30 abril, 2013

El mono y el loro

  

–Yo –decía el mono– hago muecas como el hombre. Gesticulo como el hombre, Mis patas traseras son piernas y pies, y las delanteras son brazos terminados en manos. De lejos, me tomarían por un hombre, un hombre de baja estatura, pero un hombre al fin.

–Yo –decía el loro– nunca tengo la estúpida pretensión de hacerme pasar por un hombre, pero poseo algo del hombre: su más hermoso don, que es la palabra. Puedo recitar bellos versos y canturrear complejas melodías. 

 –Yo puedo hacer patomimas –respondía el mono. 

 –¿Pantomimas? –se reía el loro y alzaba los hombros–. La pantomina es un arte inferior, el supremo recurso para los comicastros sin voz. 

 –¡Arte inferior! –se indignaba el mono–. ¿No ha leído usted la última crónica de Mendès, dedicada a la pantomima? 

–No –replicaba el loro con tono seco.  

En resumidas cuentas, el mono estaba a favor de lo gestual y el loro a favor de lo verbal. ¿Qué era superior y más próximo a la humanidad: el gesto o el verbo? That was the question. Hasta quem un día, la querella alcanzó proporciones desmesuradas y nuestros dos animales estuvieron a punto de irse a las… de irse a las patas. Se evitó el escándalo, por suerte, gracias al ingenio de nuestro mono, quien tuvo la última palabra

 –Sí, ¡usted habla y habla! –se impacientó el mono–. Pero yo, ¿qué cree usted, especie de imbécil, que hago yo? ¿No comprende que, desde hace una hora, no hacemos más que discutir tontamente? 

"La fábula del mono y el loro" (fragmento), de Alphonse Allais.

29 abril, 2013

El espuma de los días



La última película de Michel Gondry, que se estrenó en Francia el pasado 24 de abril, es una adaptación de acaso la más famosa novela de Boris Vian (La espuma de los días) y cuenta con la actuación, entre otros, de Romain Duris (como Colin), Gad Elmaleh (Chick), Audrey Tautou (Chloé, la chica con el nenúfar en el pulmón) y Omar Sy (Nicolas, el cocinero). La crítica está dividida. Adaptación a la que le "falta alma", según algunos que deploran cierto exceso de efectos. Trasposición a la altura de la ferviente imaginación de Vian, según otros.

En la película, así parece, Gondry no quiso omitir casi nada , de tal modo que allí están, por ejemplo, el ratón que habla, la pasión por el jazz o el celebrado personaje de Jean-Sol Partre (obvia burla a Jean-Paul Sartre) del que Chick es un adicto fetichista. Además, por supuesto, del ingenioso pianococktail (el fabuloso invento que prepara tragos según la música que se interpreta en las teclas), que Gondry, según se cuenta, decidió construir "realmente" para la película. No es de extrañar ya que el abuelo de Gondry, en 1947, inventó un instrumento llamado "clavioline", considerado como el precursor del sintetizador.

27 abril, 2013

Premio Euskadi de Plata


Ni vera, de Itxaso Martin, y Memorias de unos ojos pintados, de Lluis Llach, son las novelas ganadoras del premio Euskadi de Plata de este año (premio a la mejor novela publicada en el año 2012), en las categoría de euskera y castellano, respectivamente.

Además de los premiados, en esta ocasión los libreros han querido distinguir también a un finalista en cada categoría: en euskera Zintzoen Saldoan, de Jon Alonso; en castellano, El país imaginado, de Eduardo Berti.


26 abril, 2013

Dos cuentos de Jaime Montestrela




El 13 de enero de 1923, al alba, le preguntaron a Jack Bluther, condenado a ser ahorcado por el crimen de trece personas (incluida su portera), cuál era su última voluntad. Bluther pidió aprender el chino mandarín. Lo ahorcaron veinte años más tarde, cuando ya hablaba fluidamente este idioma, pese a que aún habría podido mejorar el acento.


En la isla de Sanapagrata (Indonesia) los habitantes siempre dicen la verdad. En la isla vecina de Pagranaasta, todos mienten todo el tiempo. Y la de Natagrapasa estaba habitada por gente que a veces mentía y otras veces decía la verdad. Los misioneros portugueses se cansaron  pronto de sus adivinizanzas y los mataron a todos con el filo de sus espadas.


Jaime Montestrela, Contos aquosos (1974). (Tomados de la traducción francesa: Contes liquides, con traducción y prefacio de Hervé Le Tellier y posfacio de Jacques Vallet. Éditions de l'Attente).


