28 abril, 2012

Cinco libros: Pilar Adón


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Pilar Adón:




















"Franny y Zooey", de J.D. Salinger

"Orlando", de Virginia Woolf

"Henry y Cato", de Iris Murdoch

"Un rey sin diversión", de Jean Giono

"Walden", de Henry David Thoreau

Pilar Adón (Madrid, 1971) ha publicado los libros de relatos El mes más cruel (Impedimenta, 2010, Nuevo Talento Fnac) y Viajes Inocentes (Páginas de Espuma, 2005, Premio Ojo Crítico de Narrativa), y las novelas Las hijas de Sara (Alianza, 2003) y El hombre de espaldas. Ha sido incluida en diversos volúmenes de relato: Perros, gatos y lémures (Errata naturae, 2011), Rusia imaginada (Nevsky Prospects, 2011), Pequeñas Resistencias 5 (Páginas de Espuma, 2010) y Siglo XXI (Menoscuarto, 2010). En 2011 publica el poemario La hija del cazador (La Bella Varsovia) y forma parte de distintas antologías poéticas. Ha publicado relatos y poesía en Babelia, ABCD, Público, Eñe, Turia… Ha traducido obras de Penelope Fitzgerald, Henry James, Christina Rossetti y Edith Wharton, entre otros.

25 abril, 2012

Tres mundos


 












Pasado mañana, viernes 27 de abril, de 19:00 a 20:30 horas en la sala Victoria Ocampo de la Feria del libro de Buenos Aires: "Tres mundos para elegir: Ana María Shua, Eduardo Berti y Guillermo Martínez, nominados al Premio del Lector". 

http://www.el-libro.org.ar/internacional/culturales/premio-del-lector 

En esta edición de la Feria del Libro, un jurado formado por libreros preparó una lista con los veinte títulos de ficción, de autor argentino, editados en 2011 que más les gustaron a ellos y a sus lectores. Fenómenos de circo , de Ana María Shua, El país imaginado , de Eduardo Berti, y Yo también tuve una novia bisexual , de Guillermo Martínez, forman parte de esa selección.

Cada uno de los autores presentará el libro de su colega el viernes 27 de abril a las 19 horas en la sala Victoria Ocampo. Luego, firmarán ejemplares en el stand de Planeta (stand 1016 – Pabellón Verde).

 

24 abril, 2012

La delicadeza


David Foenkinos (París, 1974) había publicado ya media docena de novelas, como En cas de bonheur o Nos séparations , y era un autor-promesa, "con futuro", cuando La delicadeza , que acaba de ser traducida al español, se convirtió en uno de los grandes fenómenos editoriales del año 2009. La novela obtuvo diez premios (aunque ninguno de ellos de primer nivel) y fue finalista de todos los galardones prestigiosos: Goncourt, Médicis, Femina, Renaudot. Muchos críticos se rindieron a los pies de Foenkinos ("una novela deliciosa", escribió el novelista Frédéric Beigbeder en Le Monde) y, mientras el libro se traducía a unos quince idiomas, el propio autor y su hermano Stéphane rodaron la adaptación cinematográfica, con la actuación de Audrey Tautou, estrenada en Francia en diciembre último.

La delicadeza se distingue por su forma y por el tono del narrador: elegante y lleno de humor. La secuencia de capítulos breves permite una gran dinámica: elipsis, cambios de enfoque y, principalmente, la curiosa alternancia de pasajes narrativos con sucintas digresiones de toda clase: una receta, una lista con "ejemplos de dichos ridículos", una especie de informe sobre la alergia al pescado e incluso la definición de las palabras "delicado" y "delicadeza", cuya polisemia (desde la exquisitez hasta la fragilidad) la novela explora acertadamente. A veces, una de estas digresiones revela una fuente (que tal réplica proviene de tal película de Woody Allen, por ejemplo); otras el narrador conjetura algunas "frases que podría haber dicho" uno de los personajes de la propia novela. En muchos de estos casos es como si el autor hubiese decidido incorporar materiales de un supuesto (o verdadero) cuaderno de notas.

