06 enero, 2013

Dictation



En su espléndido relato "Dictation" (2008), la estadounidense Cynthia Ozick pone en escena a las dactilógrafas de Henry James y Joseph Conrad, quienes se conocen un poco por azar, discuten al principio acerca de cuál de sus jefes es "el mayor escritor de la época", pero se hacen después amigas o, más que eso, audaces cómplices, ya que urden un plan inquietante: intercambiar una frase de The Jolly Corner (James) por una de The Secret Sharer (Conrad).

El cuento mezcla realidad y ficción, apoyándose en hechos innegables. Conrad y James se encontraron en más de una oportunidad. Jessie Conrad asegura que la primera vez fue en 1897: Conrad fue a almorzar a la casa que James tenía en DeVere Gardens, Londres, y regresó con un ejemplar de Los despojos de Poynton. Miraba con emoción, cuenta su esposa, la "cariñosa dedicatoria" escrita por James. "Dictation" parece basarse en el segundo encuentro, una tarde de junio de 1901, en cierta casa suburbana que James tuvo en Rye, y resume así los mutuos sentimientos entre los dos escritores, de estilos tan diferentes: para el más sobrio y perfeccionista James, Conrad era -escribe Ozick- "un matorral de incontrolada profusión"; para el más desmesurado Conrad (que, de acuerdo con Madox Ford, se apresuraba para poner punto final a sus textos), los personajes de James eran "demasiado acabados", tan tallados que podían a veces parecer de piedra.

La dactilógrafa y secretaria de James (Theodora Bosanquet) no solamente existió y asistió al "Maestro" hasta su muerte en 1916, sino que además publicó un breve libro de memorias (Henry James at Work, 1924) que, a todas luces, fue una de las mayores fuentes que empleó Ozick. En cuanto a la dactilógrafa de Conrad, Lilian Hallowes, en ocasiones llevaba al hijo mayor, Borys, a la escuela y solía decir -según Jessie en sus memorias- que al morir le encontrarían "varios manuscritos grabados en el corazón".

La elección de Ozick dista de ser inocente: Conrad y James fueron, sin discusión alguna, dos autores bisagra entre los siglos XIX y XX, acaso los dos novelistas que más influyeron en la narrativa moderna, no únicamente en lengua inglesa. Que ambos empleasen dactilógrafas puede entenderse como un detalle bien aprovechado por Ozick, pero también como un signo de sus tiempos e incluso como un emblema de sus novedades técnicas, fundamentales en el campo del enfoque narrativo.

Son diversos los paralelos que pueden trazarse entre James y Conrad, dos extranjeros que adoptaron Gran Bretaña y acabaron adoptados por ella. Maestros en un método que Madox Ford tilda en su libro de "impresionista", tuvieron el mismo agente literario (James Brand Pinker) y uno y otro desarrollaron lo que el crítico Ian Watt describió como "el abordaje narrativo indirecto por medio de la inteligencia y la sensibilidad de uno de los personajes".

Harold Bloom considera que James y Conrad fueron, sin lugar a dudas, los novelistas cuya sombra más perduró en el siglo XX. Pero Bloom piensa, asimismo, que la originalidad de Conrad es más perturbadora que la de James, y que tal vez esto ayuda a entender "por qué fue Conrad, no James, la figura más influyente para la generación de novelistas estadounidenses que incluyó a Hemingway, Fitzgerald y Faulkner". Los universos de Fiesta, El gran Gatsby o Mientras agonizo provienen de El corazón de las tinieblas y de Nostromo más que de Los embajadores o de La copa dorada, ha escrito Bloom. Un personaje como el Darl Bundren de Faulkner es innegablemente conradiano porque, siempre según Bloom, "lleva el impresionismo al corazón de las tinieblas, consciente de que apenas somos un flujo de sensaciones con la mirada puesta en un flujo de impresiones".

En su Borges, Bioy Casares cita varias reflexiones del autor de "El aleph" acerca del que era, acaso, su novelista preferido. Dice que a Conrad, como a Kipling, le gustaba "describir ambientes muy alejados de las letras", rasgo que lo aparta de James. "Sospecha que Conrad durará más que Henry James", según un apunte de octubre de 1962. Y discute con Bioy acerca de las diferencias sustanciales entre ambos:

Borges: -En James, lo visual es magro. Importan la situación y las relaciones.

Bioy: -Salvo en The Turn of the Screw.

Borges: -¿Qué la parecerían a Conrad los cuentos de James?

Bioy: -Le parecerían abstractos y un poco falsos. Conrad es visual.

Borges: -Visual de un modo no deliberadamente decorativo. Todo parece real ?y necesario.

Algo semejante afirma Madox Ford en su remembranza. Novelista nato, Conrad se destaca a la hora de "transmitir la sensación de lo inevitable". Y, como ocurre en el caso de su muy apreciado Turgueniev, la prosa resulta concreta y "poco afectada", pues uno de sus axiomas era que el buen estilo "empieza con una palabra fresca, usual, y continúa con palabras frescas y usuales hasta el final". Si "el mar de Conrad es más verdadero que el mar de cualquier otro escritor", razona Ford, esto se debe a que Conrad supo evitar los tecnicismos.

3 comentarios:

Viviana dijo...

Precioso.

El Gato dijo...

Según creo recordar, Leon Edel cuenta que lo que llevó a James a contratar un secretario a quien dictarle fue la necesidad económica: se había metido en gastos con una nueva mudanza y tenía que escribir más rápido que lo habitual para poder cumplir con sus deudas y solventar los gastos. James dictaba y luego corregía a mano lo tipiado en una suerte de edición final. Según Edel, es, en parte, consecuencia de este método el estilo del James tardío (el posterior a 1890, digamos); el mejor para mí, aunque alguno de sus traductores -el impecable Carlos Gardini, por caso- lo encuentre "endemoniado".

Un saludo, Eduardo.

Eduardo Berti dijo...


Muchas gracias por los dos comentarios. En el caso de Conrad, querido Gato, creo entender que la decisión de contratar a una dactilógrafa tuvo que ver, entre otras cosas con asuntos de salud. A Conrad le costaba escribir a veces a mano porque sufría de gota, según cuentan. Al principio fue su esposa Jessie la que tipiaba. Pero en 1903 o 1904 ella sufrió una grave caída, se lastimó una rodilla (que luego hubo que operar) y ya no tuvo tanto tiempo para ser quien tipeaba.