01 agosto, 2011

De regreso


De regreso de mis vacaciones, agradezco a los lectores de bertigo los mensajes que me enviaron y agradezco a Jorgelina Nuñez por el texto aparecido el pasado fin de semana en la revista Ñ de Buenos Aires: más que un comentario sobre Lo inolvidable, una especie de análisis en perspectiva de mis libros:



Por Jorgelina Nuñez

En relación con la decena de libros que Eduardo Berti lleva publicados, se podría aventurar una hipótesis: que su literatura desarrolla una idea que proviene del dibujo clásico y que luego fue tomada por la filosofía. Se trata del escorzo: una regla de la perspectiva que se aplica cuando se necesita llevar la tridimensionalidad a las dos dimensiones del plano. Ausente el volumen, para dar cuenta de su existencia se alteran las proporciones del objeto representado de manera que el espectador, sin verlas, las asuma como un dato de la percepción. En el escorzo, para mostrar que las figuras no están en posición frontal, la longitud se acorta o contrae. En términos generales, se trata de la exposición de un lado de las cosas que permite tener presente el volumen que la bidimensionalidad no tolera.

Con la aparición de Los pájaros (1994), su primer libro de cuentos y luego con la enigmática novela Agua (1997) pero mucho más con La mujer de Wakefield (1999) y sucesivamente en casi todos sus libros, Berti ha perseguido ese costado oblicuo de las situaciones para poner de relieve algo mucho más general –llámese densidad o espesor–, que subraya lo equívocos y parciales que resultan los abordajes unilaterales. Pero no sólo eso, también pone en escena personajes secundarios que aportan su propia mirada sobre lo que sucede y cuyas intervenciones modifican y vuelven más complejas las situaciones. Algo así como una extensión del escorzo en el sentido en que fue adoptado por la fenomenología perceptiva, según la cual cada aspecto del objeto vive determinado por los restantes.

Atentos al drama que vive un protagonista, los lectores solemos perder de vista hasta qué punto el resto de los personajes participan también de él y cuánto afecta una misma circunstancia a todo el entorno. En este sentido, La mujer de Wakefield es ejemplar. Recordemos que Wakefield, la novela de Hawthorne sobre la que se basa, narra la historia de un hombre común que un buen día y sin motivo aparente abandona su casa aunque permanece en el vecindario durante veinte años, al cabo de los cuales y de manera igualmente inexplicable, decide regresar. En un ensayo notable, Borges se interrogaba sobre el enigma de ese regreso. Berti, en cambio, construyó su propia ficción sobre el tema adoptando la perspectiva de la mujer abandonada y la de quienes la acompañan. Y enfocando el conflicto que se avecinaba tras la vuelta.

Historias mínimas

Limitados por la extensión impuesta por el género, los cuentos que integran su último libro, Lo inolvidable, hacen, por decirlo así, un uso intensivo del escorzo literario que consiste en contraer los argumentos y ofrecer de ellos el costado menos esperable. En el relato que da título al libro, no es la protagonista la que habla, es su dentadura, desde la mesita de luz. Cada noche recita textos que su dueña ha leído y olvidado y cuyo tema siempre son los dientes. En “Retrospectiva de Bernabé Lofeudo”, la carrera de un director de cine mudo es revisada en una secuencia crítica de sus filmes. Allí el erotismo y el deseo sexual es lo que pugna por decirse sin palabras, especialmente a través de su mujer y actriz fetiche. La protagonista de “Diario de una lectora de diarios” se aplica a la lectura de todos los periódicos de la primera a la última página. No la urge el interés informativo sino la espera de una noticia que jamás aparece. En el transcurso, es su propia hija la que ocupa los titulares. Al compositor de tango Romualdo Avella, protagonista de “Formas de olvido”, la música lo abandona. En mitad de una actuación, sus manos quedan congeladas en el aire, incapaces de recordar lo que deben hacer frente al instrumento y manteniendo un silencio que se parece mucho a la muerte. Uno de sus discípulos piensa afanosamente en distintas estrategias para poner al maestro de nuevo en escena. Más de veinte años han pasado desde que un marido se viera envuelto en un engaño que crece angustiosamente en el cuento “La mentira o la verdad” y que pone en peligro la relación con su esposa e hija. En “Salvar a la Gioconda”, una pareja de hermanos observa desde su departamento a los mendigos que se instalan en las puertas de la iglesia de enfrente. Tras decidir ayudar a uno para dejar de cargar con la culpa de no haber socorrido a una mujer en el pasado, la mendicidad los atrapa.

Se podría decir que en estos argumentos el autor pone a prueba su ingenio o sus recursos imaginativos, sin embargo es interesante observar cómo lo inolvidable funciona más que como un mero hilo conductor. Es el sustrato de aquello que insiste en los actos más rutinarios, porque los hechos repetidos son la plataforma de muchas obsesiones y el preámbulo de la locura. Una repetición que nunca es idéntica y que vive de lo que acumula, en un proceso cuyas consecuencias raramente admiten resoluciones felices. Y al que contribuyen una corte de amigos y parientes, colaboradores y colegas cuyas buenas intenciones no evitan que los protagonistas terminen de hundirse en el pantano de su desgracia.

Acaso por todo esto, el cuento “Fantasmas” cierra el libro con estas palabras: “Puse fin a este relato y todo era silencio alrededor. Me incorporé. Caminaba con lentitud hacia la vela, la última vela encendida, cuando de pronto se oyó un grito: ‘¡No la apagues por favor!’ En ese grito había un miedo sincero”.

Enlace original: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Eduardo-Berti-Lo-inolvidable_0_526747348.html

3 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Muy buenas noticias todas. Lo mejor de todo es que ya tengo La sombra del púgil en mis manos. Y cómo la estoy disfrutando.

Eduardo Berti dijo...

Muchas gracias, Esteban. Un gran abrazo!

Gerardo dijo...

Lo había leído en la revista. Felicitaciones.