Siendo la historia más bien simple ("chica conoce chico", accidente fatal del chico, duelo de ella, "chica conoce segundo chico" en el marco de una empresa sueca que bien podría ser Ikea) y planteada en forma lineal, lo que la dota de singularidad es, además de la forma ya mencionada, el trazo de ciertos personajes (ante todo del "segundo chico" de Nathalie: el sueco Markus, un antihéroe a contramano de los ideales de virilidad, una especie de Alain Souchon o Pierre Richard, como lo indica la mismísima novela), el don de Foenkinos para la observación y la frase certera ("había atravesado la adolescencia sin tropiezos, respetando los pasos de cebra"; "quería estar loco, lo cual era la prueba de que no lo estaba") y las intromisiones de un narrador muy visible, casi un personaje, que se cuela en la historia no sin sarcasmo. Éste incluso enmienda una información que acaba de proporcionar ("Se levantaron de prisa y se vistieron despacio") con una nota al pie que indica "quizá fuera al revés", pero nunca pierde de vista a sus personajes.

Foenkinos parece parodiar por momentos esa tendencia de la novela francesa a la frase tajante, al filo del apotegma ("Organizar una boda es como formar gobierno después de la guerra"; "El diccionario Larousse termina ahí donde empieza al corazón"), aunque él mismo cae en la trampa en ciertos pasajes y termina escribiendo, por ejemplo: "Vivimos sometidos a la tiranía de los deseos ajenos". Así como por momentos las digresiones se pasan de rosca (la lista de los álbumes que John Lennon hubiera grabado si no hubiese muerto), también hay veces en que el narrador se refugia en el cinismo y se burla de lo que cuenta. No son los mejores pasajes. Sin embargo, sobre todo en el último tercio del libro, Foenkinos deja de lado el peor cinismo del segundo tercio. Es como si la historia lo hubiese acabado por conquistar, algo que acaso se deba en buena medida a las virtudes de Markus como personaje.

La delicadeza mezcla guiños implícitos al "acto gratuito" del Lafcadio de André Gide, a la canción "Nathalie" de Gilbert Bécaud y puede que a Seinfeld (el dispensador de caramelos PEZ, pieza central en un episodio de la serie de televisión, aparece aquí con fuerza), con homenajes explícitos al famoso capítulo 7 de Rayuela , de Cortázar ("Toco tu boca..."). El resultado es, parafraseando la propia novela, "una forma moderna del sentido de humor en el amor", pero también un libro astuto y entretenido, que se suma a los últimos best-sellers literarios franceses (desde Anna Gavalda hasta Muriel Barbery) con una dosis mayor de desparpajo y de autoconciencia que, a su modo, en un segundo plano, mientras narra esta historia de "amor después del amor", también critica las miserias de la "vida corporativa".

Originalmente publicado el viernes pasado en ADN Cultura /La Nación, Argentina.
Enlace original:
http://www.lanacion.com.ar/1465785-el-humor-despues-del-amor


23 abril, 2012

Las ventajas de ser breve



Las ventajas de ser breve (Marco Valerio Marcial)


Primero, gasto menos papel. Luego, el copista termina en una hora (…). Tercero, si alguien llega a leerte, no importa cuán malo sea el resultado no llegará a odiarte. Una persona empezará a leerte a la mesa, mientras sirven el vino, y terminará antes de que su copa se haya entibiado.¿Imaginas que semejante brevedad te salvará de las críticas? ¡Ay, no! Aun así tu texto será, para algunos, demasiado largo.

21 abril, 2012

Dos orillas y una noche



El próximo lunes 23 de abril, a las 20:30, en la librería Juan Rulfo de Madrid (calle Fernando El Católico 86), Clara Obligado y yo estaremos celebrando "La Noche de los Libros", en un diálogo abierto titulado "Dos orillas y una noche".

19 abril, 2012

Altas horas



A altas horas de la noche sabía lo hermoso que el día nunca podría ser.

"El sacrilegio de Alan Kent", Erskine Caldwell

17 abril, 2012

Analectas de Confucio

Cuando un país está en orden, es una vergüenza ser un hombre pobre y vulgar. Cuando un país está en pleno caos, es una vergüenza ser rico y poderoso.