25 abril, 2013

Pensarse lectores








 Algunos extractos de "El sentido de la lectura", de Ángela Pradelli (editorial Paidós):


¿Qué relación existe entre el acto de leer y las formas de vivir? ¿De qué modo la lectura limita o amplía la trascendencia de los días en cada uno de nosotros?

+++

El lector es explorado por el texto que lee,  es cuestionado en ese encuentro. Entonces descubre que, en las grietas del discurso del otro,  puede entrar su propio universo. Por eso el lector está allí, esperando que alguien, en esas grietas, lo nombre.

+++

¿Es posible leer y ser sumiso? La lectura podría trasladar una frontera (y no solo traspasarla), podría desordenar el límite, subvertirlo. Los lectores no obedecen. Lo que hacen es preguntar, buscar respuestas, contestar y huir siempre de las fiscalizaciones. ¿La lectura podría definirse como un acto de rebelión y de insurgencia?

+++
 
La lectura late en la fisura y respira en los huecos. Allí todo, también lo inalcanzable, se vuelve legible. Los lectores nos sentimos afectados porque la lectura nos instala dentro de un mecanismo, un  proceso que toma nuestra voz, nuestra lengua y revisa nuestro pasado. Un lector sale de una incertidumbre para entrar en otra. Se puede leer la correntada del río, el movimiento ágil de las nubes,  las manos que amasan el pan o  los pies pequeños que se largan a caminar. Siempre será una semántica ambigua frente a un lector con hambre de palabras y significados. Algunos lectores bordean las palabras advirtiéndolas como territorios ajenos. Otros en cambio atraviesan el filo sin importarles el miedo a entrar en el vértigo de su propia lengua.
 
+++

Los lectores somos la lengua. Entre la rigidez del pensamiento y la porosidad de la palabra. Somos la frágil enunciación de nuestra historia, los deseos. Leer las diferencias en la lengua que somos cada uno es un trabajo en la lengua de todos. La lectura  es una incandescencia: una invención creadora que recorre todos los órganos.

+++

¿Es exagerado pensar que nuestras vidas dependen en alguna medida de nuestras lecturas?, ¿Qué el destino de nuestras horas está ligado a los textos que fueron conformando en nosotros una visión del mundo en un arco que se traza entre el desasosiego y el entusiasmo?

+++

Hay una  pluralidad de mundos que puede leerse en las hojas de la ventana que se abren a un jardín interior.

+++

A veces solo hacemos rasguños en la superficie de los textos.  Momentos en que la hondura de la lectura se resume a eso,  apenas raspaduras. Otras veces en cambio los rayos de sol entran por las rendijas de las persianas y van directo a iluminar una porción del  texto que leemos. Es un haz de luz, una luminosidad más intensa que se filtra  y recorta una porción escrita por otro. ¿Sin ese destello, las capas del texto serían imperceptibles al ojo que lee? ¿De dónde viene esa luz, cómo llega, qué trae?  Ciertos resplandores logran esos hiatos por los que entramos a los textos. Hay una alegría que estalla en esas grietas cuando suceden, un modo de la felicidad del lector que está ahí, en la fisura de la superficie de los textos.


(El sentido de la lectura se presenta el próximo jueves 2 de mayo, a las 17:30, en la Feria del Libro de Buenos Aires.)


23 abril, 2013

OuLiPo en Madrid


He hablado en numerosas ocasiones del OuLiPo (Obrador o Taller de Literatura Potencial), por ejemplo en esta entrada que coindició con su visita de 2008 a la ciudad de Buenos Aires (http://eduardoberti.blogspot.com.es/2007/08/oulipo.html)

En esta oportunidad, tres miembros destacados del grupo (Olivier Salon, Paul Fournel y Marcel Bénabou) brindarán una charla lectura en Madrid. Será mañana (el miércoles 24 de abril) a las 20 en la Mediateca del Instituto Francés, con entrada libre. No digan que no avisé.


 
  

22 abril, 2013

Cinco libros: Toni Montesinos


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Toni Montesinos:

Cinco libros recomendables de lo que va de 2013


Germán Gullón, La codicia de Guillermo de Orange (Destino). Una de las poquísimas novelas que se atreven a desmenuzar la realidad política y el presente europeo económico y corrupto con determinación informativa, valentía social e imaginación novelesca.

