29 noviembre, 2010

El amor (II)


Ella dijo: "Estuve enamorada de ti alguna vez, pero ya no te amo más". Ella nunca me dijo en su momento: "Estoy enamorada de ti". Pero sí que alguna vez estuvo enamorada de mí...

Stephen Dixon, "Mac in Love" (The Stories of Stephen Dixon)


25 noviembre, 2010

La ceguera y Tanizaki

Se ha dicho que los sordos parecen tontos y los ciegos parecen sabios: los sordos esforzándose por captar lo que se dice, fruncen las cejas, abren la boca, ponen los ojos en blanco o inclinan la cabeza a lado y a otro, todo lo cual les confiere un aire de estupidez; mientras que los ciegos, al permanecer tranquilamente sentados con la cabeza un poco baja como si meditaran, parecen personas muy reflexivas. Como quiera que sea, estamos tan acostumbrados a ver los "ojos misericordiosos" entornados con que Buda y los bodhisattvas contemplan a todos los seres vivos, que los ojos cerrados nos parecen más benévolos que los abiertos; tal vez incluso nos infunden un sagrado respeto.

Junichiro Tanizaki, "Retrato de Shunkin"




Yo sabía de varios temas recurrentes en la fascinante obra del japonés Tanizaki (el fetichismo de los pies, la vejez, los celos, el vínculo con la madre), pero en estas últimas semanas he leído dos breves relatos suyos donde la ceguera es protagonista o elemento fundamental.

En el "Retrato de Shunkin" (Siruela), Tanizaki narra la historia de una bella mujer que debió abandonar su primera vocación (la danza) por culpa de la ceguera y que acabará siendo una talentosa intérprete de shamisen y una muy severa profesora de música. Lo más apasionante de este relato es la historia de amor entre Shunkin y su discípulo Sasuke.

El otro relato es "El cuento de un hombre ciego" (también en Siruela), breve episodio histórico narrado por cierto masajista ciego. Estos masajistas con personajes míticos en la cultura japonesa, según parece y según recordarán quienes hayan visto la película "Zatoichi", de Takeshi Kitano.

Uno de los libros más famosos de Tanizaki se llama "El elogio de la sombra". Data de 1933 (el mismo año de "Retrato de Shunkin") y, pese a su título, no habla de la ceguera sino, principalmente, de la estética tradicional japonesa y de las que son, a su juicio, alguna de las principales diferencias de sensibilidad y gusto entre Occidente (más proclive a lo luminoso y lo simétrico) y Oriente, amante de "la luz indirecta y difusa", como él sostiene.

El caso es que, años después de este libro, Jorge Luis Borges empleó el mismo título para bautizar un poema suyo que sí habla de la ceguera y dice:

Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad


24 noviembre, 2010

El amor


La señorita N, a cargo de un curso en la escuela, al volver a su casa se entera por una amiga de que X, al parecer, está enamorado de ella y se apresta a pedirla en matrimonio. N., que no es hermosa, nunca ha pensado en casarse. Una vez en casa, tiembla de terror durante horas y horas. No duerme, llora, y al alba, finalmente, se enamora de X. Pero al mediodía le dicen que no era más que una simple suposición y que X no se iba a casar con ella, sino con Y.

Incluido en el "Cuaderno de notas", de Anton Chéjov

23 noviembre, 2010

El cuento de Tim Burton

Leo en el blog de Gaby Larralde (http://eblogtxt.wordpress.com/about/) que Tim Burton se ha propuesto escribir un relato con la pequeña ayuda de sus amigos, a quienes invita a enviar frases e ideas. Copio textualmente el post (espero que Gaby no se ofenda):


El proyecto se titula Tim Burton’s Cadavre Exquis. Se trata de la conocida técnica de "cadáver exquisito" originada por los surrealistas a mediados de los años 20 donde dentro de un grupo de personas cada uno va añadiendo frases a una hoja de papel para crear una historia. Burton empezó el juego con una frase detallando las aventuras de su conocido personaje Stainboy y está pidiendo a los usuarios contribuir con una línea a la historia con el tag #BurtonStory. Los mejores ’tweets’ del día se eligen para continuar la historia, desde hoy y hasta el 6 de diciembre.

Este experimento coincide con una retrospectiva de Tim Burton, que abrirá sus puertas en Toronto el 26 de noviembre en el TIFF Bell Lightbox, la nueva sede del Festival Internacional de Cine de la ciudad. Esta muestra de la carrera del director de cine ya pasó por el MoMa de Nueva York convirtiéndose en la tercera exposición más vista de la historia del museo.