Saber lo que se sabe y saber lo que no se sabe: la característica del que sabe.

Un hombre que tiene un alma hermosa siempre tendrá cosas hermosas que decir. Pero un hombre que dice cosas hermosas no tiene necesariamente un alma hermosa.


Cuando vean a un hombre bueno, traten de emular su ejemplo; cuando vean a un hombre malo, traten de ver si comenten sus mismas faltas.

Hombre que comete un error y no lo corrige, está cometiendo un segundo error.~

Extractos de “Las Analectas de Confucio”: recopilación de charlas y lecciones que Confucio (551 adC - 479 adC) o Kong Fuzi o Kong Zi (maestro Kong) dio a sus discípulos.

15 abril, 2012

"Los sables", cuentos de Mishima


Acerca de Los sables, cuentos de Yukio Mishima inéditos hasta ahora en castellano. Versión resumida de un texto publicado el viernes pasado en Adn La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Kimitake Hiraoka lo tenía todo para ser una suerte de Marcel Proust (niñez enfermiza, hipersensibilidad), pero se reinventó a sí mismo: proveniente de una familia burguesa y nieto de un campesino, puso especial acento en su abuela descendiente de samurais, escogió como seudónimo el de Yukio Mishima y, mediante una práctica obsesiva del ejercicio físico, remodeló y robusteció su cuerpo. Acabó siendo una especie de Lord Byron o Hemingway japonés, es decir, un escritor cuyo innegable talento ha quedado bastante a la sombra de una personalidad arrolladora, un escritor cuya muerte tuvo una mezcla de heroísmo y sacrificio. La biografía de Mishima fue una obra cuidadosamente creada, tanto o más que sus libros; no es extraño, en consecuencia, que una y otra parezcan consustanciarse y que en la biografía de Mishima sea posible ver elementos de su ficción y viceversa. Ejemplo cabal es el cortometraje que dirigió, escribió y protagonizó ( Yokoku o Patriotismo ), y en el que anticipó su seppuku , mal llamado hara-kiri : ritual que empieza con el corte del propio vientre y acaba con la decapitación en mano de un ayudante.

Tal vez porque el imán de su biografía fue tan fuerte (sobre todo a partir de la década de 1980, tras una película algo hagiográfica de Paul Schrader), parte de la obra de Mishima quedó inédita en castellano hasta estos últimos años. Sus Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis (textos de no ficción donde se lee, por ejemplo, que "apostar con prudencia no tiene sentido") se conocieron casi tres décadas después de su suicidio de 1970; dos novelas de juventud ( El color prohibido y Los años verdes ) fueron editadas en 2009, la segunda de ellas en su primera traducción a una lengua occidental. Llega el turno, ahora, de una serie de cuentos inéditos en español, agrupados bajo el título de Los sables .

En total son siete relatos, algunos memorables, correspondientes a diferentes etapas de su vida. Los primeros ("Tabaco" y "Martirio"), escritos antes de los veintidós años, retratan un mundo escolar muy próximo al de su primera obra exitosa, Confesiones de una máscara (1949), y según el traductor Carlos Rubio (también autor de un formidable prólogo) conforman una suerte de trilogía cuyo tema central es la homosexualidad.

Los tres relatos siguientes ("Arreboles en el mar", "Los sables" y "Pan de pasas") datan de 1963. El último, una perla rara, ya que Mishima presenta el ambiente beatnik japonés de aquellos tiempos, contrasta en especial con "Arreboles?", otra especie de anomalía: un relato histórico que narra las peripecias de un francés que sobrevivió a la Cruzada de los Niños de 1212 y terminó en un templo budista, en Japón. En ambos cuentos se muestra, de manera muy dispar, la tensión entre Oriente y Occidente, clave en un escritor que, al decir de Marguerite Yourcenar (en Mishima o la visión del vacío ), fue un "auténtico representante de un Japón violentamente occidentalizado, pero marcado, así y todo, por ciertos rasgos inmutables".

