19 marzo, 2012

La muerte vencida



No hay nada que a la vez afecte a un hombre tanto y tan poco como su propia muerte. Es uno de estos casos en los cuales el hecho de que una cosa sucederá tiene más importancia que la cosa en sí misma, que no puede tener importancia para el que muere; pues se corta la garganta a si misma, queriéndola cortar a los demás. Como la abeja quc no puede picar mas de una vez y muere tan pronto como ha hincado el aguijón, de igual modo la Muerte es muerta por el que acaba de morir. Mientras ella esté agitando sus alas, hay brutum fulmen, pero el hombre continua viviendo, un poco aterrorizado tal vez, pero sano y salvo. El dolor y la enfermedad pueden alcanzarle, pero en el momento en que la Muerte le propina el golpe, la Muerte y él están más allá de toda sensación. Es como si la Muerte renaciera con cada hombre: se protegen mutuamente mientras se mantienen a distancia uno del otro, pero desde el momento en quc se reúnen, todo acabó para los dos.

Los cuadernos de Samuel Butler, traducidos por Cristóbal Serra (Ediciones Cort, 2008)