30 octubre, 2012

Fútbol, ajedrez y dados


"El fútbol es como el ajedrez, pero sin dados" 
(Lukas Podolski, jugador de fútbol, en una entrevista con Spiegel)


 "Llegará un día en el que, en ajedrez, ganará siempre el que juegue con blancas. En el ajderez no hay lugar para el azar. Es un juego, en el fondo, simple. Todas las partidas de ajedrez ya están, de hecho, escritas en alguna parte. En fútbol nunca llegará ese dúa porque el fútbol es, en el fondo, un juego complejo. Por ello, y por si acaso, el "ajedrez con dado" hace tiempo que se ha inventado".
(Jorge Wagensbgerg, Ideas para la imaginación impura. Metatemas, Tusquets Editores)

Ajedrez con dados (¿tenía razón Podolski?): http://brainking.com/es/GameRules?tp=95

27 octubre, 2012

El país imaginado por Edmundo Paz Soldán

Agradezco mucho a Edmundo Paz Soldán, excelente escritor, la cuidadísima lectura de mi última novela. Su texto fue publicado en el diario La Tercera, de Chile, y también en el siempre muy recomendable blog de Paz Soldán en Boomerang (aquí)


Entre las tantas cosas que les debemos a los modernistas se encuentra la fascinación por el Oriente. El culto a las “japonerías” que aparece en la obra de Rubén Darío o Juan José Tablada fue importado –como varias otras marcas claves del modernismo— de Francia, que deliraba por el arte asiático en la segunda mitad del siglo XIX. En las crónicas de sus viajes por Sri Lanka (entonces Ceilán) o Vietnam, Enrique Gómez Carrillo no sabía que iniciaba un largo romance de la literatura latinoamericana con ese mundo que solemos ver como etéreo, fantasmal (“Los mismos espíritus de los muertos, cuando vuelven a pasearse por la ciudad, se detienen en las puertas de las fumerías [de opio] en cuanto perciben el perfume de la buena droga”, escribió el guatemalteco hace un siglo).

El país imaginado (Emecé/Impedimenta), del argentino Eduardo Berti, participa de esa fascinación. Esta magnífica novela, reciente ganadora de la segunda edición del premio Las Américas 2012, convierte ciertos tópicos sobre el Oriente en puntos de partida para una indagación sobre la naturaleza de las tradiciones y la forma en que el ser humano se enfrenta a ellas para preservar su independencia. Hay serios riesgos en el uso de los tópicos; es difícil eludir el “orientalismo” --la exotización de las culturas orientales por parte de escritores y artistas de Occidente— cuando se narran historias ambientadas en esos paisajes. Berti es consciente del reto y lo asume: El país imaginado habla de una exótica tradición china –casarse con los muertos-- de la manera más realista posible, tratando de evitar prejuicios y estereotipos. Inevitablemente, pese a las buenas intenciones, algo de ese “orientalismo” se cuela en la narración. 

El país imaginado, ambientada en la China en un período comprendido más o menos entre 1930 y 1950, es la historia de Ling, una adolescente de catorce años enamorada de Xiaomei, la hermosa mujer hija de un ciego. Ling es una narradora elegante, delicada, con una voz tan suave como hipnótica, que atiende al registro social –explica tradiciones chinas como jamás lo haría una adolescente china— tanto como a las fabulaciones de su abuela agonizante y a la sutileza de sus propias percepciones. Ella está, al igual que su hermano, limitada por la tradición: sus padres quieren casarlos con los hijos de un poderoso funcionario. La tensión de la novela gira entre el deseo de libertad de Ling, sus tímidos espacios de escape –suele ir al parque a pasear el mirlo de la abuela muerta, y se encuentra allí con Xiaomei--, y el peso de los rituales y las supersticiones de una China que todavía mira al pasado.

El país que fabula Berti dialoga con el mundo gótico de Tim Burton, sobre todo en las páginas dedicadas a una costumbre china de la época –extraida por Berti de un libro “orientalista” de Henri Doré--, la de los casamientos arreglados con muertos para lograr alianzas familiares con claro beneficio económico; la tradición podía ser pintoresca, pero tenía mucho sentido desde el punto de vista de la economía social china. El “casamiento fantasma” del hermano de Ling, y sus repercusiones en ella, son lo mejor de una novela llena de momentos superlativos: “Mi hermano se disponía a casarse con una mujer que no envejecería. Lo monstruoso de su boda era, acaso, este factor. El esposo envejecería, la esposa no. ¿Algo análogo iría a ocurrir con la imagen que yo conservaría de Xiaomei?” 