Los cuentos finales ("Las fuentes dentro de la lluvia" y "Peregrinos en Kumano"), que también datan de los años sesenta, parecen romper, al menos en apariencia, el universo misógino que predomina en los anteriores y presentan finales sugestivamente ambiguos, sobre todo el primero: la historia del joven Akio, quien ha llegado al día tan esperado de su primera separación amorosa. "Sólo para eso la había amado, o había hecho que la amaba; sólo para eso la había cortejado hasta conquistarla", escribe Mishima. Pero la frase "vamos a separarnos" brota de labios de Akio confusa, inarticulada, y el cuento se centra en la duda de si estas palabras han sido oídas por la joven Masako, descrita como una "bolsa llorona" por un Akio que sólo quiere librarse de ella.

La decisión de haber ordenado cronológicamente los textos (tomada por Rubio, ya que en otras versiones, como la inglesa, el orden es aleatorio) no sólo permite apreciar la evolución de algunas recurrencias, como la apoteosis de agua alrededor de Akio y Masako, imagen que reaparece en el último relato del volumen. También se constata que la mayoría de estos cuentos, conforme pasan los años, dejan de presentar protagonistas niños para poblarse de jóvenes o incluso, como al final, de ancianos.

Tres cuentos en especial, "Martirio, "Los sables" ("Ken", en japonés) y "Peregrinos en Kumano", sobresalen no sólo porque dibujan un recorrido niñez-juventud-vejez, sino también porque están a la altura de los textos breves más celebrados de Mishima ("La perla", "Onnagata") y porque en ellos aparece en forma inspirada la añoranza por cierto orden o disciplina emparentados con lo militar, ya sea en la escuela de "Martirio" (fundada por un general y, leemos, de "educación espartana"), en el universo del arte marcial llamado kendo o incluso, aunque un poco menos, en el mundo intelectual.

(...)

Tanto en "El sable" como en "Peregrinos en Kumano" asistimos a dos círculos. En el segundo de estos cuentos, un clan de estudiantes y discípulos se congrega en torno a un viejo y colérico maestro poeta, "soltero de toda la vida", quien debe hacer un viaje misterioso y para ello escoge como compañera a su criada y alumna Tsuneko, que "admiraba al profesor como a un dios a un sol".

Si hubiese que recomendar un solo cuento de Los sables , acaso sería esta historia del profesor, de Tsuneko y de las razones ocultas para un viaje con algo de rito y algo de lección poética: en los versos, indica el maestro, "hay que saber esconder las emociones". Mishima, de hecho, hablaba no sin vanidad de su "obra de arte de Kumano", cuenta Rubio.

En cierta entrevista, el escritor japonés dijo que uno de los episodios más traumáticos de su vida fue cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, el emperador japonés declaró que no era más un dios. "Sentí aquello como una especie de traición, una traición hacia quienes habían muerto por él." En tal sentido, resulta esclarecedor que los cuentos más potentes y dramáticos de este libro pongan en escena la reverencia a una personalidad, cosa que al mismo tiempo el propio Mishima buscó a lo largo de su vida, a tal punto que llegó a retratarse desnudo y cubierto de flechas, como un moderno san Sebastián. En la amplia mayoría de estos relatos Mishima narra las causas y los efectos de una autoridad o un líder (amo, ídolo, maestro) que suscita abnegación. Está bien que la edición en inglés de estos mismos cuentos lleve, con notable tino, Acts of Worship ("actos de culto" o "actos de adoración ") a manera de título.

Los sables, de Yukio Mishima

Alianza editores

Trad.: Akiko Imoto y Carlos Rubio

352 páginas

Enlace original:

http://www.lanacion.com.ar/1462364-cuentos-de-idolatria-y-adoracion


13 abril, 2012

Premio del Lector



Mi último libro, "El país imaginado", figura entre las 20 novelas más destacadas del año 2011 de acuerdo con la selección para el "Premio del Lector" de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Un jurado formado por libreros preparó una lista con los veinte títulos de ficción, de autor argentino, editados en 2011 que más les gustaron a ellos y a sus lectores.