José María Conget, La mujer que vigila los Vermeer (Pre-Textos). El que es para mí el mejor narrador español de los últimos lustros ha publicado un delgado libro de cuentos. Hay en él varios textos magistrales, ¡qué inconfundible es su voz literaria!



Monika Zgustova, La noche de Valia (Destino). El asunto del gulag y en general los campos de concentración es un tema muy tratado en la literatura actual, incluso la más comercial, pero la autora cuenta una historia única, que pudo conocer directamente.

Arno Surminski, Los pájaros de Auschwitz (Salamandra). Al hilo de lo anterior –el hartazgo de libros sobre holocaustos y totalitarismos–, cabe decir que hay excepciones, como esta novela bastante corta, fenomenal, tan original y sobria como impactante.

Román Piña Valls, El general y la musa (Sloper). Una novela muy ingeniosa que pone al general Francisco Franco viviendo en Mallorca y escribiendo un diario en 1933. El jazz, la presentadora Patricia Conde y personajes reales que vivieron en la isla se mezclan de modo genial.

Toni Montesinos Gilbert (Barcelona, 1972) es crítico literario del periódico "La Razón" y colaborador de revistas como "Clarín" y "Letra Internacional". Autor de las novelas Solos en los bares de noches (Mondadori, 2002) e Hildur (Paréntesis, 2009), y del libro misceláneo El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico (March Editor, 2005), ha publicado los libros de poesía: El atlas de la memoria (Eclepsidra, Caracas, 1998), Labor de melancholismo (Fundación Colegio del Rey, 2000), La ciudad gris (El Toro de Barro, 2001; La Isla de Siltolá, 2011), La muerte escondida (Caja de Ávila, 2004) y Sin (Huacanamo, 2010). Asimismo, ha recogido sus ensayos de poesía y narrativa, respectivamente, en Experiencia y memoria (Renacimiento, Sevilla, 2006) y Desarticulación (Metropolisiana, Sevilla, 2009), los de cine en Que toda la vida es cine (Literaturas Com Libros, 2013) y los de índole narrativo-norteamericana en el flamante La pasión incontenible (Pre-Textos, 2013). 

Mantiene el blog Alma en las palabras: http://almaenlaspalabras.blogspot.com.es/


20 abril, 2013

La eficiente máquina inútil


Allá por 1950 el humorista francés Pierre Dac imaginó un aparato que no servía para nada y, al mismo tiempo, podía servir para todo. Le puso un nombre (Schmilblick) y atribuyó su supuesta paternidad a los hermanos Jules y Raphael Fauderche

Como para demostrar que la sincronicidad es un fenómeno aplicable también a los inventos vanos, en abril de 1953 la agencia AFP anunció que un hombre de Los Ángeles, cierto Lawrence Walstrom o Wahlstrom, había logrado entre 1946 y 1952 la hazaña de montar una máquina de 700 o 750 piezas que no servía absolutamente para nada, salvo para que el señor Wahlstrom (aunque parece que es Walstrom, sin “h”) se pudiera “vengar del mundo mecanizado”. 



Según las informaciones de aquel tiempo, Walstrom bromeaba que su máquina (montada, entre diversas cosas, con restos de un bomba de la Segunda Guerra mundial) era un detector de platos voladores y prometía añadirle cincuenta piezas anuales sin perturbar su perfecto funcionamiento. 

En su apasionante biografía consagrada a Jacques Sternberg (L'Oeil Sauvage, ver este enlace), Lionel Marek recoge esta historia y cuenta que, fascinado por la "do-nothing machine", el escritor belga se pemitió entonces proponer un lema publicitario: “Este aparato es su doble. Obsérvelo funcionar y verá su vida en el espejo de lo absoluto”. 

La máquina sobrevivió a su propia inutilidad y hoy la conserva (o, al menos, hasta hace poco la conservaba) un tal Paul Freiling, al lado de otras curiosidades que pueden verse en esta página (enlace). Puede leerse en varios sitios que, tal vez para no ser menos creativo que Walstrom, el señor Freiling ha llegado a asegurar que halló, finalmente, un empleo para su "do-nothing machine". Sirve para agitar la bandera de Estados Unidos. Por qué no en señal de bienvenida a los platos voladores.
 