El “país imaginado” remite a los sueños y también a la muerte y a la creación literaria. Berti dice no haber escrito una novela sobre China, pero lo cierto es que ha escrito una novela sobre una China que nos concierte mucho, la de la imaginación, a la que retornamos con los interrogantes de siempre. Aun en clave realista, el Oriente sigue siendo etéreo, fantasmal.

(La Tercera, 20 de octubre 2012)  

26 octubre, 2012

Apariencia y realidad


 
En cierto sentido, todas las novelas tratan acerca de la diferencia que existe entre apariencia y realidad, o sobre el progreso que va de la inocencia a la experiencia, lo cual está muy íntimamente relacionado con la capacidad que tienen los seres humanos –e incluso con su propensión– de ocultar sus verdaderos pensamientos y sentimientos, de proyectar versiones de sí mismos que son parciales o ilusorias y de engañarse los unos a los otros. Los héroes y heroínas de la mayoría de las novelas están envueltos en un mundo social en el que el logro de sus metas requiere un constante reajuste de sus propias creencias, así como la correcta comprensión de los demás. Esto es algo que ilustran a las claras los primeros tres grandes novelistas en lengua inglesa –Defoe, Richardson y Fielding–, aunque de tres maneras muy distintas.

 David Lodge, "La conciencia y la novela" (Península, traducción de Miguel Martínez-Lage)

24 octubre, 2012

Glad Rag Doll


El último trabajo de Diana Krall pertenece a ese género que podría llamarse "antología arqueológica"; es decir, un cantante que realiza una investigación histórica en torno a un género o una época en particular y que, con el material reunido, plasma un disco conceptual que va más allá de una simple suma de standards. Algo por el estilo puede decirse de Fina estampa de Caetano Veloso, de Radio AM de Raly Barrionuevo o, ya en el campo de la poesía musicalizada, de Leave Your Sleep de Natalie Merchant, que rescata allí a autores como Charles Causley o Laurence Alma-Tadema.


El universo de Glad Rag Doll (el álbum número once en estudio de Krall, a casi 20 años de su debut con Stepping Out ) consiste en la música de principios del siglo XX, más precisamente las canciones de vodevil y swing de los años 20 y 30, además de estilos como el "stomp blues". El trabajo marca un corte en su obra, como en 2004 lo marcó The Girl in the Other Room , donde por primera vez (tras su casamiento con Elvis Costello y tras la muerte de su madre) Krall interpretó canciones de su autoría. El resultado, en este caso, es más expresionista y popular aún que su exitoso Quiet Nights (2009), dedicado a la música del Brasil.

Krall ha admitido que la colección de viejos discos de pasta de su padre es el profundo origen de Glad Rag Doll , así como el clima de las revistas musicales Ziegfeld Follies: equivalente estadounidense al cabaret europeo, sobre todo el Folies Bergère francés. Sin embargo, lejos está de caer Krall en la evocación nostálgica o en la "recreación". Es cierto que algunas canciones son versionadas en forma más clásica o desnuda (como las dos versiones de "Glad Rag Dog"), pero en varios temas, como "There Ain't No Sweet Man That's Worth the Salt of My Tears" (Fred Fisher), explora nuevos arreglos y sonoridades de la mano de su talentoso productor T-Bone Burnett, apoyada en una banda que encabeza el asombroso guitarrista Marc Ribot y que incluye ukelele, melotrón, banjo y dobro.

"Un disco de canción y baile", según ha dicho Krall. Y también una manera creativa de acercarse "como si hubiera sido escrito ayer" a un repertorio memorable (y, en muchos casos, olvidado) y a una serie de autores más o menos legendarios: desde el letrista polaco Jack Yellen, uno de los protagonistas de la historia de Broadway, hasta el pianista y compositor Harry M. Woods, que no tenía dedos en su mano izquierda y cuyos temas eran interpretados por Al Jolson.