Los lectores pueden votar aquí su novela preferida para el "Premio del Lector", que se entregará en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.

http://www.el-libro.org.ar/internacional/culturales/premio-del-lector

Por mares y montañas

El Institut français d’Espagne y la Casa de América organizan, en la ciudad de Madrid, del 17 al 19 de abril (la semana que viene) un coloquio de traducción literaria hispano-francés ("Por mares y montañas") con un programa para profesionales y uno de eventos abiertos al público.

El 17 de abril, a las 19:2o, se entregará en Casa de América el premio Antonin Artaud en presencia del presidente del jurado del premio, Alberto Ruy Sanchez, de sus creadores, Jacques Aubergy y Jean-Jacques Beucler, y de antiguos galardonados como David Toscana. Creado en 2003, el premio recompensa una novela editada en México. La obra laureada cuenta con una ayuda financiera para su publicación en Francia. El premio Antonin Artaud 2011, concedido a Mario Bellatin, se entregará a su editorial Sexto Piso.

El 18 de abril habrá una serie de TALLERES DE TRADUCCION en Casa de América (Plaza de Cibeles, 2 – 28014 Madrid). Talleres de traducción español-francés y francés-español abiertos únicamente a un público profesional (traductores, estudiantes de traducción), gratuitos, limitados a las primeras 20 personas. Las peticiones individuales de inscripción (nombre, apellido, cargo, mención del/de los taller/es) se tienen que enviar a: libro@institutfrancais.es

Impartirán talleres. entre otros, Mercedes Corral, Claude Bleton, Julia Escobar, Aline Schulman, María Teresa Gallego Urrutia y Solange Hibbs.

El 18 de abril, de 15:00 a 18:00, en el marco de estos talleres, Jean-Marie Saint-Lu y yo propondremos una actitividad titulada "El autor y su traductor: ¿El texto y su doble? ¿Una obra a cuatro manos?". El texto oficial de nuestro taller dice:

Jean-Marie Saint-Lu ha traducido casi una decena de libros de Eduardo Berti, por lo que se trata de un vínculo «estable» entre un traductor muy reconocido y un autor que, al mismo tiempo, habla fluidamente francés y ocasionalmente traduce al español. Los coordinadores hablarán de su modo de trabajo. Los participantes traducirán al francés extractos de la obra de Berti y al español cuentos de Jacques Sternberg. Los resultados serán comentados por ambos animadores.


Por último, el 19 de abril, a las 20:00, en la Mediateca del Institut français de España en Madrid habrá una CONFERENCIA SOBRE "EL SECUESTRO", DE GEORGES PEREC

Los ponentes evocarán al genial escritor oulipiano que fue Georges Perec y a su revolucionario libro El Secuestro, escrito sin la letra a.
Marcel Benabou entró en el grupo literario del Oulipo en 1970, después de su amigo Georges Perec.
Marisol Arbués, Hermes Salceda y Regina Vega, que han traducido El Secuestro, de Perec, del francés al español, hablarán del cambio de la ausencia de la letra "e" a la ausencia de la letra "a", entre diversas cuestiones ligadas a esta singular experiencia de traducción colectiva.

12 abril, 2012

Estoy vivo


Esto ocurrió en 1831 y causó profunda impresión en todas partes donde era tema de conversación. El paciente, el señor Edward Stapleton, había muerto, aparentemente, de fiebre tifoidea acompañada de unos síntomas anómalos que despertaron la curiosidad de sus médicos. Después de su aparente fallecimiento, se pidió a sus amigos la autorización para una autopsia, pero éstos se negaron. Como sucede a menudo ante estas negativas, los médicos decidieron desenterrar el cuerpo y examinarlo a conciencia, en privado. Fácilmente llegaron a un arreglo con uno de los numerosos grupos de ladrones de cadáveres que abundan en Londres, y la tercera noche después del entierro el supuesto cadáver fue desenterrado de una tumba de ocho pies de profundidad y depositado en el quirófano de un hospital privado.

Al practicársele una incisión de cierta longitud en el abdomen, el aspecto fresco e incorrupto del sujeto sugirió la idea de aplicar la batería. Hicieron sucesivos experimentos con los efectos acostumbrados, sin nada de particular, salvo, en una o dos ocasiones, una apariencia de vida mayor de la normal en cierta acción convulsiva.

