10 mayo, 2013

Recompensas






El movimiento estudiantil no había sido popular en mi barrio ni en mi escuela. La hipótesis de que mi padre hubiera muerto por esa causa lo asociaba a un misterio delictivo. Sin embargo, con los años, el movimiento ganó prestigio y sus protagonistas fueron vistos como víctimas. A partir de entonces pensé que eso me daba derechos especiales. Cuando sonaba el timbre del departamento, imaginaba a un mensajero del gobierno con una televisión a colores por tener un caído en Tlatelolco.

Sólo una vez me beneficié de esa tragedia. De algún modo, el maestro de civismo se enteró de la desaparición de mi padre. Me puso 10 sin mérito alguno. La recompensa me molestó. No quería un 10 en civismo. Quería que el gobierno me diera una televisión.

Fragmento de Arrecife, la última novela de Juan Villoro (Anagrama), que transcurre en un singular hotel fundado por un personaje llamado Mario Müller (ex integrante de la banda de rock Los Extraditables) donde los turistas, gringos y europeos en su mayoría, son invitados a disfrutar del miedo. "No vendemos tranquilidad", explica Müller. Los turistas están "cansados de una vida sin sorpresas" y necesitan sobresaltos a fin de sentirse vivos: secuestros, disparos, actores que actúan de guerrilleros, naturaleza salvaje, accidentes...  Una variante del turismo de riesgo y de los pasatiempos extremos; una variante sencilla porque aquí no hace falta ser un piloto de pruebas para sentir los placeres del miedo. "Lo que para nosotros es horrible, para ellos es un lujo", pone Villoro en labios de Müller. "El tercer mundo existe para salvar del aburrimiento a los europeos".