29 agosto, 2012

El delito y el delincuente



El objetivo de la prisión desde la reforma de los regímenes penitenciarios iniciada con el impulso de la Ilustración era precisamente enmendar al preso. El castigo, la pena, había dejado de ser retribución para convertirse en instrumento de reinserción. Lo curioso es que ese nuevo enfoque, en principio mucho más humano, hace que el delito deje de ser el centro de atención y éste se traspase al delincuente; no se castiga un delito sino a una persona, por lo que las condenas efectivamente cumplidas dejan de ser proporcionales a la gravedad de la infracción, para depender del grado de regeneración del delincuente.

José Ovejero, "Escritores delincuentes" (Alfaguara)