02 junio, 2011

Japón


"No deje de anotar sus primeras impresiones lo antes posible -me dijo un amable profesor inglés al que tuve gusto de conocer poco después de mi llegada al Japón-: son evanescentes, ya sabe, una vez se hayan apagado no volverán a usted; y, sin embargo, de todas las sensaciones extrañas que pueda experimentar en este país, ninguna será más fascinante que esas primeras impresiones." Ahora intento reproducirlas a partir de las apresuradas notas que tomé entonces, y descubro que son más fugaces que fascinantes; algo se ha evaporado de todos mis recuerdos de aquellas impresiones, algo imposible de evocar. A pesar de mi disposición a seguirlo, pasé por alto el amistoso consejo: durante aquellas primeras semanas no me pude resignar a quedarme en mi habitación y escribir, mientras tenía todavía tanto que ver, oír y sentir en las calles inundadas de sol de la maravillosa ciudad japonesa. Y sin embargo, aunque fuese capaz de revivir todas las sensaciones perdidas de aquellas primeras experiencias, dudo que pudiera expresarlas y consignarlas en palabras. El primer hechizo de Japón es tan intangible y volátil como un perfume.

Lafcadio Hearn, En el país de los dioses (Acantilado 2002). Traducción de José Manuel de Prada Samper.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

lafacadio rules!

L.L. dijo...

Es un buen consejo para cronistas...
Saludos.