El disco incluye, un poco fuera de programa, aquel clásico de Doc Pomus, "Lonely Avenue", que grabaron Ray Charles o Van Morrison y que Krall revive estupendamente. Otra versión acertada, donde convive el swing con la elegancia, es la de "I Used to Love You But It's all Over Now" que llegó a grabar Frank Sinatra. "When the Curtain Comes Down" no es el único pasaje que hace pensar en Tom Waits (en cuya banda dio sus primeros pasos Marc Ribot). Y en varias canciones como "Wide River To Cross," (de Julie and Buddy Miller, artistas contemporáneos, "infiltrados" en este repertorio) aparece Costello, que en los créditos es mencionado como Howard Coward. Desde luego, Krall resulta magnífica al piano: en este caso, un antiguo Steinway de fines del XIX. Basta escuchar "As Long a I Love" o "Garden in the Rain".

"Este disco está lleno de innovación y esa es su hermosa paradoja", ha dichoT-Bone Burnett en una entrevista. Acaso sea el sello de toda la obra de Krall: su luminosa mezcla de tradición y novedad.

Publicado originalmente en La Nación:
http://www.lanacion.com.ar/1519132-diana-krall-tradicion-y-novedad

22 octubre, 2012

Los chinos y el Nobel



Qian ZHONGSHU

Hace más de medio siglo, mucho antes de Mo Yan y Gao Xingjian, el escritor Qian Zhongshu (1910-1998) imaginó en un breve relato a un autor chino obsesionado por ganar el Premio Nobel, pero sin suerte con los "viejos sabios" del jurados, quienes no leen chino y deciden, para no complicarse la vida, que "no vale la pena interesarse en esos libros".

Un periódico chino se decepciona tanto cuando se conoce el nombre del laureado (que, por supuesto, no es el personaje del cuento) que decide atacar con violencia al presidente de los Nobel por haber renegado de su "origen": "Si es gracias a la dinamita que el viejo Alfred Nobel edificó su fortuna, es porque los chinos inventamos, primeros en el mundo, la pólvora", dice el periódico en su ficticia editorial. "Por lo tanto, el premio debería corresponderle legítimamente a un chino".

21 octubre, 2012

Presentación en San Sebastián



Este miércoles a las 19:30 es la presentación de mi última novela "El país imaginado" (Impedimenta) en la librería Zubieta de San Sebastián (Donostia): plaza Guipúzcoa 11. Estaremos la escritora Luisa Etxenike, el editor Enrique Redel y yo.

20 octubre, 2012

Una lectura de Mo Yan


Traducida hace poco al castellano, Rana cuenta la vida de Wan Xin: una ginecóloga y partera que se jacta de haber traído al mundo unos 10 mil niños. La historia es narrada por su sobrino, que desea convertirse en autor teatral, y tiene como destinatario a un profesor japonés de literatura en cuyas lecciones se reconoce la estética de Mo Yan : “No apresurarse, escribir con calma, igual que una rana cuando espera tranquilamente a los insectos”. La rana es también, en esta novela, símbolo de natalidad y procreación, juego de palabras (rana, muñeco y bebé se dicen wa en chino) e incluso leit-motif : ciertos personajes, ante una feliz noticia, se ponen “a croar como ranas”.

La acción empieza en los años 50 en la provincia de Shandong, en medio de una hambruna tal que los niños comen carbón. El hecho parece digno de ese realismo fabuloso que se le atribuye a Mo Yan, pero el autor (en su prólogo a otro libro: Shifu, harías cualquier cosa por divertirme) indica que es autobiográfico: “Cuanto más comía, mejor sabía esa cosa”. Uno sospecha que otros detalles de Rana que parecen fantasiosos también provienen de experiencias personales, como el niño que nunca vio un reloj y, tras ver el primero, resuelve pintarse uno en la muñeca.

Hija de un médico, la protagonista de Rana se enfrenta a los viejos métodos de las “abuelitas” comadronas hasta que llega el boom demográfico de los 60. Entonces, la tía partera, obedeciendo a los dictados del gobierno, colabora activamente con la nueva planificación familiar: pone anillos anticonceptivos y practica vasectomías a algunos hombres que intentan resistirse blandiendo un sable. «¿Por qué no puedo tener otro hijo», pregunta llorando una mujer. «Es la política nacional», le explican. ¿Cuál es el espacio para la voluntad individual en semejante sociedad? La tensión crece cuando la esposa del narrador queda embarazada por segunda vez; ella intenta ocultarlo, pero la descubren y la tía se pone firme: debe abortar por más que su gestación está avanzada. La novela concluye con la pieza teatral que el sobrino ha logrado escribir; en tal sentido, podría aventurarse que las prosas (las cartas al profesor japonés) “alumbraron” esta otra obra, que ocupa una quinta parte del libro. 

