23 mayo, 2011

Fantasía y delicadeza


Patricia Esteban Erlés publica en su blog Toditos los días unos apuntes de lectura sobre Fantasmas de la China, de Lafcadio Hearn, libro de cuentos que La Compañía acaba de publicar en España:

Desde su sugerente título, Fantasmas de la China se presentaba, desde el principio, un bocado muy apetecible. Tras su lectura puedo decir que no ha defraudado las expectativas creadas, antes bien, las ha superado con creces. Lafcadio Hearn, un occidental que echó raíces en Japón tras una azarosa vida de viajes y huidas hacia delante, encontró en el delicado y misterioso Oriente la materia narrativa idónea para dar rienda suelta a su desbocada imaginación. Tal y como apunta Pablo de Santis en su jugoso posfacio (tan literario y cautivador como el resto del libro), Hearn contrajo matrimonio con una japonesa que seguramente le surtió de historias tradicionales de fantasmas, pero ni él ni su exótica esposa dominaban la lengua del otro, por lo que podemos suponer que hay mucho de fabulación y reconstrucción creativa de la narración original en todos estos relatos. No importa: de verdad que cualquier lector que se sienta atraído por las historias de fantasmas y las culturas orientales disfrutara de esta media docena de cuentos. Muy preciosistas desde el punto de vista formal, ricos en metáforas y descripciones, cada uno de ellos transmite la noción de un más allá de la vida apacible, gratificante.

Alejados por completo del atormentado fantasma gótico occidental, que vuelve una y otra vez para aterrorizar a los seres humanos que ocupan lo que fueron sus dominios en vida, el fantasma del Lejano Oriente es, en algunos casos, una criatura premiada con la inmortalidad, bien por una cualidad de la que hizo gala durante su existencia terrenal, bien porque los hombres necesitan de su auxilio. La leal hija del campanero imperial que no duda en arrojarse al fuego para ayudar a su padre, el soldado que vuelve de la muerte en el campo de batalla para despedirse de su señor y sus criados o el espíritu de una bella cortesana que se convierte en amante de un virtuoso muchacho para enseñarle todos los misterios de la música y la poesía, son algunos de los personajes protagonistas de estas historias a veces muy cercanas al cuento o leyenda tradicional, pero que en ocasiones alcanzan una dimensión independiente, puramente literaria.

Así sucede en La historia de Ming-Y, mi favorito indiscutible por la suntuosidad y el equilibrio con los que Hearn narra el amor imposible entre una mujer sobrenatural y un joven preceptor de música. Es mucha la belleza de cada párrafo, mucha la delicadeza con que se describe ese romance perfecto, de dos seres inteligentes y sensibles, que pertenecen a dimensiones distintas. La hermosa dama recuerda a las hadas benefactoras de caballeros perdidos que surcan las páginas de los Lais medievales de María de Francia, por su naturaleza generosa y desinhibida, si bien la cortesana oriental es todavía más mundana y hedonista, una mujer venida del Otro Lado que todavía sabe disfrutar de cada sorbo de vino o de los placeres de una velada musical y que arrastra a su existencia fantasmática todos los bienes materiales de los que disfrutó como humana. Un lujoso palacio de tejado azul en medio del bosque, un séquito de criados, vestidos exquisitos, manjares y joyas: la espectral criatura no olvida ni una sola pieza de su ajuar y agasaja a su amante con regalos valiosos que le permitan conservar una prueba irrefutable de que todo sucedió realmente y recordarla siempre, cuando ya no estén juntos.

En suma, un librito lleno de fantasía y delicadeza que merecía ser recuperado y que disfrutará cualquier amante de la narrativa breve y de esas elegantes criaturas, siempre enigmáticas, que son los fantasmas.

Enlace a "Toditos los días", aquí.