21 mayo, 2013

Cuentistas y novelistas



Según se cuenta, sin dudas de modo apócrifo, en 1872, justo después de publicar Guerra y paz, Lev Tolstoi  despertó de una pesadilla gritando: "¡Una regata, una regata!" (en ruso, suena algo parecido a "¡Párusnaya regátta!"), consternado porque había olvidado incluir ese ítem en su vasta novela: su única omisión en todo aquel panorama de la actitividad humana durante el siglo diecinueve.

Sea verdadera o no la historia, suena a mis oídos como el mal sueno de un novelista y no de un cuentista. Ya que la novela tiende a la inclusión y el cuento a la exclusión, resulta obvio decirlo, si se admiten a la vez cantidad de excepciones en ambos campos: novelas minimalistas y cuentos no tan cortos y maximalistas. Tomando en cuenta estas excepciones, podemos generalizar que los cuentistas por lo común, desde Poe hasta Paley, tienden a ver cuánto pueden dejar fuera, mientras que los novelistas por lo comín, desde Petronio hasta Pynchon, tienden a ver cuánto pueden poner dentro.

John Barth, "It's a Short Story" (breve ensayo incluido en Further Fridays, una de sus recopilaciones de artículos y textos teóricos)