Rana retoma elementos típicos de Mo Yan: las penurias de las mujeres chinas (analizadas, sobre todo, en su novela Grandes pechos, amplias caderas), los profundos cambios que han sufrido los campesinos y aldeanos (Las baladas del ajo) , el narrador que busca “reunir material para una crónica familiar”, como en Sorgo rojo, acaso su obra maestra, y la tensión entre miedo y libertad. “El miedo es lo único que borra la idea de libertad”, escribe en Sorgo rojo.

La obra de Mo Yan abunda en supersticiones y tradiciones, en su mayoría rurales. Ciertas aldeanas creen que los bebés que nacen asomando una pierna traen mal augurio; un cocinero afirma que un piloto de avión “no puede tener ninguna cicatriz”  porque cuando alcanza alturas elevadas esta revienta y lo hace morir en el acto. En estas coloridas digresiones, Mo Yan parece vestirse de cuentacuentos. Pero no significa que sea cándido. En Sorgo rojo evoca que algunos municipios prohibían enterrar a niños muertos menores de 5 años y estos acababan a merced de los animales; en La república del vino, un investigador criminal se enfrenta a un posible caso de canibalismo y la novela abunda en sexo, comida, bebida e ingenio popular: un tramo de carretera se halla especialmente en mal estado porque, gracias a esos baches, los lugareños recogen los trozos de carbón que caen de los camiones al salir de las minas.

Ambientada en los años 30, en plena invasión japonesa, Sorgo rojo es más impresionista, de cronología rota y tono elevado, en notorio contraste con el salvajismo de varias escenas: un hombre desollado vivo y descuartizado, otro que muere al recibir un terrible golpe en el cráneo. “En momentos como éste, vivir y morir son la misma cosa”, dice un personaje. Otro prefiere: “Nuestras vidas con lo único que se interpone entre los japoneses y nuestra aldea” La violencia se disemina, se complica y todos pelean contra todos : japoneses, chinos colaboracionistas, diferentes facciones de resistentes que se roban entre sí las armas… Hasta hay una batalla entre perros y humanos. 

Sorgo rojo incluye escenas de antología: dos niños abandonados en un pozo cuando llegan las tropas enemigas o una bonita novia transportada en  “palanquín nupcial” hasta la casa del marido (rico y leproso) que le ha impuesto su padre. Los porteadores, aburridos, le piden a la “noviecita” que cuente algo. Como ella se niega a hablar, se ponen a sacudir el palanquín. La novia intenta no vomitar, pero es en vano. Avergonzada, asoma un pie y la visión deja embobados a los hombres. Metros después, la novia está espiando el sudor y los músculos de los porteadores cuando un asaltante intercepta el palanquín e intenta abusar de ella. Los porteadores matan al bandido y empieza a llover. “La lluvia dibujó un tatuaje sonoro sobre el palanquín”, leemos. La novia puede protegerse de la lluvia con una cortina. Pero no lo hace. “La abertura de la litera –escribe Mo Yan con su intensidad característica– le dejaba ver algo del mundo exterior en todo su caos y su turbulencia”.

Publicado originalmente en ADN:  http://www.lanacion.com.ar/1518461-una-obra-que-se-alimenta-de-la-supersticion-y-la-tradicion-rural

19 octubre, 2012

Escribir según Jorge Volpi


Leer, han sugerido algunos, es un acto de cooperación entre el autor y el lector, entre el lector y el texto. Yo lo veo más como un combate cuerpo a cuerpo. De forma instintiva, incontrolable, el lector siempre intentará adivinar lo que el segundo ya ha escrito. Prevenido frente a esta curiosidad insaciable –a esta manía del cerebro por prever el futuro–, al escritor le quedan dos opciones: conformarse con entregar a su público justo lo que se espera de él –la solución de best sellers y telenovelas– o tratar de pillarlo por sorpresa en cada instante por medio de giros imprevistos, de soluciones inesperadas, de riesgos estéticos inéditos: la decisión de los profesionales del suspenso y de los verdaderos artistas.


