10 agosto, 2012

Refugios y estrategias



Un cuento es una guarida, un nido. Y lo que los padres están ofreciendo a los niños cuando se lo cuentan no es sólo una enseñanza acerca del mundo sino un lugar de sosiego, de cobijo, al amparo de la adversidad. Lo sorprendente es cuando pensamos en los materiales con que están hechas las paredes de esa casa. Crímenes terribles, traiciones, cuerpos fragmentados, rastros de sangre, se alternan con pájaros de oro, facultades envidiables, alianzas insospechadas, vuelcos inauditos del corazón. (...) Por esos los psicoanalistas los aconsejan. Según ellos, en los cuentos de hadas se dramatizan los conflictos básicos del ser humano, en su fase de crecimiento, y ésta es la razón de que los niños deban escucharlos. Gracias a ellos verán reflejados los grandes dramas de su corazón y aprenderán a elaborar estrategias para superarlos. También descubrirán que tales conflictos no son privativos suyos, sino que son propios de todos los hombres. Es decir, podrán sentir celos espantosos, o deseos homicidas, sin sentirse condenados por ellos a un destino de monstruosidad y daño, porque, tal y como ha escrito Fernando Savater, el problema no es tanto lo que nos pasa sino lo que somos capaces de hacer con lo que nos pasa.

Teoría del final feliz, de Gustavo Martín Garzo (Introducción a los cuentos de los hermanos Grimm publicados por Anaya en 2010).