19 octubre, 2012

Escribir según Jorge Volpi


Leer, han sugerido algunos, es un acto de cooperación entre el autor y el lector, entre el lector y el texto. Yo lo veo más como un combate cuerpo a cuerpo. De forma instintiva, incontrolable, el lector siempre intentará adivinar lo que el segundo ya ha escrito. Prevenido frente a esta curiosidad insaciable –a esta manía del cerebro por prever el futuro–, al escritor le quedan dos opciones: conformarse con entregar a su público justo lo que se espera de él –la solución de best sellers y telenovelas– o tratar de pillarlo por sorpresa en cada instante por medio de giros imprevistos, de soluciones inesperadas, de riesgos estéticos inéditos: la decisión de los profesionales del suspenso y de los verdaderos artistas.


La literatura parece degradarse cuando persigue un fin concreto, cuando soporta una ideología explícita. Porque cualquier ideología es, de entrada, una forma excluyente de otras variedades de pensamiento. Cuando no descansa en un dogma, la ficción nos permite, por el contrario, ensanchar nuestra idea de lo humano. Con ella no sólo conocemos otras voces y otras experiencias, sino que las sentimos tan vivas como si nos pertenecieran.

Jorge Volpi, dos pasajes de Leer la mente (Alfaguara, 2011)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿De verdad, che? ¡Cómo se degradó con Dostoievski, con Kafka, con tantos otros! Por favor... ¿Dónde no hay ideología? Terminemos con esta payasada noventista...

Eduardo Berti dijo...


La palabra clave de lo que está diciendo Volpi no es "ideología", sino "explícita".