10 enero, 2011

Breve y extraordinario


Jacques STERNBERG

Por Ana María Shua

Corría el año 1948 cuando un joven belga-francés comenzó a escribir unos cuentos muy breves, que no le interesaban a ninguna editorial. De hecho, según su propia autobiografía, todas lo rechazaban con idéntico fervor. Todavía no se habían inventado los términos casi científicos “minificción” o “microrrelato” y faltaban todavía unos años para la publicación de la primera antología del género en América Latina, los Cuentos Breves y Extraordinarios de Borges y Bioy. El joven escritor se llamaba Jacques Sternberg (1923-2006) y era de origen judío. En 1943 había logrado escapar, en un traslado, de un campo de detención nazi.

Muchas novelas después, (Toi, ma nuit, Le navigateur, entre otras) en la década del setenta, Sternberg logra finalmente publicar estos trescientos Cuentos Glaciales, diminutos, fríos y cortantes como trocitos de vidrio. O de hielo. Hoy, por primera vez, tenemos la oportunidad de leerlos en castellano gracias a la traducción inteligente y sensible de Eduardo Berti.

Profesión: mortal. Así titula Sternberg su autobiografía, a la que muchos llaman “autopsia salvaje”. Y a pesar de que, desdeñando cualquier otra clasificación, se define en primer lugar como mortal, nuestro autor no se muestra muy orgulloso de su estirpe. Emparentado con Cioran, el placer breve y preciso que provocan sus historias incluye el cinismo de quien tiene una ética demasiado exigente para la raza humana.

Gran lector de Kafka, de Fredric Brown, de Cortázar, patafísico profundo, Jacques Sternberg no respeta géneros ni límites de ningún tipo. No le importa combinar cuentos de distinta extensión en el mismo libro, al revés de lo que se estila en ese momento: un cuento largo de pronto, solitario como una isla en ese océano de témpanos que son los Cuentos Glaciales. En menos de diez líneas rompe las barreras entre la literatura fantástica y la de ciencia ficción, mezcla sin ninguna consideración el absurdo con la crítica social, el humor negro con las pesadillas, tiene una aguda percepción de los horrores de la vida moderna pero los trasciende, yendo siempre un paso más allá, un paso más arriba: es la condición humana lo que nuestro mortal de profesión no está dispuesto a tolerar.

Fragmento de la reseña consagrada a Cuentos glaciales, de Jacques Sternberg (editorial La Compañía, Buenos Aires, noviembre de 2010) y publicada el pasado fin de semana en la Revista Ñ (diario Clarín) de Argentina.


1 comentario:

Gerardo, alias Gervasium dijo...

Un buen comentario de Shúa. Ella entiende algo de cuentos breves también. Me gustó.