La literatura parece degradarse cuando persigue un fin concreto, cuando soporta una ideología explícita. Porque cualquier ideología es, de entrada, una forma excluyente de otras variedades de pensamiento. Cuando no descansa en un dogma, la ficción nos permite, por el contrario, ensanchar nuestra idea de lo humano. Con ella no sólo conocemos otras voces y otras experiencias, sino que las sentimos tan vivas como si nos pertenecieran.

Jorge Volpi, dos pasajes de Leer la mente (Alfaguara, 2011)

18 octubre, 2012

Hal David


Hal David murió el pasado 1 de septiembre de 2012, en Los Ángeles, a la edad de 91 años. Creció en Brooklyn y fue uno de los mejores letristas de la música popular del siglo XX. La dupla que conformaba con Burt Bacharach escribió temas imborrables como "The Look of Love", "I Say a Little Prayer" (inmortalizado por Aretha Franklin), "I'll Never Fall in LOve Again", "(They Long to Be) Close to You", "Raindrops Keep Fallin' on My Head" o "Do You Know the Way to San Jose?"

Parte de las canciones fueron escritas originalmente para Dionne Warwick, como la famosa "Walk on By", que Warwick cantaba así en 1964, según este raro clip filmado en los techos de la Maison de la Radio de París:


En la nube



Entrevista en el programa de radio "En la nube" (RNE 3) acerca de mi novela "El país imaginado", que acaba de editarse en España (Impedimenta).


16 octubre, 2012

Lo inefable


Aldous HUXLEY


La ambición del literato es hablar sobre lo inefable. comunicar en palabra  aquello para lo que las palabras no están destinadas. Porque todas las palabras son abstracciones y designan aquellos aspectos de una clase dada de experiencias que se reconocen semejantes. Los elementos de la experiencia únicos, aberrantes y que difieren de lo corriente se ubican fuera del limite del lenguaje común. Pero son precisamente estos elementos de las más privadas experiencias del hombre lo que aspira a comunicar el literato. La lengua común no se adecua en absoluto a este fin. Por lo tanto, todos los literatos deben inventar o recurrir a cierta especie de lenguaje inusitado que sea capaz de expresar, al menos parcialmente, esas experiencias que el vocabulario y la sintaxis del discurso ordinario no pueden transmitir de modo tan evidente. Donner un sans plus pur aux mots de la tribu (darle un sentido más puro a las palabras de la tribu):  esa es la tarea que se le impone a todo escritor serio; porque sólo mediante una inusitada combinación de palabras purificadas pueden nuestras más privadas experiencias recrearse, en cierto modo, a nivel simbólico y, de esa manera, hacerse públicas y comunicables en toda su sutileza y su plurifacética riqueza. Y aun así, aun en el mejor de los casos, ¡cuán imposible es la tarea del escritor!

Aldous Huxley, "Literatura y ciencia"

15 octubre, 2012

Otra versión de Dulcinea

Marco Denevi

Leyó tantas novelas que terminó perdiendo la razón. Se hacía llamar Dulcinea del Toboso (en realidad se llamaba Aldonza Lorenzo), se creía princesa (era hija de aldeanos), se imaginaba joven y hermosa (tenía cuarenta años y la cara picada de viruelas). Finalmente se inventó un enamorado al que dio el nombre de Don Quijote de la Mancha. Decía que Don Quijote había partido hacia remotos reinos en busca de aventuras y peligros tanto como para hacer méritos y a la vuelta poder casarse con una dama de tanto copete como ella. Se pasaba todo el tiempo asomada a la ventana esperando el regreso del inexistente caballero. Alonso Quijano, un pobre diablo que la amaba, ideó hacerse pasar por Don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en su rocín y salió a los campos a repetir las hazañas que Dulcinea atribuía a su galán. Cuando seguro del éxito de su estratagema volvió al Toboso, Dulcinea había muerto.~

Marco Denevi, “Dulcinea del Toboso”.

12 octubre, 2012

Elegir



Todos decían que si le comprabas un muñeco a Hao Dashou, le ponías un hilo rojo en el cuello y lo atabas a la cabecera de la cama, cuando más tarde tuvieras un hijo se parecería mucho a él. Pero Hao Dashou no te permitía elegir los muñecos. El resto de artesanos,  en cambio, los colocaban en el suelo para que la gente los pudiera elegir. Los muñecos de Hao Dashou estaban dentro de unas canastas de mimbre con tapa. Cuando alguien se acercaba para comprar un muñeco, Hao lo observaba primero y luego metía la mano en la canasta. Sacaba el primero que tocaba. Si alguien le decía que no le gustaba ese muñeco y le pedía que se lo cambiara por otro, la respuesta siempre era «no». No lo haría en absoluto, tan solo esbozaba una sonrisa llena de tristeza. No te decía nada, pero era como si una voz te dijese: «¿Acaso los padres pueden elegir a sus hijos?». Entonces, si observabas más de cerca al muñeco, te parecería más bonito. Era como si sus muñecos tuviesen alma, como si estuvieran vivos.