22 noviembre, 2010

La espera

Un mandarín estaba enamorado de una cortesana. "Seré tuya, dijo ella, cuando hayas pasado cien noches esperándome sentado en un banco, en mi jardín, bajo mi ventana". El mandarín obedece, pero en la nonagésimanovena noche se levanta, toma su banco bajo el brazo y se va.

Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso"

20 noviembre, 2010

270 ideas


Por Jacques Sternberg

Escribir una novela de más de 250 páginas está al alcance de cualquier escritor más o menos dotado. Puede hacerse en 25 días a razón de 10 páginas diarias, tarea no excesiva para un novelista capaz de escribir a máquina con la velocidad de una buena dactilógrafa.

Escribir 270 cuentos, en su mayoría breves, es otra historia. No se trata de un asunto de ritmo, sino de inspiración: hacen falta 270 ideas. Y eso es mucho. No se las tiene en un mes, ni siquiera en un año.

Por eso, algunos cuentos de este libro datan de 1948 y otros de 1973. Durante estos veinticinco años no he dejado de escribir cuentos. Cada vez menos, en realidad, porque la inspiración fue haciéndose más infrecuente y la competencia, más feroz. En efecto, de nada sirve arrojarse sobre una idea si otro ya la ha explotado. Lo que ocurre a menudo, reconozcámoslo. De modo que, antes de seleccionar estos 270 cuentos, escribí otros cientos que fueron leídos solamente por los tachos de basura.

Los primeros de estos cuentos fueron escritos en Bélgica, en 1948. Los leía dos veces por semana en La Poubelle, un cabaret literario animado por Jo Dekmine.

Ya en París, Jean Paulhan fue el primero en ocuparse de un joven escritor llamado Jacques Sternberg al que todas las editoriales parisienses rechazaban con idéntico fervor, con unanimidad digna de su igualdad-libertad-fraternidad. Cabe recordar que, por entonces, recién se salía de la otra Trinidad: trabajo-familia-patria. Esto era un paso adelante. O, quizá, un paso al costado.

Jean Paulhan le ofreció unos cuentos a la revista Points (bilingüe: inglés-francés), que los publicó, antes de desaparecer, en un número que presentaba a otro autor ignoto: René de Obaldia.

En Bélgica, Marcel Lecompte leyó estos cuentos, los juzgó curiosos y se los pasó a Georges Lambrichs (un belga afincado en París), quien también los juzgó curiosos, pero curiosamente no hizo nada para publicarlos aun cuando asumía en ese momento la dirección literaria de Éditions de Minuit.

Cuando me instalé en París, en 1952, aproveché una máquina Gestetner que tenía a mi disposición e hice una impresión en mimeógrafo de treinta cuentos (en letras blancas sobre papel negro) titulada Géométrie dans l’Impossible, con una tirada de 50 ejemplares que vendí al azar. Este azar hizo bien las cosas porque Eric Losfeld (otro belga) quiso que la Géométrie… fuese uno de los primeros títulos de su primera editorial, Arcane, fundada en 1953. El libro sólo llamó la atención de dos críticos: André Vialatte y Alain Dorémieux. Y más tarde interesó a André Parinaud, que me ofreció un puesto de redactor en Arts. Nunca lo he olvidado porque lo restante pertenece a la rutina, a los primeros admiradores que uno pierde en el camino, a los fanáticos de última hora, al oficio que se adquiere poco a poco, al cansancio, a los editores en busca de alguna clase de negocio, en fin, a todo lo que debería dejarse de lado si uno conservase el estómago de la juventud, que evidentemente no es mi caso. Por desgracia. Por suerte.


Prólogo de Jacques Sternberg a la primera edición del libro "Cuentos glaciales" (Contes glacés).

Cuentos glaciales, de Jacques Sternberg.
Traducción de Eduardo Berti y posfacio de Hervé Le Tellier.
Editorial La Compañía, Buenos Aires, noviembre de 2010.



19 noviembre, 2010

Claramente explicado



Leído en el siempre interesante "Blog de lengua española", de Alberto Bustos:

Los adverbios terminados en -mente (por ejemplo, sinceramente) no existían en latín. Son una innovación de las lenguas románicas. Surgen de expresiones como esta:

Clara mente (‘con mente clara’)

Lo que tenemos en el ejemplo es un adjetivo (clara) combinado con el sustantivo mente. El sustantivo y el adjetivo están en caso ablativo, que era el del complemento circunstancial. Esta combinación podía aparecer en oraciones del tipo:

Te lo digo con la mente clara

Al principio, los adjetivos tenían que ser compatibles con el significado de mente. Despues mente se va vaciando de significado hasta quedar convertido en un elemento que sirve para formar adverbios a partir de adjetivos. La pérdida de significado va acompañada de la pérdida de libertad en el plano formal: deja de ser una palabra independiente para convertirse en un sufijo que forzosamente va ligado a un adjetivo.