19 abril, 2013

Dime por qué escribes


Me entero por el blog de Miguel Ángel Muñoz (el "Síndrome Chéjov") que el escritor español Miguel Sanfeliú recoge en su blog "Cierta distancia" un cuestionario a diversos colegas en los que, entre otras cosas, les pregunta cuáles son sus costumbres a la hora de escribir, cuáles son sus preocupaciones temáticas, cuáles son sus autores o libros de cabecera y... para empezar, la pregunta del millón: "¿Por qué escribes?".

 Algunas respuestas a la pregunta:

"Por necesidad. Me ahogaría si no pudiera escribir." (Fernando Marías)

"Lo siento como una obligación. Siempre he creído que “debía hacerlo”. Para mí no es una fuente de placer. O, si ocurre, ese placer dura muy poco. Aunque, desde luego, me da una razón para seguir adelante." (Blanca Riestra)

"Porque me hace feliz, básicamente. Hace un tiempo te habría dicho: porque no puedo no escribir, pero ahora ya tengo una edad y son pocas las cosas que hago sin querer hacerlas". (Antonia Romero)

"Porque si no me lo hago encima. También para explorar las sombras del mundo, los ángulos muertos de la realidad, las preguntas que me persiguen. Y escribo porque es una apasionante aventura solitaria en la que disfruto y que me permite ser muchos otros e incluso descubrirme a  mi mismo." (Guillermo Busutil)

"Quizá para elaborar al gusto de uno mismo -y en las proporciones adecuadas- ese antídoto contra el veneno de la realidad que es la ficción. Para tener un asidero, sentir que la vida no ha sido, después de todo, una cáscara vacía. Tal vez escribo porque pienso, con Wallace Stevens, que el mundo imaginado es el bien definitivo". (Ángel Olgoso)


 



18 abril, 2013

Preguntas y respuestas



Una novela que solo fuera el ejemplo gramatical que ilustra una regla –incluso acompañada de su excepción– sería naturalmente inutil: bastaría con el enunciado de la regla. Aun reclamando para el escritor el derecho a la inteligencia de su creacion, e insistiendo sobre el interés que presenta para sí mismo la conciencia de su propia búsqueda, sabemos sobre todo que es al nivel de la escritura que se efectúa esta búsqueda, y que no todo está claro en el instante de la decisión. Así, luego de haber indispuesto a los críticos hablando de la literatura con la que sueña, el novelista se siente a menudo desprovisto cuando esos mismos críticos le exigen: «Explíquenos entonces por qué ha escrito este libro, qué significa, qué quiere hacer, con qué intención ha empleado esa palabra, construido esa frase de tal manera».
 
Frente a semejantes preguntas, se diría que su «inteligencia» ya no le presta ningún auxilio. Lo que quiso hacer es únicamente ese libro. Eso no quiere decir que siempre esté satisfecho con él; pero la obra sigue siendo, en todos los casos, la mejor y la única expresión posible de su proyecto. Si hubiera tenido la posibilidad de dar una definición más simple, o de reducir sus doscientas o trescientas páginas a algún mensaje en lenguaje claro, de explicar palabra por palabra su funcionamiento, en suma, de dar su razón, no habría sentido la necesidad de escribir el libro. Puesto que la función del arte no es jamas ilustrar una verdad –ni siquiera un interrogante– conocida de antemano, sino plantear al mundo preguntas (y tambien, quizá, llegado el momento, respuestas que no se conocen aún a sí mismas).

Alain Robbe-Grillet, "Por una nueva novela"

16 abril, 2013

Las "Notas" de Li Yi-chan


Ya he hablado en este blog del "Libro de la almohada" de Sei Shonagon y me detuve, también, en las listas que abundan en él (acá) y que tanto influyeron no solamente en Urabe Kenko sino en autores más cercanos en el tiempo como, por ejemplo, Georges Perec: listas de «cosas elegantes», «cosas deprimentes», «cosas desagradables», «cosas que suscitan una profunda memoria del pasado», «cosas que deberían ser de gran tamaño» (y, al revés, que deberían ser reducidas), «cosas que dan una sensación de limpieza» (o, al contrario, de suciedad), «cosas presuntuosas», «cosas encantadoras », etc.

Aunque se piensa que Sei Shonagon fue la inventora o fundadora de estas listas-repertorio, lo cierto es que su precursor en la materia fue un escritor chino llamado Li Yi-chan, que nació en 813 y murió alrededor de 858.



Existe una edición francesa de las "Notas" de Li Yi-chan (editorial Le Promeneur), notas que en chino se llaman "tas ts'uan", según explica Pascal Quignard en el prólogo, y en japonés "zassan".