Fragmento de Rana, la más reciente novela de Mo Yan, premio Nobel de literatura 2012. Publicada por Kailas, traducción de Cora Tiedra.

11 octubre, 2012

Pirañas


Fernando Valls ha tenido la delicadeza y la audacia de incluir algunos cuentos míos en su espléndida antología  «Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español», que acaba de publicar la editorial Menoscurto. 

Hasta ahora yo solamente tenía un pequeño NIE plastificado con el que se me permitía residir y circular en España, pero la inclusión en la antología me ha impactado doblemente: por el (re)conocido rigor y el indudable conocimiento de Fernando Valls acerca del microrrelato y porque he sido acogido entre numerosos autores españoles "de verdad" y de verdadero talento, cosa que emociona mucho más que un pequeño documento plastificado...


El propio Valls seleccionó el otro día, para el diario ABC, algunos relatos del libro, "con la condición de que no superaran las cien palabras". Fueron estos:
  

Pedro Ugarte

(Los libros, los cigarrillos, tu hijo y sus juguetes, el rostro de tu esposa)
Estás en casa, y es de noche, y apagas la última luz. Qué extraño: de pronto todo desaparece.

 

Eloy Tizón

(Sobremesa o fin de mundo)
Hoy después de comer he retirado el mantel, he lavado los platos, y un día estaré muerto.

 

Eduardo Berti

(El camello)
El camello había pasado ya la mitad de su cuerpo por el ojo de una aguja cuando dijo una mentira, le crecieron algo más las dos jorobas y quedó allí atrapado para siempre.

 

Carlos Almira

(Una inmortalidad)
El poeta de moda murió, y levantaron una estatua. Al pie grabaron uno de los epigramas que le valieron la inmortalidad y que ahora provoca la indiferencia o la risa, como la chistera, el corbatín y la barba de chivo del pobre busto. El Infierno no es de fuego ni de hielo, sino de bronce imperecedero.

 

Anelio Rodríguez Concepción

(El perro)
En el más recóndito paraje del bosque rebulle el perro que todos llevamos dentro, buscando un camino de regreso a casa, el perro herido entre zarzales, el perro abandonado contra la cuneta, de pelambre hirsuta, lengua inerte colgando una rosa chicle, el perro sucio, el perro de azúcar, con su voz ronca, con la voz de las ramas temblando, el perro libre y feliz, libre, feliz, ladrador, perdedor, que todos llevamos dentro.

 

Álex Oviedo

(Olfato animal)
Es ya de madrugada. En el ático, la vecina se deja mecer, anclada a su butaca, por las imágenes del televisor. El volumen del noticiario se cuela entre las persianas de los pisos. Un perro aúlla a la oscuridad. Ha sido el primero en vencer la muerte.

 

Javier Puche

(La clepsidra)
Perseguido por tres libélulas gigantes, el cíclope alcanzó el centro del laberinto, donde había una clepsidra. Tan sediento estaba que sumergió irreflexivamente su cabeza en las aguas de aquel reloj milenario. Y bebió sin mesura ni placer. Al apurar la última gota, el tiempo se detuvo para siempre.

 

Carmela Greciet

(Cubo y pala)
Con los soles de finales de marzo mamá se animó a bajar de los altillos las maletas con ropa de verano. Sacó camisetas, gorras, shorts, sandalias..., y aferrado a su cubo y su pala, también sacó a mi hermano pequeño, Jaime, que se nos había olvidado.
Llovió todo abril y todo mayo.

 

Beatriz Alonso Aranzábal

(Abril)
Me senté en la última fila del autobús escolar, suplicando baches. Por fin salíamos de excursión toda la clase, y mis compañeras se regocijaban en sus asientos, mientras piropeaban al conductor. La profesora decía que la primavera no tiene remedio. Unos días antes yo había hecho el amor por primera vez. Sin precauciones.