Todavía encontramos un indicio de su origen en el hecho de que el adverbio se construya a partir de la forma femenina del adjetivo. El sustantivo mente era femenino y el adjetivo tenía que concordar con él.

Enlace: http://blog.lengua-e.com

18 noviembre, 2010

La golondrina y los otros pájaros


La golondrina vio que un hombre sembraba lino y, guiada por su buen juicio, pensó que, cuando el lino creciera, los hombres podrían hacer con él redes y lazos para cazar a los pájaros. Inmediatamente se dirigió a estos, los reunió y les dijo que los hombres habían plantado lino y que, si llegara a crecer, debían estar seguros de los peligros y daños que ello suponía. Por eso les aconsejó ir a los campos de lino y arrancarlo antes de que naciese. Les hizo esa propuesta porque es más fácil atacar los males en su raíz, pero después es mucho más difícil. Sin embargo, las demás aves no le dieron ninguna importancia y no quisieron arrancar la simiente. La golondrina les insistió muchas veces para que lo hicieran, hasta que vio cómo los pájaros no se daban cuenta del peligro ni les preocupaba; pero, mientras tanto, el lino seguía encañando y las aves ya no podían arrancarlo con sus picos y patas. Cuando los pájaros vieron que el lino estaba ya muy crecido y que no podían reparar el daño que se les avecinaba, se arrepintieron por no haberle puesto remedio antes, aunque sus lamentaciones fueron inútiles pues ya no podían evitar su mal.

Antes de esto que os he contado, viendo la golondrina que los demás pájaros no querían remediar el peligro que los amenazaba, habló con los hombres, se puso bajo su protección y ganó tranquilidad y seguridad para sí y para su especie. Desde entonces las golondrinas viven seguras y sin daño entre los hombres, que no las persiguen. A las demás aves, que no supieron prevenir el peligro, las acosan y cazan todos los días con redes y lazos.

"El Conde Lucanor", Don Juan Manuel (Cuento VI)

16 noviembre, 2010

Cinco libros: Mariano García





Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción (en este caso de crítica) a los lectores del blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Mariano García:

Solemos desconfiar de los libros de crítica o de teoría, y en general justificadamente. Sin embargo hay unos pocos autores que dan la sensación de haber puesto en un estudio toda su inteligencia, toda su fuerza y todo su talento; en esos pocos casos, la interpretación es capaz de competir con el arte. Recomiendo cinco títulos que me marcaron.

Mijaíl Mijálovich Bajtín, Problemas de la poética de Dostoievski,
es el material de su tesis doctoral (que el tribunal rechazó) ampliado y corregido más tarde. Este libro es inolvidable por dos aspectos: su estudio de la sátira menipea, género antiguo que Bajtín muestra sin embargo cómo llega hasta nuestros días; y su concepto de “dialogismo”, por el que la conciencia autoral no fija a sus personajes sino que dialoga con ellos. Entre medio, uno de los mejores estudios monográficos sobre un autor.

Frank Kermode, The Genesis of Secrecy
, es un estudio sobre ciertos mecanismos básicos de la narración en Occidente a partir del estudio filológico, fascinante y desde una perspectiva no religiosa, del primero de los evangelios, según Kermode el de Mateo, a partir del cual se habrían escrito los otros tres. La capacidad de Kermode para utilizar herramientas actualizadas, como lo era entonces la deconstrucción, sin caer en lo ininteligible o lo incoherente, junto a su lúcida manera de leer hacen de ésta una grata lectura.



Jean Starobinski, La relación crítica, la doble perspectiva de médico y crítico (perteneciente a la llamada escuela de Ginebra, de tradición fenomenológica) permiten que este gran intérprete y editor de Rousseau aborde aquí las relaciones peligrosas entre literatura y psicoanálisis, o ciertos aspectos estéticos de algunas teorías médicas, si bien lo esencial del libro, su teoría de la interpretación, aparece maravillosamente expuesta en un análisis sin par de una escena de las Confesiones de Rousseau.

Aby Warburg, El renacimiento del paganismo antiguo.
La historia de Aby Warburg es una larga novela en sí misma, ya abordada de forma brillante por Georges Didi-Huberman. Sin embargo sus propios textos significan mucho más que una antología sobre la historia del arte. Ensayos como “La última voluntad de Francesco Sasetti” o “Profecía en palabras e imágenes en la época de Lutero” alcanzan una altura extraña, que supera la erudita acumulación de datos, y que pueden leerse como fascinantes y siniestras ficciones.

Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética.
Discípula indirecta de Warburg, Yates fue, a diferencia de Gombrich o Panofsky, la que continuó de manera más fiel la obra del maestro. Este libro, entre monstruoso y monumental, “anglifica” la tradición warburgiana y reconstruye de manera apabullante el contexto gnóstico y esotérico renacentista en el que surge la obra del peculiar Giordano Bruno, mal leído y tergiversado por la posteridad.