Con traducción al francés de Georges Bonmarchand (la traducción data de 1929 y fue el propio Bonmarchand el "descubridor" en Occidente de estas "Notas"), la edición trae cuarenta y dos listas, desde la primera que se titula "Los que con certeza no vuelven" (El perro que llamamos bastón en mano; El jornalero que partió tras haber robado) hasta la última: "Prohibiciones".

Una buen ejemplo de lo que hace Li Yi-chan es la lista con las "Cosas que no combinan bien", donde enumera, por ejemplo, "La pobreza y un persa", "Un médico enfermo", "Jóvenes que no saben beber", "La delgadez y un luchador", "Un maestro que no sabe escribir" o "Un venerable anciano entrando en un prostíbulo".

Las "Notas" de Li Yi-chan incluyen, entre otros listados, el de las "Cosas inoportunas" (En una cena, preguntarle al huésped cuánto le costo la comida), las "Cosas vanas" o las "Cosas inadmisibles" (El militar o el pueblerino que se obstina en emplear expresiones literarias), pero también listas con parecidos, con inconvenientes o con actos que denotan obstinación.


15 abril, 2013

El seguro y el crédito

A primera vista, el seguro y el crédito son dos figuras antinómicas de la economía, dos modos opuestos de relación con el porvenir. Me aseguro contra todos los riesgos de la vida; si estoy asegurado, nada grave puede sucederme (...). Por el contrario, el crédito está abierto al porvenir. Vivir a crédito es tener confianza en la vida, tomar riesgos, escuchar nuestros deseos, satisfacerlos y pagar más tarde (...) El crédito, en este sentido, es lo contrario de la inversión que "rinde" a término, es el gasto diferido. Lo contrario o la otra faz, puesto que hay prestamistas que venden el crédito a los prestatarios. 

Incluso en términos psicológicos, las cosas son menos simples. Asegurarse no es eliminar los accidentes de la vida, es darse los medios financieros para enfrentarlos. Es imaginar de antemano una vida sobrecargada de acontecimientos unos más catastróficos que los otros, una vida donde se está siempre bajo la amenaza de un accidente de auto, de un robo o de una enfermedad. La vida teórica del asegurado es una vida de aventurero. Uno nunca está asegurado contra el aburrimiento. Como contrapartida, el crédito es más bien una prefiguración peligrosamente concreta del porvenir. Al satisfacer de inmediato el deseo, el crédito lo elimina de la visión, lo consume, lo consuma. Mata por partida doble la imaginación al ponernos bajo los ojos la mediocridad de nuestros deseos de porvenir. Un auto, una casa, desde el momento que dejan de ser una idea o un proyecto, entran en el dominio de la dura realidad cotidiana. Ya no es necesario soñar, sino administrar... y pagar el crédito.

Marc Augé, "Futuro" (Adriana Hidalgo Editores, traducción de Rodrigo Molina-Zavalía).


El pequeño pero fulgurante libro de Augé integra una colección creada por la editorial italiana Bollati Boringhieri. La colección de llama "I sampietrini" y en ella una serie de autores ha ido recibiendo el encargo de escribir una reflexión de unas cien páginas en torno a una sola palabra, que es también el título de la obra: por ejemplo, "Democracia" por Gherardo Colombo, "Límite" por Serge Latouche, "Cultura" por Marc Aimé, "Televisión" por Carlo Freccero y "Vida" por Edoardo Boncinelli, entre otros.

13 abril, 2013

Escribir según Logan Pearsall Smith


El gran arte de la escritura consiste en hacer a las personas reales ante sí mismas mediante las palabras.

El estilo es una varita mágica: todo lo que toca lo convierte en oro.

Un best-seller es el sepulcro dorado de un talento mediocre.

Lo que me gusta de un buen escritor no es lo que dice, sino lo que susurra.



Autor secreto, nacido en Estados Unidos pero inglés hasta la médula, Logan Pearsall Smith (1865-1946) fue también editor, ensayista y antólogo. Llegó a ser amigo de Whitman,poco antes de que éste muriera. Estudio en Harvard y Oxford, aquirió la nacionalidad británica en 1913, fue admirado por Virginia Woolf (quien, al parecer, hizo de él uno de los personajes de Orlando) y agrupó toda su prosa, compuesta ante todo de epigramas y aforismos, bajo el nombre genérico de "trivia" o trivialidades.  Estas meditaciones en torno a la escritura literaria fueron tomadas de Todas las trivialidades (Trave, Oviedo, 2010), con traducción de Héctor Blanco y prólogo de Emilio Quintana.

