08 marzo, 2012

Cabelleras


Una muchacha sintió la necesidad de arreglar su cabello.

Es algo que sucedió en una pequeña aldea en lo profundo de la montaña. Cuando llegó a la casa de la peluquera, se sorprendió. Todas las muchachas de la aldea estaban agolpadas allí.

Esa noche, cuando las antes descuidadas cabelleras de las jóvenes lucían impecables con sus peinados con forma de durazno hendido, una compañía de soldados llegó a la aldea. Fueron distribuidos en las casas por el oficial de la aldea. En cada casa hubo un huésped. Tener huéspedes era algo tan raro, que tal vez por eso todas las muchachas habían decidido arreglar sus cabelleras.

Por supuesto, no sucedió nada entre las jóvenes y los soldados. A la mañana siguiente, la compañia dejó Ia aldea y cruzó la montaña. Y la agotada peluquera decidió tomarse cuatro dias de descanso. Con la placentera sensación que produce haber trabajado duro, la misma mañana que los soldados partieron, y cruzando la misma montaña, ella viajó sacudida en un carromato tirado por caballos para ir a ver a su hombre.

Cuando llegó a esa aldea ligeramente más grande al otro lado de la montaña, la peluquera del lugar le dijo:

-Qué bueno. has llegado en el momento exacto. Por favor. ayúdame un poco.

También allí las muchachas se habían congregado para componer sus cabelleras.

AI final de otro día de trabajar en peinados con forma de duraznos hendidos. ella se dirigió a la mina de plata donde trabajaba su hombre. Apenas lo vio, le dijo:

—Si fuera tras los soldados. me haría rica.

—¿Pisarles los talones a los soldados? No hagas bromas de mal gusto. Esos mequetrefes con sus uniformes de marrón amarillento. ¿Estás loca?

Y el hombre le dio una cachetada.

Con un dulce sentimiento. como si su exhausto cuerpo hubiera estado entumecido. la mujer le lanzó una mirada salvaje y penetrante a su hombre. El nítido y potente toque de clarín de la compañía, que había cruzado la montaña y ahora bajaba en dirección a ellos, hizo eco en medio del crepúsculo que iba envolviendo la aldea.

"Cabelleras", incluido en Cuentos en la palma de la mano (Tanagokoro no shosetsu), de Yasunari Kawabata, traducción de Amalia Sato. Emecé, 2005.

1 comentario:

Gervasium dijo...

Un gran libro de cuentos breves.