Mariano García nació en Buenos Aires en 1971. Se doctoró en letras con una tesis sobre César Aira. Publicó Degeneraciones textuales. Los géneros en la obra de César Aira
(Beatriz Viterbo, 2006) y Letra muerta (Adriana Hidalgo, 2009). Es traductor, profesor de literatura argentina e investigador asistente del CONICET.

15 noviembre, 2010

Borges y los gatos

Esto ya se está pareciendo a un blog dedicado a las mascotas, después de tantos textos que hablan de gatos y perros (y tal vez sea éste el destino secreto de bertigo, quién sabe), el caso es que este fin de semana, casi al mismo tiempo que yo publicaba mi entrada de aquí abajo, Clara Obligado colgaba en el blog de su Taller de Escuela Creativa una serie de textos acerca de Borges y los gatos, por ejemplo:

Nadie cree que los gatos son buenos compañeros, pero lo son. Estoy solo, acostado, y de pronto siento un poderoso brinco: es Beppo, que se sienta a dormir a mi lado, y yo percibo su presencia como la de un dios que me protegiera.

(Así cuenta Borges su relación con los gatos. En la fotografía, el autor con su gato Beppo)


En el blog del Taller, un poema y un fragmento de "El sur" que también hablan de gatos.
Enlace: http://talleresdeescrituracreativa.blogspot.com/2010/11/borges-y-los-gatos.html

Se cuenta que, en sus últimos años, Borges tuvo dos gatos que fueron especiales para él. Uno se llamó Odín; el otro, el ya mencionado Beppo, se llamaba igual que un famoso soneto que
Lord Byron escribió en Venecia, en 1817.

A Beppo, Borges le escribió este otro poema:

El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?


13 noviembre, 2010

Perros y gatos


Perros de amos famosos:

Bounce (Alexander Pope)
Boatswain (Lord Byron)
Diamond (Isaac Newton)
Follet (Jules Verne)


Gatos de amos famosos:

Hodge (Samuel Johnson)
Gris-Gris (Charles De Gaulle)
Elvis (John Lennon)
Beelzebub (Mark Twain)
George Pushdragon (T. S. Eliot)

Nimiedad (sí, pero algunos nombres son reveladores...) encontrada en las Misceláneas de Mr. Schott.

Más sobre las Misceláneas, que están traducidas al castellano, aquí.

12 noviembre, 2010

Los perros



Fue en 1950, o bien hacia finales de 1949. Llegó al país para arrancar a los alemanes algún tipo de indemnización en efectivo, pero mientras analizaban su solicitud estuvo totalmente desprovisto de dinero. Por ello debió buscar trabajo, cualquier trabajo. Fueron días difíciles. Todo estaba en ruinas. Encontró un trabajo bastante insólito, pero no podía permitirse ser exigente en aquella época. Lo tomaron como obrero temporario en el departamento de salud pública municipal de Hamburgo. Trabajaba de noche en un equipo de refugiados desplazados. El trabajo consistía en atrapar perros vagabundos. Se les pagaba según el número de perros que atrapaban, pero en aquella época la cantidad de estos perros era cada vez mayor. Algunos mostraban rastros de raza, pero la pureza de las líneas se había contaminado en los años de guerra. Solíamos engañar a las autoridades, Atrapábamos los perros, los presentábamos a las autoridades y obteníamos un recibo con el sello oficial, todo conforme con la más estricta eficiencia germana, pero luego debíamos llevarlos a los basurales para envenenarlos. Y en esto, como quizás hayas adiviniado, querida Bronka, reside el nudo de la historia. No matábamos a los perros, sino que los volvíamos a dejar libres. Al cabo de una o dos horas reaparecían en los suburbios. Y nosotros, con gran sentido del deber, volvíamos a atraparlos la noche siguiente y volvíamos a recibir el buen dinero alemán por todos y cada uno de los perros. Hubo algunos que atrapamos y soltamos hasta veinte o treinta veces. Las autoridades estaban alarmadas ante esta extraordinaria proliferación de perros. Cuanto más los perseguían, más se multiplicaban. En cuanto a nosotros, nos hicimos amigos de nuestra fuente de ingresos, esos cuadrúpedos sarnosos, y hasta llegamos a darles nombres: Heinz, Fritz, Franz y Hermann. Solían entregarse espontáneamente, porque les encantaba el viaje al basural. A veces encontraban buena comida allí. La vida del perro vagabundo no es muy grata, tanto desde el punto de vista económico como psicológico. Los perros necesitan afecto, necesitan tener nombre. Necesitan que los reconozcan. Nosotros los acariciábamos y les hacíamos cosquillas detrás de las orejas y llamábamos a cada uno por su nombre: Fredi, Hansi, Rudi-Rudolfi-Rudolfini. Después de todo, eran vagabundos. El perro es capaz de sacrificarse por obtener la menor muestra de afecto. Estoy seguro de que comprenderás, querida Bronka, que no les perdonábamos la vida a los perros sanguinarios. No éramos criminales. Teníamos sentido de responsabilidad moral.