12 abril, 2013

Contra el tiempo



Después de Cazadores de letras. Minificción reunida, que se editó en España en 2009 y que tuve el honor de presentar en "Tres rosas amarillas" junto con la autora y con Eduardo Becerra, la misma editorial Páginas de Espuma lanza  ahora Contra el tiempo, una antología de relatos (no micros) de Ana María Shua que estuvo a cargo de otra gran cuentista: la también argentina Samanta Schweblin.

Ana Shua estará la semana próxima en Madrid, promoviendo el libro. 

El martes 16 de abril habrá una charla pública entre Schweblin y Shua, a las 19:30, en Casa América de Madrid. Y un día más tarde, miércoles 17 a las 20:00, en la fantástica librería La Central de Callao (Postigo de San Martín, 8) habrá una lectura-homenaje a Shua. Hablarán Clara Obligado, Carmen Valcárcel y Juan Casamayor. Y varios autores leerán textos suyos, entre ellos Isabel González, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Eva Díaz Riobello e Isabel Wagemann.

11 abril, 2013

Racional, un c...



Para terminar (el menos por el momento) con esto de los ejercicios de estilo, hablaré de un libro que conocí gracias a Marta Macho Stadler, de la universidad del país vasco.

Se llama Rationnel mon Q (otro juego de palabras difícil de traducir ya que "mon Q" suena a "mon cul"... todo un exabrupto en francés), fue publicado en 2010 por Ludmila Duchêne y Agnès Leblanc,  y presenta una serie de ejercicios de estilo que prueban la irracionalidad de la raíz de 2, cosa que estoy totalmente incapacitado para desmentir.

Los 65 ejercicios van desde el haiku o la "monofrase" hasta las páginas amarillas de la guía telefónica. Y está lleno de guiños a procedimientos o "contraintes", a escritores y a diversas obras de artes.

Nada más pertinente que la mezcla de matemática y literatura para hacer un libro que rinde tributo a Queneau y, de paso, al Oulipo. Pero lo mejor que puedo hacer yo es enlazar con el sitio donde  Macho Stadler presenta, en forma detallada, este libro:  http://bit.ly/YtYN50 


10 abril, 2013

Cómo decirle adiós




Otro libro que renueva la herencia de los ejercicios de estilo de Raymond Queneau es el muy ingenioso y divertido "Cómo decirle adiós", de la francesa Cécile Slanka.

Se trata de cien maneras diferentes de decirle adiós a un amante. O, si se prefere, cien maneras diferentes de redactar una nota de despedida.

Vaya milagro, el libro fue traducido al castellano por Julieta Carmona Lombardo, en 2008, para el editorial El Aleph. Y en la misma página de la editorial me encontré dos muestras de las versiones traducidas:

Con cojones

Carole,
Nunca pensé que me iría de tu casa dejándote sólo una notita pero ya ves, soy un cobarde, no tengo cojones como me dices siempre, así que me resulta imposible decirte a la cara hasta qué punto me los tocas.
Ciao bella, la vida será más dulce sin ti. Bernard

Mordaz


Ay amor mío,
Esta carta es para decirte que te dejo. No sé si algún día lograré olvidar el incomparable tacto de tu piel, el inigualable encanto de tu sonrisa, la perfección de tu busto, el increíble contorno de tus piernas, la genialidad de tus reflexiones, el atractivo de tu conversación, los innumerables talentos que te caracterizan y la divina perfección de tus abrazos, pero me parece que Jean-Pierre podrá ayudarme. Corinne

09 abril, 2013

Otros ejercicios de estilo


La influencia de los Ejercicios de estilo de Raymond Queneau fue tal que en las décadas siguientes se publicaron diversos libros que emplean el mismo principio general de las variaciones.

Están los homenajes más o menos explícitos como Les nouveaux exercices de style. Quelques variations sur un thème de Raymond Queneau,  de Bernard Demers (1991). Y hay quienes, como Stéphane Tufféry o Lucien d'Azay,  escribieron en los años 90 sendos libros con nuevos ejercicios en los que parodiaban sobre todo el estilo de otros escritores: desde Marguerite Duras hasta  Jean Echenoz.

Las secuelas no terminan allí, sin embargo.

Un autor llamado Emmanuel Aquin publicó una versión "erótica" llamada La Chambranleuse. Sexercices de style (Québec, Editions Point de fuite, 2000).

