10 diciembre, 2010

Becoming a Writer



Estos días estuve leyendo un libro de Dorothea Brande, llamado “Becoming a Writer” (algo así como “Convertirse en escritor”). El libro data de 1934 y, según dicen muchos, es una de las grandes fuentes de las cuales provienen todos o casi todos los libros de “creative writing” que surgieron después, en las últimas siete décadas. En algunos aspectos el libro ha envejecido un poco. Quiero decir que ciertas cosas que Brande se toma el trabajo de explicar pormenorizadamente hoy son ideas bastante conocidas. Pero en muchos otros aspectos lo que dice Brande suena vigente y, en esos casos, el libro parece haber sido escrito hace un mes.

Brande habla de cuatro “problemas típicos” que ha advertido, con el correr del tiempo, entre la gente que desea escribir (e incluso entre la que lo hace desde hace algún rato).


a)
El que quiere escribir y no lo logra nunca.

b)
El que sólo lo logra una vez en la vida, lo cual la lleva a hablar del hoy conocido concepto del “one book writer” (escritor de un solo libro), aunque ya sabemos que este concepto también se usa para denominar a ciertos autores que sólo tuvieron éxito (artístico o extraartístico) con un libro, uno solo de los muchos que escribieron o hasta publicaron.

c)
El escritor intermitente u “ocasional”: que sólo puede escribir “por temporadas”, entre momentos en blanco (“largos intervalos”) y que suele necesitar estímulos adicionales (los talleres de escritura serían uno de ellos, sobre todo al comienzo)

d)
El que no logra controlar su material: tiene grandes ideas, empieza con brío, pero pronto pierde el vigor y, sobre todo, el control de la trama y de los personajes, de tal modo que pocas veces logra redondear o “cerrar” un relato, sea cuento o novela.

Acerca de este último punto, Brande dice que en línea generales este problema se debe a que quien escribe (a) no tiene suficiente autoconfianza, (b) carece de experiencia y de “recursos” (de esos que se adquieren, justamente, con la experiencia: tanto de lectura como de escritura) o, por qué no, (c) está “contenido” y no logra expresar a fondo las emociones que pide y propone el texto.


Una de las ideas más interesantes de Brande es que “volverse un escritor” pasa, fundamentalmente, por ”cultivar el temperamento de escritor”.
¿Qué es esto? Por supuesto, se trata de “cultivar la sensibilidad” (y no sólo leyendo), pero asimismo se trata de “balancear” los dos elementos centrales que hacen a un escritor (podríamos decir que un artista en general): el lado “emocional e infantil” y el otro lado, el “adulto y más racional”.

Ser escritor es más complejo, nos recuerda Brande, que los tópicos que circulan por allí. No es tanto una labor de “ensoñamiento” como la ardua labor de “hacer realidad un sueño”; no se trata de “escribir unas pocas páginas que sólo serán juzgadas por su estilo y su corrección”, sino de plasmar algo que “párrafo tras párrafo, página tras página sea apreciado por su estilo, por su contenido y por su efectiva coherencia”. Se trata de “encontrar y terminar” una historia.


Brande sabe que un escritor tiene “dos caras” y que el riesgo de “entrenar” la cara consciente del escritor (la del artesano y el crítico o, digamos, autocrítico) puede ser hostil para la cara inconsciente.


La gran solución consiste en pensar esta “doble personalidad” como algo positivo, no como una confrontación o un problema a resolver. Principalmente en el “proceso de formación de una historia”, que ella describe así: el lado inconsciente proveerá al escritor de toda clase de “tipos” (personajes, escenas, emociones, etc) y al consciente le tocará la tarea de decidir cuáles de estos elementos son interesantes y cuáles no, cuáles son demasiados obvios o estereotipados y cuáles no, cuáles son singulares, cuáles son demasiados personales, cuáles pueden tener resonancias más universales y más útiles, cuáles no…

La historia (entiende Brande) siempre proviene del inconsciente, y el consciente luego la analiza, la altera, la trata de mejorar para hacerla más o menos espectacular, más o menos melodramática, más o menos obvia… Tras esta labor, el materal suele “volver a la zona inconsciente” para una síntesis. Tras ello viene por lo común el último paso: otra vez el lado “racional” trabaja, a nivel “escritura”, a nivel formal (ajustes de trama, de frase, etc).


2 comentarios:

Lucio dijo...

Los libros sobre la escritura me gustan mucho. Suelen darnos un placer poco común. No conocía este en particular.

Anónimo dijo...

Gracias por el comentario