Amos Oz, "Quizás en otra parte" (Elsewhere Perhaps). Extracto de su primera novela, de 1966.

11 noviembre, 2010

Material de lectura

Ayer publiqué en este blog una viñeta de Alfonso Reyes, perteneciente a su libro "Calendario", y me preguntaron (tanto una lectora de bertigo como un conocido, por email) cómo y dónde puede obtenerse este libro.

Yo tuve alguna vez unas fotocopias de "Calendario", que hoy no encuentro por ningún lado. Pero, por suerte, pude reencontrar partes del libro en ese sitio muy recomendable que es el correspondiente a "Material de lectura" de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El sitio puede visitarse aquí y es una verdadera mina de oro, ya que es posible descargar en PDF todos los ejemplares dedicados al cuento contemporáneo o a la poesía moderna.


Entre los cuentistas contemporáneos hay verdaderas joyas de Bernard Malamud, Mori Ogai, Alberto Savinio, Juan Tovar, Elena Garro, Lord Dunsany, Nathaniel Hawthorne, Marguerite Yourcenar, Edmundo Valadés, Sergio Pitol, Julio Torri o María Luisa Bombal, por dar tan sólo algunos nombres.

La lista de los poetas es igual de tentadora.

Lo más fácil es ir a http://www.materialdelectura.unam.mx/

Después me cuentan.

10 noviembre, 2010

Rancho de prisioneros

Cuando daban de comer a los prisioneros recién traídos, fatigados, torpes y hambrientos, aquellos soldados de cuarenta años, ya sensibles a las incomodidades del cuerpo, ya conscientes de las limitaciones del alma, se quedaban apoyados en el fusil, mudos, sin cambiar entre sí un guiño ni una mirada. Se entregaban al espectáculo: pensaban, pensaban…

Y veían comer, en silencio, al enemigo; fríos, absortos, como se mira comer a los animales del jardín zoológico: al mono y al elefante, al ciervo y al avestruz, al zorro, a la oca. Así, con una sensibilidad renovada, virgínea, miraban comer al Hombre —que nunca hasta entonces habían visto comer.

Alfonso Reyes, "Calendario"



"Hacia los finales de 1923 (Alfonso Reyes) reunió el material de Calendario y lo subdividió en seis apartados. Para esas fechas había atestiguado muchos sucederes, incluso las anomalías que acarreó consigo la Primera Guerra Mundial, “Rancho de prisiones”, “En el frente” y varias estampas más lo constatan. Rescatan situaciones que presenció en su trayecto forzoso de Francia a España, donde había de reunirse con su hermano Rodolfo. Y curiosamente ningún crítico ha reparado en las similitudes que se establecen entre estos atisbos de Reyes y los que, por el mismo tiempo y con los mismos incentivos, apuntó Katherine Mansfield al pasar por Verdún".

Nota introductoria de Beatriz Espejo a la edición de la Universidad Nacional Autónoma de México.

09 noviembre, 2010

Hombres de letras





Roberto De Vicq de Cumptich es un ilustrador tipográfico mundialmente reconocido y autor (o coautor) de varios libros tanto para adultos como para niños, entre ellos Love Quotes o Bembo's Zoo: An Animal ABC Book.

De su obra me ha interesado especialmente Men of letters & peoples of substance, que trae un prólogo de la escritora Francine Prose, la misma autora de Cómo lee un escritor y de varios libros de ficción como After o A Changed Man.

El principio de Men of letters... es sencillo e ingenioso: cada retrato está hecho en una tipografía determinada y empleando tan sólo las letras que componen el apellido del escritor. Es decir que, como pocas veces, el vocablo letters (letras) es empleado aquí con doble intención.




En el caso de Arthur Miller, por ejemplo (ver la ilustración, aquí arriba), De Vicq utilizó la tipografía Clarendon y , según lo indican los números debajo de cada letra del apellido Miller, realizó un retrato con 16 letras "m", dos letras "i", 19 letras "l", una letra "e" y seis letras "r".