Y un integrante de OuLiPo, el talentoso Hervé LeTellier, publicó dos de los que, al menos para mí, son los mejores libros en esta tradición: Joconde jusqu'à 100 y Joconde sur votre indulgence. Dos libros que desde sus títulos, un juego de palabras que funciona mejor en francés (algo así como Gioconda hasta cien y Gioconda con su indulgencia, que en su lengua original suenan casi a "Yo cuento hasta cien" o "Yo cuento con su indulgencia"), proponen diversas formas de mirar y describir el célebre cuadro de Leonardo da Vinci.

Por ejemplo, un fragmento del punto de vista del amante de los juegos por TV:

– ¿Señor Vinci ?
– Consonante.
– J. ¿Señora Lisa ?
– Vocal.
– O. ¿Señor Vinci ?
– Consonante.
– C. ¿Señora Lisa ?
– Vocal.
– O. ¿Señor Vinci ?
– Consonante.
– N. ¿Señora Lisa ?
– Consonante
– D. ¿Señor Vinci ?
– Vocal.
– E. ¿Señora Lisa ?
– Consonante.
– Y N.  Lo cual da como resultado : J - O - C - O - N - D - E - N. Treinta segundos...

 

08 abril, 2013

Ejercicios (inéditos) de estilo


 


Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau, es uno de esos milagros literarios que se producen cada tanto: una idea simple (tan simple que parece increíble que nadie la tuviera antes) que depara un libro único, determinante, inspirador. 

Publicado originalmente en 1947 (aunque Queneau había empezado a escribir estos textos años atrás, durante la ocupación nazi), el libro toma como punto de partida una anécdota callejera, un episodio sumamente trivial:
 Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre. Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.
 
A partir de esta situación básica, Queneau propone  una especie de "fuga literaria" (fuga en el sentido de Bach, claro); se trata de noventa y nueve maneras diferentes de contar lo mismo. Las variaciones son reveladoras porque Queneau opta por estilos y figuras retóricas muy disímiles.  Desde una narración  clásica como la que acabo de consignar ("Relato") hasta textos cuyos títulos dan una idea bastante clara: "Retrógrado", "Interjecciones", "Zoológico", "Anagramas", "Impefecto", "Alejandrinos", "Verso libre", "Punto de vista subjetivo", "Propaganda editorial", "Interrogatorio".

 Como ejemplo, véase "Ignorancia":

Yo, no sé qué quieren de mí. Pues sí, he cogido el S hacia mediodía. ¿Que si había gente? A esa hora, por supuesto. ¿Un joven con sombrero de fieltro? Es muy posible. Aunque yo no miro descaradamente a la gente. Me importa un pito ¿Una especie de galón trenzado? ¿Alrededor del sombrero? Comprendo, una curiosidad como otra cualquiera, pero, desde luego, no me fijo en eso. Un galón trenzado... ¿y se habría peleado con otro señor? Cosas que pasan. Y, además, ¿tendría que haberlo vuelto a ver otra vez una o dos horas más tarde? ¿Por qué no? Hay cosas aún más raras en la vida. Precisamente, recuerdo que mi padre me contaba a menudo que...



La última edición de los Ejercicios..., publicada por Gallimard en su muy popular colección de bolsillo Folio, incluye numerosos textos inéditos. Entre ellos, una versión "epistolar", un haiku, una versión que presenta los hechos como si se tratara de un juego de mesa (con dos dados y un tablero), una versión "ciencia ficción" con plato volador y una versión que calca la forma de los problemas lógico-matemáticos.
 
El libro se completa con dos anexos extremadamente curiosos. Por un lado, las "variaciones publicitarias" que el propio Queneau escribió allá por 1950 para un programa de radio: textos pensados para promover el champú Dop o un medicamente tranquilizante llamado Olympax. Por otro lado, una lista de "posibles" ejercicios de estilo, lista que por cierto ya se había publicado en algunas reediciones de los años sesenta y setenta. Allí, entre las ideas que apunta Queneau, encontramos: nervioso, angustiado, caligrama, ficha de lectura, carta de rechazo, adivinanza, enigma, crítico literario, crítico teatral, paranoico, borracho, palabras cruzadas, aliteración, advervbios, proverbios, fábula, oxímoron, sociológico e infantil, entre otros.

Toda una invitación a jugar el juego...