Era ya tarde. Iba a amanecer y se creyó oportuno, al fin, proceder inmediatamente a la disección. Pero uno de los estudiosos tenía un deseo especial de experimentar una teoría propia e insistió en aplicar la batería a uno de los músculos pectorales. Tras realizar una tosca incisión, se estableció apresuradamente un contacto; entonces el paciente, con un movimiento rápido pero nada convulsivo, se levantó de la mesa, caminó hacia el centro de la habitación, miró intranquilo a su alrededor unos instantes y habló. Lo que dijo fue ininteligible, pero pronunció algunas palabras y silabeaba claramente. Después de hablar, cayó pesadamente al suelo.
Durante unos momentos todos quedaron paralizados de espanto, pero la urgencia del caso pronto les devolvió la presencia de ánimo. Se vio que el señor Stapleton estaba vivo, aunque sin sentido. Después de administrarle éter volvió en sí y rápidamente recobró la salud, retornando a la sociedad de sus amigos, a quienes, sin embargo, se les ocultó toda noticia sobre la resurrección hasta que ya no se temía una recaída. Es de imaginar la maravilla de aquellos y su extasiado asombro.

El dato más espeluznante de este incidente, sin embargo, se encuentra en lo que afirmó el mismo señor Stapleton. Declaró que en ningún momento perdió todo el sentido, que de un modo borroso y confuso percibía todo lo que le estaba ocurriendo desde el instante en que fuera declarado muerto por los médicos hasta cuando cayó desmayado en el piso del hospital. "Estoy vivo", eran las incomprendidas palabras que, al reconocer la sala de disección, había intentado pronunciar en aquel grave instante de peligro.

Edgar Allan Poe, “El entierro prematuro” (fragmento)

10 abril, 2012

Opiniones contudentes



Vladimir Nabokov en un documental francés.

Lee en voz alta el inicio de "Lolita", primero en inglés y luego en ruso. Juega al ajedrez con su esposa Vera. Repasa una lista de cosas que no soporta, entre ellas los pasajes literarios con palabras en itálicas y los clichés de los periodistas. Y dice que a su entender los cuatro libros fundamentales del siglo XX son, en este orden de preferencia:

1) Ulises, de James Joyce

2) La metamorfosis, de Kafka

3) Petersburgo, de Andrei Bely

4) La primera mitad de En busca del tiempo perdido, de Proust

08 abril, 2012

Los enemigos



Todo lector, escribe Jahiz en "El libro de los animales", es un enemigo. El escritor nunca debe olvidar que se dirige a un lector necesariamente hostil y que la intimidad caracteriza su relación con él. Si el lector es enemigo, ¿ el escritor es, por lo tanto, enemigo del lector? En todo caso, el escritor sabe que es objeto de desconfianza, lo cual lo lleva a negociar con el lector y a tratar de obtener su benevolencia. Jahiz es el autor árabe al que más preocupa este enemigo con el que se debe tratar (...) y en todo momento se dirige a él para lograr su atención y suscitar su interés. Si admitimos su idea, todo escritor se encuentra, entonces, en la situación de Shahrazâd.

Hay que desconfiar de los otros, pero también –e incluso más– de uno mismo. Somos nuestros propios enemigos y el peligro se encuentra bajo nuestro techo. El hombre dotado de raciocinio, escribe Jahiz, debe saber que su libro es más próximo a él mismo que sus hijos (...). y Jahiz observa que el escritor se ve más seducido por sus escritos que por sus propios hijos. El resultado inmediato de esta seducción es la ceguera sobre lo que se escribe y, en consecuencia, sobre uno mismo: el escritor no ve los defectos de sus textos o los minimiza, de igual manera que uno tiene tendencia a cerrar los ojos ante los aspectos poco gratos de su progenie. Esto es, precisamente, lo que escapa a la vigilancia del escritor y se hace palpable a los ojos de sus lectores que, por definición, son enemigos.