Algo semejante ocurre con los muchos escritores que integran el libro, desde Racine o Virginia Woolf hasta Truman Capote o esta versión de James Joyce en tipografía Baskerville:



sitio oficial de De Vicq: http://devicq.com/

07 noviembre, 2010

Resoluciones para la vejez

Jonathan SWIFT


En 1699, cuando tenía 32 años de edad, Jonathan Swift (1667–1745) concibió una serie de "Resoluciones para cuando sea viejo":

1. No casarme con una mujer joven

2. No buscar la compañía de jóvenes a menos que la deseen
realmente.

3. No ser malhumorado, arisco o suspicaz.

4. No burlarme de las costumbres, dichos y modas actuales.

5. No encariñarme con los niños.

6. No repetir lo mismo a la misma gente.

7. No ser avaro.

8. No descuidar los buenos modales ni la limpieza personal.

9. No ser muy severo con los jóvenes y tolerar sus locuras y debilidades.

10. No excederme a la hora de dar consejos y darlos tan sólo a quienes me los piden.

11. Rogar que algún buen amigo me diga cuál de estos propósitos he incumplido o descuidado, de modo tal que pueda corregirme.

12. No hablar mucho, y menos de mí mismo.

13. No alardear de mi anterior prestancia, de mi fuerza de otrora o de mis pasadas conquistas amorosas.

14. No hacer caso de adulaciones ni concebir que pueda ser amado por una joven, et eos qui haereditatem captant, odisse ac vitare (y escapar de los cazadores de herencias)

15. No ser dogmático o terco.

16. No tomar muy en serio la observancia de estas reglas, no vaya a ser que no cumpla ninguna.

06 noviembre, 2010

Una situación muy extraña


Diana Vane, una muchacha sin importancia pero encantadora que pasaba un tiempo en París, había conocido en una escuela de equitación a un extraño francés –o corso, o quizás argelino– apasionado, brutal, desequilibrado. El individuo confundía a Diana –e insistía en confundirla, a pesar de las divertidas protestas de la muchacha– con su anterior amante, también inglesa, a quien no veía desde hacía muchos años. La autora me explicó que esa fue una especie de alucinación, un capricho obsesivo que Diana, una deliciosa coqueta con agudo sentido del humor, permitió a Jules durante unas veinte lecciones de equitación. Pero las exigencias de Jules fueron volviéndose más realistas y Diana dejó de verlo. No había ocurrido nada entre ellos, pero Jules no podía convencerse de que ella no era la muchacha que había poseído una vez o había creído poseer. Esa otra muchacha quizá había sido también sólo el fantasma de una relación aún más antigua o un delirio recurrente. Era una situación muy extraña.

Vladimir Nabokov, "¡Mira los arlequines!"

04 noviembre, 2010

Dos cuentos glaciales


Edición original del libro "Contes glacés", de Jacques Sternberg (Marabout, 1974)


Los esclavos

En el comienzo, Dios creó al gato a su imagen y semejanza. Y, desde luego, pensó que eso estaba bien. Porque, de hecho, estaba bien. Salvo que el gato era holgazán y no deseaba hacer nada. Entonces, más adelante, después de algunos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con el objeto de servir al gato, de darle al gato un esclavo para siempre. Al gato, Dios le había dado la indolencia y la lucidez; al hombre, le dio la neurosis, la habilidad manual y el amor por el trabajo. El hombre se dedicó de lleno a eso. Durante siglos construyó toda una civilización basada en la inventiva, la producción y el consumo intenso. Una civilización que, en suma, escondía un único propósito secreto: darle al gato cobijo y bienestar.

Es decir que el hombre inventó millones de objetos inútiles, y por lo general absurdos, sólo para producir los contados objetos indispensables para la comodidad del gato: el radiador, el almohadón, el tazón para la leche, el tacho con aserrín, el tapiz, la alfombra, la cesta para dormir y puede que incluso la radio, porque a los gatos les gusta mucho la música.

Sin embargo, los hombres ignoran esto. Porque lo desean así. Porque creen ser los bendecidos, los privilegiados. Tan perfectas son las cosas en el mundo de los gatos.

La sangre

¿Qué decir de Istrígala, con quien podía hacer todo lo que yo deseaba porque, desde hacía ya largo rato, ella había franqueado la invisible frontera entre las prohibiciones y lo imposible de todos los misterios?

¿Qué decir de cuanto hice para poner a prueba su poder, su terrible feminidad y su capacidad de resistencia?