07 abril, 2013

Instrucciones para no tomar el ascensor



El ascensor fue un gran invento; sin él no hubiese sido posible la aparición de los rascacielos, y nos basta trepar con nuestro equipaje por la empinada escalera que lleva a la buhardilla donde nos ha invitado nuestro amigo bohemio de París, para eliminar cualquier duda sobre la contribución de este aparato a la calidad de vida cotidiana. Pero la aparente comodidad del ascensor ha relegado a la escalera a un papel puramente alternativo para el caso de avería o accidente. La escalera queda tan marginada y es tan poco atractiva que no se utiliza ni para bajar un par de plantas (...) Ya nadie, y los norteamericanos menos que nadie, quiere subir escaleras; por eso, en las deprimentes salas de musculación de los gimnasios, entre otros complejos y siniestros aparatos ha aparecido una máquina para obligarlos a realizar exactamente los mismos ejercicios que harían subiendo escaleras. O sea: suben al gimnasio –que obviamente está situado en un penthouse– esperando impertérritos el ascensor y, una vez allí, se ponen a subir escaleras virtuales en una máquina. 

Oscar Tusquets Blanca, "Todo es comparable" (Compactos Anagrama)

05 abril, 2013

Los escritores y la vergüenza pública





Mortification: Writers' Stories of Their Public Shame es un curioso libro editado por Robin Robertson en el que varios escritores de lengua inglesa (desde Colm Toíbín hasta John Lanchester, desde Margaret Drabble hasta Julian Barnes o William Trevor) cuentan historias personales de humillación, vergüenza, soledad o incomodidad producidas en el marco de alguna de sus apariciones públicas: firmas en ferias, charlas en festivales, lecturas, entrevistas.

John Banville evoca, por ejemplo, al misericordioso lector que se acercó y le dijo: "No vengo a comprarle un libro, pero lo vi tan solo en esta mesa que sentí ganas de charlar con usted" .Adam Thorpe rememora una catastrófica entrevista a Joseph Brodsky; Matthew Sweeney recuerda una  lectura en público que se volvió una pesadilla por culpa de un diente.

El escocés Alan Warner cuenta acerca de los nuevos vecinos que, al enterarse de que él era escritor, decidieron comprar uno de sus libros y pedirle que lo dedicara. Pequeño detalle: los vecinos adquirieron el libro de un homónimo. Es decir, de otro Alan Warner. Y el "verdadero" Warner, en un exceso de gentileza, decidó firmar para no decepcionarlos ni ponerlos en evidencia.

Algunos casos son realmente desafortunados, como el de Jonathan Coe obligado a arrastrarse por el suelo de un estudio de TV, en medio de un programa en vivo, para pasar bajo las cámaras y no perderse un avión. Como el de Rick Moody ofreciendo (por culpa de un error en la programación) una lectura en público para una sola persona: su madre. O como el de un joven André Brink que al fin consigue charlar a solas con cierto editor y, convencido de que así conquistará su complicidad, suelta un comentario algo irónico acerca de una mujer en la otra punta de la sala. "Es mi esposa", responde el editor.

04 abril, 2013

Los filósofos y los ricos

Diógenes de Sinope ("el cínico")

-¿Por qué son los filósofos los que van tras los ricos y no al contrario? -le preguntó alguien a Diogenes en tono de burla.

-Porque los filósofos saben lo que necesitan y los ricos no -respondió el filósofo, grave pero irónicamente.

Diógenes, el cínico (siglo IV antes de Cristo), citado por Francis Bacon en Advancement of Learning.

03 abril, 2013

Los dos mapas del mundo



Valery LARBAUD 

Hay una gran diferencia entre el mapa político y el mapa intelectual del mundo. El primero cambia de aspecto cada cincuenta años; está cubierto de divisiones arbitrarias e inciertas, y sus centros preponderantes son muy móviles. El mapa intelectual, por el contrario, se modifica lentamente, y sus fronteras presentan una gran estabilidad (...) De ahí que la política intelectual no tenga casi ninguna relación con la política económica.

Valery Larbaud, "Ce vice impuni, la lecture" (páginas 34 y 35 de la vieja edición de Gallimard, 1936)

02 abril, 2013

La segunda fila

Las obras de segunda fila de un gran escritor merecen ser leídas porque brindan la mejor crítica de sus obras maestras. Aquí sus dificultades son más aparentes y el método que empleó para superarlas no está disimulado con tanto ingenio.

Virginia Woolf, "El lector común" (en el texto consagrado a Jane Austen)