Abdelfatah Kilito, Les Arabes et l'art du récit (Une étrange familiarité), Sinbad, París, 2009.

07 abril, 2012

El pedido



El masoquista pidió: "Tortúrame".
El sádico respondió: "No".

Irene Jakab, "Humor and psychoanalysis"

05 abril, 2012

Criticar ficción



El valor definitivo de cada obra de arte radica no en su tema, sino en la forma en que se ve ese tema, en cómo se siente y se interpreta. El temperamento del escritor, su punto de vista, su facilidad para penetrar en la superficie de la fábula que narra y llegar a la inherencia que lo vincula a la vida como un todo: esos son los factores determinantes en la creación de una obra de arte. No hace falta decir que el escritor imaginativo seleccionará de manera instintiva el tema adecuado a su talento y pintará la vida desde el punto de vista que mejor le permita enfocarlo. Pero sea cual sea el tema elegido, extraerá de él elementos de belleza y mostrará el microcosmos que hay en el átomo.

(...)

El novelista deja de ser artista en el momento en que pliega a sus personajes a las exigencias de una tesis. Pero también dejará de serlo si retrata los hechos que describe sin considerar su significado moral.

Después del muy recomendable Escribir ficción, de Edith Wharton, la editorial Páginas de Espuma publica ahora Criticar ficción, de la misma autora, siempre con traducción y prólogo de Amelia Pérez de Villar.

04 abril, 2012

Otro cielo

Henry JAMES

El hogar de mi padre (dijo el barón de Bergerac) estaba conformado por cinco personas: él mismo, mi madre, mi tía (la señorita de Bergerac), el señor Coquelin (mi preceptor) y el alumno del señor Coquelin, el heredero de la casa. Tal vez, en realidad, tendría que haber incluido al señor Coquelin entre los sirvientes. De seguro mi madre lo hacía, ¡pobre mujer! Era muy estricta en cuestiones de alcurnia. Y su propia alcurnia era todo lo que ella poseía, pues carecía de salud, de belleza y de fortuna. Mi padre, por su parte, era poco dotado en lo referente al último punto; su propiedad de Bergerac reportaba lo justo para mantenernos fuera de cualquier descrédito. No ofrecíamos fiestas y pasábamos el año entero en la campiña; mi madre estaba decidida a que su endeble salud le fuera tan beneficiosa como perjudicial según la circunstancia, y esta nos servía, en efecto, de excusa para todo. Llevábamos, en el mejor de los casos, una suerte de vida simple y somnolienta. En aquellos viejos tiempos la vida rural comportaba una terrible cantidad de ocio.

Dormíamos mucho; dormíamos, me dirá usted, sobre un volcán. Era un mundo muy distinto a este nuevo mundo que conoce usted y podría afirmar, incluso, que nací en otro planeta. Sí, en 1789 ocurrió una gran convulsión; la tierra se resquebrajó, se partió en dos y el pobre viejo pays de France salió despedido como un remolino. Hace tres años, pasé una semana en una casa de campo muy próxima a Bergerac y mi huésped me condujo hasta el castillo. La casa ha desaparecido y, en su lugar, hay un establecimiento homeopático... o hidropático, ¿cómo le dicen ustedes? Sin embargo, la diminuta aldea sigue en pie, al igual que el puente que atraviesa el río, la iglesia en que fui bautizado y la doble hilera de tilos en la plaza del mercado, con su fuente en el centro. Hay una sola e impactante diferencia, sin embargo: el cielo es otro. Nací bajo un cielo antiguo.

Henry James, Gabrielle de Bergerac (traducción y posfacio de Eduardo Berti). Editorial Impedimenta.

02 abril, 2012

Posfacio a "Gabrielle de Bergerac"


Fragmento de mi posfacio a Gabrielle de Bergerac, de Henry James, que acaba de editar Impedimenta.

Henry James tenía 26 años cuando dio a conocer Gabrielle de Bergerac
. Fue el mismo año que decidió ser escritor, según estiman varios de sus biógrafos. Fue el mismo año que hizo su primer viaje a Europa, experiencia trascendente para un autor cuya obra pone en escena incontables veces y de incontables maneras las tensiones entre el viejo y el nuevo mundo.