 

Paz Monserrat Revillo

(Herencia)
Antes de ponerse el pendiente frotó el metal que rodeaba el zafiro con un bastoncito impregnado en líquido para limpiar plata. Cientos de estratos de tiempo levantaron el vuelo dejando la superficie luminosa y desnuda. Se acercó, curiosa, y la joya le devolvió el rostro adolescente de su abuela probándose el pendiente ante un espejo.

 

09 octubre, 2012

Entrevista en Puerto Rico



Entrevista de Ana Teresa Toro, publicada en "El nuevo día", de Puerto Rico.

Un hombre de 41 años y una joven de 14; él es argentino, ella, china. No busque romance, que no va a encontrarlo. Lo que sí existe es una de las sintonías más intensas que pueden existir entre dos seres, aquella que surge entre autor y creación, entre escritor y personaje, en fin, cosas de literatura.

Cuarenta y uno: esa es la edad que tenía el escritor argentino Eduardo Berti cuando comenzó a escribir la novela “El país imaginado”, que el pasado viernes le hizo merecedor de la segunda edición del Premio Las Américas, que se entrega cada año en el Festival de la Palabra que concluyó el domingo. El premio, dotado con $25,000 que otorga la Fundación Plaza Las Américas, fue otorgado por un jurado coordinado por el escritor mexicano Jorge Volpi y compuesto por los escritores Fernando Iwasaki (Perú, España), Jeanette Becerra (Puerto Rico), Alejandra Costamagna (Chile), Arturo Fontaine (ganador anterior, Chile) Guillermo Martínez (Argentina), José Ovejero (España), Claudia Amengual (Uruguay) y Carlos Wynter Melo (Panamá). Este es el segundo galardón que se le otorga a esta novela, que obtuvo el Premio Emecé de novela 2011 en Argentina.

La obra de Berti fue escogida de un grupo de siete novelas finalistas, entre las que figuraron: “El ruido de las cosas al caer” del colombiano Juan Gabriel Vásquez, “Formas de volver a casa” del chileno Alejandro Zambra; “Canción de tumba” del mexicano Julián Herbert; “Un sueño fugaz” del peruano Iván Thays; “El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia” del argentino Patricio Pron, y “Las ciudades de Lucía” de la boliviana radicada en Puerto Rico Beatriz Navia.

Amistad y tradición

Berti llegó a Puerto Rico desde España, en donde vive. Por primera vez, el jueves y el viernes conversamos con él, recién llegado. Su pinta es la de esas personas que siempre tienen la maleta lista, viajero de siempre y de a pie. Delgado, de ademanes sutiles y voz calmada como agua serena, apenas comenzaba a adaptarse al sol caribeño. Escribe para viajar y viaja para escribir. Y ese asunto le viene de siempre.

“No hubo un momento en que decidiera ser escritor, es algo que siempre estuvo ahí”, dice y nos cuenta de cómo siempre anduvo escribiendo: a los nueve años era una historieta que pasaba a sus compañeros de pupitre en pupitre; en la adolescencia fue una revista que hacía con sus amigos en fotocopias.

Con el tiempo, entró al periodismo como cosa natural y trabajó principalmente en las secciones de espectáculos y cultura. De esa época recuerda con cariño entrevistar a Mercedes Sosa, que se sabía el sabor exacto de té que a él le gustaba. “Eso habla mucho de una persona, de cómo se acuerda de la gente”, dice.

Luego, llegaron los viajes reales y ficticios. “Mi primera novela está ambientada en una ciudad imaginaria en Portugal, y la segunda, en Londres; cuando la escribí no había ido a Londres”, revela sobre esa tendencia suya a imaginar la realidad con libertad.

Y fue precisamente lo que hizo en “El país imaginado”, esta vez con China, adonde viajó por primera vez en el 2004, y una segunda vez luego de haber escrito la novela.

“Jugué a lo otro, a lo opuesto, a lo lejano. Quise ver lo que era narrar en primera persona ese opuesto; era una mujer, otra época, otra cultura, otra edad. Hay una idea medio antípoda en el libro”, describe.
A fin de cuentas, lo exótico no es más que eso: exótico, y lo universal, cómodamente lo atraviesa.

