna  a través de sus dibujos y textos. El segundo, «Dibujos de Ramón», reúne por vez primeras las greguerías en las que Gómez de la Serna se basaba para algunos de sus dibujos. Ambas ediciones han estado a cargo de Juan Carlos Albert y Luis de Luis.

(Hablando de Gómez de la Serna, semanas atrás Hugo Beccacece escribió una estupenda evocación de la casa de Ramón en Buenos Aires, que puede leerse acá: http://www.lanacion.com.ar/1571806-las-huellas-de-un-mundo-desaparecido)