Al igual que otros textos que James relegó con el tiempo y decidió no incluir en sus obras completas, Gabrielle de Bergerac debió ser rescatada más tarde. El relato fue reimpreso en 1918, dos años después de la muerte de su autor, por Boni & Liverlight; luego, Edna Kenton volvió a publicarlo en Eight Uncollected Tales (1950) junto a siete relatos más breves e igualmente desconocidos para el gran público.

Recordada por un ensayo en torno a Otra vuelta de tuerca
(“Henry James to the Ruminant Reader: The Turn of the Screw"), Edna Kenton afirmaba que Gabrielle de Bergerac fue el décimo tercer relato publicado por James. Hoy se estima que fue el décimo cuarto, luego de “A tragedy of error” (1864), “The story of a year” (1865), “A landscape painter” y “A day of days” (1866), “My friend Bingham” y “Poor Richard!” (1867), “The story of a masterpiece”, “A romance of certain old clothes”, “A most extraordinary case”, “A problem”, “De Grey” y “Osborne’s revenge” (1868) y “A light man” (1869).

Semejante lista elude un problema: la posibilidad de distinguir entre los cuentos más breves (de seis mil o diez mil palabras) y los relatos extensos, que lindan con la novela breve o “novella”, género en el que James descolló como pocos y al que pertenecen grandes obras suyas como Los papeles de Aspern
, Daisy Miller o El sitio de Londres.

En cuanto a su extensión, Gabrielle de Bergera
c es un texto intermedio. Con sus 22 mil palabras triplica a un cuento como “Brooksmith”, aunque no alcanza las casi 30 mil palabras de Madame de Mauves, un relato que James ambientó también en Francia.

La comparación con Madame de Mauves
es no sólo pertinente, sino también útil para apreciar varios rasgos singulares de Gabrielle de Bergerac, uno de los relatos más “románticos” del escritor. Bien sabido es, a esta altura, que uno de los temas descollantes en la obra de James (a quien se ha definido como un temperamento americano con sensibilidad europea) fue el contraste entre Europa y Estados Unidos, entre “decadencia” y “renovación”. Ficciones como Un episodio internacional o Los embajadores son ejemplos de una de sus estrategias más usuales: la mirada del extranjero en el otro continiente; por lo común, del estadounidense en Europa (la línea fundada por Nathaniel Hawthorne con El fauno de mármol), aunque sin descartar variantes como las que aparecen ilustradas en, por ejemplo, El punto de vista: entre ellas, la mirada del nativo que regresa tras una prolongada ausencia y, por ende, muestra una óptica casi idéntica a la del extranjero.

A diferencia de Madame de Mauves
, donde Francia aparece mediada por un elenco estadounidense (“Ella era romántica y voluntariosa y pensaba que los norteamericanos eran vulgares” es una de las tantas frases al respecto), en Gabrielle de Bergerac no hay confrontación cultural entre un continente y el otro; todo se limita a un elenco cien por ciento francés, con la sola excepción del narrador en primera persona que aparece en el “marco” de la novela: el personaje a quien el señor de Bergerac le cuenta la historia de su tía Gabrielle, convirtiéndolo en “narratario”, y que tal vez no sea estadounidense, pero es –cuanto menos– de habla inglesa.

Lo que llamamos excepcional o extraordinario no representa, en múltiples ocasiones, más que una ligera variante de lo habitual. En el caso de este relato, la tensión entre viejo y nuevo mundo aparece, podría decirse, sublimada. La comparación entre el pasado y el presente (Francia antes y después de la Revolución) se explicita desde las primeras páginas (“Era un mundo muy distinto a este nuevo mundo que conoce usted”) y, en cierto aspecto, parece suplantar a la oposición Europa vs. América, clásica en James. El personaje “plebeyo” (Pierre Coquelin) bien podría ser, sin mayor problema, el “americano” de esta historia: el “vagabundo” pasional que, tras una infancia dura (y tras un paso, vaya detalle, por Estados Unidos), termina como un forastero entre esos nobles en declive apegados a su abolengo.