Hice de ella una mujer de nieve, capaz de fundirse al sol, pero capaz también de ser más dura que una hoja de metal. La transformé en sílabas que mezclaba con ecuaciones de álgebra para verla recrearse, mitad flor, mitad insecto, en algún rincón del jardín. La puse como en conserva, en unas minas, por el placer de reencontrarla con una pala y un pico, entre brillantes cristalizaciones de piedras preciosas. La hice tan fluida como el agua, tan densa como el mercurio, tan transparente como el cristal, tan terrorífica como un espectro cubierto de hojas de afeitar y, no obstante, siempre sonriente, siempre ávida de entregarse como si nada pudiera sucederle en este mundo desprovisto de consecuencias fatales. Hice que llevara la moral al cuello, bien escotada y con los ojos ardientes; hice que se convirtiera en una enorme mano con la cual yo hacía el amor de todas las formas posibles. Le transfundí las mezclas químicas de las pasiones más contradictorias hasta ahogarla bajo un torrente de mil colores. La envié a la nada de su muerte para verla regresar diáfana, hiératica, con un manojo de confusiones inmundas que me traía de regalo. Y al regreso la veía con su rostro siempre irónico y glacial, al cual ni el terror ni la pasión habían logrado dotar de alguna suerte de expresividad.

Hasta el día en que, por distracción, se cortó ligeramente un dedo rebanando el pan, sangró apenas y murió casi en el acto, completamente exangüe.

(Dos microrrelatos tomados de "Cuentos glaciales", de Jacques Sternberg. Traducción de Eduardo Berti. Posfacio de Hervé Le Tellier. Editorial La Compañía, 2010)


02 noviembre, 2010

Las pruebas


Primero y principal, conviene desconfiar de los objetos. En especial, de los objetos perdidos.

No recoger ningún objeto tirado en la calle o en cualquier otro lugar público.

En esos casos, se corre siempre el riesgo de que aparezcan los delegados, quienes al mismo tiempo hacen de testigos y ejecutores para arrastrar al sospechoso hasta las puertas de cualquier acusación.

Siempre, irrevocablemente, al cabo de cinco minutos de pesquisa se prueba que el objeto recogido era la pieza clave de un crimen relacionado con cierto caso aún abierto y que las huellas digitales son, desde luego, pruebas irrefutables.

El objeto encontrado se vuelve, en el acto, evidencia criminal; el sospechoso se vuelve, a su vez, culpable; la situación, desesperante.

El fenómeno es de lo más arbitrario porque, de hecho, nunca hay casos policiales en la ciudad. Nadie ha matado jamás, nadie ha robado jamás.

Lo que no excluye, sin embargo, que de este modo se pruebe cierto "delito flagrante".

(Incluido en "Cuentos glaciales", de Jacques Sternberg)

01 noviembre, 2010

Jacques Sternberg


Leí por primera vez los cuentos de Jacques Sternberg hace unos 7 u 8 años, viviendo en Francia. Me sorprendieron por su ingenio e imaginación, por su visión impiadosa y sarcástica de la civilización humana, por su intensa brevedad y, entre muchas cosas más, por cómo se vinculaban de diferentes modos con muchos otros grandes cultores de las formas narrativas hiperbreves: desde Cortázar o Arreola hasta Kafka o Fredric Brown.

Traducir los cuentos de Sternberg (prácticamente inéditos en castellano, salvo pocos casos aislados) pasó a ser una especie de sueño personal, que recrucedió con la fundación de la editorial La Compañía. No es exagerado decir que una de las múltiples razones que en su momento me empujaron a crear una editorial independiente fue el deseo de traducir y publicar los cuentos de Sternberg, sueño que se hizo posible gracias a la generosidad de su viuda y de su hijo.

Los "Cuentos glaciales" de Jacques Sternberg están a la venta desde hoy, lunes 1 de noviembre. El viernes pasado el suplemento ADN del diario La Nación (Argentina) publicó un anticipo del libro, y en algunas próximas entradas de este blog yo también ofreceré varias muestras del arte del microrrelato según Sternberg.

(c) Ulf Andersen




Jacques Sternberg nació el 17 de abril 1923 en Amberes, Bélgica. Su padre era un diamantista de origen judío. Según él mismo declaró, en la escuela no se hallaba a gusto y todas las materias se le hacían difíciles. En cambio, le gustaba pasar el tiempo en su habitación, con juguetes lujosos, libros ilustrados del siglo XIX y películas de Chaplin o Laurel y Hardy. También solía jugar al tenis y andar en bicicleta.

Cuando estalló la guerra, su familia dejó Bélgica, pasó por París,
Arcachon, Biarritz y finalmente se refugió en Cannes. Allí, Sternberg descubrió la navegación, una de las pasiones de su vida, y leyó a autores como Katherine Mansfield, Erskine Caldwell, Waldo Frank o William Faulkner.

En 1942, a raíz de la guerra, debieron abandonar la Costa Azul y viajaron a España. En Barcelona los detuvieron. Luego de tres meses de prisión, los enviaron otra vez a Francia, al
campo de concentración de Gurs. La hermana y la madre lograron salir. El padre fue enviado al campo de Drancy y luego lo trasladaron al de Majdanek. Allí murió. Jacques, por su parte, pudo escapar del horror en 1943, durante un traslado.