“Hay temas que no son nada exóticos, como la amistad, el amor, los hogares donde los padres imponen o quieren imponer voluntades, la necesidad y el esfuerzo de los hijos por construir su espacio. Mi primer reflejo no es escribir de mi entorno; me interesa ver cómo resuenan esas cosas de mi experiencia en un lugar distinto y lejano”, reflexiona acerca de los temas centrales en el relato, situado en la China de los años 40, y que cuenta la historia de Ling, una adolescente que poco a poco comienza a trazar su camino rebelándose contra la tradición.

“Fue un extraño momento en China previo a Mao y posterior a un momento imperial muy fuerte, un pequeño momento de república. Fue un espacio de libertad para tomar tradiciones y renovarlas”.
Otro punto de exploración fue el vínculo que puede nacer entre dos amigas a esa edad. “Es algo muy ambiguo; son vínculos intensos y no se sabe si hay un amor platónico o amistad, admiración y mucha complicidad”, dice.

Así como hurga en la amistad, lo hace –como explica– en un concepto tan complejo como la tradición, ahí: argentino al fin, el tango le sirve como el ejemplo perfecto para explicar dónde se sitúa.
“Hubo un momento en el que el tango pasó a ser parte de la cultura de los padres, de los valores tradicionales y de la gomina y la represión. El tango simplificado, claro, injustamente. Y llegó un momento en los noventa en que no había bandoneonistas en Buenos Aires y los jóvenes comenzaron a aprender a bailar tango y tocar el bandoneón; hubo un resurgir, una necesidad intrínseca de salvar eso renovándolo; ese es el punto de equilibrio ideal”.

Como el tango, su novela da cuenta una vez más de que cada generación se completa un poco, se reforma, quita, pone y añade; se imagina a sí misma.

Enlace original:
http://www.elnuevodia.com/eduardobertyyhabitarlaimaginacion-1359946.html

06 octubre, 2012

Premio Las Américas


La novela “El país imaginado”, del escritor argentino Eduardo Berti, resultó la ganadora de la segunda edición del Premio Las Américas que se entregó el 5 octubre durante el Festival de la Palabra, en San Juan de Puerto Rico, y que premia al mejor libro de ficción en lengua española editado durante el año 2011.


La obra de Berti se impuso a otras seis novelas finalistas: “El ruido de las cosas al caer” del colombiano Juan Gabriel Vásquez, “Formas de volver a casa” del chileno Alejandro Zambra, “Canción de tumba” del mexicano Julián Herbert, “Un sueño fugaz” del peruano Iván Thays, “El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia” del argentino Patricio Pron y “Las ciudades de Lucía” de Beatriz Navia, boliviana radicada en Puerto Rico.

El escritor mexicano Jorge Volpi fue el coordinador del jurado compuesto íntegramente por escritores: Fernando Iwasaki (Perú, España), Jeanette Becerra (Puerto Rico), Alejandra Costamagna (Chile), Arturo Fontaine (ganador anterior, Chile), Guillermo Martínez (Argentina), José Ovejero (España), Claudia Amengual (Uruguay) y Carlos Wynter Melo (Panamá).

El premio  está dotado con 25 mil dólares. Al premio económico se añade que la obra galardonada será presentada durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México.

05 octubre, 2012

El perro melómano



El perro ladra al micrófono y el parlante traduce enseguida a lenguaje humano. Parece haber unos botones. Uno acaso permite escoger a qué idioma se traduce: inglés, francés, alemán, español. No parece haber, en cambio, botonera para elegir la raza de los ladridos: foxterrier, boxer, bulldog, dálmata, labrador, cocker... ¿Los perros hablan, entonces, un solo idioma? En la película Le chien mélomane, de Paul Grimault (1973), Jacques Prévert y su coguionista –el mismísimo Grimault– nos muestran el artefacto en acción. El perro exige un violín. El amo se le da. El perro ladra “guau guau guau” y la máquina traduce: “Soy un pobre perro, pero acaso sea un gran músico”. Parece increíble que algo sí no se hubiese inventado antes. Lo que Gimault y Prévert no muestran es qué ocurriría si un gato utilizase este invento.

04 octubre, 2012

El honor



El gran matemático J.C.F. Sturm era famoso por su modestia, pero su tarea docente propiciaba muchas ocasiones en las que él no podía eludir una mención a las ecuaciones de Sturm. Entonces, presionado, las describía como "las ecuaciones cuyo nombre tengo el honor de llevar".

Benoît Mandelbrot en una entrevista de Anthony Barcellos (Mathematical People, 1984).