Pasó unos meses en París, sin escribir ni leer, casi sin recursos. Luego, lo llevó de nuevo a Bélgica un jeep del ejército de Estados Unidos. Entre 1945 y 1954, intentó contar sus experiencias al estilo de Henry Miller o Louis-Ferdinand Céline. “Creí que podría narrar las cosas como ellos […], pero no estaba hecho para algo así”, dijo después. Destruyó las seis novelas nacidas de esos impulsos.


De todos modos, en Bélgica llegó a publicar un relato de su cautiverio en Gurs (La boîte à guenilles
), además de su primer libro de cuentos (Angles morts), ambos bajo el seudónimo Jacques Bert. Se casó, empezó a escribir profesionalmente en la prensa, tuvo un hijo y trabajó como embalador. En 1948 comenzó a escribir sus microrrelatos, que leía dos veces por semana en el cabaret literario La Poubelle; algunos de los textos que leyó allí acabarían incluidos en Cuentos glaciales.

A principios de la década del ’50, volvió a París con su esposa y su hijo. Trabajó como embalador, vendedor, dactilógrafo, publicista y detective. Gracias al apoyo de Jean Paulhan (escritor, director de La Nouvelle Revue Française
) empezó a publicar textos literarios en la revista bilingüe Points.

Hizo una edición artesanal del libro de cuentos La géométríe dans l’imposible
, que Eric Losfeld decidió publicar poco más tarde. En 1954, Sternberg editó la novela Le délit y un año después lanzó Le petit silence illustré –considerada muchas veces la primera revista underground francesa–, de la que llegaron a aparecer siete números.

Su carrera comenzaría a consolidarse con La sortie est au fond de l'espace
, una novela vanguardista de ciencia ficción. A ese libro le siguieron otros como Entre deux mondes incertains, L'employé (Prix de l’Humour Noir 1961), Un jour ouvrable o el ensayo Une succursale du fantastique nommée science-fiction.

En 1962 fundó con Alejandro Jororowsky, Fernando Arrabal y Roland Topor el famoso Grupo Pánico, un anti-movimiento que planteaba una renovación de las tendencias surrealistas y dadá.


Tras el éxito de la novela Toi, ma nuit
(20 mil copias vendidas), Alain Resnais lo convocó para escribir el guión de Je t’aime, je t’aime. Sternberg también probaría suerte en el teatro, pero su obra C'est la guerre, monsieur Gruber (escrita en diez días, con una botella de whisky sobre la mesa, según dijo) sería aniquilada por la crítica.

Ya en la década del ’70, reunió en un volumen casi trescientos relatos breves escritos en el transcurso de veinticinco años. Así nació Cuentos glaciales
; para muchos, lo más valioso de su obra y, sin duda, un libro clave en el género de los microrrelatos.

El éxito de la novela Sophie, la mer et la nuit
, publicada en 1975, amplió su fama. Tras editar algunos libros que no tuvieron mayor aceptación, dejó de escribir novelas en 1989. En los años ’90 lanzó cinco libros de cuentos (en muchos casos, microrrelatos) que le otorgaron un reconocimiento importante.

En 2001 publicó el “rompecabezas autobiográfico” (así llegó a definirlo)
Profession, mortel. Al año siguiente se editó su último libro: 300 contes pour solde de tout compte. El 11 de octubre de 2006, a los 83 años, falleció por un cáncer de pulmón. Como tributo al humor negro y absurdo que marcó su carrera, esparcieron sus cenizas en un cementerio.

Según la leyenda, durante su vida recorrió 300 mil kilómetros en su bicicleta motorizada Solex y 30 mil millas náuticas en su velero. Los más de 1.500 textos que escribió lo ubican como el cuentista francés más prolífico de su época.


Pese a todo esto, es prácticamente desconocido para los lectores de lengua castellana, salvo por la inclusión de diez microrrelatos suyos en la fundamental –ya clásica– antología La mano de la hormiga
, de Antonio Fernández Ferrer.

Su obra puede relacionarse con autores como Kafka, Cioran o Bierce, pero también con los Hermanos Marx. Gran admirador de Cortázar, su espíritu anarquista cuestiona con agudeza, desde el absurdo, las convenciones sociales, la publicidad, la religión, el trabajo, la ciencia, la burocracia.

“No sirve de nada aprender cosas. La inteligencia es tener la inteligencia de no aprender nada”.
Toi, ma nuit

“Qué espanto: estar vivo significa, ante todo, preguntarse si uno aún estará vivo dentro de una hora”.
Fin de siècle

“Estamos condenados, los habitantes de la tierra, a la banalidad”.
Nous deux